"No extrañé la presencia de Carolina en la cabecera de mi lecho, pero sí
la de su compañera."
"María Luisa en cuanto pudo, me refirió que teniendo noticia de mi
enfermedad, iba diariamente á la casa para tomar informes; mas un día el
portero, sin duda por ahuyentarla, dijo que había yo muerto; ella en el
acto lloró con tanto estrépito, que fué oída por mi madre, quien la
mandó subir para persuadirla de lo contrario, permitiéndola verme cuando
quisiera."
"Desde entonces ambas niñas permanecieron en la casa, creyéndose
comisionadas de velar por mi restablecimiento; la verdad era que pasaban
el día divirtiéndose ó disputando á mi lado."
"Frecuentemente cubrían mi cama con los juguetes de Carolina y algunas
veces, disgustadas entre sí, permanecían en silencio; pero cuando tenían
buen humor, me participaban á porfía sus esperanzas y deseos."
"Carolina pintaba con creyón letras y flores en mi almohada y me refería
pasajes de la Biblia; la otra contaba historias de muertos y
aparecidos."