sino un uso común, como se deduce claramente del libro de bitácora del
Almirante y de la historia del Obispo de Chiapa. El tabaco entraba en la
liturgia religiosa en forma de _rapé_. Son curiosos los detalles del
ceremonial. El primero que tomaba _polvos_ era el _cacique_, sentado en
un _dujo_, reinando un gran silencio. Aspiraba el _cobijá_ por las
narices, se quedaba un rato con la cabeza vuelta á un lado y los brazos
puestos encima de las rodillas. Después, alzaba el rostro hacia el
cielo, hablaba ciertas palabras y daba, por fin, su opinión á la
concurrencia de jefes.[184] Así procedían los demás concurrentes. El
_bohique_, ó agorero, practicaba el ayuno para tener propicia á la
divinidad, lo que prueba tenía alguna buena fe en sus actos religiosos,
y obligaba á sus discípulos á practicarlo también.
El doctor Stahl niega que nuestros boriqueños tuvieran religión
alguna.[185] Dice el estudioso etnólogo: “Todo inclina á creer, que los
indios boriqueños carecían en absoluto de ideas religiosas”. Balmes, el
profundo filósofo catalán, aconseja que jamás será exajerado el cuidado
que pongamos en fijar con propiedad y exactitud el sentido de las
palabras, especialmente de aquellas que sean el eje sobre que jira una
cuestión. Fiel á este consejo precisemos el valor del vocablo
_religión_. Para nosotros, religión es el culto que el hombre rinde á la
Divinidad, en harmonía con su estado de civilización; es el culto á lo
Desconocido: la aspiración á lo Infinito: la idea vaga del Ser Supremo:
la sensación humana de que en la naturaleza palpita una Inteligencia
Suprema. El indo-antillano pasó del fetichismo al totemismo y á la
idolatría, manteniendo restos de cada uno de estos períodos mitológicos
en su teogonía, como ha ocurrido con otros pueblos. A la llegada de
Colón se hallaba el indígena en el dualismo de las ideas religiosas del
_bien_ y del _mal_, creyéndolas ligadas á la naturaleza é
interpretándolas vagamente.[186]
El ilustrado historiador dominicano don José Gabriel García[187] opina,
que los indígenas dominicanos “rendían también _fervoroso culto_ á
cuatro estrellas que consideraban como transformaciones de _Racuno_,
_Sabaco_, _Achinao_ y _Coromo_, hijos predilectos de _Louquo_, ser
omnipotente, que había premiado sus buenas obras, colocándoles en el
firmamento, revestidos de un poder celestial.” Esta es una leyenda
religiosa, que no tiene base en que poderla cimentar el señor García. Ha
cometido esta equivocación por seguir á Champlain, Laborde y Souvestre
en la teogonía caribe de las Islas de Barlovento.
El Almirante, en la carta que dirigió á los Reyes Católicos, escrita en
el mar cuando regresaba de su _primer viaje_, y enviada desde Lisboa á
Barcelona, en Marzo de 1493, dice: “Y no conocían ninguna secta, ni
idolatría, salvo que todos creen que las fuerzas y el bien están en el
cielo.” De modo que Pedro Mártir de Anglería tomó sus informes de los
papeles del _primer viaje_ de Colón y de los relatos de los españoles
vueltos á la Península, por aquellos tiempos, y aseveró “que no adoraban
más que á las lumbreras visibles del cielo”. Esto decía en su carta al
cardenal Luís de Aragón, escrita en Granada el 23 de Abril de 1494,
añadiendo: “Sábete, que yo escogí estas pocas cosas de los originales
del mismo Prefecto marítimo, Colón.” Después, al cotejar los trabajos de
Fray Román Pane, que son de 1496 á 97, aceptó, que “observaban varias
ceremonias y ritos.”[188]. Las Casas, que vivió entre los haytianos
largo tiempo, nada dice respecto al culto del sol, la luna, ó las
estrellas. Oviedo tampoco.
Sin embargo, las piedras figurando estos astros se han encontrado en
Puerto Rico. En nuestra propia casa, cuando éramos niños, había una
media luna de piedra, artísticamente trabajada. Fué extraída por el
ancla de un buque del fondo del puerto de Arecibo. Creemos que estos
ídolos no procedían de la industria pétrea indo-antillana, sino que eran
del inmediato Continente, traídos á _Boriquén_, donde empezaba á
iniciarse la _astrolatría_, en su forma primitiva, sin diferir
esencialmente del culto natural de una montaña ó de un animal.
