[279] Aún quedan ruinas de este célebre templo dedicado a Hera, del

muelle que atestigua que los samios fueron los primeros negociantes

por mar entre los griegos, y de la mina descrita por el autor, que

se encuentra entre los restos de la ciudad y el monte Metelino, con

dos bocas, de las que una corresponde al camino cubierto, y otra al

acueducto excavado al lado con mayor profundidad, al cual se podía

bajar desde la mina para conservarle en buen estado.

[280] Sin duda el mago contaba más con el odio de los vasallos contra

los excesos de Cambises, que con la legitimidad de las pretensiones

del personaje cuyo nombre había tomado, pues ¿cómo hubieran los persas

reconocido por rey a Esmerdis mientras vivía su hermano mayor, y sin

saber si tenía este sucesión?

[281] Siguiendo a Plinio, Ecbatana de Siria estaba situada junto al

monte Carmelo.

[282] Estos oráculos, cuando no eran profecías de lo pasado, llevaban

en sí tantas anfibologías e incertidumbre que no se comprende cómo

podían ser oídos seriamente.

[283] En Oriente era muy antigua en boca de alguna persona pública la

costumbre de estas bendiciones y maldiciones sobre todo un pueblo, que

se practicaba siempre con ceremonias y visos de religión, de las cuales

se ven tan frecuentes ejemplos en la Biblia.

[284] Este rey mago, llamado diversamente por los antiguos Esmerdis,

Mardis, Espendadates, Oropastes, y por Esdras Artajerjes, prohibió a

los judíos llevar adelante su templo, cuya reedificación, mandada por

Ciro, fue entorpecida en el reinado de Cambises, conocido en el mismo

libro de Esdras por Asuero.

[285] Reconozco en estos discursos lo que varias veces observé en los

políticos modernos, que nada de bueno nos dan en sus escritos que no se

deba a la Grecia. Los fundamentos de la sociedad política, sus géneros,

sus progresos, sus atrasos, su decadencia, su variación, su vuelta

periódica, todo lo indica Heródoto, lo amplifica Platón y lo descifra y

analiza Aristóteles.

[286] Los confederados compusieron un orden principal en el imperio,

como grandes de primera clase, y de sus familias se formó después una

especie de Consejo de Estado.

[287] Seis esposas de primera clase tuvo Darío: de la hija de Gobrias,

con quien casó antes de ser rey, tuvo tres hijos, Artobazanes,

Aariabignes y Arsamenes; de Atosa, su esposa favorita, tuvo a Jerjes,

Masistes, Aquemenes e Histaspes; de Aristona, a dos, Arsames y Gobrias;

de Parmis le nació Ariomardo; de Fratagina, hija de Artanes, le

nacieron Abrocones e Hiperantes; de Fedima no se sabe que tuviese hijo

alguno.

[288] Aunque no presumo de monetario, creo que el talento babilónico

valía 314 cequines o 628 escudos, y el talento euboico 714 escudos.

No puedo inclinarme a creer que la economía pública fuese una ciencia

desconocida a los antiguos, pues los indicios que nos quedan del reino

de Salomón, del de Darío, de la república de Atenas y del imperio

romano, persuaden la buena dirección de los negocios respecto a las

rentas del estado, aunque se haya adelantado en el día el comercio de

los ciudadanos entre sí o con los extranjeros.

[289] Los tracios asiáticos se llaman más comúnmente bitinios, y

los sirios, capadocios. En el catálogo de estas satrapías no sigue

Heródoto el orden de excelencia ni de tiempo, pues provincias tenues se

anteponen a muchas más ricas, y las más lejanas a otras más próximas

por las cuales empezó Darío a arreglarlas.

[290] El año de los persas no constaba sino de 360 días.

[291] Ciudad marítima de la Siria, llamada también Posidonio, cerca de

Heraclea.

[292] Esta satrapía era la más remota del imperio, según se infiere de

la posición de los gandarios o gargaridas situados junto al Ganges.

[293] El nono gobierno se llama al presente Kurdistán; el décimo

Schiván; el undécimo, contenido entre el Tauro y el mar Caspio, se

llamó después Media Atropatene; el duodécimo es hoy el Korasán.

[294] El decimotercio gobierno además de la Armenia comprendería la

Mingrelia, la Georgia y la Albania: el decimocuarto, según se infiere

de los Sarangas colocados entre los ríos Indo y Arbis, era formado por

la antigua Gedrosia, al presente Macran; el decimoquinto se llamaba

Hircania, y comprende los provincias de Mazandau y de Hilan; el

decimosexto es en el día Erak-Agamí.

