I.

Era joven aún este siglo XIX que hoy contemplamos anciano y moribundo,

tan lleno de glorias y cargado de responsabilidades.

México había derramado su oro y su sangre por espacio de once años para

librarse de la dominación española y lanzábase á la vida independiente

con la vaguedad del hombre que acaba de tener un sueño penoso.

Se ensayaban todas las formas de gobierno, se convocaban congresos

nacionales, se defendían principios y contraprincipios y había de una

parte, quienes suspiraban por el régimen colonial, y de otra, quienes

aplaudían las doctrinas más atrevidas de la revolución francesa.

Pero al mismo tiempo la luz se derramaba en las inteligencias, la

escuela se abría para el campesino y el obrero y la ley daba iguales

derechos á los mendigos y los poderosos.

Dijérase que amanecía en el horizonte de un porvenir halagador.

Y las claridades de aquel risueño crepúsculo, llevaban gérmenes

preciosos para la libertad y para el progreso á todos los Departamentos

de la Nación.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 6 / 153 题