eres tú?... ~(Reflexionando.)~ ¿Será Nell la mala?... ¿Será Dolly?
~(Se clava los dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de
meditación o somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de
sonidos pavorosos.)~
DOLLY
¡Jesús, qué miedo!
NELL
¡María Santísima!
EL CONDE, ~vivamente, creyendo hallar un dato~.
¿Cuál de las dos se asusta de los truenos?
NELL
Yo.
DOLLY
Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido.
EL CONDE, ~para sí~.
Carácter entero.
NELL
Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento.
Cualidad de la familia, como decía papá.
EL CONDE
Es cierto... Ven acá, que yo te bese.
DOLLY
¿Y a mí no?
EL CONDE
También a ti. ~(Las besa y abraza.)~
NELL, ~con efusión~.
Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran.
EL CONDE, ~asustado~.
Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo
puedo remediar.
DOLLY
¿Y los truenos no te impresionan? ~(Retumba otro.)~
EL CONDE
Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este.
NELL
Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos?
EL CONDE, ~levantándose~.
Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son mi
propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen solas.
DOLLY
Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco minutos
llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite, nos
metemos en la casucha de la tía Marqueza.
NELL
Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la
Pardina.
EL CONDE
Sí, vamos... Llevadme. ~(Salen de la gruta.)~
ESCENA IX
~Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola puerta, con dos
ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por entre las tejas
musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del caballete ostentan
un jardín botánico en miniatura, colección lindísima de criptógamas y
plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal cercado de pedruscos,
con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo, varios girasoles con
sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre del sol, y unas cuantas
coles agujereadas por los gusanos. La fauna consiste en un cerdo libre,
que hociquea en el charco formado por la lluvia; dos patos, gallinas, y
todos los caracoles y babosas que se quieran poner. Las moscas, huyendo
de la lluvia, han querido refugiarse en el interior de la casa, y como
el humo las expulsa, voltejean en la puerta sin saber si entrar o
salir.~
~Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la menor ropa
posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional naturaleza,
nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su musculatura, en
cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la Sibila de Cumas, obra
de Miguel Ángel.~
~LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS~
LA MARQUEZA
Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas?
NIÑO
Sí que son... madre, ellos... _Cá_ vienen.
LA MARQUEZA, ~adelantándose a recibirles~.
Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere
descansar?
NELL
Sí: descansaremos un rato.
DOLLY
No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito.
EL CONDE, ~muy complacido, mientras la anciana le besa la mano~.
Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez?
LA MARQUEZA
¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses que
me le quitó Dios...
EL CONDE
Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno para
el trabajo, y honrado a carta cabal.
LA MARQUEZA
Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía...
Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a casa.
EL CONDE
¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo, y
se han caído algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que
tú, mucho más, y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos,
¿qué ha sido de ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos...
LA MARQUEZA
En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han
muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo
bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas
son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas
trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde;
pero no tengo nada que ofrecerle.
EL CONDE
Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el tesoro
del pobre. Estamos iguales.
NELL
Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas.
DOLLY
Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo que
quieras. ~(Se van a jugar con los chicos junto a unos troncos.)~
LA MARQUEZA
Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde! Da
gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué vieja soy,
y cuánto he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito
Rafael, padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina.
Las dos le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará...
EL CONDE
Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo?
LA MARQUEZA
Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios.
EL CONDE
Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas?
LA MARQUEZA, ~mirándolas detenidamente~.
Se parece la señorita _Nela_. Es la misma cara.
EL CONDE
¿Y su hermana?
LA MARQUEZA
La señorita _Dola_ no... digo, sí, también tiene la pinta; pero cuando
se ríe, nada más que cuando se ríe.
EL CONDE, ~secamente~.
Rafael era muy serio...
LA MARQUEZA
¡Y qué galán! Tan caballero y _respetoso_ que toda Jerusa se quitaba el
sombrero cuando pasaba, y hasta la torre de la iglesia parecía como si
le hiciera la reverencia.
EL CONDE, ~que mira y no ve, impaciente~.
Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero no
las veo.
LA MARQUEZA
Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el pobre!
La señorita _Nela_ quiere bailar con mi Narda, y la señorita _Dola_ y
mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de la Pardina llevan la
alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor las hubiera visto
aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...!
EL CONDE, ~sorprendido~.
¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras?
LA MARQUEZA
Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues en
un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta
el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en
persona.
EL CONDE, ~excitadísimo, llamando~.
Nell, Nell... Ven acá, hija... ~(Se acerca.)~ Oye lo que dice la
Marqueza... ~(Esta repite lo del guarro.)~
NELL
Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas...
EL CONDE, ~llamando~.
Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... ~(Acércase esta, sofocada.)~
¡Qué callado te lo tenías! ¡Tú pintora!
DOLLY, ~con modestia~.
Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser este
el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa.
NELL, ~que quiere congraciarse con Dolly~.
Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos.
DOLLY
No valen nada, abuelito.
NELL
Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué preciosidades
haría!
DOLLY
Quita, quita.
EL CONDE, ~con profundo interés~.
¿Quién te ha dado lecciones?
DOLLY
Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me
gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar.
LA MARQUEZA
Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y traían
unas cajas con trebejos y cartuchitos de pintura... vieron lo que
hacía la señorita Dola, y se pasmaron...
DOLLY, ~ruborizada~.
No hagas caso, papá.
NELL
Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí
que lo dijeron. No vengas ahora con farsas.
EL CONDE, ~con gran agitación, que procura disimular~.
¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes una
afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo del
alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la mano,
y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo?
DOLLY
Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no puedo...
EL CONDE
¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don
concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae
de otro mundo, de...?
DOLLY
Me entró la afición... qué sé yo cuándo.
NELL
Desde niña hacía garabatos...
EL CONDE
Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los lápices.
LA MARQUEZA
¡Ángel de Dios!
EL CONDE
Y tú, Nell, ¿no dibujas?
NELL
¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro.
EL CONDE, ~con viveza~.
¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno,
hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas
tristes. ~(Nell y Dolly se alejan y continúan su juego.)~
LA MARQUEZA
¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. ~(El Conde no
contesta. Mirando al suelo se sumerge en profunda abstracción.)~ ¿Qué
tiene, mi señor, que está tan triste?
EL CONDE, ~como quien vuelve de un letargo~.
¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!
LA MARQUEZA
Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo yo,
gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al morirse.
EL CONDE, ~con tristeza~.
¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de nacidos
y crecidos, ya no hay remedio...
LA MARQUEZA
¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?
EL CONDE
Por algo estamos cuando estamos.
LA MARQUEZA
Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas se
agarren y vivan.
EL CONDE
Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio.
LA MARQUEZA
¿Yo? ~(Pausa larga. El Conde vuelve a quedarse abstraído, cual si su
espíritu se sumergiera en abismos profundos.)~ Señor... ¿qué le pasa
que no habla?
EL CONDE, ~después de otra pausa~.
Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios me
trajo a tu choza.
LA MARQUEZA, ~confusa~.
¿Qué dice que soy?
EL CONDE
Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste
certidumbre...
LA MARQUEZA, ~creyendo fundado lo que se dice del desorden mental del
Señor de Jerusa~.
¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno.
EL CONDE
No, gracias.
LA MARQUEZA
Lo que tiene mi Conde es debilidad.
EL CONDE
Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A veces
el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que la
duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si la
duda o la verdad...
LA MARQUEZA, ~con espontánea filosofía, por decir algo~.
No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos? El
cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. Todo
es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el hoyo.
EL CONDE, ~con ingenua indecisión~.
¿Y qué debo hacer yo?
LA MARQUEZA
Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir...
tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.
EL CONDE
Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré
seguirla.
NELL, ~corriendo hacia el anciano~.
Abuelo, vienen a buscarnos.
EL CONDE
Sí, es Venancio; oigo su rebuzno.
