II.

Oaxaca era en aquella época el país del dinero y de la grana, que había

proporcionado á España, durante mucho tiempo, tesoros para sus hijos y

púrpura para sus reyes.

La ciudad capital, situada cerca de la Sierra Madre, al pié de una verde

colina, recibió de los españoles el nombre de Antequera en memoria de

una de las más bellas poblaciones de Andalucía.

Uníala con México un camino largo y estrecho por donde remitía sus

valiosas producciones, recibiendo en cambio los géneros de Europa y con

alguna frecuencia, grandes cantidades de plata acuñada.

En Oaxaca no había entonces jardines públicos, ni teatros, ni

periódicos, ni alumbrado en las calles; el carácter pacífico de sus

habitantes no necesitaba de estas cosas.

No eran conocidos los hoteles porque había poquísimos viajeros; los

próceres enviados de la Capital para servir empleos en el Gobierno, así

como algunos extranjeros que deseaban conocer el árbol gigantesco del

Tule y las legendarias ruinas de Mitla, eran alojados en casas

particulares ó en los conventos, cuya supresión aun no se presentía.

La política era un misterio apenas conocido por pocos iniciados.

Pero ya el pueblo, sin abandonar el depósito de sus buenas costumbres y

adorables tradiciones, daba indicios de su genio guerrero que más tarde

hizo milagros de valor y patriotismo.

Ya había visitado á Oaxaca el gran Morelos y habían nacido en este país

afortunado los hombres extraordinarios que algún día debieran ponerse

frente á frente de los soberanos europeos, pidiendo para México un

puesto de honor entre las naciones ilustradas.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 7 / 153 题