son de tres tamaños. El que guarda un término medio es muy parecido á
una _collera_ de arnés para caballo de coche. Están, en general, estas
bandas pétreas muy bien pulimentadas y tienen ciertos grabados de
ornamentación, unos á la derecha y otros á la izquierda. El encontrarse
en poder del régulo dominicano Caonabó _siete_ collares de estos es un
dato revelador de que para los caciques indo-antillanos tenían un
determinado valor. No conocemos ningún cronista, ni comentador, que haya
hecho hincapié en este dato histórico que apuntamos. Hasta ahora, todas
han sido conjeturas y suposiciones sobre estas bandas; pero, sin
afianzar las hipótesis, como hacemos nosotros, sobre el hallazgo de
_siete collares de piedra_ en poder de un jefe de tanta importancia y
poderío entre los suyos como el cacique destructor del fuerte de
Navidad.
Opinamos, que las bandas ó collares de piedra encontrados en poder del
régulo Caonabó tenían por objeto dar _distintivo_ de mando al indio á
quien fuese entregado, electo sub-jefe de alguna comarca ó valle, y que
el _nitayno_ ó lugarteniente lo guardaría en su choza como _signo
material_ de que radicaba en él el mando de aquella zona insular.
Podemos, por lo tanto, considerar estas _bandas pétreas_ como una
especie de _escudo señorial_. Como existen tres tamaños en estos
collares, hay que suponer en esa diferencia cierto _valor jerárquico_. Y
teniendo en cuenta además que el de mayores dimensiones había de exigir
mayor labor de ornamentación de parte del artista, cuya brega de
cincelación debería durar mucho tiempo, quizás años, hay que concederle
también mayor valor real. También son los que más escasean. Nosotros no
hemos conocido más que tres de estas formas agrandadas. Los que se
conocen generalmente son los comparados con _colleras_ de arneses de
caballos de coche. Los pequeños tampoco es frecuente hallarlos.
A la venida de los españoles, estos objetos los guardaron los indígenas
de tal manera, que los nuevos pobladores no tuvieron noticia de ellos.
Lo mismo ocultaron muchos de sus dioses tutelares. Se les imponía con
rigor una nueva vida social y una nueva religión y tuvieron los
infelices que apelar al disimulo para ocultar ante los conquistadores
tan venerandos objetos para ellos. Prontamente la muerte y el olvido
barrieron con toda aquella rudimentaria civilización neolítica.
El pueblo boriqueño estaba constituido en tribus; y tenía sus jefes de
primero y segundo orden, ocupando los mejores valles de la Isla con sus
aduares. Cuando el conquistador Juan Ponce de León vino al Boriquén, en
1508, visitó al régulo _Agiievbana_, cacique principal de la Isla, en su
ranchería _Guaynía_. Después al cacique _Guaraca_ del _Guayaney_ que le
facilitó las primeras muestras de oro, obtenidas del _Manatuabón_, hoy
río de Maunabo. Prosiguiendo su viaje por el E. el Esplorador capitán
llegó al N. y obtuvo las segundas pepitas de oro del cacique _Guacabo_,
del _Sibuco_. Al retornar, en 1509, utilizó los caciques nombrados y
además al régulo _Caguax_ de las orillas del _Turabo_, á _Majagua_ de
_Bayamón_, á _Mabó_ de _Guaynabo_, á _Aramaná_ del _Toa_, á _Canóbana_
de _Cayniabón_, á _Orocobix_ del _Jatibonicu_ y _Guamaní_ de _Guayama_.