(Totemismo). De manera que entre los indo-antillanos no había
adoratorios al sol ó á la luna, como en el Perú y otros países de
América, ni culto, ni ofrenda, ni sacrificio alguno; ni siquiera la
danza de salutación de los _Semínolas_, al salir el sol. Según el doctor
Crévaux, los indígenas de las Guayanas no adoraban los astros.[189]
Los indo-antillanos llamaban al cielo _turey_; pero sin rendirle culto
alguno, ni á ninguno de sus luminares. Respecto á los astros, Pane dice
á Colón, en su célebre informe: “Saben los indios de donde tuvo origen
el sol y la luna.” Y más adelante trasmite la leyenda sobre la
procedencia de los luminares celestes, manifestando, que los indígenas
decían, “que el sol y la luna salieron de una cueva que está en la
tierra del cacique _Maosiá Siboex_; y á la cueva llamaban _Jobobaba_, y
la tenían en mucha estimación, pintada sin figuras, á su manera,
adornada con follajes y cosas semejantes. En esta cueva había dos
_zemís_, de piedra, del tamaño de medio brazo y los tenían en gran
veneración y á los cuales pedían la lluvia y otras cosas. Uno de los
ídolos se llamaba _Boiníaex_ y el otro _Marojú_.” De modo que también
los datos suministrados por el informador eremita benedictino son
contrarios á la astrolatría de los indo-antillanos.
El boriqueño tenía una nebulosa idea de ultratumba. Para los
indo-antillanos no todo terminaba con la muerte. No comprendían la
inmortalidad del alma; y tenían una creencia esencialmente distinta de
la nuestra sobre la vida futura. El ánima del difunto, la _jupía_, se
replegaba á un sitio apartado de la Isla, el _coaibay_, donde de día
estaba quieta y de noche salía á pasear, á comer de las frutas
silvestres, hasta comunicarse con los demás seres vivientes. Estos
_espíritus_, tenían para los indígenas envoltura mortal.
El hombre primitivo empieza por rendir adoración á aquello que le tiene
miedo y se imagina que le hace _mal_; después venera lo que cree que le
hace _bien_; y surge entonces el terrible _dualismo_ mitológico, que
tanto ha dado, y da que hacer, en todas las religiones. El bien y el mal
físicos son innegables; y esta realidad subjetiva guía al hombre
inculto. Ansioso mira en torno, levanta la cabeza al cielo y desea
conocer el origen de las cosas, con el mismo anhelo que vemos estalla en
el niño ese deseo tan pronto le ilumina la luz de la razón. Ve el día y
la noche, la alborada y las tinieblas, el sol y la luna, el fuego y el
agua, la tierra y el cielo, el abismo y la montaña, el río grato con sus
claras linfas para apagar la sed, y el mar amargo con sus diáfanas
ondas, el mismo líquido agrio y dulce, la vida y la muerte en torno
suyo.... y piensa.... y reflexiona. ¡Cuán profundo misterio!.... La luz
ahuyenta las tinieblas, que retornan para no darse por vencidas: el
fuego consume el agua y ésta cae en benéfica lluvia para combatir el
calor: el mar golpea la tierra de continuo y ruge y se encrespa, y los
ríos desde la altura desaguan humildemente en el mar: las nubes ocultan
el sol y el luminar del día rasga el tempestuoso nublado y resplandece
de nuevo: el rayo quema el árbol, y el aniquilado tronco reverdece
prontamente: el buen tiempo favorece sus labranzas y el huracán destroza
su choza y su sementera. ¡Qué terrible dualismo! El hombre primitivo
tuvo que quedar absorto y abrumado ante estos sublimes fenómenos de la
naturaleza y caer en tierra, postrado por la emoción. Y ante el dolor,
que lo aterra, y el miedo que se apodera de sus sentimientos, crea en su
imaginación el mito del _espíritu del mal_; y procura aplacarlo,
rindiéndole culto y sacrificio. Por el contrario, ante el placer que
exalta sus sentidos, relampaguea su razón y se expande entonces el
sentimiento de la gratitud; y el amor al _espíritu del bien_, que él
cree que le proteje y ayuda, le hace rendirle adoración con ritos,
ceremonias y ofrendas.
