III CÁMARAS Y ALOJAMIENTOS

Durante el siglo XV no parece que llevaron los bajeles más de una cámara

alta en la popa, que ocupaba el almirante ó capitán, y no á descanso,

pues según las máximas de D. Juan Escalante de Mendoza[65], «no han de

fiar estas personas de nadie porque no se cumpla el refrán que dice

_duelo ajeno de pelo cuelga_; así que han de velar siempre de noche, y

lo que hubieren de dormir sea de día y poco».

[Nota 65: _Itinerario y navegación de los mares. Disquisiciones

náuticas_, tomo V, pág. 486.]

De las dimensiones que tenía la de la nao capitana de Colón puede

juzgarse por el relato escrito en su Diario el 18 de Diciembre de 1492,

de la visita que le hizo el cacique de Santo Domingo: éste sólo se sentó

á la mesa con D. Cristóbal; otros dos indios lo hicieron en el suelo y

los demás tuvieron que quedarse fuera. Se prendó Guacanagarí del arambel

ó colcha colorada de la cama que Colón le regaló de buen grado; mostróle

las banderas que allí tenía, una moneda de oro con las efigies de los

Reyes y otras cosas.

Se deduce del pasaje que había en la cámara una mesa para dos personas,

un sillón, una silla de tijera, la litera ó cama, y probablemente un

armario ó arcón para guardar ropa y papeles[66].

[Nota 66: El Sr. D. Rodrigo Amador de los Ríos en su artículo

titulado _La Rábida (España y sus monumentos)_ concibe de este modo los

referidos muebles de la época en la celda de Fr. Juan Pérez. Mesa de

pino ó de nogal de pies retorcidos y trabados entre sí por elegantes

brazos de hierro forjado. Sitial de madera tallada con respaldo ornado

de resaltadas labores, pináculos en los extremos, rosetones en la capa

inferior. Arcón de nogal cuyo frente llevaba filigranado encaje de

agujas, círculos, flores, cardinas y enrejados, sobre el cual

destacaban, tomadas algún tanto del orín por la humedad de los marinos

aires, dos grandes cerrajas de hierro, cuyas fallebas fingían enroscadas

sierpes.]

En la capitulación firmada para el viaje de Vicente Yáñez Pinzón en

1508[67] se determinaba que los capitanes tendrían francas sus cámaras;

á los pilotos y maestres se les permitiría un arca que no había de tener

más de cinco palmos en largo y tres en alto; á los marineros un arca

entre dos; á los grumetes una entre tres y á los pajes entre cuatro.

[Nota 67: _Colec. de docum. inéd. de Indias_, tomo XXXI, pág. 513.]

La parquedad en alojamiento y mobiliario confirman las observaciones del

padre Guevara, reinando Carlos V, al decir[68]: «que no hay escaño a do

se echar, banco a do reposar, mesa a do comer ni silla a do se asentar,

y que se come en el suelo como moro ó en las rodillas como mujer y se

duerme en una tabla tomando por almohada una rodela». Mas esto era

aplicable á los pasajeros. Eugenio de Salazar refiere años después[69]

que el capitán, maestre y piloto comían en una mesa; todos los demás lo

hacían en cubierta sobre un pedazo de lona que más que de mantel servía

para no manchar las tablas. Los marineros tenían platos grandes de

madera en común y una gaveta de lo mismo para el vino.

[Nota 68: _Disquisiciones náuticas_, tomo II.]

[Nota 69: Idem, íd.]

Muchas referencias ayudan á la persuasión de no haberse construído

camarotes para oficiales hasta muy adelantado el siglo XVI, y esto sin

autorización, por corruptela que hubo de corregirse varias veces antes

que en la ordenanzas de 1613 se mandara terminantemente «que no haya

camarotes en la popa arriba, más que una chopa para el piloto». En otra

ordenanza de 1678 se ordenaba todavía que no hubiera en galeras más que

dos taburetes, seis sillas de tijera y una mesa y que ninguna persona de

guerra ó mar embarcara más de una caja de las dimensiones dichas y un

_trasportín_, bajo pena de pérdida de los objetos.

La nao Santa María: memória de la Comisión arqueológica ejecutiva, 1892 · 第 62 / 71 题