estas observaciones de Heródoto, habiéndose visto que los Andes en la
zona tórrida están siempre coronados de nieve, y que la lluvia dura
todas las noches bajo los trópicos por algunos meses continuos.
[116] Los egipcios, según Diodoro Sículo, llamaban río Océano al Nilo.
Heródoto niega la existencia del Océano como río, no como mar.
[117] Alude a la opinión común de que el sol se alimenta de los vapores
atraídos.
[118] Antes bien en lo interior del África son muchos y caudalosos los
ríos: ni es verdad tampoco que no se conozcan allí los vientos y las
tempestades, pues estas son recias y van acompasadas a veces con piedra
y granizo, y los vientos templan el calor y hacen la región habitable.
Todo este pasaje fue ya refutado por Plutarco, Diodoro Sículo y otros.
[119] Los abisinios tienen cuatro estaciones, no menos que nosotros,
que llaman el Matzau, el Tzadai, el Hagai y el Gramt. Su Matzau o
primavera empieza el 25 de septiembre, y cada estación ocupa tres meses.
[120] A los misioneros portugueses se debió el descubrimiento de las
fuentes del Nilo.
[121] No carece de fundamento que un brazo del Nilo desde la Etiopía
tome su curso hacia el Océano y forme el Níger, río en todo parecido al
del Egipto.
[122] La brillante y animada narración que sigue mereció los elogios
de Longino. «¿No ves, dice el crítico más juicioso de los antiguos,
cómo Heródoto, cogiéndote por la mano, te lleva consigo por aquellos
lugares, y hace que veas lo que habías de oír?». _Esta traducción
la tomo de la que hice del mimo autor, cuyo traslado limpio y casi
perfecto se me quedó en Tarragona._
[123] Méroe, más bien península que isla, formada por el Nilo y otros
ríos que allí concurren, tenía una ciudad de su mismo nombre, que tomó
de la hermana de Cambises que en ella murió, habiendo sido Saba quizá
su nombre primitivo, y su actual Baroa. Tacompso o Metacompso es otra
península en los confines de la Etiopía, llamada hoy Asuán. La antigua
Elefantina parece ser Monfaluo.
[124] Otros leen Ascham, que sería quizá Achum o la famosa Auxumis de
los griegos.
[125] Cada miríada se componía de más de 10.000 soldados.
[126] Ciudad fuerte poco distante de la actual Damieta, la misma que
llaman Tafra las Santas Escrituras.
[127] Puede dudarse que los etíopes debiesen su civilización a esta
colonia de desertores, porque hubieran podido aprenderla mejor de los
egipcios, en el tiempo que los dominaron antes de Psamético, y porque
la nación etíope, colonia quizá de los árabes, excedía en ciencia,
según Luciano, a las demás naciones.
[128] Este cabo, de que se habla en el Periplo de Hanón, corresponde al
Cabo Blanco en la Nigricia.
[129] Esta región poblada no puede ser otra que la moderna Berbería, y
la de las fieras el desierto de Sahara. En cuanto a los negros pigmeos
de que habla luego, confiesan los viajeros que se encuentran en aquel
país habitantes de estatura menos que regular.
[130] Es más verosímil que el río encontrado por los nasamones fuese
el Níger o el Gambia, pues caminaban hacia poniente, dejando a la
izquierda la Etiopía, donde nace el Nilo. Acerca del curso y origen del
Níger poco se ha averiguado más desde Heródoto.
[131] Heródoto ha errado acerca del Istro, sin que la tortura que dan
los críticos a su texto baste a salvarle del error.
[132] La tejedura moderna solo se diferencia de la de los egipcios en
ser horizontal. Las demás naciones tejían la trama en pie, colocando
rectos los hilos de la urdimbre y dejando la obra hecha en la parte de
arriba: los egipcios, sentados, la dejaban en la parte baja.
[133] Esta ley procedía de que el tráfico y los negocios andaban en
Egipto en manos de las mujeres.
[134] No consta que las otras naciones aprendiesen la circuncisión de
los egipcios, ni que estos la tomasen de los hebreos, quienes la usaron
por precepto divino: en los demás pueblos no tuvo al parecer otro
origen que el aseo, tan necesario en países cálidos.
[135] Eran los cálculos ciertas piedrecitas de que se valían en sus
cómputos los antiguos.
