Estos collares de piedra, encontrados en diferentes puntos de la Isla,

son de tres tamaños. El que guarda un término medio es muy parecido á

una _collera_ de arnés para caballo de coche. Están, en general, estas

bandas pétreas muy bien pulimentadas y tienen ciertos grabados de

ornamentación, unos á la derecha y otros á la izquierda. El encontrarse

en poder del régulo dominicano Caonabó _siete_ collares de estos es un

dato revelador de que para los caciques indo-antillanos tenían un

determinado valor. No conocemos ningún cronista, ni comentador, que haya

hecho hincapié en este dato histórico que apuntamos. Hasta ahora, todas

han sido conjeturas y suposiciones sobre estas bandas; pero, sin

afianzar las hipótesis, como hacemos nosotros, sobre el hallazgo de

_siete collares de piedra_ en poder de un jefe de tanta importancia y

poderío entre los suyos como el cacique destructor del fuerte de

Navidad.

Opinamos, que las bandas ó collares de piedra encontrados en poder del

régulo Caonabó tenían por objeto dar _distintivo_ de mando al indio á

quien fuese entregado, electo sub-jefe de alguna comarca ó valle, y que

el _nitayno_ ó lugarteniente lo guardaría en su choza como _signo

material_ de que radicaba en él el mando de aquella zona insular.

Podemos, por lo tanto, considerar estas _bandas pétreas_ como una

especie de _escudo señorial_. Como existen tres tamaños en estos

collares, hay que suponer en esa diferencia cierto _valor jerárquico_. Y

teniendo en cuenta además que el de mayores dimensiones había de exigir

mayor labor de ornamentación de parte del artista, cuya brega de

cincelación debería durar mucho tiempo, quizás años, hay que concederle

también mayor valor real. También son los que más escasean. Nosotros no

hemos conocido más que tres de estas formas agrandadas. Los que se

conocen generalmente son los comparados con _colleras_ de arneses de

caballos de coche. Los pequeños tampoco es frecuente hallarlos.

A la venida de los españoles, estos objetos los guardaron los indígenas

de tal manera, que los nuevos pobladores no tuvieron noticia de ellos.

Lo mismo ocultaron muchos de sus dioses tutelares. Se les imponía con

rigor una nueva vida social y una nueva religión y tuvieron los

infelices que apelar al disimulo para ocultar ante los conquistadores

tan venerandos objetos para ellos. Prontamente la muerte y el olvido

barrieron con toda aquella rudimentaria civilización neolítica.

El pueblo boriqueño estaba constituido en tribus; y tenía sus jefes de

primero y segundo orden, ocupando los mejores valles de la Isla con sus

aduares. Cuando el conquistador Juan Ponce de León vino al Boriquén, en

1508, visitó al régulo _Agiievbana_, cacique principal de la Isla, en su

ranchería _Guaynía_. Después al cacique _Guaraca_ del _Guayaney_ que le

facilitó las primeras muestras de oro, obtenidas del _Manatuabón_, hoy

río de Maunabo. Prosiguiendo su viaje por el E. el Esplorador capitán

llegó al N. y obtuvo las segundas pepitas de oro del cacique _Guacabo_,

del _Sibuco_. Al retornar, en 1509, utilizó los caciques nombrados y

además al régulo _Caguax_ de las orillas del _Turabo_, á _Majagua_ de

_Bayamón_, á _Mabó_ de _Guaynabo_, á _Aramaná_ del _Toa_, á _Canóbana_

de _Cayniabón_, á _Orocobix_ del _Jatibonicu_ y _Guamaní_ de _Guayama_.

También destinó á las granjerías de los Reyes Católicos y á las minas,

el personal de la cacica _Yuisa_ del _Haymanio_, bautizada con el nombre

de _Luisa_, y de donde se diriva el actual _Loiza_, fácilmente

trastocados unos vocablos en otros. El 28 de Octubre de 1509, tomó Juan

Cerón el mando del Boriquén, como Alcalde Mayor, por orden del Almirante

Don Diego Colón, que había entrado á gobernar en La Española y tenía

jurisdicción sobre todas las tierras descubiertas por su padre, con

arreglo al fallo del Consejo de Indias. Juan Cerón, lugar-teniente del

Virrey don Diego, hizo el primer Repartimiento de los indios del

Boriquén, pues Ponce de León se había concretado hasta entonces á

explotarlos en harmonía con la Capitulación celebrada con el gobernador

Ovando el 2 de Mayo de 1509, en Santo Domingo. En este primer

Repartimiento de los indios del Boriquén tocóle á don Cristóbal de

Sotomayor el cacique _Agiieybana_ con 300 súbditos. Como este régulo,

amigo de los españoles, vivía en _Guaynía_, allá se fué el afortunado

castellano á explotar su rica encomienda. Así hicieron los otros

Encomenderos hasta que fueron sorprendidos por el alzamiento de

1.511.[57]

