"Por algún tiempo no pude olvidar aquella cabellera mal rizada de la
pobre María Luisa, aquellos ojos negros ardiendo y aquel pecho turgente
que veía temblar á través de los harapos."
"El colegio adonde concurría, distaba poco de mi casa y nunca iba más
lejos; pero una mañana, por comprar libros, tomé distinta calle."
"Al entrar en un portal, me sentí estrechado suavemente por unos brazos
delgados que en el acto me soltaron y contemplé junto á mí á María
Luisa, que vestida de limpio, animada y risueña me ofrecía una manzana y
me señalaba la esquina del portal diciendo con encantadora
sencillez:--Ya vendo fruta."
"En aquella esquina estaba una mujer sentada en medio de varios cestos
llenos de frutas y adornados con ramas verdes."
"--¿Por qué no has ido á mi casa?--dije á la niña tomando la
manzana.--Porque ya sanó mi tía,--me contestó algo turbada y
reponiéndose añadió:--Con el dinero que Ud. me daba, compramos ese
puesto de fruta."
"Sus ojos me veían con dulzura y sus mejillas se pintaron de rojo muy
subido."
"Volvió á señalarme la esquina y corrió, al parecer avergonzada de su
atrevimiento."