[136] Parece que los jeroglíficos egipcios eran un tercer género de
letras diferente del sagrado y del popular. El alfabeto copto, sacado
del griego, no es la antigua letra del Egipto.
[137] Esta abstinencia, tan ridícula como supersticiosa, la adoptó
después Pitágoras.
[138] Épafo lo mismo que Apis. En cuanto a los requisitos de una
víctima pura, véase lib. III, pár. 28.
[139] Los sacrificios expiatorios se fundan en el principio de
reparación del ofensor al ofendido, dictado por la razón sola, y así es
que desde el principio del mundo se usaron en todas las naciones con
la inmolación de víctimas y la libación de licores, aunque manchados a
veces por ritos impíos y supersticiosos. Por esto la cabeza del buey
egipcio echado al río, y el cabrón emisario de los judíos cargados con
los pecados del pueblo, aunque procedentes de un mismo principio, no
son imitación uno de otro. Seguir esta comparación, no menos del pueblo
hebreo que la del ayuno de que se habla más abajo entre las costumbres
e instituciones reveladas u sancionadas por Dios, y los usos de los
demás pueblos manchados con tantas supersticiones, es inexacto no menos
que peligroso.
[140] La razón de estas supersticiones, si es que alguna pudo haber,
se funda o en el error de la trasmigración de las almas humanas a los
cuerpos de los brutos, o en la opinión del alma universal del mundo
repartida en todos los vivientes reputada por naturaleza divina, o
en la fábula de que los dioses bajo la forma de animales se habían
escapado de las manos de los hombres. Venerábanlos además por ser
imágenes de los dioses, por ser útiles a la vida humana, por ser
emblema simbólico de alguna perfección divina, y por ser insignia de
los estandartes militares.
[141] Siguiendo la analogía castellana, me valgo de esta palabra
compuesta, tan conforme al genio de la lengua griega.
[142] Anfitrión descendía de Dánao, venido de Egipto a ocupar el trono
de Argos.
[143] Los latinos dan a Poseidón el nombre de Neptuno, y a los
Dioscuros el de Cástor y Pólux. No disto de creer que Neptuno, quizá
el Neptuim de la Escritura, fuese una divinidad numídica distinta del
Poseidón griego.
[144] Parece que el número de _cinco_ debe corregirse con el de _ocho_.
[145] Son frecuentes estas frases en Heródoto, harto supersticioso para
historiador.
[146] Lo que el autor calla por escrúpulo lo callaré por pudor, no
menos que la versión vulgar del Falo, etc. Esta costumbre obscena
duraba aún entre las naciones más cultas en el siglo III.
[147] Melampo, hijo de Amitaón, insigne médico que por haber sanado a
las hijas de Preto, rey de Argos, obtuvo de este una parte de su reino,
pudo aprender de los egipcios descendientes de Dánao y establecidos en
Argos, mejor que los fenicios de Cadmo, los misterios de Dioniso.
[148] Conservo en la traducción los nombres griegos de los dioses, pues
creo que la confusión de la mitología procede de haberlos acomodado los
pueblos cada cual a su idioma. En latín Hera es Juno, Histia es Vesta,
Temis es Astrea y Cárites, las Gracias.
[149] Mucho se ha disputado acerca el nombre y origen de este antiguo
pueblo. Hay quien cree su nombre derivado de _Pelas_; vecino otros de
Phaleg, descendiente de Sem: otros de los Philistines o Phelasges,
primero establecidos en Creta. Estos hombres, errantes por naturaleza,
se derramaron unos por la Argólida y la Tesalia, y otros pasaron a
Italia, donde se mezclaron con los umbros y lidios de Toscana.
[150] El oráculo de Dodona, fundado por los pelasgos, fue anterior al
tiempo de Deucalión, y es famoso por sus encinas parlantes, dentro de
cuyo tronco hueco se metían los que daban las respuestas, y por sus
calderas de bronce, una de las cuales, herida, comunicaba el sonido
a todas las restantes. En tiempo de Augusto este oráculo había ya
enmudecido.
[151] _Promántidas_ es la palabra griega que equivale a profetisa, las
cuales sucedieron en su empleo a tres profetas. El nombre que da a
aquellas el autor es apelativo, pues _Preumenia_ significa benévola,
_Timareta_ honra de la virtud, y _Nicandra_ victoria de los hombres.