[295] Los etíopes de la satrapía decimoséptima estarían probablemente

situados cerca del Indo; la decimoctava correspondería a la Armenia

menor; la decimonona al Ponto, célebre reino de Mitrídates; la vigésima

no comprendería regularmente todo el Indostán situado entre el Indo y

el Ganges, sino una parte de él únicamente.

[296] Esta región se llama hoy Pars o Fars, en la que se halla Schiras,

la antigua Persépolis.

[297] Los citados etíopes son los árabes confinantes con el mar Rojo,

donde estaba la sagrada Niso. Los colcos ocupaban el país actualmente

llamado Gurgistán, que comprende las comarcas de Mingrelia, Imereta,

Guriel, Laket y Carduel.

[298] Hasta muchos siglos después de Heródoto no se tuvo en Grecia

conocimiento de las provincias situadas más allá del Ganges, lo que

hace creer que la China no fue un imperio tan antiguo como la pintan

sus anales, pues su grandeza, mayor que la de los persas, no hubiera

podido esconderse a los escritores de la antigüedad. Los indios de que

habla el autor son los del Indostán, de los cuales, aunque diga verdad

Heródoto en algo, especialmente en su vestido de enea y corteza de

árbol de que sacan en el día vastas telas en muchas partes del Asia,

no es creíble la brutal disolución que les atribuye, la inhumanidad de

degollar a sus padres y abandonar a los enfermos, mayormente cuando los

banianos, descendientes de los antiguos moradores, son tan compasivos

hasta con los animales, que mantienen en Surate dos hospitales para

ellos. Plinio previene que los antiguos, y Heródoto en especial, no

hicieron más que verter mil fábulas sobre la historia natural, ciencia

felizmente perfeccionada por los modernos.

[299] La situación de estos indios corresponde a las provincias

septentrionales del Indostán, comarcanas del Cáucaso, llamadas ahora

Kacmira y Hacares; pero en lo que refiere de ellos se equivoca el

historiador, pues no hay allí arenales sino valles comparables a la

Tesalia, ni hormigas en toda el Asia semejantes a las que pinta, ni

minas de oro y plata en el Indostán, a no ser arenas de oro en los ríos

o las minas ya agotadas de Siam, que será quizá la Quersoneso Aurea de

los antiguos.

[300] Ni al anochecer se siente el frío referido, ni al medio día se

templa el calor, como supone Heródoto, pues en pocos países es tan

intenso, aunque pudo dar fundamento a esta noticia la marea y el viento

de tierra que reina regularmente en las costas del mar Índico.

[301] Diodoro Sículo atribuye a la eficacia del sol la grandeza de los

vivientes y la variedad de los colores en las aves, flores y minerales

de aquella extremidad oriental de la tierra, como llama nuestro autor a

la India, siguiendo la opinión vulgar de los griegos que, sin pararse

en la redondez del globo, colocaban a Delfos en el centro de la tierra.

[302] Este es el arbusto del algodón, diferente de la planta que

también lo produce, y si la China fuera entonces conocida, se

sospechara que hablaba el autor de la seda blanca que en Chantong

ciertos gusanos crían sobre los árboles.

[303] El principio de reconocer un espíritu próvido que dirija el

universo es exactísimo y universalmente reconocido, salvo por los

epicúreos, aunque sean apócrifos todos estos fenómenos naturales y

maravillosos partos de la víbora y la leona, que cita en su apoyo.

[304] De estas ovejas de disforme cola que existen en África todavía,

según he leído, habla Plinio, como también de la droga del ládano,

que no es la única en adquirir aprecio y estimación a pesar de su vil

origen, pues otro tanto sucede con la piedra bezar que se cría en los

intestinos del pasán, especie de cabrón de Golcenda.

[305] Ciertamente el África occidental, llamada aquí Etiopía, es

abundante en oro y grandes bestias; pero sus negros no son por lo común

tan altos y gallardos como supone.

[306] Esta confusa noticia sin duda nace de los fenicios, que dirían

que el electro venía del norte, donde lo arrojaba al mar un río que

llamaban Rodaune, nombre que los griegos convertirían en Erídano.

[307] De ellos volverá a hablar Heródoto en el libro IV. La abundancia

de oro que supone en el norte de Europa es fabulosa.

