El tallar la piedra debe haber requerido su laborioso aprendizaje y el

pulirla suma paciencia. Debieron haberse escogido canteras apropiadas y

en las cercanías de ellas fijarse familias de obreros, dedicadas

constantemente á esta industria. Mediante la _permuta_, que es el

alborear del _comercio_, se aprovisionarían de bastimentos para vivir y

realizarían á su vez los efectos pétreos. El boriqueño tenía canteras

escogidas para fabricar sus utensilios de piedra. La gruta de

_Miraflores_, en Arecibo, es una muestra patente de lo que decimos.

Nosotros llamamos á esta cantera el _taller indo-boriqueño_. Examinada

la caverna, lo primero que llama la atención del investigador es un

_stone-pillar_, ó monolito, á medio concluir. El artista llegó á

cincelar los ojos y la boca; y después empezó á formar _el pilar_ y á

separarlo de la roca. En el lado izquierdo de su labor alcanza hasta

unos 40 centímetros, formando la columna: en el lado derecho hasta unos

25 centímetros. Las cuencas de los ojos de la figura están trabajadas

ligeramente oblicuas; pero con una oblicuidad dirigida de abajo y fuera

hacia arriba, de modo que si se prolongaran los ángulos internos de

estas cuencas irían á encontrarse en el centro de la frente. Oblicuidad

completamente distinta á la fig. 45 de la colección Látimer, del museo

Smithsonian Institution, de Washington, que guarda relación con una

carátula de piedra de nuestra Colección y con otra cara grabada en una

de las paredes de la citada caverna. Este monolito, á medio concluir,

está en la arcada principal de la gruta que mira al E. en el lado

derecho del observador. En este mismo sitio están casi todos los

trabajos. La segunda figura de importancia es una cara con los ojos

oblícuos, á estilo _mogol_, pero muy acentuada la _oblicuidad_. Están

delineados los ojos, la nariz y la boca: y habían empezado á fijar el

óvalo de la cara. En este estado, el trabajo fué suspendido por el

artista. A poca distancia hay otra cara también muy interesante. Tiene

los ojos circulares y paralelos, las cejas unidas, la boca pequeña, el

límite del rostro en forma triangular con la frente baja y el mentón

pronunciado. Tenemos en nuestra Colección un ejemplar parecidísimo, que

nos induce á creer que esta cara pétrea del _taller indo-boriqueño_

estaba también en vías de fabricación. Más abajo, en la misma rocosa

pared, hay grabados ojos y bocas, pero sin óvalos: trabajos incipientes

en período de iniciación. En uno de los paredones del camino que conduce

á la gruta, hay también una _carita_ comenzada. Era, pues,

indudablemente una cantera en explotación, un verdadero taller lítico

para objetos pétreos y no un templo, como equivocadamente han anotado

algunos viajeros. Es el primer taller de que se da cuenta, hallado en

nuestra Isla. Razón tenía Ratzel[205] para afirmar que “las antiguas

esculturas de piedras de Puerto Rico demuestran una habilidad especial

en el labrado de la piedra, que no encontramos en ningún otro punto de

las Indias Occidentales”. Los _siboneyes_, los _yucayos_ y los

_jamaikinos_ desconocían el arte de trabajar la piedra. Los naturales de

_Boriquén_ estaban más adelantados que los de _Haytí_ en esta industria.

El obrero boriqueño, en los trabajos _líticos_, era el primero del

Archipiélago antillano.