Es un error, por ende, que el distinguido historiador señor Brau[58]

manifieste, que el pueblo boriqueño se encontraba á la venida del

Almirante descubridor, en estado nómada, á semejanza de las tribus de la

Guayana, mudando de domicilio á lo largo de las riberas. Extraña

aseveración, cuando ya el doctor Stahl, en su estudio etnológico sobre

los aborígenes, determina con sano criterio la exacta división de

nuestra ínsula en cacicazgos, al igual de Haytí, aunque comete el autor

sensibles equivocaciones.[59] Natural era que las aldehuelas indígenas

del Boriquén, construidas sus chozas con troncos de palmera al exterior,

é interiormente un solo estante hasta la cumbrera, con ramaje y

hojarasca por seto, bejucos por trabazón, y sin mayor resistencia,

fueran destruidas fácilmente al empuje turbulento de la conquista y en

el alzamiento de 1511. Pronto estas exíguas agrupaciones indígenas

fueron absorbidas por los incipientes poblejos que fundaban los

españoles. Todavía la actual casucha de nuestros campesinos conserva

mucho de la construcción del primitivo _bohío_ indio.

Entre los restos del primitivo pueblo indígena se encuentra, aunque muy

raro, cierto banquillo, de madera ó piedra, que los boriqueños llamaban

_dujo_. Está formada esta sillica de una sola pieza y suele tener

algunos trabajos de ornamentación, al capricho. En nuestra colección

arqueológica hemos descrito un _dujo_, pétreo, que conjeturamos

perteneciera al régulo utuadeño _Guarionex_. Esta sillita es reveladora

de que el indio boriqueño procuraba tener ya utensilios que sirvieran

para fijar sus diferencias jerárquicas, en ciertos momentos; pues los

_dujos_ no tienen comodidad alguna para posarse en ellos. Opinamos, que

sirviera el _dujo_ para colocarse el cacique sobre él, en cuclillas,

frente á sus _nitaynos_, congregados los sub-jefes con algún fin de

carácter público. No pueden ser considerados estos objetos de uso

doméstico, como nuestras sillas ó banquetas, por ejemplo, si tenemos en

cuenta que para reposar podían disponer los indígenas de la gran

comodidad de la hamaca, ó tenderse al _dolce far niente_ á la umbría de

la copuda ceiba ó á la fresca sombra de un grupo de palmeras de yaguas.

Con estos antecedentes podemos fijar bien el estado social á que llegó

el autóctono boriqueño. Hemos dicho, que nuestro indígena se encontraba

en el período social de la _piedra pulimentada_; y hablando con más

propiedad paleontológica diremos, en el período _neolítico_ de la edad

de la piedra. El instrumento cuneiforme característico de esa época es

el _hacha pétrea_, que poseía el boriqueño en abundancia. El

indo-boriqueño había abandonado ya la gruta como vivienda y construido

la choza. De cazador y pescador errabundo, había pasado, dando un paso

avante, á agricultor. De la horda y la incipiente familia había avanzado

á la tribu ó clan. Tenía jefes y subjefes y casta sacerdotal. La idea

religiosa del bien y del mal dominaba en sus manifestaciones religiosas.

Para defender sus _yucayeques_ ó pueblos, disponía de aprestos guerreros

y procuraba poner límites á sus cacicazgos, por lo que empezaba á tener

idea de la propiedad, tanto individual como también de la colectiva. En

la industria, además del mortero de _silex_ para triturar el grano

trabajaba la arcilla y hacía recipientes para la cocción de sus viandas,

vasijas para el agua y tinajas para la fermentación de sus licores.