Nuestro indio de _Boriquén_ estaba en este período del _animismo
difuso_. Tenía su espíritu del bien en _Yuquivú_, que protegía su vida y
sus labranzas, y moraba en la gran montaña. Cuando menos lo pensaba, se
aparecía en la Isla _Jurakán_, el espíritu del mal, ocasionando la
muerte y la destrucción por todas partes. Como irradiaciones de este
dualismo mitológico, los _zemís_ y los _maboyas_. El _zemí_, el dios
tutelar, de ambos sexos[190], apegado al hogar, y como fiel amuleto
acompañando al indio hasta el sepulcro. El _maboya_, el fantasma
nocturno, que le hacía daño en sus sembrados, y ante el cual huía
aterrado, rindiéndole sacrificios desde lejos y por mediación del
_bohique_, el agorero.
Todavía al llegar al _animismo condensado_ de las religiones superiores
de nuestros días, ¡con qué poderosa fuerza se presenta aún el _dualismo_
del bien y del mal, en el orden moral, á combatir la unidad
incontrastable del Ser Supremo, Creador é Infinito!
CAPITULO VIII.
El indio boriqueño, en la época colombina, era ya agricultor.—
Sementeras en camellones.—La _coa_.—El conuco.—Cultivo de la
yuca como alimento fundamental de la tribu.—Como se preparaba
el _casabí_.—El _uikú_, bebida hecha con casabe fermentado.—El
vinagre de la _naiboa_.—El maíz ó _maisí_.—El boriqueño comía
tostado el maíz.—Hacía también de él la bebida fermentada la
_xixá_.—Ignoraba hacer pan de maíz como los de Tierra-Firme.—
La batata y los boniatos ó _ajes_.—Sus variedades.—Cultivos
secundarios: el _lirén_ y el _maní_.—El boriqueño utilizaba
sin sembrarlos la _yahutía_, el _mapüey_, la _imocona_, el
_guayaru_ y otras raíces.—Entre las frutas cultivaba la
_yayama_ ó piña dulce; y cosechaba las otras al capricho.—
Cultivo del _ají_, del tabaco y de la _tau-túa_.—
Aprovechamiento del algodón, _majagua_ y _maguey_, sin
plantarlos.—Tejidos.—Cordelería.—Tintorería.—Zumos de la
_jagua_, de la _bija_ y del _jikileti_.—La cabuya.—Las
_jabas_.—El tallado y pulimento de la piedra.—Canteras
destinadas á este fin.—La cueva de _Miraflores_, en Arecibo.—
El taller indígena.—El hacha ó _manaya_.—El almirez.—Los
collares.—Los _zemís_ ó dioses penates.—Los _guayos_.—El
_colesibí_.—La _tatagua_.—La alfarería.—Objetos de madera.—La
macana.—Arcos y flechas.—La azagaya de _cupey_.—Utensilios
domésticos de higüera.—Objetos de hueso.—El boriqueño como
cazador y pescador.—El aborigen estaba en armonía con el
período histórico que atravesaba y su medio ambiente.
El indio boriqueño, en la época del Descubrimiento, era ya agricultor.
También el hombre prehistórico europeo en la época _robenhausiana_ ó de
la piedra pulida, lo era también.[191] El aborigen no había pasado por
el período del _pastoreo_, porque no tenía animales domésticos que
pastorear. El hombre se ha ido desenvolviendo en el planeta en harmonía
con el medio ambiente del suelo que ha ocupado. Nada más flexible que
las reglas sociológicas. El hombre natural vive como puede, utilizando
los medios que se le presentan. Por eso el boriqueño, de cazador y
pescador, pasó á agricultor; y fué más pescador que cazador, á
consecuencia de la escasez de aves y animales monteses en la Isla y la
abundancia, por el contrario, de peces en los ríos y ensenadas.
[Illustration: 12 centim. Un punzón. Piedra tallada. Hacha caribe.]
