"Desde entonces, todos los días al regresar de la escuela, tomaba yo el
rumbo del portal."
"A larga distancia buscaba con la vista á María Luisa entre los canastos
de fruta; la niña por su parte, se levantaba para distinguirme de los
transeuntes é iba corriendo, me daba una fruta ó una flor y volvía
precipitadamente á su puesto."
"Yo seguía mi camino volviendo muchas veces la cabeza para verla."
"Los domingos y otros días que no iba yo al colegio, la pobre niña me
llevaba su obsequio y no atreviéndose á entrar en mi casa, lo ponía en
manos de los criados."
"Mi madre, que llegó á tener noticia de aquellas ofrendas de gratitud
hechas por una niña de siete años, protegió á su tía para que prosperara
el comercio que había emprendido."
"Un día, pasando como de costumbre, por el portal, me dijo mi obsequiosa
frutera con acento de tristeza:--Mañana no estaré aquí porque vamos á
vender aguas frescas á la Soledad de Santa Cruz."
"Luego formé el proyecto de ir por allí á pesar de la distancia."
"Llegada la hora de abandonar la escuela, Sebastián se prestó á
seguirme."
"El día estaba caluroso; como fuí corriendo llegué fatigado á la puerta
de la iglesia donde me recibió María con un vaso de agua dulce y helada
que apuré precipitadamente."
"En el acto sentí que una ráfaga de viento pasó por mi cuello causándome
tanto malestar, que me ví obligado á volver inmediatamente á casa."