También destinó á las granjerías de los Reyes Católicos y á las minas,
el personal de la cacica _Yuisa_ del _Haymanio_, bautizada con el nombre
de _Luisa_, y de donde se diriva el actual _Loiza_, fácilmente
trastocados unos vocablos en otros. El 28 de Octubre de 1509, tomó Juan
Cerón el mando del Boriquén, como Alcalde Mayor, por orden del Almirante
Don Diego Colón, que había entrado á gobernar en La Española y tenía
jurisdicción sobre todas las tierras descubiertas por su padre, con
arreglo al fallo del Consejo de Indias. Juan Cerón, lugar-teniente del
Virrey don Diego, hizo el primer Repartimiento de los indios del
Boriquén, pues Ponce de León se había concretado hasta entonces á
explotarlos en harmonía con la Capitulación celebrada con el gobernador
Ovando el 2 de Mayo de 1509, en Santo Domingo. En este primer
Repartimiento de los indios del Boriquén tocóle á don Cristóbal de
Sotomayor el cacique _Agiieybana_ con 300 súbditos. Como este régulo,
amigo de los españoles, vivía en _Guaynía_, allá se fué el afortunado
castellano á explotar su rica encomienda. Así hicieron los otros
Encomenderos hasta que fueron sorprendidos por el alzamiento de
1.511.[57]
Es un error, por ende, que el distinguido historiador señor Brau[58]
manifieste, que el pueblo boriqueño se encontraba á la venida del
Almirante descubridor, en estado nómada, á semejanza de las tribus de la
Guayana, mudando de domicilio á lo largo de las riberas. Extraña
aseveración, cuando ya el doctor Stahl, en su estudio etnológico sobre
los aborígenes, determina con sano criterio la exacta división de
nuestra ínsula en cacicazgos, al igual de Haytí, aunque comete el autor
sensibles equivocaciones.[59] Natural era que las aldehuelas indígenas
del Boriquén, construidas sus chozas con troncos de palmera al exterior,
é interiormente un solo estante hasta la cumbrera, con ramaje y
hojarasca por seto, bejucos por trabazón, y sin mayor resistencia,
fueran destruidas fácilmente al empuje turbulento de la conquista y en
el alzamiento de 1511. Pronto estas exíguas agrupaciones indígenas
fueron absorbidas por los incipientes poblejos que fundaban los
españoles. Todavía la actual casucha de nuestros campesinos conserva
mucho de la construcción del primitivo _bohío_ indio.
Entre los restos del primitivo pueblo indígena se encuentra, aunque muy
raro, cierto banquillo, de madera ó piedra, que los boriqueños llamaban
_dujo_. Está formada esta sillica de una sola pieza y suele tener
algunos trabajos de ornamentación, al capricho. En nuestra colección
arqueológica hemos descrito un _dujo_, pétreo, que conjeturamos
perteneciera al régulo utuadeño _Guarionex_. Esta sillita es reveladora
de que el indio boriqueño procuraba tener ya utensilios que sirvieran
para fijar sus diferencias jerárquicas, en ciertos momentos; pues los
_dujos_ no tienen comodidad alguna para posarse en ellos. Opinamos, que
sirviera el _dujo_ para colocarse el cacique sobre él, en cuclillas,
frente á sus _nitaynos_, congregados los sub-jefes con algún fin de
carácter público. No pueden ser considerados estos objetos de uso
doméstico, como nuestras sillas ó banquetas, por ejemplo, si tenemos en
cuenta que para reposar podían disponer los indígenas de la gran
comodidad de la hamaca, ó tenderse al _dolce far niente_ á la umbría de
la copuda ceiba ó á la fresca sombra de un grupo de palmeras de yaguas.
Con estos antecedentes podemos fijar bien el estado social á que llegó
el autóctono boriqueño. Hemos dicho, que nuestro indígena se encontraba
en el período social de la _piedra pulimentada_; y hablando con más
propiedad paleontológica diremos, en el período _neolítico_ de la edad
de la piedra. El instrumento cuneiforme característico de esa época es
el _hacha pétrea_, que poseía el boriqueño en abundancia. El
indo-boriqueño había abandonado ya la gruta como vivienda y construido
la choza. De cazador y pescador errabundo, había pasado, dando un paso
avante, á agricultor. De la horda y la incipiente familia había avanzado
á la tribu ó clan. Tenía jefes y subjefes y casta sacerdotal. La idea
religiosa del bien y del mal dominaba en sus manifestaciones religiosas.
Para defender sus _yucayeques_ ó pueblos, disponía de aprestos guerreros
y procuraba poner límites á sus cacicazgos, por lo que empezaba á tener
idea de la propiedad, tanto individual como también de la colectiva. En
la industria, además del mortero de _silex_ para triturar el grano
trabajaba la arcilla y hacía recipientes para la cocción de sus viandas,
vasijas para el agua y tinajas para la fermentación de sus licores.
