CLXXI. Siguiendo hacia poniente, tras los asbistas vienen los

ausquisas, que caen sobre Barca y confinan con el mar cerca de

Evespérides.[440] En medio de la región de los ausquisas viven los

cébales, nación poco populosa, los cuales lindan con el mar cerca de

una ciudad de los barceos llamada Tauquira.[441] Su modo de vivir es el

mismo que usan los pueblos que están sobre Cirene.

CLXXII. Los nasamones, nación muy numerosa, son los comarcanos de los

ausquisas, tirando hacia poniente. Dejando en verano sus ganados a

las costas del mar, suben a un territorio que llaman Augila[442] para

recoger la cosecha de los dátiles, pues allí hay muchas, muy grandes

palmas y todas fructíferas. Van a caza de langostas, las que muelen

después de secas al sol, y mezclando aquella harina con leche se la

beben. Es allí costumbre tener cada uno muchas mujeres, haciendo que el

uso de ellas sea común a todos, pues del mismo modo que los maságetas,

plantando delante de la casa su bastón, están con la que quieren.

Acostumbran asimismo que cuando un nasamón se casa la primera vez,

todos los convidados a la boda conozcan aquella primera noche a la

novia, y que cada uno de los que la conocieren la regale con alguna

presea traída de su casa. En su modo de jurar y adivinar, juran por

aquellos hombres que pasan entre ellos por los más justos y mejores

de todos, y en el acto mismo de jurar tocan sus sepulcros; adivinan

yendo a las sepulturas de sus antepasados, donde después de hechas sus

deprecaciones se ponen a dormir, y se gobiernan por lo que allí ven

entre sueños. En sus contratos y promesas usan de la ceremonia de dar

el uno de beber al otro con su mano, y tomando mutuamente de él, y si

no tienen a punto cosa que beber, tomando del suelo un poco de polvo lo

lamen.

CLXXIII. Con los nasamones confinan los psilos, aunque todos ellos ya

perecieron: el viento Noto se fue absorbiendo toda el agua, y secando

los manantiales, balsas y charcos del país, que estando todo entre

las sirtes, era de suyo muy falto de agua. Resolvieron los psilos de

común acuerdo hacer una expedición contra su enemigo el maligno Noto:

si ello fue así o no, no me meto en averiguarlo; solo soy eco de los

libios.[443] Habiendo, pues, llegado a los desiertos arenales, el Noto

soplando los sepultó allí a todos, y su región la poseen ahora los

nasamones, después de tan fatal ruina.

CLXXIV. Los garamantes[444] son los que hacia el mediodía estaban

sobre los psilos, en un país agreste y lleno de fieras: son rudos e

insociables, huyendo la comunicación con cualquier hombre; ni tienen

armas marciales, ni saben ofender a los otros ni defenderse a sí

mismos. Viven, como dije, más allá de los nasamones.

CLXXV. Pero hacia poniente, siguiendo la costa del mar, los que vienen

después son los macas, los cuales se cortan el pelo de manera que,

rapándose a navaja la cabeza de una y otra parte, se dejan crecer un

penacho en la coronilla.[445] En la guerra llevan para su defensa

unos como escudos hechos de la piel del avestruz, ave de tierra. El

río Cínipe, bajando de la colina que llaman de las Gracias, pasa por

su país y desagua en el mar. Dicha colina es un montecillo poblado de

espesos árboles, al paso que las otras tierras de Libia de que acabo de

hablar están del todo rasas; y desde él hay al mar 200 estadios.

CLXXVI. Comarcanos de los macas son los gindanes, cuyas mujeres llevan

cerca de los tobillos sus ligas de pieles, y las llevan, según corre,

porque por cada hombre que las goza, se ciñen en su puesto la señal

indicada, y la que más ligas ciñe esa es la más celebrada por haber

tenido más amantes.

CLXXVII. La parte marítima de dichos gindanes es habitada por los

lotófagos, hombres que se alimentan solo con el fruto del loto,[446]

fruto que es del tamaño de los granos del lentisco, pero en lo dulce

del gusto parecido al dátil de la palma: de él sacan su vino los

lotófagos.

CLXXVIII. Por las orillas del mar siguen a los lotófagos los maclies,

que comen también el loto, si bien no hacen tanto uso de él como los

primeros. Extiéndense hasta el Tritón, que es un gran río que desagua

en la gran laguna Tritónida, donde hay una isla llamada Fla,[447] la

cual dicen que los lacedemonios, según un oráculo, deben ir a poblar.

