(_La Esmeralda toma la banda y se la pone._)
FEBO.--¡Un momento!
(_Se aproxima á la Esmeralda y trata de abrazarla. Ella retrocede._)
LA ESMERALDA.--¡No, eso no!
FEBO (_insistiendo_).--¡Déjate abrazar!
LA ESMERALDA (_retrocediendo más_).--¡Nunca!
FEBO (_riendo_).--¡Es chistoso esto de hallar una mujer tan hermosa y
tan cruel al mismo tiempo! Quiero un beso de tus labios; ¿por qué me lo
niegas?
LA ESMERALDA.--Porque debo negarlo. ¿Quién sabe las consecuencias que
puede traer un beso?
FEBO.--Pues si no me le das, voy á tomarlo yo.
LA ESMERALDA.--No, dejadme: no hablemos de eso.
FEBO.--¡Un solo beso no es nada!
LA ESMERALDA.--Nada para vos; pero todo para mí.
FEBO.--Mírame y te convencerás de cuánto te amo.
LA ESMERALDA.--¡Si apenas me atrevo á mirarme á mí misma!
FEBO.--El amor quiere entrar en tu corazón esta noche.
LA ESMERALDA.--Esta noche el amor y mañana la desgracia.
(_Se escapa de los brazos de Febo y huye. Febo, contrariado, se
vuelve hacia Cuasimodo á quien tienen atado los guardias en el fondo
del teatro._)
FEBO.--¡Se resiste y huye! ¡Valiente aventura! De dos pájaros nocturnos
que tenía, el ruiseñor se me escapa y me queda el mochuelo.
(_Se pone á la cabeza de la tropa y sale llevándose á Cuasimodo._)
CORO DE LA RONDA.--Paz y vigilancia. Tengamos el oído alerta y
procuremos sondear con las miradas las tinieblas de la noche.
(_Se alejan poco á poco y desaparecen._)
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO II
La plaza de Grève. La picota y en ella Cuasimodo. El pueblo llena la
plaza.
ESCENA I
CORO.--¿Conque robaba á una joven?
--¡Es posible!
--Mirad cómo le zurran en este momento.
--¿Oís, comadre? Cuasimodo se ha atrevido á cazar en las tierras de
Cupido.
UNA MUJER DEL PUEBLO.--Pasará por mi calle cuando vuelva de la
picota... Pero silencio, el pregonero va á hablar.
PREGONERO.--De orden del rey, que Dios guarde, el hombre á quien
estáis viendo, permanecerá durante una hora en la picota, debidamente
custodiado.
CORO.--¡Muera, muera el jorobado, el sordo, el tuerto! ¡Muera ese
Barrabás! ¡Parece que se atreve á mirarnos! ¡Muera el hechicero!
¡Gesticula y se agita! ¡Él es quien hace ladrar á los perros por la
calle!
--Castigad severamente á ese bandido.
--¡Que se le dé doble número de azotes!
CUASIMODO.--¡Por piedad! ¡Dadme agua!
CORO.--¡Que le cuelguen!
CUASIMODO.--Tengo sed.
CORO.--¡Maldito seas!
(_Esmeralda, que desde hace algunos momentos se ha mezclado en la
multitud, observa con sorpresa y luego con piedad á Cuasimodo. De
súbito, entre la gritería del pueblo, sube á la picota, saca de su
cinturón una botellita y da de beber al jorobado._)
CORO.--¿Qué haces, hermosa niña? Deja á Cuasimodo. Cuando Belcebú se
abrasa, no le debes dar agua.
(_La Esmeralda baja de la picota y los arqueros desatan y se llevan á
Cuasimodo._)
CORO.--Había querido secuestrar una joven.
--¿Quién, ese espantajo?
--Eso es horrible, infame.
--Eso es muy grave.
--¿Oís, comadres? Cuasimodo se ha atrevido á cazar en las tierras de
Cupido.
ESCENA II
Sala lujosamente amueblada, donde se están haciendo los preparativos
para una fiesta
FEBO, FLOR DE LIS, LA SEÑORA ELOÍSA DE GONDELAURIER
LA SEÑORA ELOÍSA.--Febo, futuro yerno mío, á quien tanto quiero, mandad
y dirigid aquí ahora, como antes lo he hecho yo, procurando que esta
noche se divierta todo el mundo. Y tú, hija mía, prepárate. Ya que
serás la más hermosa de todas, debes ser también la más alegre.
