Isleta de las ollas denominaba el mismo Salazar á este factor de la
comida, que no poca materia dió también al buen humor del Obispo de
Mondoñedo. Antonio de Herrera refiere[77] que en una nao portuguesa
derrotada hasta la isla de Siete Ciudades, poco después de mediado el
siglo XV, _habiendo tomado tierra para el fogón_, se advirtió la
aparición de partículas de oro fundidas, con que se despertó el afán de
las exploraciones por dar con tan afortunado lugar.
[Nota 77: _Decadas de Indias_. Dec. I.]
La práctica de poner tierra por cama del combustible, que era leña, duró
mucho tiempo, manteniendo en los buques de guerra una frase que han oído
muchos de los que viven. Cuando algún marinero inexperto cantaba desde
el tope _¡tierra!_ engañado por el celaje, contestábanle desde abajo
_¡la del fogón!_
Con estos antecedentes es de conjeturar que el de las carabelas en su
viaje de descubrimiento era un cuerpo de ladrillo de forma cúbica con
aristas de hierro, hornillas y tierra en el fondo, semejante á los que
en Andalucía se llaman anafres.
Como en las naos iba sobre cubierta, hacíasele un tambucho sin abrigo en
forma de tienda.