El objeto de piedra más necesario para el boriqueño era el hacha ó

_manaya_. En nuestra Colección tenemos cuatro tamaños principales; pero

el indígena tendría indudablemente una completa variedad de mayor á

menor tamaño, según sus necesidades. Servíale la _manaya_ para tumbar el

árbol, el _giié-giié_; ahuecar el tronco corpulento de los cedros y

ceibas y hacer la almadía, la _canoa_, cuyo vocablo ha tomado carta de

naturaleza en nuestros idiomas. Tenía el boriqueño una pequeña _canoa_,

en la que escasamente cabían dos personas, y otras de capacidad mayor,

que podían conducir un pelotón de hombres. El Almirante vió esquifes de

éstos, que él llamó _almadías_, que contenían de setenta á ochenta

indios; Fernando Colón cita una de capacidad para 150 personas; y Las

Casas dice, que vió canoas, que podían llevar de cincuenta á cien

indígenas. Dedicaba la pequeña canoa el boriqueño á la pesca; y la

grande al desarrollo paulatino de su incipiente comercio entre las

islas, cuyo tráfico era principalmente con los terrícolas de la _Mona_ y

los naturales del _Higiiey_, de la inmediata Haytí.

Calculemos, por un momento, la actividad desplegada en la cantera, en el

_taller indo-boriqueño_. Unos tallando hachas; otros, morterillos; aquí

_dujos_; allí, collares; acá, cincelando monolitos para los límites de

sus juegos de pelota; allá, ídolos mamiformes de _Yukiyu_, el dios

bienhechor de _Boriquén_. Cada cual dedicado á su especialidad _lítica_.

Habría manos privilegiadas para ciertas labores. El gusano roedor de la

envidia profesional también en el _taller indo-boriqueño_ hincaría su

venenoso diente. Los trabajos más sencillos serían encomendados á los

aprendices, como los _guayos_, que requerían solamente fijar pedacitos

de _sílex_ en una tabla de palma de _yagua_, para hacer el utilísimo

rallo. También se les conferiría á los aprendices la penosa labor de

pulir hachas, una vez talladas. En el cincelamiento y ornamentación

entraría _el maestro_ á dar los últimos toques. El _colesibí_ ó collar

de piedrezuelas marmóreas, la _tatagua_ ó arracada, revelan ya el

incipiente gusto artístico. ¡Con qué infantil orgullo contemplaría el

artista de la edad de la piedra pulimentada su pétreo objeto ya

terminado!

Igual actividad habría en la alfarería. Lo primero que se harían

cuidadosamente serían los _burén_, para el cocido del pan _casabí_ al

fuego. Era necesario que estos lebrillos quedasen bien templados para

que no se resquebrajasen á la fuerte lumbre á que tenían que someterlos.

Otros se dedicarían á hacer cazuelas; otros, _canaris_ para el agua, ó

tinajones para el _uikú_ y la _xixá_. El refinamiento de adornar las

abrazaderas de las cazuelas y ollitas correspondería á los más expertos

en el arte. El escogido de la arcilla y su manipulación para ponerla en

condiciones de modelaje requiriría inteligente dirección. Las grotescas

figurillas de barro cocido, que constituían los dioses penates del

indígena, tendrían obreros _especiales_, para no separarse del modelo

del _zemí_ tutelar. ¡Con qué positiva seguridad puede nuestra mente

retrotraerse á aquellos lejanos tiempos y darse cuenta exacta del

desenvolvimiento de la época _neolítica_! ¡No en vano avanza la

Paleontología, arrancándole al pasado sus secretos!

También trabajaba el boriqueño la madera con esmero. En la Isla de

_Guanabo_[206] se hacían primorosamente dujos, bateas, cucharas y otros

objetos de una madera negra, que suponemos fuera la _caoba_ ó la _maga_,

ó tal vez la negruzca raíz del mangle viejo. Refiere el cronista Pedro

Mártir, que catorce de esos curiosos asientos, llamados _dujos_,

labrados con arte maravillosa, fueron regalados por _Bojekio_, cacique

de _Jaragua_, en Haytí, á don Bartolomé Colón, cuando el Adelantado

visitó el cacicazgo del célebre hermano de _Anacaona_; y que, además, le

obsequió con sesenta utensilios de arcilla, propios para el servicio de

mesa.[207]

De varas de _cupey_[208] hacía el aborigen sus azagayas; y de corteza de

palma de yagua[209] sus _macanas_, fuertes garrotes de combate, de

cuatro palmos de largos. Como arma ofensiva, también tenía la flecha.