(_Se va hacia el fondo y da varias órdenes á los criados que están
haciendo los preparativos._)
FLOR DE LIS (_á Febo_).--Desde la semana pasada apenas os he visto
dos veces, y sólo, gracias á esta fiesta, volvéis aquí. Esto es poco
lisonjero.
FEBO.--¡Por Dios! No me riñáis.
FLOR DE LIS.--Si veo que me vais olvidando...
FEBO.--Os juro...
FLOR DE LIS.--Nada de jurar. Cuando se jura es porque se miente.
FEBO.--¡Olvidaros! ¡Qué locura! ¿Acaso no sois vos la más hermosa de
las mujeres y yo el hombre más amante de la belleza? (_Aparte._) ¡Qué
irritada está hoy mi novia! Sin duda sospecha algo. ¡Ah! nada hay más
fastidioso que los celos. Las mujeres deberían saber que los amantes á
quienes se hostiga, se largan con viento fresco. Es más fácil atraer al
hombre con la risa que con las lágrimas.
FLOR DE LIS (_aparte_).--¡Hacer traición á su prometida! ¡Á mí, que no
pienso más que en él! ¡Ay! ¡cuánto sufro con sus ausencias y cuánto
padezco también al mirarle! Cuando le veo, menosprecia mi gozo; cuando
no viene, desdeña mis lágrimas. (_Á Febo._) Febo, ¿qué habéis hecho de
la banda que os bordé? ¿Cómo no la lleváis?
FEBO.--¿La banda?... No sé... (_Aparte._) ¡Dios santo! ¡Qué compromiso!
FLOR DE LIS.--Sin duda la habréis olvidado. (_Aparte._) ¿Quién será su
dueña ahora? ¿Por quién me olvida?
ELOÍSA (_dirigiéndose hacia ellos y en tono conciliador_).--¡Vaya,
vaya! Ante todo casaos; luego tendréis tiempo de reñir.
FEBO (_á Flor de Lis_).--No he olvidado vuestra banda. Si no la traigo
es porque la conservo doblada cuidadosamente en un cofrecillo esmaltado
que mandé hacer expresamente. (_Con pasión, á Flor de Lis, que todavía
está irritada._) ¡Juro que os adoro más que si fuéseis la misma Venus!
FLOR DE LIS.--No juréis. Ya sabéis mi opinión respecto al asunto.
ELOÍSA.--¡Vaya, niños! Nada de cuestiones. Hoy todo el mundo debe estar
alegre.
Ven, hija mía; es preciso que hagamos los honores de la casa. Cada cosa
á su tiempo. (_Á los criados._) Encended las luces y que se disponga
todo para el baile. Quiero que por doquiera resplandezca la claridad, y
que los convidados crean hallarse en pleno día.
FEBO.--Estando Flor de Lis aquí, no puede faltar nada para el esplendor
de la fiesta.
FLOR DE LIS.--Sí, Febo; falta el amor.
(_Vanse las dos mujeres._)
FEBO (_mirando cómo se aleja Flor de Lis_).--Á decir verdad, aun
estando á su lado no puedo hallarme satisfecho, porque la mujer á quien
amo, y en la cual pienso todo el día, no está aquí.
ARIA
Sólo á ti pertenece mi corazón, niña encantadora, hermosa sombra que
llenas mi vida con tu recuerdo y que, ausente siempre, te apareces á
todas horas.
Como un nido destaca entre el ramaje, como una flor entre las malezas,
como un bien entre los males, así destaca y brilla mi amada entre las
demás mujeres. Humilde y altiva á un tiempo, pero altiva sólo para
guardar su pureza, en medio de la libertad en que vive, sabe encubrir
la voluptuosidad de su mirada con un casto velo de pudor.
En la oscura noche parece un ángel, cuya frente oculta la sombra,
mientras que en sus ojos resplandece el fuego. No me abandona un solo
instante su imagen, unas veces luminosa, otras sombría; y ora se me
represente como astro, ora como nube, siempre la veo en el cielo.
Sólo á ti pertenece mi corazón, niña encantadora, hermosa sombra que
llenas mi vida con tu recuerdo y que, ausente siempre, te apareces á
todas horas.
