XXXI.

Los dos bandos presenciaban indiferentes las agonías de la patria

llevando sus disputas hasta el pié del altar, y por una monstruosa é

increíble anomalía ¡Triste es decirlo! el uno en nombre de la religión

asesinaba y el otro predicando el progreso retrocedía.

Mas no debemos culpar de un modo absoluto á los hombres de ayer, que por

otra parte, muchos de ellos ofrecían talentos superiores y bien merecen

el respeto de la generación actual.

En aquella época de hierro y de sangre la nación mexicana cometió

grandes locuras porque no sabía qué hacer ni de qué asirse, careciendo

de la experiencia que la vieja Europa llegó á conseguir después de

muchos siglos de combate.

Aun no había sonado la hora en que de las llamas y los escombros de

aquellos incendios surgieran hombres extraordinarios como el coloso de

Paso del Norte, que grabó en la frente de los reyes el sagrado lema de

que "El respeto al derecho ajeno es la paz."

Tampoco brillaba en la escena política el bizarro caudillo que hoy

protege los destinos de su patria, el Edipo mexicano nacido bajo el

cielo de Antequera y predestinado para destruir la esfinge de la

revolución.

En aquel año funesto una parte del Estado de Oaxaca desconoció al

gobierno de la Capital.

Los promovedores de aquella borrasca civil clamaban contra el Presidente

de la República, protestando que ya no era posible soportar el peso de

su autocrática tiranía, y aquel magistrado, no queriendo perder tan

bello territorio, movió sus tropas con el propósito de sofocar lo que él

llamaba desenfrenada rebelión.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 132 / 153 题