Hacía el arco, el _paira_, de un grueso bejuco; y con cogollos de caña

silvestre preparaba la flecha, en cuyo extremo colocaba una espina de

pescado ó una punta de pedernal.[210] Aprovechaba el fruto maduro de la

_higiiera_[211] para hacer cucharas y vasijas útiles para el uso

doméstico. Las pequeñas vértebras de pescados sabía utilizarlas para

sugetar plumas de colores en sus espesas cabelleras; y también de

algunos huesos de peces hacían anzuelillos de pescar.

Buenos flecheros los boriqueños, más diestros que sus vecinos los

quisqueyanos y siboneyes, cazaban en las costas la _yaguasa_ y otras

aves marinas; y en los montes y sabanas el _guaraguao_, el _mukáru_, la

_iguana_, la _sasabí_ (la cotorra) y las tórtolas, en abundancia.

También eran hábiles pescadores, y con sus redes de algodón, anzuelos de

hueso, y otros medios artificiosos, se proveían de _dajaos_, lisas,

anguilas, _biajacas_, jureles, _guabinas_, pargos, mojarras, _manatíes_,

cazones y otra multitud de peces, que tanto abundan en nuestros ríos y

mares. Los ribereños del _Abacoa_ (río Grande de Arecibo) y los de Camuy

y Manatí tenían abundantemente el _setí_, en los plenilunios de Agosto,

Septiembre y Octubre. Entre los crustáceos, disponían los indígenas del

_carey_ (tortuga de mar), la _jicotea_ (tortuga de agua dulce), el

_juev_ (cangrejo de mangle), la _jaiba_ (congrejo de agua dulce) y la

_buruquena_ (cangrejillo de río); y además, langostas y camarones.

Por lo tanto, el boriqueño, con su agricultura é industria incipientes,

había avanzado en su rudimentaria civilización, guardando harmonía con

el período de la edad de _la piedra pulimentada_, en que se encontraba,

y en relación también con el medio ambiente de que disponía. Prisionero

en una triste roca, en pleno mar, se adelantó á los _siboneyes_,

_yucayos_ y _jamaikinos_ y rivalizó con los _haytianos_ y

_quisqueyanos_, al par que mantenía á raya á los audaces _caribes_, que

invadían piraticamente de cuando en cuando el _Boriquén_.[212]

CAPITULO IX.

Lenguaje boriqueño.—Lengua general indo-antillana.—Dialectos.—Datos

del Diario de Colón.—Su carta desde Lisboa á los Reyes

Católicos.—El dialecto de _Macorix_.—Fray Román Pane.—

Cristóbal Rodríguez.—Datos de Bernal Díaz del Castillo.—

Informes del padre Raymond Breton.—Imposibilidad de los

primeros misioneros para recoger el idioma indo-antillano.—Las

reliquias de la lengua general de las Antillas en ríos,

montañas, árboles, frutas, lugares, puertos, cabos, etc.—Lo

mismo en aves, peces y objetos domésticos.—Alguna que otra

palabra en los Cronistas.—Dos ó tres frases.—Error de Juan

Ignacio de Armas y otros escritores en la manera de explicar

las voces indo-antillanas.—El idioma indo-antillano se formó

con el trascurso del tiempo, pues la separación de las tribus

_Aruacas_, que invadieron el Archipiélago era muy remota,

hasta el punto de haber perdido el recuerdo de ella.—Enlace

del habla _Aruaca_ continental y del idioma indo-antillano.—

Datos á granel en los mapas.—Viajeros modernos.—Sagot.—Los

hermanos Hernhutes de Zittau.—El misionero Schulz.—Enlace del

habla _boriqueña_ y del habla _caribe_ insular.—Su origen

continental.—El lenguaje _boriqueño_ era rico en vocales y de

muy dulce conversación.—El aborigen tenía una aspiración

parecida á la del árabe.—La fijaron los Cronistas en las voces

con una h.—Pruebas de la aglutinación y del polisintetismo.—El

estudio de los restos del idioma indo-antillano nos ha dado

una prueba fehaciente de que el orígen del _indo-boriqueño_

está en el Aruaca de la América Meridional.