(_Entran en el salón multitud de señoras y caballeros, elegantemente
vestidos._)
ESCENA III
El mismo, EL VIZCONDE DE GIF, EL SEÑOR DE MORLAIX, EL SEÑOR DE
CHEVREUSE, LA SEÑORA DE GONDELAURIER, FLOR DE LIS, DIANA, BERENGUELA,
señoras, caballeros
EL VIZCONDE DE GIF.--¡Salud, nobles castellanos!
ELOÍSA, FEBO Y FLOR DE LIS (_saludando)_.--¡Salud, nobles caballeros!
Dios quiera que bajo este techo hospitalario olvidéis toda clase de
cuidados y pesares.
EL SEÑOR DE MORLAIX.--Señoras, os deseo salud, placer y dicha.
ELOÍSA, FEBO Y FLOR DE LIS.--Que el cielo premie vuestros buenos
deseos, nobles caballeros.
EL SEÑOR DE CHEVREUSE.--Señoras, digo lo mismo que mi compañero.
ELOÍSA, FEBO Y FLOR DE LIS.--Nuestra señora os recompense.
(_Entran todos los convidados._)
CORO.--Entremos todos á tomar parte en la fiesta, así las damas como
los caballeros; por todas partes embalsamen el ambiente las flores
que adornan las cabezas femeniles y en todos los corazones domine la
alegría.
(_Los convidados se aproximan y saludan. Entre ellos circulan varios
criados llevando bandejas con flores y frutas. Á la derecha, junto á
una ventana, se forma un grupo de muchachas. De pronto, una de ellas
hace señales á las demás para que se inclinen sobre el alféizar y
miren fuera._)
BAILE
DIANA (_mirando á la calle_).--Mira, mira, Berenguela.
BERENGUELA (_obedeciendo_).--¡Qué viva es y qué ligera!
DIANA.--¡Parece un hada ó la encarnación misma del Amor!
EL VIZCONDE DE GIF (_riendo_).--¿Quién baila en la calle?
EL SEÑOR DE CHEVREUSE (_después de mirar_).--Es la maga... Febo, es tu
gitana, la que salvaste valerosamente de manos de un ladrón, la otra
noche.
EL VIZCONDE DE GIF.--Sí, sí, es la bohemia.
EL SEÑOR DE MORLAIX.--Es hermosa como un sol.
DIANA (_á Febo_).--Si la conocéis, decidla que venga á distraernos un
rato con sus habilidades.
FEBO (_mirando con aparente indiferencia_).--Puede ser que sea ella.
(_Al señor de Gif._) ¿Pero creéis que se acordará...?
FLOR DE LIS (_que ha estado escuchando_).--De vos se acuerda siempre
todo el mundo. Llamadla; decidla que suba. (_Aparte._) Ahora veré si es
cierto lo que se dice.
FEBO (_á Flor de Lis_).--Ya que lo queréis, probemos.
(_Hace señas para que suba Esmeralda._)
LAS JÓVENES.--¡Ya viene!
EL SEÑOR DE CHEVREUSE.--Acaba de trasponer el pórtico.
DIANA.--Los que estaban admirándola se han quedado muy mustios.
EL VIZCONDE DE GIF.--Señoras, vais á ver á esa deidad callejera.
FLOR DE LIS (_aparte_).--¡Qué pronto ha obedecido á la señal de Febo!
ESCENA IV
Los mismos y LA ESMERALDA
(_Entra la gitana tímida y confusa. Movimiento de admiración. Todo el
mundo se aparta para dejarla paso._)
CORO.--¡Mirad! Su hermosa faz resplandece entre todas, como brillaría
un lucero rodeado de antorchas.
FEBO.--¡Oh! ¡es mi hermosa! Amigos, Esmeralda es la reina de este
baile; la corona de la belleza ciñe su frente. (_Volviéndose hacia los
señores de Gif y de Chevreuse_). Amigos, mi corazón quiere saltarse del
pecho. ¡Hada encantadora! Si pudiera libar el cáliz de la flor de tus
amores, desafiaría gustoso los peligros de la guerra y hasta la misma
desgracia.
EL SEÑOR DE CHEVREUSE.--¡Es un rostro celestial! Parece uno de esos
encantadores sueños que flotan en la oscuridad de la noche y llenan la
sombra de claridad. Creeríase imposible que haya nacido en el abandono
y se haya criado en la calle... ¿Quién habrá sido capaz de abandonar á
la corriente de inmundo arroyo una flor tan hermosa?