[152] Dispútase entre los críticos la razón de haber dado a estas
mujeres el nombre de palomas; algunos creen que la voz πελειάς, paloma,
significaba _profetisa_; otros que equivale a _viejas_, otros, en fin,
que se les llamaba así por valerse en sus oráculos del agüero de las
palomas.
[153] Bubastis es la moderna Aziot; Busiris se llama ahora Bahabeit;
Heliópolis es la On de la Biblia, llamada hoy Aiu Kesus. Butona y Sais
estaban dentro del Delta, la primera vecina a Samanuo y la segunda a
Roseta. En cuanto a Papremis, se ignora su situación.
[154] Mígalas son al parecer lo mismo que musarañas.
[155] Las recientes observaciones confirman casi todo cuanto dice
Heródoto acerca del cocodrilo. En cuanto a su larga inedia, rara vez se
le encuentra en el vientre comida alguna: en el río de Santo Domingo en
América, amánsase hasta tal punto que juegan con él los muchachos; los
árabes del alto Egipto consideran su carne como un plato regalado, y
los indios lo prenden casi del mismo modo que los egipcios. Los dientes
del cocodrilo son un excelente contraveneno.
[156] De esta especie de cerastas sin veneno, o sierpes domésticas, las
había, según Luciano, en Pella de Macedonia, y las hay en el reino de
Juida, donde tienen templos y sacerdotes.
[157] Tales quizá serían las serpientes que envió Dios a los israelitas
en las costas del mar Rojo.
[158] En esto se engaña Heródoto, pues hay viñas en algunos parajes del
Egipto.
[159] Según Luciano, era una momia, y no una estatua, la que se
introducía en los convites.
[160] Estas ceremonias son los misterios de Dioniso y otros que Orfeo
comunicó a los tracios.
[161] Desde la creación se contaron los días por semanas, dándose a
cada día el nombre de alguno de los planetas, que más tarde fueron
divinizados por esta razón, creyéndolos árbitros de las cosas humanas.
Los egipcios, además de esto, dividían las 24 horas del día entre los
planetas, poniéndolas bajo su jurisdicción.
[162] Esta maniobra puede leerse más circunstanciada en Diodoro
de Sicilia, donde el principal embalsamador señala el lugar de la
incisura: el incisor abre el vientre del cadáver y echa luego a correr
entre las maldiciones y piedras que le tiran los circunstantes, y el
salador practica lo que dice Heródoto.
[163] En el día se conservan en los museos algunas momias fajadas con
estos lienzos, sobre los cuales se leen muchos caracteres sacros.
[164] Quemis, llamada también Panópolis antiguamente, se llama en el
día Akraim o Akmin; Neápolis es actualmente Kena.
[165] Propileo es voz griega, a la cual, si hubiera de encontrar
equivalente en medio de la gran variedad en la estructura de los
templos, sustituiría el de pórtico o galería.
[166] Diodoro Sículo dice que los sacerdotes casan con una sola mujer,
y los demás egipcios con cuantas quieren. No podemos conciliario con
Heródoto sino diciendo que variaron las costumbres.
[167] Este loto es la planta llamada Nenúfar o Ninfea, cuyo tallo crudo
comen los árabes por refrigerante, y del cual sacan cierta bebida que
calienta el estómago.
[168] Por otro nombre _Papirus_, y en arábigo _Al Berdi_, de cuyo
meollo formábase cierta masa de la que fabricaban el papel casi del
mismo modo que nosotros. Obsérvase que esta planta servía de todo en
Egipto; de comida, de vestido, de zapatos, de jarcias y de corona, como
sucede con la palma en las Indias.
[169] Aunque esta relación tiene, según Aristóteles, todo el carácter
de fábula, guarda alguna semejanza con lo que sucede con la hembra del
caimán, que engulle sus crías empolladas en la arena, y con los atunes
del Ponto Euxino, que desfloran su piel rozando con la ribera.
[170] Muéstrase aquí Heródoto mejor naturalista que los que pretenden
que el calor del sol saca varios animales de la materia pútrida, y que
basta por sí sola a organizar un cuerpo viviente, error no menos impío
que absurdo.
[171] Será, a mi entender, este arbusto la higuera infernal, que
Dioscórides llama _siselis_.