Sabía sacar partido de algunas maderas de ebanistería como la _maga_ y

de la cubierta recia de algunos frutos como la _jigüera_. En la

escultura, había iniciado el grabado y había avanzado á la ornamentación

de grutas y chozas, de lo cual dan buenas muestras las pictografías de

algunas cavernas. Y finalmente, cinselaba y bruñía pacientemente sus

fetiches, sus bandas, sus _dujos_ señoriales y sus armas, sin tener la

pasión por la escultura decorativa sobre madera, tan desarrollada en

otros pueblos primitivos, como por ejemplo, entre los Papúas de la Nueva

Guinea; ni había llegado al gusto artístico del modelaje cerámico, que

tenían los indios mejicanos y peruanos.

No tenía el boriqueño túmulos, de los cuales el _dolman_ constituye la

última palabra de esa edad prehistórica; sino únicamente simples

cementerios para el sepelio vulgar de los cadáveres, que enterraban

sentados, proveyéndolos de su _zemi_ tutelar y de agua y viandas para el

viaje de ultratumba, lo que comprueba su religiosidad. En la llanura de

Toa-Baja, poco antes de llegar á la estación ferroviaria de ese poblejo,

á mano izquierda, yendo desde San Juan hacia el Dorado, se divisa un

montículo, que induce á creer sea artificial, pues las montañas se

columbran muy á lo lejos, y el montículo se destaca solo, imperando en

su torno una gran sabana, ó vega, en todas direcciones. _Tal vez_, sea

un panteón indo-antillano, que merecería ser cuidadosamente esplorado.

Hasta ahora no se ha encontrado ningún túmulo indio en la Isla; por lo

que podemos considerar á nuestro indígena del Boriquén, en su estado

social, sin haber llegado aún al último grado del período neolítico.

CAPITULO IV.

Ley histórica: emigración siguiendo el curso de los ríos.—El hombre

primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente

Americano.—La emigración vino de la América Meridional.—Error

de Guridi y de Stahl al traerlos de la América Septentrional.—

Los españoles encontraron dos pueblos que se disputaban la

hegemonía del Archipiélago: el _Aruaca_ antillano, perdida la

memoria de su origen continental y el _Caribe_, que la

recordaba.—Los _Caribes_ procedían de los _Galibis_

continentales.—Invasión caribeña en el Archipiélago.—

Superioridad guerrera del invasor.—Derrota del _Aruaca_

indo-antillano.—Informes de Pedro Mártir de Anglería y del

doctor Chanca.—Error de Ulloa, que visto _un_ indio estaban

vistos _todos_.—Linneo.—Gmelin.—Buffón.—Herder.—Kant.—Hunter.—

Blumenbach.—Cuvier.—Moquin Tandon.—Dumeril.—Bory de

Saint-Vicent.—D’Orbigny.—Brasseur de Bourbourg.—Retzius.—

Virchow.—Broca.—Humbold.—Morton.—Nott.—Dally.—Deniker.—

Brinton.—Error de Zaborowski en hacer á todos los

indo-antillanos _Caribes_.—El tronco basilio-guaraní.—El

_Guaraní_ español y el _Tapí_ portugués eran uno mismo.—

Siboneyes, Aruacas y Caribes de Girard de Rialle. Síntesis.—

Razas, sub-razas y razas mixtas.—El _Aruaca_ y el _Caribe_,

insulares, constituían dos sub-razas, cuyo entroncamiento

estaba en la raza _Guaraní_ de la América Meridional.

La marcha de los pueblos, colonizando territorios, se relaciona con el

curso de las aguas. De las márgenes del Mississipí se han extendido

tribus americanas hasta inundar las Floridas; é idénticamente de las

riberas del Amazonas y del Orinoco avanzaron también pueblos errantes

hasta poblar la península de los Caracas y penetrar en el Archipiélago

antillano. Ya los sacerdotes de las orillas del Indo, los magos de las

riberas del Tigris, los profetas del Jordán, los sacrificadores del Nilo

y los ribereños del Danubio y del Rhin nos testifican luminosamente cómo

los pueblos avanzan por las márgenes de los ríos y se dilatan por las

costas marítimas.

[Illustration: La macana. Hacha de piedra Manaya montada. Haciendo

fuego. Tambor-Magüey. Para tomar cojibá por la nariz.]