Sabía sacar partido de algunas maderas de ebanistería como la _maga_ y
de la cubierta recia de algunos frutos como la _jigüera_. En la
escultura, había iniciado el grabado y había avanzado á la ornamentación
de grutas y chozas, de lo cual dan buenas muestras las pictografías de
algunas cavernas. Y finalmente, cinselaba y bruñía pacientemente sus
fetiches, sus bandas, sus _dujos_ señoriales y sus armas, sin tener la
pasión por la escultura decorativa sobre madera, tan desarrollada en
otros pueblos primitivos, como por ejemplo, entre los Papúas de la Nueva
Guinea; ni había llegado al gusto artístico del modelaje cerámico, que
tenían los indios mejicanos y peruanos.
No tenía el boriqueño túmulos, de los cuales el _dolman_ constituye la
última palabra de esa edad prehistórica; sino únicamente simples
cementerios para el sepelio vulgar de los cadáveres, que enterraban
sentados, proveyéndolos de su _zemi_ tutelar y de agua y viandas para el
viaje de ultratumba, lo que comprueba su religiosidad. En la llanura de
Toa-Baja, poco antes de llegar á la estación ferroviaria de ese poblejo,
á mano izquierda, yendo desde San Juan hacia el Dorado, se divisa un
montículo, que induce á creer sea artificial, pues las montañas se
columbran muy á lo lejos, y el montículo se destaca solo, imperando en
su torno una gran sabana, ó vega, en todas direcciones. _Tal vez_, sea
un panteón indo-antillano, que merecería ser cuidadosamente esplorado.
Hasta ahora no se ha encontrado ningún túmulo indio en la Isla; por lo
que podemos considerar á nuestro indígena del Boriquén, en su estado
social, sin haber llegado aún al último grado del período neolítico.
CAPITULO IV.
Ley histórica: emigración siguiendo el curso de los ríos.—El hombre
primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente
Americano.—La emigración vino de la América Meridional.—Error
de Guridi y de Stahl al traerlos de la América Septentrional.—
Los españoles encontraron dos pueblos que se disputaban la
hegemonía del Archipiélago: el _Aruaca_ antillano, perdida la
memoria de su origen continental y el _Caribe_, que la
recordaba.—Los _Caribes_ procedían de los _Galibis_
continentales.—Invasión caribeña en el Archipiélago.—
Superioridad guerrera del invasor.—Derrota del _Aruaca_
indo-antillano.—Informes de Pedro Mártir de Anglería y del
doctor Chanca.—Error de Ulloa, que visto _un_ indio estaban
vistos _todos_.—Linneo.—Gmelin.—Buffón.—Herder.—Kant.—Hunter.—
Blumenbach.—Cuvier.—Moquin Tandon.—Dumeril.—Bory de
Saint-Vicent.—D’Orbigny.—Brasseur de Bourbourg.—Retzius.—
Virchow.—Broca.—Humbold.—Morton.—Nott.—Dally.—Deniker.—
Brinton.—Error de Zaborowski en hacer á todos los
indo-antillanos _Caribes_.—El tronco basilio-guaraní.—El
_Guaraní_ español y el _Tapí_ portugués eran uno mismo.—
Siboneyes, Aruacas y Caribes de Girard de Rialle. Síntesis.—
Razas, sub-razas y razas mixtas.—El _Aruaca_ y el _Caribe_,
insulares, constituían dos sub-razas, cuyo entroncamiento
estaba en la raza _Guaraní_ de la América Meridional.
La marcha de los pueblos, colonizando territorios, se relaciona con el
curso de las aguas. De las márgenes del Mississipí se han extendido
tribus americanas hasta inundar las Floridas; é idénticamente de las
riberas del Amazonas y del Orinoco avanzaron también pueblos errantes
hasta poblar la península de los Caracas y penetrar en el Archipiélago
antillano. Ya los sacerdotes de las orillas del Indo, los magos de las
riberas del Tigris, los profetas del Jordán, los sacrificadores del Nilo
y los ribereños del Danubio y del Rhin nos testifican luminosamente cómo
los pueblos avanzan por las márgenes de los ríos y se dilatan por las
costas marítimas.
[Illustration: La macana. Hacha de piedra Manaya montada. Haciendo
fuego. Tambor-Magüey. Para tomar cojibá por la nariz.]
