El Guardián compadeciendo á su amigo y calculando que aquella situación
produciría malas consecuencias para la salud y el crédito de ambos, un
día llegó á decir á D. Carlos:--Ya no es posible la vida que llevamos;
la ocupación de instruir al pueblo es el ejercicio más noble de la vida
y la caridad es un oficio de ángeles; pero amigo mío, por cuanto el
corazón del hombre está formado con tierra deleznable donde germinan los
gusanos del pecado, el bien que vamos haciendo, quizás pudiera engendrar
envidias ajenas y soberbias propias. Huyamos de aquí para ocultarnos
entre las cuatro paredes de nuestra casa, que serán un baluarte contra
la tentación.
Caminando de noche por sendas extraviadas volvieron á su convento.
El día que llegaron fatigados y cubiertos de polvo, á todos extrañó que
no hubieran cumplido su misión porque no presentaban las importantes
limosnas que otros padres habían llevado en iguales casos y aun la mula
que debería cargarlas, la regalaron á un caminante porque vieron morir
de cansancio á su caballo.
Pero D. Carlos tuvo cuidado de que apareciera en la colecturía del
monasterio una gruesa cantidad de dinero como producto de la expedición.
Poco tiempo después, observando el Padre José que si bien D. Carlos no
sanaba, por lo menos el mal había detenido sus progresos, dispuso hacer
otra excursión por lugares en donde no fueran conocidos; pero ese viaje
no tuvo efecto á causa de varios sucesos inesperados.