El boriqueño usaba un lenguaje en el período de aglutinación, con

_polisintetismo_, sin escritura que fijase sus vocablos.[213] En todo el

Archipiélago antillano ocurría lo mismo; y estando el idioma en perenne

fermentación, habían de producirse necesariamente neologismos, en cada

isla, que tenían que alterar en algo la común lengua.

[Illustration: Pictografías del taller indo-boriqueño de la Cueva de

Miraflores, en Arecibo.]

Por el Diario del primer viaje del Almirante vemos, que los indios que

tomó Colón en _Guanahaní_ para que le sirvieran de intérpretes,

cumplieron su cometido en todas las islas del grupo de las Lucayas á que

arribara el Descubridor, y también en Cuba y Haytí. El Almirante, sagaz

observador, anotó en su libro de bitácora, con fecha 16 de Octubre, las

siguientes palabras, comprobatorias de la unidad de lenguaje: “Los

habitantes de esta isla Fernandina[214] se parecen á los de las demás,

hablan el mismo idioma y tienen las mismas costumbres.” Al llegar el

gran Navegante á la isla de Cuba, los enviados, ó embajadores, Rodrigo

de Jerez y el judío Luis de Torres, muy versado éste en idiomas, no

pudieron entenderse con el cacique del _Camagiiey_. El políglota Torres,

creyendo que ellos habían llegado al reino del Gran Kan en el Continente

asiático, habló primero al régulo cubano en hebreo, después en caldeo y

por último en árabe, teniendo que apelar al intérprete de _Guanahaní_,

el cual hizo al cacique del _Camagiiey_ y á sus asombrados súbditos una

fogosa descripción del poder de los españoles.

Luego pasó el Almirante á la isla de Haytí, á la cual bautizó con el

nombre de _La Española_, y prontamente entró en fáciles tratos y

amistosa correspondencia con los aborígenes. Corrobora lo dicho la carta

que escribió en el mar á los Reyes Católicos, remitida desde Lisboa, en

Marzo de 1493, diciéndole entre otras cosas: “En todas estas islas no

vide mucha diversidad en la fechura de la gente, ni en las costumbres,

ni en la lengua, salvo que todos se entienden, que es cosa muy

singular.”

Al regresar Colón á España se llevó diez indígenas, de los cuales

algunos sirvieron de intérpretes en la segunda aventurada empresa;

sabiéndose por ellos, en virtud de los diálogos tenidos con las mujeres

_boriqueñas_, cautivas recogidas en la isla de Guadalupe, que los indios

_caribes_ eran belicosos y antropófagos.[215] Al llegar la expedición

colombina al puerto de Navidad, las indias de _Boriquén_, recogidas á

bordo, concertaron su fuga con el hermano del cacique _Guacanagarí_, lo

que efectuaron por la noche. Estos datos prueban, que usaban una misma

lengua _yucayos_, _haytianos_ y _boriqueños_.

En el Memorial que dió el Almirante al piloto Antonio de Torres, en la

Isabela, á 30 de Enero de 1494, para entregar á los Reyes Católicos,

léese: “Como esta gente platican poco los de la una isla con los de la

otra, en las lenguas hay alguna diferencia entre ellos, según como están

más cerca ó más lejos.”[216]. De manera que, según confirmaba el mismo

Colón, por experiencia propia, entre las lenguas no había más que alguna

_diferencia_. En el Archipiélago existía, por lo tanto, _un idioma

general_; y con motivo del aislamiento insular, y los neologismos, se

iban formando los _dialectos_ yucayo, siboney, haytiano, boriqueño y

jamaiquino. En La Española, en el departamento de _Macorix_, se hablaba

un dialecto que lo llegó á dominar Fray Román Pane. La lengua general, ó

común, de la isla de Haytí, según Las Casas, únicamente la sabía bien un

marinero de Palos de Moguer, llamado Cristóbal Rodríguez.

