VI.

Antes del amanecer, los dos viajeros dejaban aquel hospitalario techo,

bien así como esas parejas de aves acuáticas, que por las tardes del

estío llegan á las granjas, pasan la noche anunciando con sus cantos la

abundancia de las cosechas y al salir el sol alzan su vuelo para no

volver jamás.

Cuando tenían necesidad de pasar por algún pueblo de importancia se

dirigían á la iglesia donde el piadoso ministro bautizaba á los niños

aconsejando la paz y la fraternidad mientras D. Carlos andaba en busca

de los enfermos y los pobres.

Su salida tenían que hacerla furtivamente para no escuchar las

aclamaciones de la gratitud é impedir que los detuvieran con súplicas y

lágrimas.

La fama de su amable indulgencia, sus medicinas y beneficios de toda

especie, circuló por muchos pueblos de indígenas.

Los enfermos iban á esperarlos por donde tenían que pasar, los dueños de

las fincas inmediatas les ofrecían sus carruajes, las madres alzaban en

brazos á sus hijos para que los conocieran y todos los consideraban como

mensajeros de la Providencia.

Ellos á su vez, tenían que ocultarse en las selvas y en los barrancos

para no ser llevados en triunfo.

Perseguidos así por las solicitudes de la miseria y las bendiciones del

agradecimiento, D. Carlos sufría mucho porque en lugar del reposo y el

olvido que se propuso encontrar en la soledad, se veía cargado de

atenciones y aturdido por el bullicio de los que le rodeaban sin cesar.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 107 / 153 题