Las españolas, consideradas mejores que las flamencas é italianas, eran
hechas de madera á torno, que se breaba exteriormente: llevábanse para
ellas hierros de respeto, cuero curtido, tachuelas, morterete y zunchos,
siendo cargo del calafate componer los desperfectos. García de Palacio
recomendaba para cuando se desconcertasen y fuere menester entrar en el
arca de la sentina, meter antes una linterna con vela encendida, y si
estuviese dentro buen rato sin apagarse, se podía entrar seguramente; en
otro caso, entendiendo que había dentro aire corrupto que podría matar,
debía echarse vinagre en cantidad, orines y agua fría para que la
mundificaran y quitaran el daño y pestilencia que suele tener.
En la advertencia se acredita la verdad con que el consabido Salazar
decía: «hay en esta ciudad una fuente ó dos, que se llaman bombas, cuya
agua, ni la lengua ni el paladar las querían gustar, ni las narices
oler, ni aun los ojos ver, porque sale espumeando como infierno y
hedionda como el diablo». Dicho esto, completaremos la pintura que de la
nao hacía el chistoso Iegista.
«Algunos llaman á esto caballo de palo, y otros rocín de madera, y otros
pájaro puerco, aunque yo le llamo pueblo y ciudad, mas no la de Dios que
describió el glorioso Augustino. Porque no ví en ella templo sagrado ni
casa de justicia, ni á los moradores se dice misa, ni los habitantes
viven sujetos á la ley de razón. Es un pueblo prolongado, agudo y
afilado por delante y más ancho por detrás, á manera de cepa de puente;
tiene sus calles, plazas y habitaciones; está cercado de su _amuradas_;
al un cabo tiene _castillo de proa_ con más de diez mil caballeros en
cada _cuartel_; al otro su _alcázar_ tan fuerte y bien cimentado, que un
poco de viento le arrancará las raíces de cuajo, os volverá los
cimientos al cielo y los tejados al profundo. Tiene su artillería y su
_condestable_ que la gobierna; tiene _mesas de guarnición_; tiene
_bigotes_ y aun _bigotas_... tiene un _molinete_ que con su furia mueve
á los marineros y con su ruido á los pasajeros. Hay aposentos tan
cerrados, oscuros y olorosas que parecen bóvedas ó carneros de difuntos.
Tienen estos aposentos las puertas en el suelo que se llaman
_escotillas_, porque los que por ellas entran escotan bien el contento,
alivio y buen olor que han recibido en los aposentos de la tierra, y
porque como los aposentos parecen senos del infierno (si no lo son), es
cosa cuadrante que las puertas y entradas estén en el suelo de manera
que entren hundiendo los que allá entraren. Hay tantas _redes de jarcia_
y cuerdas á la una y la otra banda, que los hombres allí dentro parecen
pollos y capones que se llevan á vender en gallineros de red de esparto.
Hay _árboles_ en esta ciudad, no de los que sudan gomas y licores
aromáticos, sino de los que corren contino puerca pez y hediondo sebo.
El terreno de este lugar es de tal cualidad que cuando llueve está tieso
y cuando los soles son mayores se enternecen los lodos y se os pegan los
pies al suelo que apenas los podreis levantar. De las cercas adentro
tiene grandísima copia de volatería de cucarachas y grande abundancia de
montería de ratones que muchos de ellos se aculan y resisten á los
monteros como jabalíes. Es esta ciudad triste y oscura; por de fuera
negra, por dentro negrísima; suelos negrales, paredes negrunas,
habitadores negrazos y oficiales negretes.