Hemos probado, con la tradición histórica, la más pura que poseemos,

como los indios intérpretes de Colón se comunicaron muy bien con los

indígenas de las islas Lucayas y con los de Cuba, Haytí y Boriquén.

Respecto á Jamayca, concluyente será también la prueba. Refiere Bernal

Diaz del Castillo[217], que al desembarcar con Juan de Grijalba en la

isla de Cozumel “vino una india moza, de buen parecer, é comenzó á

hablar la lengua de la isla de Jamayca... é como muchos de nuestros

soldados é yo entendimos muy bien aquella lengua, que es la de Cuba, nos

admiramos é la preguntamos cómo estaba allí.” Resultó, que el naufragio

de una canoa de pescadores de Jamayca la había llevado á la isla de

Cozumel. Queda, pues, plenamente comprobado nuestro aserto, de un idioma

general en el Archipiélago antillano, con la excepción de las islas

ocupadas por los _Caribes_. Y respecto á estas islas de _Barlovento_,

refiere el padre Raymond Breton, en su Diccionario caribe-francés,

contado á él por jefes indios de la isla Domínica, “que cuando la

conquista de las islas, el jefe caribe había exterminado todos los

naturales del país, reservando solamente las mujeres, las que siempre

han guardado muchas cosas de su lenguaje.”[218]

Ahora bien, esta lengua común indo-antillana, así como sus derivados ó

dialectos, se han perdido. Las órdenes religiosas, que dominaron en las

Antillas mayores, no pudieron dedicarse á conservarlos, mediante

vocabularios y léxicos, como tuvieron la gloria de hacerlo en otras

partes de América. La brega del desarrollo de la conquista y el pugilato

de las ideas, de si debía continuar el indio _encomendado_ ó dársele

absoluta libertad, entorpecía la acción cristiana de los misioneros,

cuanto más la labor literaria de estudiar y conservar el idioma

indo-antillano: máxime cuando los Domínicos se inclinaron á favor de los

indígenas y los Franciscos en pro de los Encomenderos: rivalidad que les

obligó á enviar sus representantes ante el Rey. No pasó así en el

Continente, ni en las Antillas menores. Pasada la perturbación del

choque de dos razas antitéticas, y sometidas casi todas las Indias, las

misiones pudieron trabajar en paz y dedicar sus hombres inteligentes al

estudio de las lenguas de los aborígenes.

Al padre Raymundo Breton, de la Orden de Predicadores, debemos poder

estudiar la lengua _Caribe_. Al domínico Santo Thomás y al jesuita

González Holguín el conocimiento de la _Kechúa_ del Perú. A los

manuscritos de los misioneros de Bogotá la lengua _Chibcha_, que hoy nos

da á conocer Uricoechea[219], así como la de los _Paos_ ó indios de

tierra adentro de Colombia.[220] Al jesuita Bertonio[221] debemos la

_Aymara_. A los misioneros Vega, Valdivia, y Santisteban y al jesuita

Andrés Febres[222] somos deudores de tener el idioma _Araucano_, de

Chile. A los padres Anchieta[223] y Figueira[224], y al limeño Ruiz de

Montoya el _Tupí-Guaraní_.[225] A los misioneros de la Guayana francesa

el _Galibi_, que hoy Celedon, Brinton, Coudreau y Crevaux nos han dado á

conocer mejor. A los franciscanos y jesuitas de Méjico el _Azteca_ ó

_Nahuatl_.[226] Y así sucesivamente. Por todas partes las misiones

recogieron el lenguaje de los indios. Tan sólo los indo-antillanos, por

las razones anotadas, quedaron imposibilitados de legar á la posteridad

su dulce idioma.

Quedan únicamente las reliquias de esta lengua general del Archipiélago.

En Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico se conservan muchas palabras

indo-antillanas en ríos, montañas, árboles, frutas, lugares, puertos,

cabos, etc. Lo mismo en aves, peces y objetos de uso doméstico. En los

mismos Cronistas hemos hallado algunos vocablos con su correspondencia

en castellano y hasta alguna que otra frase. La mano del tiempo conserva

estos despojos como margaritas perdidas de un rico joyel. Las hemos ido

recogiendo pacientemente para que nos ayudaran á descubrir el origen del

pueblo indo-antillano. Y efectivamente, gracias á ellas y á la Filología

hemos podido ver claramente que el autóctono de las Antillas procedía

del Continente meridional, esplicándonos perfectamente el proceso

evolutivo de las tribus _Aruacas_ en las isla, perdida ya la memoria de

su inmigración.

El escritor cubano don Juan Ignacio de Armas opina[227], que no ha

existido un idioma general en las Antillas, lo cual está en abierta

oposición con lo que nosotros afirmamos, apoyándonos en el estudio de

los Cronistas. Es verdad, que las Antillas son _islas desparramadas en

el Océano_, como dice el señor Armas; pero ésto no fué un impedimento

para que fueran pobladas por individuos procedentes de unas mismas

tribus y de idéntico origen étnico; y después mantuvieran siempre entre

sí ciertas relaciones, con el auxilio de sus canoas. El dialecto

_mallorquín_ y el dialecto _catalán_, proceden de la lengua _lemosina_ y

á pesar de estar separadas las islas Baleares de Cataluña, los dos

dialectos conservan la unidad de la lengua madre.

No faltan, en nuestros días, quienes digan, por ejemplo, que _lucayo_,

viene de la dicción castellana _cayo_; que los españoles vieron las

chozas de los indígenas en forma de _cono_ y las llamaron _conucos_; que

_caney_ procede de _cana_; _maíz_ se origina en _mahizo_; y los vocablos

_ají_ y _cacique_ vienen del árabe; _cocuyo_ y _seboruco_, del latín;

_Anacaona_ y _Baracoa_, del vascuence, etc. Los que de tal manera opinan

abrevan en las fuentes de Juan Ignacio de Armas. Manera muy socorrida y

original de hacer semejantes estudios etimológicos en voces, que algunas

están corrompidas por el uso, y otras presentan similitud de sílabas

idénticas y de pronunciación parecida con voces de nuestros idiomas.

Vamos á echar por tierra semejante modo de razonar con tres ejemplos.

Esos mismos etimologistas, al leer nuestra geografía boriquense y

hallarse la palabra _Caguas_, dirían enfáticos, que esta voz procede

indudablemente de la castellana _agua_. Al hojear la historia de Méjico

y tropezarse con _Cuernavaca_ asegurarían firmemente, que se trata de un

vocablo compuesto de dos voces castizas _cuerno_ y _vaca_. Y al oir á

nuestros campesinos llamar á un fruto del país _tallote_, rotundamente

sostendrían, que el neologismo se había originado en el genuino y

castellano _tallo_. No teniendo en cuenta al hacer tales afirmaciones,

que los conquistadores y pobladores de Indias adaptaban á su idioma los

vocablos indígenas como mejor les parecía y más fácil se les hacía su

pronunciación.

He aquí las pruebas de nuestro aserto. En la relación ó extracto de una

carta que escribió el conquistador Diego Velazquez, teniente de

gobernador en Cuba, á SS. AA. sobre el gobierno de ella, el año de

1514[228], se lee el siguiente párrafo, donde se ve claramente que

_Caguas_ es palabra indo-antillana: “Y que de todo lo susodicho fué

capitán un indio de la isla Española, criado intérprete del cacique

_Yacahiiey_, que se decía _Caguax_, el qual ya es muerto.” Y para

comprobar que el mismo vocablo es boriqueño, véase la distribución hecha

por Ponce de León de los caciques y labranzas del Boriquén, en 1510,

para ocurrir á los gastos de la incipiente colonia, y se verá que el

cacique _Caguax_, con su ranchería junto al río _Turabo_, correspondió

en venta á Francisco de Robledo y Juan de Castellanos.[229]