[172] Menfis, a 15 millas de la punta del Delta hacia el mediodía, fue
completamente destruida por los árabes, quienes se sirvieron de sus
ruinas para edificar el Cairo. Su fundación fue quizá posterior a la
guerra de Troya, pues nada dice de ella Homero, que tanto celebra a
Tebas. Los profetas la llaman Noph, pero no era todavía corte de los
faraones en tiempo de Moisés, sino Zoan o la Tanis de los griegos.
[173] Empresa que ha desanimado a los más sabios y eruditos, cual es el
ordenar el catálogo de los reyes de Egipto, no me atreveré a tentarla.
El que 330 reyes no dejasen de sí monumento alguno, hace dudar de su
existencia y pensar que serían quizá varios príncipes que gobernaban
contemporáneamente diversas ciudades del Egipto.
[174] Varias y discordes son las opiniones de los críticos acerca de la
época y persona de Sesostris, que referiremos simplemente sin decidir
en favor de ninguna: 1.ª, que es el Sesac de los libros sagrados; 2.ª,
que vivió mucho antes de la guerra de Troya en tiempo de los Jueces
de Israel; 3.ª, que es el _Setosis_ de Manetón, y el Egipto hermano
de Dánao casi a la misma época antedicha; 4.ª, que es el Tifón de la
mitología, y el faraón sumergido en el mar Rojo; 5.ª, que es el Osiris
egipcio, el Dioniso griego y el Sesac de la Biblia; 6.ª, que fue el
primero de los faraones coetáneos de Moisés que empezó a maltratar a
los israelitas. Solo advertiré que, según el cómputo de Heródoto, vivió
Sesostris un siglo antes de la guerra de Troya.
[175] Según Gronovio, se llamaban siros los moradores de Palestina,
y sirios o asirios los de Capadocia; pero los antiguos no siempre
observan exactamente esta diferencia.
[176] Hemos observado ya que la circuncisión entre los hebreos era
una ceremonia religiosa figura del bautismo, sello de la creencia en
el Mesías y de la fe de Abraham su primer autor, y recuerdo de la
mortificación de la concupiscencia, no menos que una marca política o
insignia de una sociedad aislada, al paso que en los demás pueblos era
un uso ordenado a la salud, limpieza y fecundidad. Estas causas, junto
con el ardor del clima, creemos que inspirarían esta prevención a cada
nación en particular; pero si se quiere que se haya derivado de una a
otra, diremos que de los israelitas pasó a sus egipcios y árabes; de
los egipcios que solo la usaban sus sacerdotes, a los colcos y sirios,
y de los árabes a los etíopes y demás africanos, que la observan
todavía.
[177] No se crea que se habla aquí de la célebre estatua colosal de
Tebas que hablaba al nacer el sol.
[178] Diodoro Sículo, sin acudir a este medio extremo y maravilloso,
tan del gusto de Heródoto, saca en salvo a Sesostris por favor del
cielo. En caso de que Sesostris fuera el mismo que los antiguos
llamaron Egipto, el traidor sería Dánao, perseguido con este motivo por
su hermano.
[179] Según Diodoro, Sesostris antes de su expedición al Asia dejó ya
repartido el terreno y dividido el reino en 36 distritos. Esta división
de campos debía además existir ya durante los impuestos exigidos a los
egipcios por el patriarca Josef, anterior sin duda a Sesostris.
[180] Solo a este rey aplica el autor el nombre, genérico a los reyes
egipcios, de Furón o Ferón en idioma cóptico antiguo, o Faraón en
hebreo.
[181] Los egipcios le llamaban Cetes, y le tenían por un gran mago y
astrólogo, a quien los griegos después de Homero atribuyeron el poder
de trastornarse en cualquier objeto viviente o insensible, tomando esta
ficción de las varias figuras y jeroglíficos con que los reyes egipcios
adornaban su cabeza. Según algunos, Proteo es el Setnos de Manetón y el
Tifón de los mitólogos; según otros, era un mero gobernador del bajo
Egipto, opinión que favorece el texto de Homero y la etimología del
nombre griego, que significa presidente.
[182] _Ilíada_, lib. VII, v. 289. Las palabras que siguen _en la
Aristía de Diomedes_ no son quizá del autor, pues los versos citados
no se hallan en este pasaje, que es el libro V de la _Ilíada_, y la
división de este poema en títulos parece posterior a Heródoto. En
cuanto a las dos citas de la _Odisea_, pertenecen al lib. IV, la
primera v. 223, la segunda v. 352.