Es muy lógico presumir, que el habitante primitivo de las Antillas
procedía del inmediato Continente americano. En un principio, creímos
que siendo el estrecho floridano el más fácil de atravesar, por allí
debió haber venido la inmigración indo-antillana.[60] Nos hicieron caer
en esta errónea opinión el escritor dominicano Javier A. Guridi[61],
diciendo “que los haytianos procedían del tronco _Waicure_ de la costa
occidental de la América del Norte,” y el doctor Stahl[62], que también
los traía del Continente septentrional, haciéndolos proceder de los
Aztecas ó de los Semínolas. Pero, la emigración á las islas del
Archipiélago partió indudablemente de la América meridional, salvando
los indios las distancias oceánicas mediante sus hermosas almadías, que
podían llevar de cincuenta á cien personas. Hoy descansa esta opinión
nuestra en poderosos datos de toponimia y filología, que expondremos
oportunamente en otro capítulo, para comprobar nuestro aserto.
A la llegada de los españoles, comandados por el gran Ligur, dos pueblos
americanos se disputaban el imperio de estas islas. El pueblo, que
podemos llamar por ahora _autóctono_, vivía tranquilo, adueñado de la
mayor parte del Archipiélago, perdida la memoria de su origen,
conservando en sus nebulosas tradiciones que sus antepasados habían
nacido en una cueva, como narra la leyenda referida á Fray Román Pane
por los indios del cacicazgo de _Guarionex_, en Haytí. Para la época del
Descubrimiento ya tribus indias muy guerreras se habían apoderado de la
península de la Florida. Estos eran los valientes _Semínolas_, que tanto
dieron que hacer á los conquistadores Juan Ponce de León y Fernando de
Soto. Si los _Semínolas_ hubieran lanzado de la Florida á los
antepasados de los indo-antillanos, rastros positivos de éstos hubieran
quedado en la toponomia de aquel país, huellas de sus costumbres al
apropiarse las mujeres de los conquistados, y algunas palabras filtradas
en el idioma del triunfador, procedentes de la lengua dominada. Es ley
de la historia que el vencedor no hace desaparecer por completo, en un
país, las huellas del pueblo vencido.
En cambio, las tribus _caribeñas_, que se habían adueñado de las islas
de Barlovento, se acordaban perfectamente que descendían de los
_Galibis_ de la América meridional: lo que indica que la invasión
_caribeña_ en el Archipiélago no era remota, sino inmediata, y que en el
período colombino se estaba desenvolviendo aún. El padre Raymond
Breton[63] dice: “Los caribes manifiestan, que ellos vinieron del
Continente para conquistar las islas.” Y Rochefort[64] afirma que los
caribes de las Antillas se acuerdan descender de los _Galibis_; tienen
la pronunciación más dulce que los caribes del Continente; pero, desde
luego, no difieren más que en el dialecto.
Opinamos, que el pueblo _caribeño_, procedente de la América del Sur,
alejándose de las márgenes del Amazonas y del Orinoco, fué domeñando los
pueblos vecinos hasta llegar á las costas de Venezuela; y de allí, en
son de conquistador, penetró en el mar de las Antillas, asimilándose
primero los habitantes de las pequeñas islas cercanas á Costa Firme, de
donde extendió sus correrías á las mayores del Archipiélago. Al poner el
Almirante el pie en _Guanahaní_ la lucha de estos dos pueblos continuaba
á muerte; siendo los campos situados al E. de la isla _Boriquén_ la
marca invasora de los conquistadores _Caribes_, aunque aún no habían
podido apoderarse del territorio insular boriqueño, donde hacían
frecuentes incursiones, deteniéndose largo tiempo, á veces, en las
costas á reparar sus embarcaciones.
Los _Caribes_, más audaces y más potentes que los autóctonos
indo-antillanos, se habían adueñado de las islas de Barlovento; y desde
_Cayrí_ (Domínica), _Sibuqueira_ (Guadalupe) y _Ay-ay_ (Santa Cruz)
organizaban sus piraterías á la pacífica _Boriquén_ (Puerto Rico),
acantonándose en las islillas del E. de nuestra Isla, principalmente en
_Bicque_ (Vieques). El triunfo de los invasores hubiera sido seguro en
todo el Archipiélago, andando los tiempos, si no se interpola el hecho
del Descubrimiento. Ya los conquistadores españoles pudieron observar
patentemente la superioridad guerrera del audaz caribe sobre el manso
indo-antillano.