Para asegurarnos que la dicción _Cuernabaca_ no es más que la evolución

y cristalización castellana, por corruptela, de un vocablo mexicano,

léase la tercera carta de Hernán Cortés al Emperador Carlos V.[230], y

en ella se verá designar una población con el nombre de _Coadnabaced_. Y

el capitán Bernal Diaz del Castillo anota en sus célebres crónicas:[231]

“é otro día fuimos camino de otro mejor é mayor pueblo, que se dice

_Coadalbaca_, é comunmente corrompimos ahora aquel vocablo é le llamamos

_Cuernabaca_”. Otros escribían _Quanabuac_; siendo el verdadero nombre

azteca _Quahaunahuatl_.

Y respecto á que _tallote_ no viene de _tallo_, como erróneamente

induciría á creer la similitud de sílabas, desaparecen las dudas con la

lectura del siguiente párrafo, que también recogemos del mismo Bernal

Diaz del Castillo, y que revela el origen mexicano de la palabra.

Refiere el capitán narrador, que después de la batalla de Otumba “ibamos

muy alegres, é cogiendo unas calabazas que llaman _ayotes_, é comiendo é

caminando hacia Tlascala.”[232]. Y cuando refiere el mismo autor, el

viaje en que acompañó á Hernán Cortés á la exploración de Honduras,

anota: “hallamos cuatro casas llenas de maíz é muchos frísoles, é sobre

treinta gallinas, é melones de tierra, que se dicen _ayotes_.” Con el

trasiego de voces y dicciones de las islas antillanas al Continente

americano, y vice versa, se importó el vocablo dicho, aplicándolo al

fruto del _sechium edule_. Y de _ayotes_ derivaron los pobladores,

_chayotes_, _tayotes_, y finalmente _tallotes_.[233]

En cambio, tales etimologistas tendrían por indígenas, por no encontrar

dicción ortográfica ú ortológica homóloga, á las palabras _plátano_,

cuando es griega; _dita_, que procede del latin; _zafra_, que es

arábiga; _cobija_, siendo castellana; _fotuto_, de origen italiano;

_guarapo_, que viene del quechúa; etc. Todo lo cual nos indica, que en

el campo de las investigaciones etimológicas de las voces

indo-antillanas es preciso entrar con pie tardo y suma precaución, para

no caer en sensibles equivocaciones.

Si el color rojo de la piel le da derecho al americano indígena para

constituir un _tipo étnico_, un _tronco_, el polisintetismo único de sus

lenguas coadyuva firmemente al sostenimiento de esa tesis. No se debe

confundir la aglutinación con el polisintetismo: de aquel se viene á

este: y sólo las lenguas indo-americanas son polisintéticas.[234]

Los indo-antillanos procedentes de las tribus _Aruacas_ del Continente

meridional habían perdido la noción de este origen: lo que es una prueba

fehaciente de que esa separación era de fecha muy remota.

Desprendimiento de tribus, que con el trascurso del tiempo, dió

nacimiento al pueblo indo-antillano y á una lengua propia. El suelo es

un gran factor en la génesis de un pueblo. Los idiomas necesitan la

lenta acción del tiempo para crearse. Véase, como el español, el

francés, el lemosín y el italiano han ido derivándose del latín. De

igual modo el habla general indo-antillana se fué formando en las islas

del Mediterráneo Colombino, conservando, empero, enlace filológico con

el _Aruaca_ continental.

El lenguaje es la imagen fiel de la realidad y deja huellas profundas

por donde quiera que pasa. Sobre los territorios de Venezuela vamos á

investigar algunas de las huellas del lenguaje de los _Aruacas_ y á

interpretarlas en harmonía con los restos del habla indo-antillana, que

poseemos, lo que probará su enlace.

Prehistoria de Puerto-Rico · 第 9 / 20 段