El indio de _Boriquén_ trabajaba la tierra con un palo tostado al fuego,
la _coa_, que le servía de azada. Con este tosco instrumento arreglaba
muy bien sus sementeras en camellones, labrando sus campos con sumo
cuidado. Llamaba sus labranzas _kunúku_, vocablo que ha pasado á
nosotros conservado en el castellanizado _conuco_.[192] Hoy usamos la
misma palabra para designar una pequeña heredad, ó campito, con su
rancho. Debemos á Las Casas la descripción de cómo el indígena preparaba
sus tierras para la siembra de sus yucas, _ajes_ y batatas. “Hacían los
indios, narra el célebre clérigo sevillano, unos montones de tierra,
levantados del suelo como una vara de medir, é tenían en contorno nueve
ó doce pies: un montón estaba apartado del otro dos ó tres pies: todos
por su orden: rengleras de mil é dos mil é diez mil de luengo: é otros
tantos de anchura, según la cantidad que determinaban poner.”[193]. Ya
el ilustrado cubano don Alvaro Reinoso presentó al Congreso
Internacional de Americanistas de Madrid, el año de 1882, un
interesantísimo trabajo sobre el cultivo en camellones, como dato de la
agricultura de los indígenas de Cuba y Haytí en la época
precolombina.[194] Y los boriqueños estaban en todo más adelantados que
los siboneyes de Cuba y en el arte _lítico_ más que los haytianos.
El cultivo de la _yucubía_ se extendía en el _Boriquén_ á grandes
plantíos; á veces, de más de diez mil montones de matas. A los cinco ó
seis meses los sembrados presentaban un bonito aspecto. Al año ya se
cosechaba la raíz, ó fruto, llamado _yuca_; y se podían explotar los
yucales hasta tres años.
El boriqueño, ayudado de las mujeres, trabajaba el venenoso tubérculo de
la _yucubía_ para obtener su alimenticia harina. Lavada la _yuca_ y
raspada la película externa con una conchita de almejas, llamada
_caguará_, reducíanla á una grosera harina, la _catibía_, rayando el
tubérculo en las asperezas de una tabla cuadrilonga de palma de yagua,
sembrada de piedrecitas silíceas, que llamaban _guayo_.[195] Recogían
los boriqueños la harina de la yuca en un sitio ó artesa, llamado
_guarikitén_, según iban rallando los tubérculos. Luego, echaban esta
harinosa masa en un saquito hecho de empleita de palmera, llamado
_sibucán_, el cual colgaban de un árbol, y dos indios ó indias, mediante
un palo enganchado en el otro extremo de la manga, según refiere Las
Casas,[196] ó ayudado del peso de grandes piedras, como dice Oviedo,
esprimían el saquito, para extraer de la yuca el jugo venenoso, llamado
_naiboa_. Retirado el mortífero zumo, tomaban el farináceo producto y lo
cernían en el _jibi_, una especie de cedazo hecho de cañitas muy finas
de carrizo; obteniendo así muy buena harina, la que extendían en panes
redondos, del grueso de dos dedos, en una cazuela ó plato llano de
barro, llamado _burén_, que ponían al fuego sobre piedras, dando vueltas
á las tortas con una tablilla, llamada _küisa_, hasta que el pan
_casabí_ quedaba hecho. Con la mejor flor de harina de yuca hacían un
casabe selecto, muy blanco, que llamaban _xau-xau_. Sabían también
extraer el almidón de la harina de yuca, cuyo producto llamaban
_anaiboa_ y la utilizaban en sus comidas. Era toda una industria de
panadería, tanto ó más complicada que la de nuestros días con la harina
de trigo, cuyo origen se pierde también en la noche de los tiempos
prehistóricos.[197]
Los indígenas de la islita la _Mona_[198] sembraban mucha yuca y
confeccionaban mucho casabe, y cuando Juan Ponce de León vino por vez
primera á _Boriquén_, en 1508, tocó en aquella islilla de paso, y pudo
aprovicionarse en ella de pan _casabí_ para su gente, enviando luego,
desde San Juan, la carabela al mando de su lugarteniente don Juan Gil
Calderón, para que los naturales de la _Mona_ le facilitaran de nuevo
bastimento de casabe para los cincuenta hombres de su expedición.
Otros dos productos sacaba el boriqueño del tubérculo de la _yucubía_.