[308] Nada puedo encontrar en ninguno de los viajeros acerca de este

río ni de cuanto le pertenece. Si los corasmios, cuyo asiento no se

sabe fijamente, no se colocaran comúnmente en los confines de la

Partia, se sospechara que el país descrito es el de Cachemira, al norte

del Indostán, que se cree fuese antes un lago encerrado entre montes,

y desaguado por una quebrada abierta a ruegos de Kacheb, según los

indios, o por la violencia de algún terremoto.

[309] No es verosímil que Intafrenes, si algo maquinaba, hubiese dado

aquel paso tan falso que le imposibilitaba encubrirse por más tiempo;

más bien que víctima de su conjuración doméstica, lo fue de la venganza

de Darío.

[310] Se ignora si Heródoto imitó a Sófocles en este pasaje, o si el

último en su _Antígona_ imitó al historiador. En Luciano se lee una

máxima semejante, en que un escita saca del incendio a un amigo con

preferencia a su mujer y a sus hijos.

[311] Era esta la tercera satrapía, situada en la Bitinia, en las

costas del Helesponto.

[312] Vivía Anacreonte en los reinados de Ciro, Cambises y Darío.

[313] Entre el tiempo en que Minos tuvo el imperio del mar de Grecia, y

aquel en que vivió Polícrates, hubo muchos pueblos que mantuvieron el

dominio naval.

[314] Este era el nombre propio del templo de Hera, en Samos.

[315] Debe entender el autor por tiranos de Siracusa a Gelón y a

Hierón el Viejo, célebres por sus virtudes y amor a las artes. En

cuanto al juicio sobre Polícrates, no se dude de su talento superior,

de su magnificencia y protección a Pitágoras y a Anacreonte; de su

humanidad para con los samios, y de su violencia para con los extraños

se habla con mucha diversidad. Acerca de su muerte, feneció quizá

desollado vivo, o cortada la cabeza y puesto en un palo, que eran los

más crueles suplicios entre los persas.

[316] Los persas fueron los autores de la economía y orden político de

una vasta monarquía distribuida en varias provincias, sin que entre

ellos hubiera unas de dominio real y otras de dominio feudatario, sino

que todas eran otros tantos reinos subalternos bajo el gobierno de su

sátrapa dependiente del emperador, forma que aún se observa en algunas

provincias de Persia en que dura todavía el empleo citado de secretario

de oficio, a quien dan el nombre de _vakanavisch_.

[317] Sin disputar a Democedes su riqueza, no creo que contando el

talento por mil escudos, le diera Egina los mil, Atenas más de mil

setecientos escudos, y Polícrates dos mil, pues no era entonces en

Grecia tan abundante la moneda.

[318] Esta razón, tomada acaso por el autor de Demócrito, su

contemporáneo, aunque harto material a primera vista, se explica

perfectamente, en cuanto maleado el instrumento del sentido, no puede

el alma inmortal usar de toda la eficacia y gallardía del espíritu.

Respecto al discurso entero, se ve que Heródoto creía a los médicos no

solo discretos en la elocuencia familiar, sino aun sofistas, maestros

de ella en los palacios.

[319] Las fuerzas prodigiosas de este atleta crotoniata, o Sansón

profano, se leen en mil autores.

[320] La Yapigia o Messania es la península de Calabria, cuyo istmo

está entre Brindis y Tarento. El mismo Gilo, libertador de los persas,

fue probablemente quien rescató a Pitágoras, cautivo de Cambises.

[321] Esta respuesta, más insolente que libre, muestra que al mando

puede aplicarse el proverbio «_lupum manibus tenes_», siendo más

peligroso el soltarlo que molesto el retenerlo.

[322] En este pasaje he tenido que valerme de las palabras modernas

_aparador, vajilla, repostería_, para expresar el lujo antiguo, que se

reducía por lo común a vasos preciosos de oro con varios emblemas y

colores.

[323] Plinio da por común el parto de las mulas en África y Capadocia.

[324] Infiérese de aquí que Beroso, citado por Josefo, se engañó cuando

dijo que Ciro arruinó los muros exteriores de Babilonia.

[325] Este era el pretexto de la guerra; el motivo pudo ser o el deseo

de vengarse de la repulsa indecorosa con que el rey de los escitas,

según Justino, negó a Darío una hija por mujer, o la ambición de

extender más bien la gloria que los intereses de su imperio con la

conquista de una nación más belicosa que rica y abundante.