[183] La autoridad de Eurípides, que en su Helena y en su Electra
expresamente afirma que no fue a Troya la esposa de Menelao, sino que
se detuvo en Egipto, y las razones de verosimilitud que añade luego
Heródoto, hacen probable la narración de los sacerdotes egipcios, caso
de que sea verdadera la historia de Helena y del sitio de Troya, la
cual no fuera extraño que, a imitación del sofista Dion Crisóstomo,
alguien negase en este siglo de novedad, así como se niega ya por
alguno la existencia de Homero, cantor de aquellos hechos.
[184] En tiempo de Menelao, los sacrificios de las víctimas humanas
usados aún entre los griegos, como lo manifiesta el de Ifigenia, habían
sido ya abolidos en Egipto por el rey Amasis, quien vedó se inmolasen
ante el sepulcro de Osiris hombres a quienes llamaban tifonios.
[185] Heródoto se muestra aquí más sesudo y religioso que Eurípides,
quien dice por boca de Helena que Zeus había permitido su rapto y
la guerra de Troya para aliviar a la madre tierra de la turba de
los mortales. Muestro autor parece penetrado de la operación de
Dios sobre los imperios de la tierra que también se deja ver en el
Viejo Testamento, y de la máxima de que las naciones y sociedades
pagan siempre su merecido sobre la tierra, aun cuando para algunos
particulares se dilate el castigo para la otra vida.
[186] Llámanle también Rampses y Ramesos, haciéndole unos hijo de Menes
y otros de Sesostris.
[187] Esta narración de Heródoto parece más bien una fábula milesia,
adoptada o creada por este historiador tan amante de prodigios, y de
la cual es copia quizá la historia de Plida, referida por Caraces y
Pausanias. No me he excusado por tanto de valerme en este pasaje de
algunas expresiones familiares y jocosas, en las que tanto se aventaja
nuestro idioma.
[188] Algunos creen que este juego de Deméter es una alegoría de las
buenas o malas cosechas. La costumbre del vestido tejido de mano
sacerdotal en un mismo día se usaba también en honor de Dioniso en
Darnasia, ciudad de la Italia.
[189] Las fábulas griegas de la barca de Caronte y de los jueces del
infierno, fueron poéticamente tomadas de las ceremonias del Egipto,
donde el cadáver, antes de recibir sepultura, depositado junto al lago
Meris, era juzgado por más de cuarenta jueces, quienes, oídos los
cargos contra el difunto, decidían si era o no digna de ella, y en caso
de sentencia favorable era llevado el cadáver en una barca por el lago
Meris para ser enterrado después de hacérsele una oración fúnebre.
[190] Estos fueron Ferécides Sirio y su discípulo Pitágoras, quienes
propagaron el dogma de la metempsicosis.
[191] Entre Rampsinito y Queops pretende Diodoro Sículo qué mediaron
siete reyes oscuros, excepto Nilo, quien abrió varios canales y dio su
nombre al río llamado antes Egipto. Algunos dan a Queops el nombre de
Quemmis o Quembes, y a su hermano Quefrén el de Cabrias.
[192] Esta pirámide, que es la principal, queda en pie todavía, no
menos que las minas de la famosa calzada de Queops, y conserva las
gradas descritas por el autor, la primera de las cuales está a cuatro
pies del suelo y tiene tres de anchura, y las otras disminuyendo a
proporción. El área de su base cuadrada ocupa, según el cómputo de
los modernos, 480.249 pies en cuadro, según el de Heródoto 640.000, y
490.000 según el de Diodoro. Estos monumentos llamados pirámides, de
cuyo nombre griego no se descubre la etimología por ignorarse el que
le dieron los egipcios, son por los árabes atribuidos a Jau, monarca
universal anterior a Adán, por los coptos a Surid antes del diluvio,
y por otros al patriarca Josef, a Nemrod, o a la reina Daluka. Su
destino, si no fue tiránico para oprimir a los pueblos, o vano para
ostentación de majestad, debió ser religioso para la sepultura de sus
autores o para el culto de alguna deidad.
[193] Ninguno de los dos soberanos logró sepultura en sus monumentos
en pena de su soberbia. Las obras públicas hechas para defensa o para
beneficio común, eternizan la veneración de sus autores en la grata
memoria de la posteridad.