Solía hacer un vinagre para sus guisos, hirviendo bien el jugo venenoso
de la yuca, el ponzoñoso _naiboa_, para que se evaporase el tósigo
mortal, y después de hervido este zumo lo guardaba para que se
acidulase.[199] El otro producto era la bebida _uikú_, que la obtenía
poniendo pedazos de casabe á fermentar en vasijas llenas de agua,
agregándole algunos trozos del mismo casabe, masticado por indias
jóvenes, para utilizar la saliva como agente de fermentación.
El aborigen cultivaba además el maíz, dos veces al año. El vocablo
español _maíz_ procede del indo-antillano _maisí_. El boriqueño comía el
maiz tostado; y le servía también para hacer una bebida fermentada la
_xixa_,[200], que le gustaba mucho, como la otra bebida obtenida del
casabe, el _uikú_. Necesitaba también nuestro indio de la _diastasa_ de
la saliva para provocar la fermentación del maíz; por lo que ponía
indias jóvenes á mascar granos de _maisí_ y á echarlos impregnados de
saliva en los tinajones donde se iba á preparar su preciada original
cerveza.
El boriqueño no sabía hacer pan de maíz, como algunos terrícolas de
Tierra Firme, lo que prueba que este avance en la alimentación fué
posterior en Venezuela á la separación de las tribus _Aruacas_, que
invadieron el Archipiélago antillano. Fenómeno que se ha repetido mucho
en la historia de la humanidad: porque el hombre no produce nada
completo de una vez. El ario trituraba el grano de trigo, pero
desconocía el molino de brazos; el indo-europeo llegó á este avance
cuando se situó en los terrenos de aluvión de la cuenca del Volga.[201]
El aborigen cultivaba en gran escala la _batata_, de la que la historia
nos conserva los nombres de algunas variedades. Llamaba á la blanca
_guanaguax_; á la morada _guanagüey_; y á la que era blanca y morada,
_guanaraca_. El fruto que hoy se llama boniato, los indígenas
denominaban _aje_; y al morado lo llamaban _aniguamá_; y al rojo,
_xaxagüeyú_. Plantaban también en sus labranzas el _lirén_ sabroso y el
_maní_, rival de la avellana. Y utilizaban, al azar, la _yahutía_, el
_mapüey_, la _imocona_, el _guayaru_ y otros tubérculos alimenticios;
pero sin ocuparse en sembrarlos. También cosechaban los boriqueños, sin
cultivo, las frutas silvestres de los montes y maniguas, el _mamey_, la
_guayaba_, el _anón_, el _jobo_, la _guanábana_, la _pitajaya_, el
_guamá_, la _tuna_, el _jicaco_, el _caimito_, el _cajuil_, las
_guiabaras_ ó uvas de playa, la piña, que llamaban _yayama_, y las
olvidadas hoy de la _guaba_, el _ausubo_ y la _yagruma_.[202]
Había otras tres plantas, que con cuidadosa atención procuraba el
aborigen replantar cerca de su bohío; y estas eran el _ají_, el _cojibá_
ó tabaco y el ben purgativo. Del _ají_ tenía dos especies principales,
una dulce y otra picante, y unas cuantas variedades. No se conserva más
que el nombre indígena del picante, que lo llamaba _guaguao_; á todas
las demás variedades nuestros campesinos le han puesto nombres
caprichosos.
Nuestro indio cultivaba el tabaco, su _cojibá_, con dos fines, uno común
y otro religioso. Después de la cena, algunos mascaban la nicociana
hoja:[203] otros sabían hacer unos mosquetes ó cigarros mal enrollados,
que llamaban _tabacos_, y aspiraban su humo embriagador. No faltaba
indígena, que tras la intoxicación de la _nicotina_, arrojase cuanto
había comido. Lo que indujo á creer, á los que primeramente observaron
esta costumbre, que el indio usaba esta planta como _vomi-purgativo_.