El cronista Pedro Mártir de Angleria[65] nos refiere, que “lo mismo los
varones que las mujeres de las islas, que ya podemos llamar nuestras,
cuando advierten que vienen los _Caribes_ no encuentran más salvación
que la fuga. Aunque usan saetas de cañas, muy agudas, saben, sin
embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de
los _Caribes_, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha, diez
_Caribes_ vencerían fácilmente á ciento de ellos.”
El doctor Chanca[66], que acompañó á Colón en el segundo viaje á las
Indias Occidentales, dice: “La costumbre de esta gente de _Caribes_ es
bestial: ocupan tres islas: esta se llama _Turuqueira_ (Guadalupe);[67]
la otra, que primero vimos, _Cayre_ (Dominica); la tercera se llama
_Av-ay_ (Santa Cruz); éstos, de estas tres islas, todos son de
conformidad como si fueran de un linaje, los quales no se hacen mal
entre sí; unos é otros hacen guerra á todas las otras islas comarcanas;
van por mar ciento é cinquenta leguas á saltar con muchas canoas que
tienen, que son unas fustas pequeñas de un solo madero.”
Ahora bien, estos dos pueblos, que se disputaban el dominio de las islas
antillanas, tenían distinta procedencia. La frase de Ulloa,[68] de que
“_visto un indio de qualquier región, se puede decir que se han visto
todos en quanto al color y contextura_” ha hecho caer en error á muchos
historiadores. También podría decirse que _visto un hombre amarillo
están vistos todos_, y cuánta diferencia hay entre un chino y un
japonés. Y _visto un negro están vistos todos_, y qué desemejanza entre
un congo y un cafre. Y volviendo la oración por pasiva, lo mismo pudiera
decir el hombre rojo, amarillo ó negro del _blanco_, y sabido es,
arrancando desde las ramas alófila, fínica, semítica y aria, cuantas
razas hay entre los _blancos_. La historia etnológica de la América es
más complicada aún que la de la Oceanía; y muchos autores están ya
contestes, que el vasto territorio americano no ha sido habitado por una
sola raza de hombres.[69]
Linneo, al dividir la especie humana en cuatro razas, según las cuatro
partes del mundo, se conformó con separar enteramente de los demás al
_hombre rojo_ de América.[70] Gmelin clasificó á los hombres, según el
color de la piel, en cuatro variedades, conservando la _cobriza_ para
todas las razas americanas.[71] Buffón, formando seis variedades del
hombre, dejó al _americano_ enteramente fuera, cuyo sistema siguió
Herder y Prichard.[72] Pownal colocó á los _americanos_ y _mogoles_
entre las razas blanca y roja.[73] Kant aceptó el _americano
cobrizo_.[74] Hunter al _americano rojo_.[75] Blumenbach, en sus cinco
variedades del hombre, dedicó la cuarta al _americano ferruginoso_,
opinión que siguió Laurance en 1822.[76] Cuvier clasificó al hombre en
tres razas, dejando al _americano_ fuera, sin quererlo situar en
ninguna.[77] Moquin-Tandon siguió á Cuvier[78]. Dumeril separó al hombre
en seis razas y dedicó la cuarta á los americanos.[79]
Hasta aquí todos los autores hacían de los americanos una sola raza. En
adelante, clasificando mejor, van reconociendo variedad de razas en
América. Malte-Brun clasificó al hombre en diez y seis razas: en la
décima sexta colocó á los americanos, _menos aquellos_ de las partes más
septentrionales, que supuso procedían de otros continentes.[80] Bory de
Saint-Vicent separó al género humano en quince especies; y en la sexta,
la _hiperbórea_, comprendió todo el norte de América y una parte del
Asia rusa; en la séptima, la _neptuniana_, reunió los americanos de
California á los de Chile, en unión de peruanos y mejicanos de las
costas occidentales; en la novena, la _colombina_, puso los habitantes
de la Florida, los caribes de las Antillas, los naturales de una parte
de Méjico, de Tierra Firme y las Guayanas; en la décima, la _americana_,
situó todos los habitantes de la América meridional, menos los de la
parte oriental y de las partes ya citadas; en la undécima, la
_patagona_; y en la décima cuarta, la _melaniana_, los habitantes de la
tierra del Fuego.[81] Esta labor de Bory de Saint-Vincent, aunque
defectuosa, tiene la utilidad científica de que ya no se veía á los
americanos con los _cristales_ de Ulloa, de que visto _uno_ estaban
vistos _todos_.