[194] Difícil fuera decidir cuál es más absurda, si la respuesta del
oráculo o la resolución tomada por Micerino.
[195] Pletro es una medida griega de 100 pies.
[196] Diodoro cuenta entre Micerino y Asiquis otro rey, que es
probablemente el mismo que Asiquis, llamado Bocoris el sabio, quien a
pesar de su prudencia incurrió en la tacha de avaro y de impío, porque
quiso que el dios Muevis, toro sagrado, pelease con otro toro. Preso
por el etíope Sabacón, fue quemado vivo por su orden. Plutarco menciona
otro rey con el nombre de Gnefacto o de Techatis, al cual otros llaman
Necocabis, padre de Bocoris.
[197] Este remedio no podía ser más seguro y eficaz, atendidas las
creencias y usos de Egipto, pero era inhumano, no perdonando a los
muertos para asegurar la correspondencia entre los vivos.
[198] Créese que esta ciudad es la Chanes o Hanes de Isaías, confinante
con la Etiopía.
[199] Es probable que los tres príncipes Bocoris, Anisis y Neco, de
quien se hablará más adelante, reinasen en tres provincias diferentes,
cuando fueron destronados por el conquistador Sabacón, quien parece el
mismo que Sua, citado en el lib. IV de los Reyes.
[200] El número de 700 debe corregirse en el de 300 años que
trascurrieron desde Sua, contemporáneo del rey Oseas, hasta Amintes en
el reinado de Artajerjes Longimano.
[201] Estos árabes no eran los ismaelitas, sino los de la Arabia
Pétrea, los idumeos y otros tributarios de la Asiria, pues las tribus
árabes permanecieron siempre libres e independientes, según la promesa
hecha por Dios en el Génesis a la posteridad de Ismael.
[202] No se ha averiguado si Taraca, rey de Egipto, que salió contra
Senaquerib, citado en el libro 4.º de los Reyes, es el Setón de
Heródoto; pero no veo por qué el exterminio de los asirios por un
ángel, según la Escritura, deba explicarse por la visión verdadera o
supuesta de Setón, pues lo primero es de fe divina, y lo segundo una de
las historias de Heródoto.
[203] Esta fábula pudiera tener su origen en el portento de Josué, que
detuvo el sol, y parece convenir con la teoría de Burnet, según la cual
la tierra, antes del diluvio, se hallaba en posición paralela al sol.
[204] Según los críticos, donde dice 600 debiera leerse 60.
[205] No se sabe que este duodecimvirato fuera elegido libremente por
los egipcios, como parece indicar el autor.
[206] Lo que resta del laberinto, que conviene exactamente con la
descripción de Heródoto, se llama el palacio de Caronte, la laguna
Meris el lago de Caronte, y la ciudad de los Cocodrilos es Arsínoe,
de la cual solo quedan ruinas. Tres fueron los objetos y usos del
laberinto: servir de templo común o panteón de los doce reinos en
que se dividía entonces el Egipto, de corte suprema para los mayores
negocios del estado, y de sepultura común para los monarcas.
[207] Conviene no confundir la laguna Meris o Miris con la laguna
Marea, vecina a Alejandría, entrambas de las cuales creyó Arístides
que habían sido en lo antiguo dos senos del Nilo. La presente laguna
de Caronte tiene ahora 12 leguas, o a lo más 15 de circunferencia,
término medio entre el cómputo de Mela, que solo le da 20 millas, y
el de Heródoto, harto exagerado, aunque los naturales le defienden
diciendo que cierto terreno, arenoso en el día, formaba antes una parte
de la laguna. Además de la acequia principal de que se habla aquí, por
la cual el lago descargaba o recibía las aguas con sus puertas que se
abrían o cerraban, desaguaban en él otros canales menores salidos del
Nilo, admirables por su número y construcción, los cuales se conservan
enteros. En cuanto a las pirámides de Meris, han desaparecido, si bien
aseguran los vecinos que cuando el río no sube mucho se ven sus ruinas,
no menos que las de los templos, sepulcros y otros edificios en una
isla de una legua de circunferencia, situada en medio de la laguna.
[208] Las 20 minas se computan en 129 libras esterlinas; y el talento
de plata en 258 de la misma moneda, sin contar los picos.