~(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de castaños.)~
ESCENA X
~LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y capotes.~
VENANCIO
Locos buscándole, señor Conde... En cuanto vi venir el nublado,
salimos... Mira por aquí, mira por allá. Nos dicen que en el bosque...
nos dicen que en la playa, nos dicen que en la gruta...
EL CONDE
Es muy de agradecer tu solicitud. Nos hemos mojado poco. Las chiquillas
tan contentas.
VENANCIO
A casa. La humedad no es buena para usía. Lo ha dicho el médico.
EL CONDE, ~con humorismo~.
Pues si lo ha dicho el médico... boca abajo. Vamos a donde quieras. Tú
mandas, Venancio.
VENANCIO
Yo no mando, señor.
EL CONDE, ~levantándose~.
Que sí. Eres el amo, y aquí estamos todos para obedecerte...
DOLLY, ~displicente~.
No necesitamos de tu oficiosidad, Venancio. Nada nos pasa, y sabemos
volver a casa.
EL CONDE, ~chancero~.
Ya lo ves... Te riñe esta mocosa. Chiquilla, no: hay que respetar las
jerarquías... Vaya, pongámonos en marcha, conforme al deseo del señor
de la Pardina... Yo te digo, Venancio, que hoy has sido muy previsor...
No, no quiero capote. Supongo que será tuyo... Póntelo tú.
NELL, ~dando el brazo a su abuelo~.
Yo contigo.
EL CONDE
Sí... y vayan delante Venancio y la pintora. Adelantaos todo lo que
queráis. Esta y yo no tenemos prisa, ni hemos de perdernos. Adiós,
Marqueza. Que prosperes... que vivas muchos años.
LA MARQUEZA, ~despidiéndoles afectuosa~.
Vayan con Dios... Señorita _Nela_, señorita _Dola_, la Virgen las
acompañe.
ESCENA XI
~Comedor en la Pardina.~
~EL CONDE, NELL, DOLLY, EL CURA, EL MÉDICO, sentados a la mesa;
VENANCIO y GREGORIA, que les sirven.~
~La cena toca a su fin. El Conde, en el sitial, a la cabecera de la
mesa, tiene a su derecha a Nell; enfrente el Cura, teniendo a su
derecha a Dolly. Entre las dos parejas el Médico.~
EL CONDE
¿Qué secretos son esos, _pastor Curiambro_? Toda la noche picoteando
con Dolly.
EL CURA, ~riendo~.
¡Ah! son cosas nuestras. La señorita Dolly es muy simpática y
ocurrente. Yo celebro infinito que el señor D. Rodrigo haya alterado
esta noche la colocación de costumbre, y me haya cedido a una de sus
nietas...
EL CONDE
Por variar. Cuando están las dos a mi lado me aturden.
EL CURA
A mí esta me encanta... ¡Qué pico, qué sal!
DOLLY
Como está tan desganadito, no sé cuántas cosas tengo que decirle para
hacerle comer.
EL CURA, ~riendo~.
¡Si es ella la que no come, y tengo que partirle la comida en
pedacitos, y dárselos envueltos en un poco de sermón para que no me
desaire!
DOLLY
Yo me como el sermón y él los pedacitos. Cada uno lo que más le
aprovecha.
EL CURA, ~riendo más fuerte~.
¿Te gustan mis sermones?
DOLLY
Si, padre; quiero enflaquecer. ~(Todos ríen.)~
EL CONDE, ~deseando volver a un tema interrumpido~.
Cuando acabes de reír las gracias de Dolly, continuaremos lo que
hablábamos de los monjes de Zaratán, y del Prior...
EL CURA, ~tragando a prisa para poder hablar~.
¡Ah! sí... ahora voy...
EL CONDE, ~al Médico~.
¿Decís que el Prior desea verme?
EL MÉDICO
Sí, señor... quiere ofrecer sus respetos a D. Rodrigo de
Arista-Potestad, cuyos antecesores fundaron aquel insigne Monasterio.
EL CONDE
Y lo dotaron espléndidamente. Después vinieron años malos, la
exclaustración. Siendo yo niño vi frailes en Zaratán. Desde aquel
tiempo hasta hace poco, ha permanecido el edificio como un panteón en
ruinas.