Es muy lógico presumir, que el habitante primitivo de las Antillas

procedía del inmediato Continente americano. En un principio, creímos

que siendo el estrecho floridano el más fácil de atravesar, por allí

debió haber venido la inmigración indo-antillana.[60] Nos hicieron caer

en esta errónea opinión el escritor dominicano Javier A. Guridi[61],

diciendo “que los haytianos procedían del tronco _Waicure_ de la costa

occidental de la América del Norte,” y el doctor Stahl[62], que también

los traía del Continente septentrional, haciéndolos proceder de los

Aztecas ó de los Semínolas. Pero, la emigración á las islas del

Archipiélago partió indudablemente de la América meridional, salvando

los indios las distancias oceánicas mediante sus hermosas almadías, que

podían llevar de cincuenta á cien personas. Hoy descansa esta opinión

nuestra en poderosos datos de toponimia y filología, que expondremos

oportunamente en otro capítulo, para comprobar nuestro aserto.

A la llegada de los españoles, comandados por el gran Ligur, dos pueblos

americanos se disputaban el imperio de estas islas. El pueblo, que

podemos llamar por ahora _autóctono_, vivía tranquilo, adueñado de la

mayor parte del Archipiélago, perdida la memoria de su origen,

conservando en sus nebulosas tradiciones que sus antepasados habían

nacido en una cueva, como narra la leyenda referida á Fray Román Pane

por los indios del cacicazgo de _Guarionex_, en Haytí. Para la época del

Descubrimiento ya tribus indias muy guerreras se habían apoderado de la

península de la Florida. Estos eran los valientes _Semínolas_, que tanto

dieron que hacer á los conquistadores Juan Ponce de León y Fernando de

Soto. Si los _Semínolas_ hubieran lanzado de la Florida á los

antepasados de los indo-antillanos, rastros positivos de éstos hubieran

quedado en la toponomia de aquel país, huellas de sus costumbres al

apropiarse las mujeres de los conquistados, y algunas palabras filtradas

en el idioma del triunfador, procedentes de la lengua dominada. Es ley

de la historia que el vencedor no hace desaparecer por completo, en un

país, las huellas del pueblo vencido.

En cambio, las tribus _caribeñas_, que se habían adueñado de las islas

de Barlovento, se acordaban perfectamente que descendían de los

_Galibis_ de la América meridional: lo que indica que la invasión

_caribeña_ en el Archipiélago no era remota, sino inmediata, y que en el

período colombino se estaba desenvolviendo aún. El padre Raymond

Breton[63] dice: “Los caribes manifiestan, que ellos vinieron del

Continente para conquistar las islas.” Y Rochefort[64] afirma que los

caribes de las Antillas se acuerdan descender de los _Galibis_; tienen

la pronunciación más dulce que los caribes del Continente; pero, desde

luego, no difieren más que en el dialecto.

Opinamos, que el pueblo _caribeño_, procedente de la América del Sur,

alejándose de las márgenes del Amazonas y del Orinoco, fué domeñando los

pueblos vecinos hasta llegar á las costas de Venezuela; y de allí, en

son de conquistador, penetró en el mar de las Antillas, asimilándose

primero los habitantes de las pequeñas islas cercanas á Costa Firme, de

donde extendió sus correrías á las mayores del Archipiélago. Al poner el

Almirante el pie en _Guanahaní_ la lucha de estos dos pueblos continuaba

á muerte; siendo los campos situados al E. de la isla _Boriquén_ la

marca invasora de los conquistadores _Caribes_, aunque aún no habían

podido apoderarse del territorio insular boriqueño, donde hacían

frecuentes incursiones, deteniéndose largo tiempo, á veces, en las

costas á reparar sus embarcaciones.

Los _Caribes_, más audaces y más potentes que los autóctonos

indo-antillanos, se habían adueñado de las islas de Barlovento; y desde

_Cayrí_ (Domínica), _Sibuqueira_ (Guadalupe) y _Ay-ay_ (Santa Cruz)

organizaban sus piraterías á la pacífica _Boriquén_ (Puerto Rico),

acantonándose en las islillas del E. de nuestra Isla, principalmente en

_Bicque_ (Vieques). El triunfo de los invasores hubiera sido seguro en

todo el Archipiélago, andando los tiempos, si no se interpola el hecho

del Descubrimiento. Ya los conquistadores españoles pudieron observar

patentemente la superioridad guerrera del audaz caribe sobre el manso

indo-antillano.

