Lugares no excusados son estos á que poéticamente nombra _jardines_ la
gente de mar. Ni al restaurar las carabelas cabe olvidarlos, ni con
aroma los sabrá describir quien no tenga la sal de los dos autores
antináuticos con tanta frecuencia citados en esta exposicion. Háganlo
ellos. Salazar, llegando al punto, escribía:
«Quereis proveeros, provéalo Vargas; es menester colgaros á la mar como
castillo de grumete; y hacer cedebones al sol y á sus doce sinos, á la
luna y á los demás planetas, y emplazarlos á todos y asiros bien á las
crines del caballo de palo so pena que, si soltais, os derribará de
manera que no cabalgueis más en él; y es tal el asiento que...» (Al
llegar aquí no halló vocablos castellanos; tradujo la idea en dialecto
gallego.)
Don Antonio de Guevara, sin tanto circunloquio, lamentaba la precisión
de que vieran las gentes á todo un Reverendísimo Señor Obispo asentado
en la necesaria como le veían comer á la mesa. También lamentaría la
aspereza de la estopa embreada de filástica con que le sirviera algún
proel respetuoso.