En expediciones militares, cuando á la tripulación ordinaria de las naos
se agregaban compañías de guerra, se concedía únicamente á los capitanes
derecho á participar de la cámara de popa y por ello empezaron á
construirse los _cadalechos_ ó literas, adosando al costado con carácter
provisional, bastidores de lona. Los oficiales y cualquiera otra persona
pasajera, por alto que fuera su rango, habían de contentarse con el
_trasportín_ ó colchoneta, liados durante el día en petate de esparto y
almacenados en la bodega; tendidos de noche donde no estorbaran. Los
marinos y soldados carecían de semejante comodidad; estaba prohibido que
ninguno durmiera bajo de cubierta, aun acabado su cuarto, para estar á
mano si cargaba el tiempo de repente[70].
[Nota 70: _Disquisiciones náuticas_, tomo VI, pág 173.]
Tenían las esterillas del petate la ventaja de servir de mortajas en
caso necesario: cuéntalo Gonzalo Fernández de Oviedo, que con ser
persona de calidad no había tenido excepción en la regla, en estos
términos[71]:
«Queriendo un marinero aprovecharse del serón de esparto que allí estaba
debajo de un colchón en que yo iba echada, le dijo el criado: «no tomes
el serón, que ya ves que el capitán está muriéndose, e muerto, no hay
otro en que envolverlo y echarlo á la mar;» lo cual oí muy bien y
sentándome en la cama muy enojado, dije: «sacad el serón, que no tengo
de morir en la mar, ni quiera Dios que me falte sepultura en tierra.» En
efecto, empezó desde entonces á mejorar, reaccionado con la indignación
que le produjo aquel deseo de heredarle en vida.
[Nota 71: _Historia general de Indias_, lib. L. _Infortunios y
naufragios._]
Cervantes dió por tan sabida la costumbre que hablando en _El celoso
extremeño_ de la resolución de aquel hidalgo falto de dinero y aun con
no muchos amigos que se acogió al remedio de pasarse á las Indias,
refiere cómo habiéndose acomodado con el Almirante _aderezó su mortaja
de esparto_ y se embarcó en Cádiz. Con más autoridad lo expresa una Real
cédula fecha en Tordesillas á 20 de Noviembre de 1510 diciendo á los
oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla: «Yo vos mando que
demás del pasaje que agora mando dar á los frailes dominicos que van á
las Indias, les deis á cada uno dos mantas y una jerga para hacer camas
para que lo lleven en los navios en que han de ir, é se les quede allá,
de los cuales yo les hago merced é limosna»[72].
[Nota 72: _Colecc. de docum. ined. de Indias._ 2.ª serie, t. V, pág.
243.]
De los indios aprendió Colón, lo mismo que sus compañeros, la manera de
dormir en hamacas colgadas que andando el tiempo se dieron á los
mareantes[73].
[Nota 73: Un pasaje del Diario de Colón indica que no se carecía en
absoluto de camas á su bordo, al decir que en la recalada á la isla de
Santa María, en las Azores, vinieron á la carabela tres portugueses, y
el Almirante mandóles dar camas en que durmiesen aquella noche. Véase
día 19 de Febrero de 1493.]