LA ESMERALDA (_con la vista fija en Febo_).--Es mi Febo, estoy segura
de ello, pues su imagen se ha conservado grabada en mi corazón. Ya
vista de seda, ya se cubra con la armadura, es siempre el mismo, todo
belleza y gracia. Febo, mi cabeza arde; me abrasa la alegría y el
dolor. Así como la tierra necesita el benéfico rocío, mi alma necesita
el consuelo de las lágrimas.
FLOR DE LIS.--¡Qué hermosa es! Ya estaba segura de ello. En verdad
que debo estar muy celosa, si mis celos han de igualar á su belleza.
Pero ¡quién sabe! Acaso estemos predestinadas ambas, por el implacable
destino, á ver morir en flor todas nuestras ilusiones.
ELOÍSA.--¡Qué criatura tan hermosa! ¡Mentira parece que una impura
gitana reuna en sí tanto encanto y belleza tanta! Mas ¿quién es capaz
de adivinar los caprichos de la suerte? Muchas veces una serpiente,
para cazar á los pobres pajarillos, oculta su venenosa cabeza en el
matorral que más cubierto se halla de flores.
CORO GENERAL.--Las hermosas noches del estío no la aventajan en
serenidad ni en hermosura.
ELOÍSA (_á Esmeralda_).--Vamos, niña hechicera, ven y danos á conocer
algún baile nuevo.
(_Esmeralda se prepara á bailar y saca de su seno la banda que le
había regalado Febo._)
FLOR DE LIS.--¡Mi banda!... ¡Ah! Febo, me engañabas. Esta es mi rival...
(_Flor de Lis arranca la banda de manos de Esmeralda y se desmaya.
Los convidados se dirigen en actitud amenazadora hacia la gitana que
se refugia junto á Febo._)
CORO.--¿Conque es verdad que Febo la ama? ¡Infame! Sal de aquí. Parece
mentira que te hayas atrevido á venir á desafiar nuestra cólera. Este
es el colmo de la imprudencia. Vuelve á recorrer las calles para que
la hez del pueblo se extasíe con tus bailes. Mujer de tan baja esfera
que á tanta altura se atreve á mirar, merece ser arrojada de este sitio
inmediatamente.
LA ESMERALDA.--Defiéndeme tú, Febo mío, defiéndeme. La pobre gitanilla
no confía en nadie más que en ti.
FEBO.--Pues bien, sí, la amo; sólo á ella adoro y me constituyo en su
defensor. Lucharé por ella, á quien pertenecen mi brazo y mi corazón.
Si necesita que se la proteja, yo la ampararé. Las injurias que se la
dirijan las tendré por hechas á mí, y considero su honor como el mío
propio.
CORO.--¡Cómo! ¡Es verdad que la ama!... ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!... ¿Es
posible que nos desafíe por una gitana?... ¡Vaya, callad ambos! El
ardor que mostrais es incalificable. (_Á Febo._) Vos dais pruebas de
excesiva insolencia. (_Á La Esmeralda._) Y tú de falta de pudor.
(_Febo y algunos amigos suyos protegen á La Esmeralda, á quien
amenazan los demás. La gitana se dirige con vacilante paso hacia la
puerta. Cae el telón._)
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO III
Puerta exterior de una taberna. Á la derecha el establecimiento.
Árboles á la izquierda. En el fondo una pared baja, con puerta
practicable, que circuye el huerto. Á lo lejos se ven las torres de
Nuestra Señora y una vaga silueta del París antiguo que se destaca del
horizonte rojizo de una puesta de sol, y cuya base lame el Sena.
ESCENA I
FEBO, EL VIZCONDE DE GIF, LOS SEÑORES DE MORLAIX y DE CHEVREUSE y otros
muchos amigos de Febo, sentados alrededor de varias mesas bebiendo y
cantando.--Luego CLAUDIO FROLLO.
CORO.--Sea propicia y favorable Nuestra Señora á todos cuantos, en la
tierra, no aborrecen más que el agua.
FEBO.--Quiera ella conceder á los valientes en todas partes buen vino
que beber y hermosos ojos que admirar. Con vino añejo y una mujer
bonita, todos somos felices.
CORO.--Sea propicia, etc.
