"En el acto salió de las sombras la prisionera, temblorosa y despeinada;
cayendo de rodillas á mis piés, con las manos extendidas, gritó
llorando:--¡Perdóname, soy muy culpable!"
"Yo quedé como herido por un rayo, con los ojos fijos y los brazos
caídos."
"¡Era María Luisa, la misma María Luisa que volvía yo á encontrar como
aparición milagrosa!"
"--En nombre del cielo......--la dije:--¿Eres tú María?"
"--¡Perdón! ¡Perdón!--repitió sin oirme,--déjame aquí toda la vida ó
mátame, porque si no me mato yo; pero antes perdóname."
"Sí, María, te perdono con todo el corazón,--contesté,--pero levántate y
dime ¿por qué te encuentro así? ¿Por qué me dirían que habías muerto?"
--"¿Por qué me dijeron que te habías casado en España?--repuso sin que
cesara de llorar."
"Después de un momento de penosa vacilación se levantó y permaneciendo
muda é inmóvil como la estatua del dolor, sus ojos derramaban un fuego
sombrío y sus lágrimas rodaban hasta secarse en su pecho enardecido."
"Mostraba tal melancolía en su frente y tanto dolor en su mirada, que me
causó inmensa compasión y no queriendo que me viera estremecerme de
pesar, retrocedí buscando un apoyo en la pared."
"¡En qué estado y en qué lugar encontré á la mujer que había sido el
hechizo y la adoración de mi vida!"
"Cuando partí á Europa dejé una flor sin mancha, una virgen cándida y
pura como ángel del cielo y aquel día contemplaba llorando á mis piés,
una mujer perdida para siempre, un vaso de ignominia sacado á subasta en
el albañal del vicio."
"Por la turbación de mis sentidos no sabía cómo concluir aquella escena
terrible."
"Tuve miedo, vergüenza, horror...... y permanecía mudo también."
"Ella rompió el silencio y en breves palabras me refirió cómo después de
la muerte de mi madre se enfermó gravemente y apenas restablecida, mi
tío quiso seducirla persuadiéndola de que yo estaba casado en España y
no volvería; ofendido por su resistencia la despidió de la casa, lo
mismo que á Sebastián, única persona que le daba buen trato en memoria
mía."