IV.

El bondadoso padre se afanaba por levantar las fuerzas de D. Carlos con

el ejercicio del camino, los buenos alimentos y la contemplación de la

naturaleza.

Como el objeto de aquel viaje consistía en impartir la caridad más que

en solicitarla, dispusieron apartarse de los caminos nacionales y de los

lugares muy concurridos para visitar solamente las pequeñas poblaciones

y las cabañas de los pobres donde son más notables las necesidades y se

pueden curar mejor los dolores del pueblo.

Cuando veían en la orilla del camino algún mendigo pidiendo limosna, le

daban un pan y un vestido; pero si estaba enfermo lo conducían al pueblo

inmediato para que fuese curado á sus expensas.

En algunos lugares que veían mujeres infelices cargadas de familia,

inmediatamente les daban cartas para que sus hijos fuesen recibidos y

educados en el convento; mas si entre aquellas criaturas encontraban

alguna que llevara el nombre de María, experimentaba D. Carlos

estremecimientos invencibles y tomaba datos de la familia y el lugar á

que pertenecía, para dotarla y tenerla bajo su protección.

Aquellos agentes de la caridad disfrazados de frailes mendicantes,

llegaban á las habitaciones de los labradores, se detenían en la puerta

invocando el nombre de Dios y la paz entre los hombres y presentaban en

silencio una alcancía que las mujeres besaban con veneración.

Después de recibir los respetos del pobre y el óbolo de la viuda,

dejándoles en cambio, libros, cruces y bendiciones, continuaban su

marcha; pero cuando bajo aquel techo de paja veían algún pobre viejo ó

un recién nacido, regresaba D. Carlos á manifestar, que si algo había

dejado él ó su compañero lo cedían en provecho del más necesitado, y se

retiraba con presteza.

Eso quería decir que intencionalmente habían puesto alguna cantidad de

monedas en la cuna del inocente ó en el lecho del anciano.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 105 / 153 题