FEBO.--Sucede á veces que una hermosa de alma fría, se muestra esquiva;
pero el amante comienza por bromear con la ingrata; luego canta y por
último bebe.
CORO.--Sea propicia, etc.
FEBO.--Pasa el tiempo, y el amante desdeñado, esté sereno ó borracho,
abraza á su querida y va á dormir sobre la misma boca de un cañón.
CORO.--Sea propicia, etc.
FEBO.--Y su alma, que con frecuencia tiene ensueños amorosos, está
satisfecha cuando el viento agita la tienda de campaña.
CORO.--Sea propicia y favorable Nuestra Señora á todos cuantos mortales
no aborrecen más que el agua.
(_Entra Claudio Frollo; va á sentarse junto á una mesa, lejos
de Febo, y al principio parece indiferente á lo que pasa á su
alrededor._)
EL VIZCONDE DE GIF (_á Febo_).--¿Qué hay respecto á tu hermosa gitana?
(_Movimiento de atención por parte de Claudio Frollo._)
FEBO.--Estoy citado con ella para esta noche, dentro de una hora.
TODOS.--¿De veras?
FEBO.--Sí.
(_Aumenta la agitación de Claudio Frollo._)
EL VIZCONDE DE GIF.--¿Y dices que la cita es dentro de una hora?
FEBO.--Casi podría decir: de aquí á un instante.
ARIA
¡Oh! El amor es la suprema dicha. Ser dos cuerpos y un alma; poseer
á la mujer á quien se ama; ser á la vez esclavo y vencedor; sentirse
dueño del corazón y de los encantos del objeto amado; tranquilizarse al
sonido de su voz y secar con un beso las lágrimas de sus hermosos ojos:
todo eso es el amor.
(_Mientras él canta, los demás beben, chocando los vasos._)
CORO.--En todo tiempo, la dicha suprema consiste en beber á la salud de
la persona amada y en amar la bebida.
FEBO.--Amigos míos, Esmeralda es la más linda de las mujeres, una
verdadera perfección, y me pertenece.
CLAUDIO FROLLO (_aparte_).--Protéjame el infierno. ¡Maldición sobre
ella y sobre ti!
FEBO.--El placer nos convida. No vacilemos en dar nuestra existencia
por un momento de amor. ¿Qué importa morir después? Bien pueden darse
cien años por una hora de goce, hasta la eternidad, por un solo día.
(_Óyese el toque de queda. Los amigos de Febo se levantan de la
mesa, se ciñen las espadas, se ponen las capas y los sombreros y se
disponen á partir._)
CORO.--Febo, llegó la hora: ese es el toque de la queda. Vé á buscar á
tu hermosa y que el cielo te guíe.
FEBO.--Sí, tenéis razón: ese es el toque de la queda. Voy á visitar á
mi hermosa y que Dios me guíe.
(_Salen los amigos de Febo._)
ESCENA II
CLAUDIO FROLLO, FEBO
CLAUDIO FROLLO (_deteniendo á Febo en el momento de ir éste á
salir_).--¡Capitán!
FEBO.--¿Quién es este hombre?
CLAUDIO FROLLO.--Oíd.
FEBO.--Daos prisa.
CLAUDIO FROLLO.--¿Sabéis cómo se llama la mujer que os espera?
FEBO.--¡Diablo! ¡Pues no faltaba más sino que no supiera cómo se llama
mi amante! Es la graciosa bailarina Esmeralda.
CLAUDIO FROLLO.--No se llama así: su nombre es la Muerte.
FEBO.--Sólo dos cosas os contestaré. Primero: que estáis loco; y
segundo, que os vayáis á paseo y me dejéis en paz.
CLAUDIO FROLLO.--Es preciso que me escuchéis.
FEBO.--No me importa nada de cuanto tengáis que decirme.
CLAUDIO FROLLO.--Febo, si traspasáis el dintel de esa puerta...
FEBO.--Sin duda estáis loco.
CLAUDIO FROLLO.--Sois hombre muerto.
DÚO
CLAUDIO FROLLO.--Tiembla, es una gitana, una de esas mujeres que no
tienen ley ni conciencia. El amor sólo las sirve para encubrir su odio,
y su cama es un lecho de muerte.
FEBO (_riendo_).--¡Vaya! Disponeos para ir al hospital de los locos y
que Júpiter, Esculapio y el Diablo os protejan.