D’Orbigny recorrió la América meridional, desde los años de 1826 á 1833,
y opina, que los territorios recorridos por él, ó sea el Brasil, la
República oriental del Uruguay, la Argentina, la Patagonia, Chile,
Bolivia y Perú, estaban ocupados por _tres_ razas: la ando-peruviana, la
pampeyana y la brasilio-guarianana, comprendiendo en ellas treinta y
nueve naciones distintas.[82]
La raza brasilio-guaraniana cubría toda la parte oriental de la América
meridional, desde las Antillas menores hasta el Plata. Ocupaba el
Brasil, el Paraguay, lo que se llamó las Misiones, las Guayanas y las
islas de Barlovento. De manera que para este sabio investigador los
habitantes de las Antillas menores, los _Caribes_, procedían de los
_Guaranís_ del continente meridional y habían destruido á los habitantes
de dichas islas al apoderarse de ellas.[83]
El abate Brasseur de Bourbourg opinaba, que los americanos procedían de
los _Cares_, que tuvieron gran poder en Asia, Africa y Europa; que de
ellos procedían los _Guanches_ de las islas Canarias, los _Berberiscos_
del norte africano y también los _Caribes_ é _Indo-antillanos_.[84] Esta
opinión cae por su base, pues tanto los guanches como los berberiscos
son _blancos trigueños_ y los caribes é indo antillanos _oliváceos
canelas_. Aquellos, en su índice cefálico, dolicocéfalos (cabezas
alargadas), y éstos, casi todos sub-braquicéfalos ó mesaticéfalos
(cabezas redondas ó medianas). En el sistema piloso, aquellos barbudos,
más ó menos, y éstos barbilampiños; y en el índice nasal, aquellos
leptorrinos (narices alargadas) y éstos mesorrinos (narices cortas). Lo
demás que nos refiere dicho abate, de los hermanos _Tupí_ y _Guaraní_
abordando á las costas del Brasil, después de una gran inundación, es
una leyenda. Y más desacertado está este autor, en sus investigaciones
históricas é interpretaciones de manuscritos mejicanos, cuando asevera,
que los hombres americanos salieron de la isla _Boriquén_ á poblar la
América, convirtiendo de golpe y porrazo nuestra ínsula en el paraiso
terrenal indio, de donde salieron los indígenas Adan y Eva de su
leyenda. Lo cual, como idea ingeniosa, no es nueva, pues ya la tenemos
apuntada en la leyenda haytiana, que nos narra Fray Román Pane, pero
atribuyendo el cuento á la inmediata Quisqueya.[85]
Es de creer, que Brasseur de Bourbourg se apoyaba en Retzius, que
agrupaba los aborígenes americanos en dos grandes divisiones: una,
ocupando el oeste, la braquicefálica; y la otra, el este, la
dolicocefálica; y _ésta_ procedente de guanches y berberiscos.[86]
Virchow ha demostrado que tal clasificación es insostenible, porque los
cráneos redondos y alargados se encuentran en ambos lados del continente
americano[87]: aunque Topinard quiso explicar la hipótesis de Retzius,
suponiendo que el _autóctono_ es el esquimal, arrinconado por una raza
braquicéfala venida del Asia.[88]
El profesor Broca piensa, que se ha exajerado mucho la unidad de las
razas americanas. Para establecer la pluralidad de ellas, entre otras
pruebas, atribuye el autor una gran importancia al color de la piel,
puesto que se encuentra entre los americanos tintes muy constantes y muy
diversos, desde el blanco hasta el casi negruzco, más pronunciado aún
que el de los mulatos.[89]
Humbold notó, que no había raza en el mundo que tuviera el frontal tan
inclinado hacia atrás como la de los americanos; y en la cual la frente
fuese tan pequeña. Haciendo observar que la pequeñez de la frente estaba
compensada de alguna manera por su longitud, que es generalmente
grande.[90]