EL CURA
Hasta que el Conde de Laín, Diputado por Durante, gestionó que se
incluyera una partida para restauración, y que volvieran los monjes...
EL MÉDICO
No ha tenido poca parte en la resurrección del Monasterio el actual
Prior, hombre de gran virtud, de una actividad asombrosa, conocedor del
mundo...
EL CURA
Como que es de la escuela romana... hombre de mucha sociedad,
instruidísimo. Treinta y tantos años ha estado en las oficinas _De
Propaganda Fide._
EL CONDE
¿Y cómo se llama ese sujeto?
EL MÉDICO
Padre Baldomero Maroto...
EL CONDE, ~festivo~.
Baldomero... Maroto... Pues debiera llamarse con más propiedad _El
abrazo de Vergara_.
EL CURA
Eso dice él... y se ríe... Su nombre y apellido no carecen de
simbolismo, porque el hombre es el puro espíritu de la conciliación...
EL MÉDICO
Enlace entre las ideas que pasaron y las vigentes, siempre dentro del
dogma...
EL CURA, ~con énfasis en el elogio~.
Y por su trato se diría que ha pasado la vida entre aristócratas...
¡Que finura, qué tacto y delicadeza en la conversación!
EL MÉDICO
He oído que procede de una gran familia.
EL CONDE
¿Es navarro quizás?
EL CURA
No, señor, malagueño... Es punto muy fuerte en heráldica, y cuando se
pone a hablar de linajes no acaba. Conoce el _Becerro_ como nadie.
EL CONDE
¡Ah!... pues sí, me gustaría charlar con él.
NELL, ~bajito al Conde~.
Abuelito, ¿qué _Becerro_ es ese?
EL CONDE
Un libro... ya te lo explicaré.
DOLLY, ~por lo bajo al Cura~.
D. Carmelo, ¿qué es el _Becerro_?
EL CURA
Ya te lo diré.
NELL, ~a Dolly~.
Un libro. Debe de ser como un Diccionario.
EL CURA, ~encomiástico~.
¡Ah! lo que tiene usted que ver, Sr. D. Rodrigo, es el Monasterio.
EL MÉDICO
Han hecho maravillas, en el año y medio escaso que llevan en él.
EL CONDE
Yo lo he conocido habitado por los lagartos.
EL MÉDICO
Pues ahora... ¡qué amplitud, qué comodidad! Luz y ambiente por los
cuatro costados. No hay en toda la provincia lugar más higiénico.
EL CONDE
¿De veras...?
EL CURA
Resguardado de los vientos del Norte por el monte de Verola, disfruta
de un temple meridional.
EL MÉDICO
Y la huerta, que propiamente es un extenso parque, rodeado de tapias,
mide ochenta hectáreas.
EL CURA, ~hiperbólico~.
¡Oh! allí verá usted toda clase de cultivos, desde el naranjo al
almendro.
EL MÉDICO
Son agrónomos de primera... Además, tienen vacas holandesas, faisanes,
un palomar con más de quinientos pares, gallinas de famosas razas,
colmenas... estanques con riquísimas carpas... y qué sé yo...
EL CONDE, ~con donaire~.
Convengamos, amigos míos, en que esos pobres frailecitos se dan una
vida de perros.
EL MÉDICO
Ellos trabajan infatigables, eso sí, de sol a sol. Por la vida común,
por la igualdad en el disfrute de los dones de la tierra, por el orden
y la división del trabajo, vemos en el instituto religioso de Zaratán
como un _esquema_ de las futuras organizaciones sociológicas...
EL CURA
¡Ah, ya te lo diré yo...!
~(Arde en ganas de definir el verdadero papel de la Iglesia en la vida
social; pero no conviniéndole abandonar el asunto que en aquel momento
se trata, aplaza discretamente el punto evangélico-sociológico. Nell y
Dolly atienden con toda su alma, sin chistar, a la conversación de los
mayores.)~
DOLLY, ~muy bajito~.