El cronista Pedro Mártir de Angleria[65] nos refiere, que “lo mismo los

varones que las mujeres de las islas, que ya podemos llamar nuestras,

cuando advierten que vienen los _Caribes_ no encuentran más salvación

que la fuga. Aunque usan saetas de cañas, muy agudas, saben, sin

embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de

los _Caribes_, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha, diez

_Caribes_ vencerían fácilmente á ciento de ellos.”

El doctor Chanca[66], que acompañó á Colón en el segundo viaje á las

Indias Occidentales, dice: “La costumbre de esta gente de _Caribes_ es

bestial: ocupan tres islas: esta se llama _Turuqueira_ (Guadalupe);[67]

la otra, que primero vimos, _Cayre_ (Dominica); la tercera se llama

_Av-ay_ (Santa Cruz); éstos, de estas tres islas, todos son de

conformidad como si fueran de un linaje, los quales no se hacen mal

entre sí; unos é otros hacen guerra á todas las otras islas comarcanas;

van por mar ciento é cinquenta leguas á saltar con muchas canoas que

tienen, que son unas fustas pequeñas de un solo madero.”

Ahora bien, estos dos pueblos, que se disputaban el dominio de las islas

antillanas, tenían distinta procedencia. La frase de Ulloa,[68] de que

“_visto un indio de qualquier región, se puede decir que se han visto

todos en quanto al color y contextura_” ha hecho caer en error á muchos

historiadores. También podría decirse que _visto un hombre amarillo

están vistos todos_, y cuánta diferencia hay entre un chino y un

japonés. Y _visto un negro están vistos todos_, y qué desemejanza entre

un congo y un cafre. Y volviendo la oración por pasiva, lo mismo pudiera

decir el hombre rojo, amarillo ó negro del _blanco_, y sabido es,

arrancando desde las ramas alófila, fínica, semítica y aria, cuantas

razas hay entre los _blancos_. La historia etnológica de la América es

más complicada aún que la de la Oceanía; y muchos autores están ya

contestes, que el vasto territorio americano no ha sido habitado por una

sola raza de hombres.[69]

Linneo, al dividir la especie humana en cuatro razas, según las cuatro

partes del mundo, se conformó con separar enteramente de los demás al

_hombre rojo_ de América.[70] Gmelin clasificó á los hombres, según el

color de la piel, en cuatro variedades, conservando la _cobriza_ para

todas las razas americanas.[71] Buffón, formando seis variedades del

hombre, dejó al _americano_ enteramente fuera, cuyo sistema siguió

Herder y Prichard.[72] Pownal colocó á los _americanos_ y _mogoles_

entre las razas blanca y roja.[73] Kant aceptó el _americano

cobrizo_.[74] Hunter al _americano rojo_.[75] Blumenbach, en sus cinco

variedades del hombre, dedicó la cuarta al _americano ferruginoso_,

opinión que siguió Laurance en 1822.[76] Cuvier clasificó al hombre en

tres razas, dejando al _americano_ fuera, sin quererlo situar en

ninguna.[77] Moquin-Tandon siguió á Cuvier[78]. Dumeril separó al hombre

en seis razas y dedicó la cuarta á los americanos.[79]

Hasta aquí todos los autores hacían de los americanos una sola raza. En

adelante, clasificando mejor, van reconociendo variedad de razas en

América. Malte-Brun clasificó al hombre en diez y seis razas: en la

décima sexta colocó á los americanos, _menos aquellos_ de las partes más

septentrionales, que supuso procedían de otros continentes.[80] Bory de

Saint-Vicent separó al género humano en quince especies; y en la sexta,

la _hiperbórea_, comprendió todo el norte de América y una parte del

Asia rusa; en la séptima, la _neptuniana_, reunió los americanos de

California á los de Chile, en unión de peruanos y mejicanos de las

costas occidentales; en la novena, la _colombina_, puso los habitantes

de la Florida, los caribes de las Antillas, los naturales de una parte

de Méjico, de Tierra Firme y las Guayanas; en la décima, la _americana_,

situó todos los habitantes de la América meridional, menos los de la

parte oriental y de las partes ya citadas; en la undécima, la

_patagona_; y en la décima cuarta, la _melaniana_, los habitantes de la

tierra del Fuego.[81] Esta labor de Bory de Saint-Vincent, aunque

defectuosa, tiene la utilidad científica de que ya no se veía á los

americanos con los _cristales_ de Ulloa, de que visto _uno_ estaban

vistos _todos_.

