III.

Aquella comisión era nombrada por el Guardián y desde que lo fué el

ilustrado Padre José, agregó á la colección de rosarios algunos libros

de lectura y doctrina para los niños.

En ese año, con gran sorpresa de toda la comunidad, el buen Guardián se

nombró á sí mismo invitando á D. Carlos para que lo acompañara.

El enfermo bajó la frente y obedeció.

Cuando los colectores salieron de la ciudad, ninguno de los dos pensó en

hacer uso de la mula, lo cual hubiera sido imposible porque iba cargada

con un fardo que contenía, sin contar con las reliquias, una regular

cantidad de ropas, libros y medicamentos, así como también algún dinero

puesto por D. Carlos, á quien parecía precisarle que se agotara su

capital en obras de beneficencia.

El prelado iba por delante dirigiendo la carga y á veces leía en su

breviario; D. Carlos tras él meditaba y sufría.

Era la primavera, el sol de la mañana brillaba sobre la frente de los

viajeros, las montañas cubiertas de verdor, los campos sembrados con

plantas de diversos climas y los caminos guarnecidos por doble hilera de

árboles frutales, ofrecían sombra, frescura, mirajes y armonías.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 104 / 153 题