D. Carmelo, ¿qué es _esquema_?
EL CURA
Es... ~(Con desdén.)~ Cosas de estos sabios... nada.
~(Las dos niñas, de un lado a otro de la mesa, con visajes y alguna
palabra suelta, se entienden, y comentan lo que oyen.)~
EL CONDE
Hermoso será sin duda.
EL CURA
De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme la
cogulla y quedarme allí.
EL CONDE
¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones con
el azadón.
EL CURA, ~suspirando~.
¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí,
Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste.
EL CONDE, ~vagamente, sin mirarles~.
No es mala idea...
EL MÉDICO, ~pensando que no es pertinente manifestar el deseo ni menos
el propósito de llevarle a Zaratán~.
El señor Conde no gustará quizás del excesivo regalo y _confort_ que
allí tendría.
EL CURA
Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo y
los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del Conde
de Albrit.
EL CONDE
Según y conforme, amigos míos. ~(Con sutil malicia.)~ Antes de resolver
nada en este delicado punto, la primera persona con quien debo
consultar es Venancio, a quien debo generosa hospitalidad... Venancio,
acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a
Zaratán?
VENANCIO. ~(Oportunamente aleccionado por el Médico y el Cura, contesta
todo lo contrario de lo que tan ardientemente desea.)~
Señor, en ninguna parte está usía como en su casa.
EL CONDE, ~con finísima marrullería~.
Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para mí...
que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos de
otra cosa.
EL CURA, ~contrariado de que el Conde desvíe tan bruscamente la
conversación~.
Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior...
EL MÉDICO
Ni para que le pague la visita. Iremos todos. Yo quiero que se haga
cargo de la organización admirable de Zaratán.
NELL, ~gozosa~.
¿Iremos, abuelito?
DOLLY
D. Carmelo... ¿iremos nosotras?
EL CONDE, ~impaciente por pasar a otro asunto~.
Veremos esa maravilla... Gregoria. ~(Adelántase Gregoria.)~ Ven acá,
mujer... Quiero felicitarte delante de todos por la excelente cena que
nos has dado. Sin necesidad de que yo te lo advirtiera, te has esmerado
esta noche, porque tenemos dos buenos amigos a nuestra mesa. Así me
gusta. El régimen de sobriedad y economía se guarda, naturalmente, para
cuando estamos solos las niñas y yo.
GREGORIA, ~azorada~.
Señor...
EL CONDE, ~envolviendo su sátira en formas exquisitas~.
Yo alabo tu arreglo, y me parece muy bien que, cuando como solo con
estas, no se conozca que eres buena cocinera, ni que tu despensa está
bien surtida, ni que posees vajilla elegante y manteles limpios.
Decidido a dejarme educar por vosotros en la sordidez y en la miseria,
que tan bien cuadran a este tristísimo fin de mi vida, os daría la
satisfacción, si lo quisiérais, de comer con vosotros en la cocina...
~(Mutismo enojoso de Gregoria y Venancio. Este traga saliva muy amarga.
El Cura y el Médico no saben qué decir.)~ Yo te felicito una y otra
vez, porque distingues, con claro talento, entre mi persona humilde
y la de mis amigos. Nos debemos a la sociedad. ~(Gregoria recoge las
migajas y el servicio del postre sin decir una palabra. La procesión
va por dentro. Venancio se retira.)~ Y estoy bien seguro, porque te
conozco, de que el café de esta noche será excelente, como tú sabes
hacerlo cuando no estamos en familia, en la santa llaneza a que os
obligan vuestros escasos recursos...
GREGORIA, ~tragándose la ira~.
El Sr. Angulo toma té, ¿verdad?
EL MÉDICO
Sí: el café me desvela.
EL CURA
A mí, no: venga café.
DOLLY
Lo serviremos nosotras.
NELL, ~levantándose~.
Ponlo en aquella mesita.
GREGORIA, ~poniendo el servicio donde se le indica~.
Aquí está.
~(El Cura saca su petaca, y da un cigarro al Conde. Ambos encienden. El
Médico no fuma.)~
EL CONDE
Chiquillas, servidnos ya.