D’Orbigny recorrió la América meridional, desde los años de 1826 á 1833,

y opina, que los territorios recorridos por él, ó sea el Brasil, la

República oriental del Uruguay, la Argentina, la Patagonia, Chile,

Bolivia y Perú, estaban ocupados por _tres_ razas: la ando-peruviana, la

pampeyana y la brasilio-guarianana, comprendiendo en ellas treinta y

nueve naciones distintas.[82]

La raza brasilio-guaraniana cubría toda la parte oriental de la América

meridional, desde las Antillas menores hasta el Plata. Ocupaba el

Brasil, el Paraguay, lo que se llamó las Misiones, las Guayanas y las

islas de Barlovento. De manera que para este sabio investigador los

habitantes de las Antillas menores, los _Caribes_, procedían de los

_Guaranís_ del continente meridional y habían destruido á los habitantes

de dichas islas al apoderarse de ellas.[83]

El abate Brasseur de Bourbourg opinaba, que los americanos procedían de

los _Cares_, que tuvieron gran poder en Asia, Africa y Europa; que de

ellos procedían los _Guanches_ de las islas Canarias, los _Berberiscos_

del norte africano y también los _Caribes_ é _Indo-antillanos_.[84] Esta

opinión cae por su base, pues tanto los guanches como los berberiscos

son _blancos trigueños_ y los caribes é indo antillanos _oliváceos

canelas_. Aquellos, en su índice cefálico, dolicocéfalos (cabezas

alargadas), y éstos, casi todos sub-braquicéfalos ó mesaticéfalos

(cabezas redondas ó medianas). En el sistema piloso, aquellos barbudos,

más ó menos, y éstos barbilampiños; y en el índice nasal, aquellos

leptorrinos (narices alargadas) y éstos mesorrinos (narices cortas). Lo

demás que nos refiere dicho abate, de los hermanos _Tupí_ y _Guaraní_

abordando á las costas del Brasil, después de una gran inundación, es

una leyenda. Y más desacertado está este autor, en sus investigaciones

históricas é interpretaciones de manuscritos mejicanos, cuando asevera,

que los hombres americanos salieron de la isla _Boriquén_ á poblar la

América, convirtiendo de golpe y porrazo nuestra ínsula en el paraiso

terrenal indio, de donde salieron los indígenas Adan y Eva de su

leyenda. Lo cual, como idea ingeniosa, no es nueva, pues ya la tenemos

apuntada en la leyenda haytiana, que nos narra Fray Román Pane, pero

atribuyendo el cuento á la inmediata Quisqueya.[85]

Es de creer, que Brasseur de Bourbourg se apoyaba en Retzius, que

agrupaba los aborígenes americanos en dos grandes divisiones: una,

ocupando el oeste, la braquicefálica; y la otra, el este, la

dolicocefálica; y _ésta_ procedente de guanches y berberiscos.[86]

Virchow ha demostrado que tal clasificación es insostenible, porque los

cráneos redondos y alargados se encuentran en ambos lados del continente

americano[87]: aunque Topinard quiso explicar la hipótesis de Retzius,

suponiendo que el _autóctono_ es el esquimal, arrinconado por una raza

braquicéfala venida del Asia.[88]

El profesor Broca piensa, que se ha exajerado mucho la unidad de las

razas americanas. Para establecer la pluralidad de ellas, entre otras

pruebas, atribuye el autor una gran importancia al color de la piel,

puesto que se encuentra entre los americanos tintes muy constantes y muy

diversos, desde el blanco hasta el casi negruzco, más pronunciado aún

que el de los mulatos.[89]

Humbold notó, que no había raza en el mundo que tuviera el frontal tan

inclinado hacia atrás como la de los americanos; y en la cual la frente

fuese tan pequeña. Haciendo observar que la pequeñez de la frente estaba

compensada de alguna manera por su longitud, que es generalmente

grande.[90]

Prehistoria de Puerto-Rico · 第 3 / 20 段