Error en que han incurrido después otros escritores modernos. Según el
Dr. Crévaux, los _Oyampis_ de las Guayanas, usan la _fumigación de
tabaco_ contra los _cólicos_, lanzado el humo directamente sobre el
sitio dolorido por el mismo curandero: cuya medicación está de acuerdo
con los _soplos_ y _frotes_ de que nos hablan los Cronistas y es lógico
aceptarlo. Para las ceremonias religiosas preparaba el _bohique_, como
augur de la tribu, una especie de _rapé_, del _cojibá_, que se tomaba
por las narices con su correspondiente instrumento litúrgico y
ceremonial _ad hoc_. El acto de tomar estos polvos se llamaba el
_cojoba_. Lo hacía el hechicero _bohique_ antes de impetrar al _zemí_
bienhechor; y también en determinadas asambleas, ó consejos de jefes, en
unión de los _caciques_ y _nitaynos_.
La tercera planta, que el boriqueño procuraba cultivar cerca de su
choza, según lo anota cuidadosamente Las Casas, era la _tau-túa_, con la
que se había de medicinar. Tenemos en Puerto Rico tres arbolitos, que
dan semillas purgativas: el _tau-túa_, ó _jatropha gossypifolia_, que
los franceses llaman _grand ben purgative_ y _avelines purgatives_; y
los ingleses denominan _bastard french physic-nut_ ó _spanish
physic-nut_. El _tártago_, ó sea la _jatropha curcas_, que en Cuba y
Santo Domingo llaman _piñón_; los franceses denominan _grand pignon d’
Inde_ y _noix de Barbades_; y los ingleses conocen con el nombre de
_Barbados seeds_. Y finalmente _don Tomás_, ó sea _jatropha multifida_,
que los franceses dicen _medicinier a fleurs scarlates_; y los ingleses
_french multifid_. Las Casas, como indicamos más arriba, nos da la
prueba histórica de nuestro aserto, describiendo el _ben_ y el cuidado
con que el indígena procuraba sembrarlo junto á su casa. Es probable que
el boriqueño usara indistintamente de estas semillas purgativas, así
como de algunos _bejucos_.[204] Por supuesto, que la enfermedad del
indio siempre era considerada por el curandero augur, ó _bohique_, como
un daño hecho por los espíritus malignos ó _maboyas_.
Aunque el boriqueño no cultivaba el algodón, ni la _majagua_, ni el
_maguey_, que abundaban por doquiera silvestres, los cosechaba para
utilizarlos. La india hilaba bastante bien el algodón, el _sorobei_, y
tejía con él los faldellines para las mujeres casadas y los taparrabos
para los hombres. También trabajaba de algodón las hamacas, y unas
especies de pulseras para los brazos y tobillos; algunas carátulas para
los ídolos y otras cosillas; y los hombres tejían de _sorobei_ sus redes
de pescar. En su reducido gusto estético tenía ya el aborigen el
conocimiento de la _tintorería_, y algunos de esos objetos de algodón
los teñía con el jugo de la _jagua_, dándoles visos negruzcos, ó con el
zumo del _jiquilete_, añil cimarrón, hermoseándolos de color azul, ó los
coloraba de amarillo con la _bija_, nuestro vulgar _achiote_, voz ésta
de origen azteca, que ha prevalecido en el lenguaje, en vez de la
boriqueña _bija_. También solía maridar en franjas, ó listas pareadas,
estos colores.
La _majagua_, cuya fuerte corteza facilita larga fibra, y el _maguey_,
cuyos blancos hilos son resistentes, eran destinados por los boriqueños
á cordelería, haciendo con ellos muy buenos cordeles, que llamaban
_cabuyas_, y unas cestas redondas, llamadas _jabas_, que acostumbraba el
indio llevar al hombro, á las extremidades de un palo, cuando viajaba:
costumbre que aún perdura entre nuestros campesinos.
Vemos, pues, que nuestro indígena, á la par que _agricultor_ era también
_industrial_. El aprovechamiento del algodón, de la _majagua_ y del
_maguey_ eran ya industrias nacientes, á las cuales tendrían que
dedicarse determinadas personas, con su correspondiente aprendizaje. En
las edades prehistóricas el arte de tallar y pulimentar la piedra, la
alfarería, la cordelería y el tejido rudimentario de algunas telas, así
como la caza, pesca, pastoreo y agricultura, tuvo que estar confiado á
determinados individuos, que lo hicieron _privativo_, primero, de sus
familias, pasando luego ese _derecho_ á ciertas tribus.