"Mucho tiempo viví encerrado comunicándome apenas con las personas que
me servían."
"Sintiendo cansancio del pasado y desconfianza en el porvenir, no sabía
qué hacer con la poca vida que me restaba."
"Obligado por la necesidad de verter lágrimas y poseído de ese hondo
pesar que devora pero no mata cuando se mira el alma sola por la falta
de un bien perdido para siempre, no salía de mi casa más que para ir al
panteón en donde siquiera encontraba vestigios y recuerdos
consoladores."
"Con la vehemencia de mi dolor, pensé algunas veces volver á Europa ó
profesar en un convento, pero no tenía fuerza para tomar resolución
alguna."
"Por fin, un día reflexionando en los inmensos deberes que el hombre
tiene que llenar en la sociedad, me resolví á salir de mi retiro; pero
con la firme creencia de que no me sería posible alzar una sola ilusión
de felicidad sobre las ruinas de mi amor."
"Necesitaba concluir mis estudios y ver por mi salud y mi fortuna que
podían menoscabarse."
"En compensación de tanto sufrimiento, la sociedad me acogió con todos
sus halagos y fascinaciones."
"Muy pronto el nuevo gobierno de la República me devolvió los bienes de
mi padre, y el pueblo, sabiendo que era yo hijo de uno de los primeros
insurgentes sacrificados por la patria, me dió sus votos para presidir
el Ayuntamiento de la ciudad."