[326] Plutarco, citando a Heródoto, da la razón de esta barbarie, la

que se hacía, según los mejores intérpretes, para que los esclavos

revolvieran la leche de sus amos, lo que se comprenderá si suponemos

que giraban incesantemente alrededor de las vasijas, con peligro de

caer turbada la cabeza si tuvieran vista.

[327] Sin duda los escitas invasores de Media, habiendo salido sin sus

mujeres, pensaban volver en breve a su país, después de haber dejado

en el Asia algunas colonias, y sin duda se apresuraron sus mujeres a

unirse a los esclavos ciegos, pues aquellos hallaron ya a su vuelta una

falange de espurios tan crecida. Temerosas ellas por su infidelidad,

contribuyeron acaso más que el látigo de los hombres a la reducción de

los esclavos, en cuyo castigo se ensañaron cruelmente. Dos monumentos

nos quedan de esta guerra _servil_: el uno la estatua ecuestre con el

látigo en la mano que se ve en Novogorod, ciudad situada en la antigua

Escitia; el otro la costumbre de presentar las moscovitas a sus futuros

esposos una varilla obra de sus manos.

[328] El sabio Bayer, académico de San Petersburgo, quiere que este

origen de los escitas se entienda de la época en que empezaron a

formar una sociedad civil, época que coincide con los últimos años

de la esclavitud de los hebreos en Egipto. El mismo conjetura que

Targitao pudo ser un príncipe hijo de algún papeo y de alguna princesa

de los cimerios situados cerca del Borístenes; pero si estas fábulas

son susceptibles de explicación histórica, no así de todas; pues ¿qué

verdad puede esconderse en los dones de oro de Arpoxais?

[329] _Escitas_ significa en su mismo idioma _ballesteros_, palabra que

aún se conserva en las lenguas septentrionales de origen escítico. Los

atenienses no dejaron de nombrarlos escólotos o tolotas.

[330] Algunos comprenden el país de los escitas entre el grado 45 y 57

de longitud y el 47 y 55 de latitud; hay quien lo extiende desde el

grado 25 hasta el 110 de longitud. Esta enorme diferencia no es más

que de palabra, según se coarte el nombre de escitas, o se aplique

a todos los pueblos descendientes de Jafet, establecidos en el Asia

septentrional hasta el Danubio.

[331] Toda esta narración, a más de fabulosa, es singularmente oscura.

De la isla Eritía no consta si era la de Cádiz u otra que el mar haya

hecho desaparecer: de Gerión, no se sabe si vivía en el Epiro o en

Cádiz: de Heracles no está averiguado si era el griego o el fenicio.

Querer además que Heracles de vuelta de Cádiz tocase con sus rebaños en

Escitia, es un error inepto y grosero de los griegos del Ponto, quienes

sin embargo, a pesar de Heródoto, acertaban en decir que el Océano

rodeaba la tierra.

[332] Hilea, así llamada por estar poblada de bosques, hoy día pequeña

Tartaria.

[333] Véase en la historia universal la serie de estos reyes, ordenada

tan bien como permite la falta de monumentos.

[334] Más oscuros que las tinieblas cimerias son el origen, la primera

situación, extensión y descendencia de los escitas. Ora se les haga

descender de Jafet como una ramificación de los celtas; ora de Cam e

hijos de Cus, como lo persuade el mombre de Cush que lleva el país en

que al principio moraban cerca del río Gihón; ya se coloque su cuna

en Armenia, ya en la Media, parece que los escitas eran un pueblo

particular distinto de las naciones del Asia septentrional, más bien

que el conjunto de estas y de los habitantes septentrionales de Europa

que se extendieron por la Polonia, Rusia, Siberia y Tartaria, desde

el Danubio hasta la China, pues no formaban tantos pueblos una nación

homogénea, sino muchas de muy distinta raza y carácter.

[335] Esta región, que llevaba también el nombre de Táurica, es la

moderna Crimea, y el Bósforo cimerio el estrecho de Cafa. Si el

principio del reino de los escitas cerca del Borístenes se coloca

con Heródoto mil años antes de Darío, la emigración de los cimerios,

sucedida apenas cien años antes, no puede convenir con el primer

establecimiento de los escitas, a no ser que digamos que estos no

echaron a los cimerios sino mucho después de su llegada, o que la

invasión de aquellos pueblos en Media fue muy posterior a su expulsión

de su primitivo país.