CLAUDIO FROLLO.--Esas mujeres son siempre traidoras. Da crédito á la
voz pública y ten presente que, si vas á ver á Esmeralda, morirás.
(_La insistencia de Claudio Frollo parece hacer mella en el ánimo de
Febo, que mira con ansiedad á su interlocutor._)
FEBO.--Este hombre me inquieta; á pesar mío siento algún recelo... La
verdad es que esta ciudad está llena de traidores...
CLAUDIO FROLLO (_aparte_).--Le asusto, y le hago sospechar á pesar
suyo. Este imbécil no ve más que traidores en la ciudad. (_Á Febo._)
Creedme, caballero, huíd de la sirena que os tiende un lazo. Más de una
gitana ha satisfecho su odio á nuestra raza, clavando un puñal en el
seno de su amante que palpitaba de amor.
(_Febo, á quien quiere arrastrar consigo, se rehace y le rechaza._)
FEBO.--Parece que yo estoy loco también. Cuando se ama, ¿qué importa
que la persona amada sea mora, judía ó gitana? Dejadme en paz; ella
está esperándome. Puede que tengáis razón; pero cuando la muerte es tan
hermosa como ella, debe ser muy dulce morir.
CLAUDIO FROLLO (_deteniéndole_).--Detente... Piensa que es una gitana.
¿Estás loco hasta el punto de correr tú mismo á tu perdición?...
Desconfía de la mujer infiel que te espera en la sombra. ¡Ah!... ¿No me
haces caso? Pues bien, corre á la muerte.
(_Febo sale con rapidez á pesar de los esfuerzos de Claudio Frollo.
Éste permanece un momento como indeciso y luego sigue al capitán._)
ESCENA III
Sala. En el fondo una ventana que da al río.
Entra CLOPIN TROUILLEFOU con una antorcha en la mano y seguido de
varios hombres á quienes, luego de haberles hecho una señal de
inteligencia, conduce hacia un sitio oscuro, por donde desaparecen.
Entonces Clopin vuelve hacia la puerta y parece indicar á alguien que
suba. Preséntase CLAUDIO FROLLO.
CLOPIN (_á Claudio_).--Desde aquí podréis observar á la gitana y al
capitán, sin ser visto de ellos.
(_Le muestra un hueco del muro oculto por un tapiz._)
CLAUDIO FROLLO.--¿Están ya en su sitio esos hombres?
CLOPIN.--Sí.
CLAUDIO FROLLO.--Importa que todo esto no se descubra nunca. Aquí
tienes esta bolsa; luego te daré otro tanto.
(_Claudio Frollo entra en su escondite, Clopin sale con precaución y
á poco aparecen La Esmeralda y Febo._)
TERCETO
CLAUDIO FROLLO (_aparte_).--¡Oh, mujer adorada! ¡Cuán cruel es tu
destino! Has entrado aquí de fiesta y saldrás de luto.
LA ESMERALDA (_á Febo_).--Mi señor conde, tengo el corazón lleno de
vergüenza y de orgullo.
FEBO (_á Esmeralda_).--¡Qué hermosa eres! Pero, mira, cuando se cierra
esta puerta, se han de dejar fuera las penas.
(_Febo hace sentar en un banco, á su lado, á la Esmeralda._)
FEBO.--¿Me quieres?
LA ESMERALDA.--Sí, mucho.
CLAUDIO FROLLO (_aparte_).--¡Qué horrible tormento!
FEBO.--¡Oh, adorable mujer! ¡Cuán hermosa eres!
LA ESMERALDA.--Sois muy adulador... Pero no os acerquéis tanto: estoy
avergonzada...
CLAUDIO FROLLO.--¡Se aman! ¡Qué envidia les tengo!
LA ESMERALDA.--Febo, os debo la vida.
FEBO.--Y yo á ti la felicidad.
LA ESMERALDA.--Sed cuerdo... Animadme con una sonrisa... ¿No veis que
vuestra mirada me fascina?
FEBO.--Reina mía, mi sirena, belleza soberana, tus ojos sí que son
deslumbradores.
CLAUDIO FROLLO.--¡Qué suplicio es estarles oyendo! ¡Qué amante es ella!
¡Cuán seductor está él!... Reíd, sed felices, mientras yo abro vuestra
tumba.