NELL, ~vivamente~.
Yo le sirvo al abuelo.
DOLLY
Le sirvo yo.
NELL
Yo...
DOLLY
A mí me corresponde.
NELL
¿A ti, por qué?
DOLLY
Porque no me senté a su lado. De algún modo se ha de compensar...
NELL
No me conformo. ~(Disputan con cierto calor sobre cuál servirá al
abuelo.)~
EL CURA
Vaya, no reñir, niñas. ¿Qué más da?
DOLLY, ~testaruda~.
Sí da.
EL MÉDICO
Pues que lo echen a la suerte.
NELL
Eso es: dos pajitas.
EL CURA
Vaya... A la suerte. ~(Coge rabillos de guindas que han quedado en
la mesa.)~ Una pajita grande y otra chica. ~(Las prepara y las da al
Conde.)~ En manos del _león de Albrit_ está la suerte.
EL CONDE
Sea. Chiquillas, venid, y aquí tenéis la solución de vuestro destino.
~(Van las niñas, y de los dedos del abuelo cada una saca un palito.)~
NELL, ~con alegría~.
Yo gané. ~(Muestra la pajita grande.)~
DOLLY, ~retirándose corrida~.
Ha habido trampa.
NELL
¿Qué?
DOLLY, ~con ligereza, sin saber lo que dice~.
El abuelo ha hecho trampa.
EL CONDE
¡Que yo hago trampas!
DOLLY
Porque no me quiere.
EL CONDE, ~meditabundo, hablando solo~.
¡Qué innoble! No hay duda, es la falsa, la mala, la intrusa.
~(Las niñas llenan las tazas.)~
EL CURA
¡Si os quiere a las dos! Dolly, no te enfades.
DOLLY
Yo no me enfado. ~(Se ríe.)~
EL CONDE, ~para sí~.
¡Se ríe... qué descarada... después de ofenderme!
NELL, ~llevando al abuelo su taza~.
Abuelo... ahí lo tienes como te gusta, amarguito.
EL CURA
Dolly me sirve a mí. Ya sabes: pónmelo dulzacho.
DOLLY
Ahí va. Ahora el té para el doctor.
EL CONDE, ~para sí~.
¡Y aún se ríe!... Carece de delicadeza... No le hacen mella los
desaires. Epidermis moral muy gruesa... extracción villana. ~(Alto.)~
¿Qué tal os sirve la pintora?
EL CURA
Divinamente.
EL CONDE
Siempre juguetona y atropellada.
EL MÉDICO
Señor Conde, un poquito de ron. ~(Ofreciéndole de una botella que acaba
de traer Gregoria.)~ Es riquísimo; le probará bien.
EL CONDE
No me sientan bien los alcoholes. Pero si te empeñas... Y parece muy
bueno. ~(Catándolo.)~ ¡Qué guardadito lo tenías, Gregoria! Así se hace:
estas cosas ricas para las ocasiones.
EL CURA, ~después de servirse ron~.
Ahora, chicuelas, un poquito para vosotras.
NELL, ~retirando su copa~.
No, no... ¡qué asco!
DOLLY
Yo, sí... póngame media copa, D. Carmelo.
EL CURA, ~riendo~.
Te emborrachas unas miajas, y a la camita.
EL CONDE, ~para sí, mirándola beber~.
¡También eso!... ¡Qué ordinaria! ¡Buena diferencia de esta mía, que
en todo revela su origen noble!... ~(Bebe de un trago, y al instante
siente desvanecimiento en su cabeza.)~
EL MÉDICO, ~observando que cierra los ojos, y articula palabras
ininteligibles~.
¿Qué... qué es eso?
EL CONDE
Nada... se me va un poco la cabeza... Ya te dije... los alcohólicos...
~(Se confunden sus ideas; aléjase la realidad; ve a los comensales y a
sus nietas como sombras esfuminadas, y oye sus voces como un murmullo
distante de hojas secas que arrastra el viento.)~