XXVIII.

Las revoluciones que no tienen por objeto libertar á un pueblo, son

abortos de la falsa política y el malestar de la sociedad.

En su infancia las naciones lo mismo que los individuos, cometen

lamentables locuras; detestan hoy lo que adoraron ayer y vuelven á

pedirlo para después abandonarlo.

Como resultado de las desgracias inseparables á la emancipación de los

pueblos, se forman partidos poderosos é intransigentes, que de más ó

menos buena fe defienden sus principios con encarnizamiento, y de la

terrible contienda entre las ideas y las pasiones, á veces resultan

inocentes las víctimas é inocentes los verdugos, pero casi siempre se

menoscaban las costumbres ó la integridad nacional.

En la noche de las revoluciones aparecen militares ávidos de gloria, y

políticos sin experiencia que se precipitan desde la cumbre de las

teorías, proclamando excelentes principios los cuales puestos en

práctica suelen producir consecuencias funestas; entonces la

civilización se atrasa y se empequeñecen los destinos de la patria.

Y más todavía; por una inevitable fatalidad, como esas rocas

incandescentes que salen de los volcanes, surgen del caos revolucionario

espíritus fogosos y extraviados, que ateos en política ó fanáticos en

religión, destruyen las mismas instituciones por las que arriesgan su

vida.

Ellos y no el pueblo son los que con afán turbulento hacen chocar las

ideas contra los hechos y representan dramas salvajes de pasiones y

miserias, en cuyo desenlace aparece la libertad salpicada de sangre y

heridas mortalmente las creencias de los corazones.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 129 / 153 题