[336] Este poeta viajante, más antiguo que Homero y quizá su maestro,

tenía mejores noticias que Heródoto, pues su relación da a entender

bastante la situación de estos pueblos y el modo cómo unos a otros se

impelían. Tomando el Araxes por el Volga según parece, los isedones

y maságetas situados en las llanuras entre levante y norte del mar

Caspio, hasta dar con el río Óral o Yaik, lindaban por el norte con los

arimaspos, llamados monóculos por cerrar un ojo al hacer la puntería;

y no distante de los montes Rijeos u Outálicos, en el país de los

samoyedos, caían al norte los grifos, y dentro del círculo polar los

hiperbóreos, cuyo sueño semestre, lo mismo que el oro de aquellos, no

son más que fábulas nacidas de la ignorancia.

[337] Artace era una aldea de Bitinia; Proconeso, hoy día Mármara;

Cícico, poco distante de ella, se llama o Espiga o Palermo.

[338] Los boristenitas eran algunos griegos situados entre el Dniéper

y el Bog, o bien Hípanis: los calípidas ocupaban la parte de la

comarca de Barclao, en Podolia, y de Okzakow; los alazones estaban en

la Podolia hacia Kaminiak; los _labradores_ ocupaban la Moldavia, la

Valaquia y parte de Transilvania; los neuros estaban en la Rusia Negra.

[339] No se nos da el nombre de los países ocupados por estos nómadas,

aunque parece son los mismos de los cosacos; los _labradores_,

distintos de los del mismo nombre, vivían al oriente del Dniéper,

entre este río y el Bog hasta Kiev; y por el mediodía bajaban hasta el

Panticapes, vecino al Sasuara o quizá el mismo.

[340] La fosa comenzaba desde el Gerro y paraba en la laguna Bice.

Estos escitas regios poseían la parte oriental de la Crimea y el país

de los tártaros nogayos. En cuanto a los melanclenos, se les coloca en

el territorio de Moscú.

[341] Los saurómatas, diferentes de los sármatas, ocupaban a la parte

oriental del Tanais o del Don el país de la nueva Rusia; poco más al

septentrión, en los confines de Astracán, estaban al principio los

budinos, que en su emigración pasaron a la Polesia.

[342] Los tiságetas, colocados entre el Volga y el Don en el grado 52

de latitud, corresponderán al gobierno de Boronesis; y más al mediodía

y al occidente del Don caerían los yircas, y no los tucas como leen

algunos. Los escitas sublevados estarían hacia Kazán.

[343] No se halla país ninguno montuoso hasta los montes rifeos o

urálicos que ciñen la Siberia. En cuanto a les argipeos, no distarían

del país donde al presente está Oremburgo.

[344] Se coloca a los egípodas en los montes rifeos en 55 grados

longitud y 81 u 82 de longitud; los isedones en los 52 grados de

latitud y 90 de longitud ocupan el país de Tobolsk. Hasta ahora

no se ha conocido pueblo alguno bajo el mismo polo, único a quien

correspondiera una noche de seis meses.

[345] Entrambos pueblos, por más fabulosos que sean, se les coloca en

el grado 90 de longitud; a los grifos en el 55 de latitud; y a los

arismaspos en el 52.

[346] Estaban en las costas del Ponto Euxino, cerca del Bósforo

cimerio. Heródoto habla con más juicio que Aulo Gelio y Macrobio, que

creían a todo mar incapaz de helarse.

[347] Lib. IV, v. 86.

[348] No dejó Bayer, el geógrafo de Escitia, de dar lugar fijo en

su mapa a esas plumas, haciéndolas volar más allá de Nóvgorod. Para

expresar los copos de nieve, más propia que la metáfora de las plumas,

parece la de lana. David ha dicho: _Dat nivem sicut lanam_, y Virgilio

en sus _Geórgicas_:

_Tenuia nec lanæ per cœlum vellera ferri._

[349] No parece que estos hiperbóreos fuesen una nación formada como

algunos han creído, sino colonos griegos del Ponto, más allá del monte

Boras en Peonia, ultra o hiper Boream; de otro modo no comprendiéramos

cómo hubieran hallado espigas en un país helado, ni menos hacerlas

pasar a Delos. El uso de ofrecer las primicias, transportado de Fenicia

por Cadmo, estaba muy en boga entre los griegos, de quienes podían

derivarlo los del Ponto.

