II.

Mas todo era en vano; D. Carlos, insensible á los discursos del Padre

José, con el corazón frío y lastimado, guardaba silencio y sólo algunas

veces, alzando su frente melancólica, respondía con estos conceptos, ya

repetidos ó modificados según la intensidad de su abatimiento:--La

experiencia es inútil para dirigir las pasiones. ¿De qué sirve remover

las cenizas de un corazón que no puede revivir? Me estremezco sintiendo

hasta qué grado de miseria puede bajar el espíritu del hombre cuando

pospone el pensamiento de la divinidad al profano amor de la criatura.

Yo creí que calmado el dolor vendría la indiferencia, después el olvido

y el descanso; pero el amor es más grande que la muerte. A veces creo

que el cielo me ha quitado la razón. De nada me ha servido acogerme á la

sombra del claustro. Cuando la vida ya no tiene vaguedad no hay

porvenir. La fuerza del deber y la voz de la conciencia no consiguen más

que prolongar las agonías de mi alma. Estoy pasando días inútiles sobre

la tierra. Mi corazón fundido en lágrimas oculta un inquieto fuego que

me devora y devoraría todo lo que amo y todo lo que aborrezco. Quisiera

beber hasta el fondo en la copa del olvido y no sé qué hacer ni Ud.

podría decírmelo porque eso es el secreto de Dios.

Como el Padre José había conseguido la paz del corazón á costa de

infortunios, no perdonaba medios para curar á D. Carlos; pensó, de

acuerdo con el médico, llevarlo fuera de la ciudad, porque respirando el

aire puro del campo y viendo nuevos horizontes, era de esperar que

serían menos frecuentes las agitaciones de su alma.

Para el efecto preparó una estratagema piadosa y comprometedora.

Era costumbre en aquel convento enviar á los pueblos cercanos, en

ciertas épocas del año, una comisión formada de dos miembros de la

comunidad para conseguir limosnas que ayudaban á sostener los gastos del

culto.

En días señalados partían los colectores á sus expediciones; uno de

ellos, el más respetable, iba en una mula y el otro á pié; ambos

llevaban rosarios, cruces y reliquias para corresponder á los donantes;

á pocos días volvían con la mula cargada de comestibles y algún dinero,

dispuestos á emprender un nuevo viaje.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 103 / 153 题