Como insignia de mando que era el farol de popa, sólo podían usarlo y
encenderlo los jefes de escuadra: como distintivo exterior se procuraba
darle visualidad artística, según los tiempos[78]. En un principio
resguardaban al hachote de cera láminas de talco; después se adoptaron
vidrios.
[Nota 78: _Disquisiciones náuticas_, t. I, pág. 231.]
Indica el Diario del Almirante que encendía todas las noches el farol de
popa, y que al separarse _La Pinta_ sobre la costa de Cuba, puso en los
palos otros faroles de señales. En el tercer viaje destacó desde
Canarias tres de sus naves, ordenando cuál de los capitanes había de
_hacer farol_.
Las instrucciones dadas en Marzo de 1508 á Juan Díaz de Solís y á
Vicente Yáñez regulaban el uso de esta insignia previniendo que las
naves subordinadas, todos los días, una vez por la mañana y otra por la
tarde _salvaran_ á la capitana _como de uso y costumbre_ y tomaran la
orden de lo que se iba á hacer durante la noche[79].
[Nota 79: _Docum. inéd. de Indias_, t. XXXI, pág. 513.]
Esta costumbre inmemorial traducida en precepto, consistía en pasar muy
cerca por la popa de la capitana, saludar á la voz y con trompetas, dar
cuenta de ocurrencias y recibir la orden[80]. De ella hablaba el
cronista del emperador Carlos V al narrar[81] el primer viaje que desde
Flandes á España hizo en 1517 con armada de 52 bajeles, diciendo era
espectáculo en verdad majestuoso contemplar aquellas naos soberbias como
otros tantos castillos, obedientes á la voz del soberano; á la hora de
la amanecida sobre todo, cuando una á una pasaban por la popa de la Real
_á dar el buen viaje_ con ciertas voces al son del pito del
contramaestre, y cañonazos.
[Nota 80: _Disquisiciones náuticas_, t. V. pág. 490.]
[Nota 81: Juan de Vandenesse, _Diario del viaje de D. Carlos_.]
Aparte del farol de popa no había más luz en la nave que la del timonel
puesta en la forma que el curioso Salazar apunta. «La luz y la aguja de
esta ciudad se encierra de noche en la _bitácora_, que es una caja
semejante á estas en que se suelen meter y encubrir los servicios de
respeto que están en recámaras de señoras.»
Desde el momento de encenderla entraban los pajes á velarla con la
ampolleta, cantando:
La guarda es tomada;
La ampolleta muele;
Buen viaje haremos
Si Dios quisiere.
«Es obligación de los pajes, decían las instrucciones, á boca de noche
traer en una lanterna lumbre á la bitácora para que el timonero y piloto
vean la aguja de marear. Nunca jamás ha de permitirse que nadie meta
lumbre debajo de cubierta sino dentro de lanterna, porque el naufragio
que en la mar sucede por fuego es de los más temerosos y trabajosos que
pueden suceder y así debe haber vigilantísimo cuidado y recato con todo
lo tocante á la guarda del fuego y lumbre de la nao.»
Natural era que al rey D. Carlos se guardaran consideraciones
excepcionales en el viaje referido: su cronista consigna que ponían á
las señoras linternas de hierro mientras se acostaban, después de lo
cual el capitán del navío visitaba los lugares y no quedaba más lumbre
que en los faroles de popa; una linterna en la cámara del Rey; otra en
la de la infanta doña Leonor, su hermana; la de la bitácora y la del
castillo de popa «bajo la cual se resguardan los marineros mientras el
pito no les llama.»
Á pesar de tantas precauciones se incendió durante la navegación el
navío de la caballeriza, quizá por irreflexión de la gente joven que
conducía, y perecieron abrasadas 160 personas, entre ellas el segundo
caballerizo y 22 pajes del Rey[82].
[Nota 82: Fr. Prudencio de Sandoval. _Historia del Emperador._]
Empleábanse en el alumbrado velas de sebo.