"Yo estaba emocionado ante aquel cuadro desolador y ordené que el muerto
y el herido fueran conducidos al hospital y la mujer á la cárcel."
"Apenas dormí esa noche; no podía olvidar aquel desastre."
"¡Cuán terrible situación la de aquel hombre, que como premio de su
honradez y de los sacrificios hechos por una mujer infame, había
recibido ingratitud, deshonra y un balazo en el pecho!"
"Aquella esposa degradada me pareció un mónstruo de impudicia y
deslealtad, por lo que no había querido dirigirle la palabra."
"Como juez, mi fallo estaba preconcebido; yo la encerraría en una
prisión, perpetua y solitaria."
"Nunca fuí defensor de la pena de muerte; pero en aquella ocasión, creí
que debería subsistir en ciertos casos para cortar en su raíz el cáncer
de la sociedad."
"Por primera vez me sentí un tanto consolado de la pérdida de María
Luisa."
"¿Qué habría yo hecho,--me preguntaba,--si unido á ella me hubiera
infamado reconociendo los instintos de su sangre y los ejemplos de su
primitiva educación? ¡Y luego el mundo condena inicuamente al marido por
las faltas de la esposa infiel!"
"En la primera hora útil del día siguiente, me trasladé al hospital para
seguir averiguando las causas de aquel triste suceso y me recibieron con
la noticia de que el herido había muerto sin pronunciar una palabra."
"Inmediatamente fuí á la cárcel, donde me dijo el alcaide que la mujer
aprehendida en la noche anterior, pedía que la dejasen hablar conmigo á
solas, para revelarme un secreto que yo debería conocer."
"Accedí á su deseo entrando luego al calabozo cuya puerta cerré."
"Aquel lugar estaba en su mayor parte obscuro, porque sólo una pequeña
claraboya se abría cerca del techo."