FEBO.--Hada ó mujer, quiéreme mucho, pues mi alma sólo en ti piensa día
y noche.
LA ESMERALDA.--Soy mujer, y mi alma, abrasada de amor, suspira por ti
noche y día.
CLAUDIO FROLLO.--El fuego que me consume es mi tormento... Á pesar mío,
admiro la belleza y el amoroso delirio de ambos.
FEBO.--Seamos felices; deja que despierte en tu alma el amor, mientras
el pudor duerme. Tu boca es un cielo: deja que mi alma éntre en él.
¡Quisiera exhalar el último suspiro en un beso!
LA ESMERALDA.--Tu voz resuena dulcemente en mis oídos; tu sonrisa es
hechicera y embriagadora; el brillo de tus ojos me enloquece; tus
deseos son mi suprema ley; pero comprendo que debo resistirme á ellos,
pues mi virtud y mi felicidad morirían en ese beso.
CLAUDIO FROLLO.--Pasos de muerte, no lleguéis á sus oídos. Mi celoso
odio vela sobre su amor que se adormece. La pálida y descarnada Parca
va á interponerse entre ambos. Febo, en ese beso vas á exhalar tu
último aliento.
(_Claudio Frollo sale de su escondite, se arroja sobre Febo, le
clava un puñal y, saltando por la ventana del fondo, desaparece.
La Esmeralda da un grito y se echa sobre el cuerpo de Febo. Entran
en tumulto los hombres que estaban escondidos y se apoderan de la
gitana, á quien parecen acusar. Cae el telón._)
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO IV
Calabozo con puerta en el fondo
ESCENA I
LA ESMERALDA sola, encadenada y echada sobre un montón de paja.--Luego
CLAUDIO FROLLO.
LA ESMERALDA.--¡Dios mío! ¡Febo en la tumba y yo en este abismo! Yo
prisionera y él muerto... ¡Muerto, sí! ¡Yo misma le ví caer!... ¡Y se
atreven á acusarme de semejante crimen! La implacable guadaña siega
todavía tierno el tallo de nuestra existencia. Febo, al irse, me ha
enseñado el camino. Ayer abrieron su fosa; mañana abrirán la mía.
ROMANZA
¿Será posible que no haya en la tierra poder alguno que proteja á los
amantes? ¿No habrá filtros ni encantos para enjugar las lágrimas de los
ojos que lloran y para abrir los que se han cerrado?
¡Oh, Dios! á quien continuamente invoco: quítame la vida ó arranca el
amor de mi corazón.
Febo, abramos nuestras alas y marchemos á las eternas esferas donde el
amor es inmortal. Así nuestros cuerpos estarán juntos en la tumba y
nuestras almas unidas en el cielo.
¡Oh, Dios! á quien continuamente invoco: quítame la vida ó arranca el
amor de mi corazón.
(_Se abre la puerta; entra Claudio Frollo con una lámpara en la mano
y la capucha echada sobre el rostro, y va á colocarse, inmóvil,
frente á la Esmeralda._)
LA ESMERALDA (_sobresaltada_).--¿Quién sois?
CLAUDIO FROLLO (_sin descubrirse_).--Un sacerdote.
LA ESMERALDA.--¡Un sacerdote! ¿Y á qué venís?
CLAUDIO FROLLO.--¿Estáis dispuesta?
LA ESMERALDA.--¿Á qué?
CLAUDIO FROLLO.--Á morir.
LA ESMERALDA.--Sí.
CLAUDIO FROLLO.--Bien.
LA ESMERALDA.--Y decid, padre, ¿será pronto?
CLAUDIO FROLLO.--Mañana.
LA ESMERALDA.--¿Y por qué no hoy?
CLAUDIO FROLLO.--¡Cómo! ¡Tanto sufrís que así deseáis la muerte!
LA ESMERALDA.--Sí; sufro mucho.
CLAUDIO FROLLO.--Pues yo, que no moriré mañana, acaso sufro más que
vos.
LA ESMERALDA.--¡Es posible! ¿Quién sois, pues?
CLAUDIO FROLLO.--Un hombre de quien os separa una tumba.
LA ESMERALDA.--¿Cuál es vuestro nombre?
CLAUDIO FROLLO.--¿Deseáis saberlo?
LA ESMERALDA.--Sí.
(_Claudio Frollo se levanta la capucha._)