[350] Algunos llaman a Arge Ecaerge, y creen que estaba con su

compañera Opis en el mismo sepulcro que las dos vírgenes anteriores.

[351] Si Olén, como dice Suidas, fue inventor del verso épico, será

preciso hacerle muy anterior a la guerra troyana, cuando ya parece que

aquel verso era común en boca de muchos cantores.

[352] En esto decía verdad Heródoto, aunque refutado por Estrabón,

como lo prueba el descubrimiento de las tierras australes. De las

reflexiones que siguen, aunque erradas a veces, se colige que no era

nuestro autor fácil en asentir a lo que corría, por más que lo fuese en

referirlo.

[353] Estos saspires no pueden ser otros que los pueblos de Albania o

de la Iberia.

[354] Así debe leerse en vez de Mariandino, pues este seno estaba en

el Ponto, y el Miriándico de Heródoto en las costas meridionales de

Fenicia cerca de Miriando.

[355] Bajo este nombre parece que el autor comprende aquí a los

fenicios, palestinos y hebreos.

[356] Este nombre lo toma el autor en varias acepciones para designar

ya el mar Rojo, ya el del sur, ya el océano que ciñe la Arabia y la

Persia y la India.

[357] Debe disimularse a Heródoto que quiera pasar las mieses de Grecia

a las costas africanas, como también el que no crea que los africanos

tienen el sol a mano derecha. En cuanto al viaje, no dudo que hubiese

ya sido hecho en gran parte por las célebres flotas de Salomón.

[358] Ignorándose la situación de esta ciudad, no van acordes los

críticos sobre el río por donde bajaron al mar aquellos navegantes.

Unos pretenden que fuera el Ganges; otros el Hidaspes, bajando por él

al Zaradro, y de allí al Indo; otros, en fin, quieren que sea el mismo

Indo.

[359] Esto desacredita la opinión de los que creen que los griegos

debiesen su cultura y enseñanza a alguna nación septentrional, pues

esta les hubiera instruido de que ningún mar ciñe a la Europa por

levante, y que el Boreal la ciñe por el norte.

[360] Al principio de la dispersión de los hijos de Noé las provincias

repartidas llevarían el nombre de la familia o nación que las ocupó;

pero las tres partes serían entre tanto anónimas, o por mejor decir no

existiría aún su división. Los nombres de Asia, Prometeo, etc., se cree

que pertenecieran a los celtas domelianos establecidos al principio en

la Frigia, y de allí extendidos en la mayor parte de la Europa.

[361] No concuerdan los críticos en el nombre moderno de estos y otros

ríos. El Tiras parece ser el Dníster o el Turia de los Turcos. Hípanis

el Bog; Borístenes el Dniéper, Panticapes el Samara, Tanais el Don;

acerca de Hipaciris y Panticapes se duda cuáles son.

[362] El Pórata es sin duda el Prut moderno, Tiaranto el Alaut,

Áraro el Moldava, llamado también Hierasto por Ptolomeo; Náparis el

Janolitza, Odreso el Argisca, conocido entre los griegos por Ardusco.

[363] El Maris, vecino a sus fuentes, se llama al presente Maroch, y

después pierde su nombre entrando en el Teisse; los agatirsos estaban

en la Transilvania occidental. Dejo de dar los nombres modernos de los

ríos que siguen, así por no entrar en disputas geográficas, no tan

necesarias para el hilo de la historia, como por no tener libros que

pudiera consultar. Haría un relevante servicio a las letras el que

diese una geografía antigua con los nombres modernos al lado.

[364] Estos cinetas o cinesios estarían vecinos al cabo de Finisterre.

En el lib. II, pár. XXXIII, lleva vertidos los mismos errores acerca

del curso del Istro.

[365] Los tiritas estaban donde al presente se hallan Rielogord y

Butziaki. La laguna de donde sale el Tiras o Dníster está en la Rusia

roja entre Presmilia y Leópolis.

[366] En la Podolia de Polonia. Lo que añade el autor acerca de los

caballos salvajes, puede ser una prueba de la fundada opinión de Bayer,

de que la población de los países septentrionales de Europa es la más

moderna de ella, habiendo sido lenta la emigración de los hijos de

Jafet hacia los climas más fríos del norte. Sospéchase si la fuente que

amarga al Hípanis sería el riachuelo Sinauda.

Los nueve libros de la Historia (1 de 2) · 第 37 / 38 段