CLXXIX. Corre asimismo la siguiente tradición: Después que Jasón hubo

construido su nave _Argos_ a la raíz del monte Pelio, embarcó en ella

una hecatombe de cien bueyes y una trípode de bronce, y queriendo

ir a Delfos daba la vuelta alrededor del Peloponeso; pero al llegar

con su nave cerca de Malea, se levantó un viento norte que le llevó

a la Libia. No había aún descubierto tierra, cuando se vio metido en

los bajíos de la laguna Tritónida. Allí, como no hallase camino ni

medio para salir, se dice que apareciéndole Tritón le pidió que le

diese aquella trípode, prometiéndole en pago mostrarle paso para la

salida y sacarle sin pérdida alguna. Habiendo venido en ello Jasón,

logró por esto medio que Tritón le mostrase por donde salir de entre

aquellos bancos de arena. El mismo Tritón, habiendo puesto aquella

trípode en su templo, comenzó desde ella a profetizar y declarar

a Jasón y a sus compañeros un gran misterio, a saber: que era una

disposición totalmente inevitable del hado, que cuando alguno de los

descendientes de aquellos argonautas se llevase la trípode, entonces

hubiese alrededor de la laguna Tritónida cien ciudades griegas. Venido

este oráculo a noticia de los naturales de Libia, fue ocasión para que

escondiesen la trípode.

CLXXX. Son fronterizos de los maclies los auseos,[448] pues ambos

habitaban en las orillas de la laguna Tritónida divididos entre sí

por el río Tritón. Los maclies se dejan crecer el pelo en la parte

posterior de la cabeza, y los auseos en la parte anterior de ella. Las

doncellas del país hacen todos los años una fiesta a Atenea, en la

cual, repartidas en dos bandas, hacen sus escaramuzas a pedradas y a

garrotazos, y dicen que practican aquellas ceremonias, propias de su

nación, en honra de aquella diosa su paisana a la cual llamamos Atenea.

Tienen creído que las doncellas que mueren de aquellas heridas, no lo

eran más que las madres que las parieron, y así las llaman las falsas

vírgenes. Antes de dar fin a aquel combate, cogen siempre a la doncella

que por votos de todas se ha portado mejor en el choque; ármanla con

un capacete corinto y con un arnés griego, y puesta encima de un carro

llévanla en triunfo alrededor de la laguna. Ignoro con qué armadura

adornasen a sus doncellas antes de tener por vecinos a los griegos,

si bien me inclino a pensar que con la armadura egipcia, pues siento

y digo que los griegos tomaron de los egipcios el yelmo y el escudo.

Por lo que toca a Atenea, dicen ellos que fue hija de Poseidón y de la

laguna Tritónida, pero que enojada por cierto motivo contra su padre

se entregó a Zeus, el cual se la apropió por hija: así lo cuentan al

menos. Estos pueblos, sin cohabitar particularmente con sus mujeres,

usan no solo promiscuamente de todas, sino que se juntan con ellas en

público, como suelen las bestias. Después que los niños han crecido

algo en poder de sus madres, se juntan en un lugar los hombres cada

tercer mes, y allí se dice que tal niño es hijo de aquel o quien más se

asemeja.

CLXXXI. Estos de que hemos hablado son los libios nómadas de la costa

del mar. La Libia interior y mediterránea, que está sobre ellos, es

una región llena de animales fieros.[449] Pasada esta tierra, hay una

cordillera o loma de arenales que sigue desde la ciudad de Tebas de

Egipto hasta las columnas de Heracles, en la cual se hallan, mayormente

en las diez primeras jornadas, unos grandes terrones de sal, que están

en unos cerros que allí hay. En la cima de cada cerro brotan de la sal

unos surtidores de agua fría y dulce; cerca de la cual habitan unos

hombres, que son los últimos hacia aquellos desiertos, situados mas

allá de la región de las fieras. A las diez jornadas de Tebas se hallan

primero los amonios, que a imitación de Zeus Tebano tienen un templo de

Zeus _Caricarnero_, pues como ya llevo dicho de antemano, la estatua de

Zeus que hay en Tebas tiene el rostro de carnero. Hay allí una fuente

cuya agua por la madrugada está tibia; dos horas antes del medio día

está algo fría; mas a medio día friísima; en cuyo tiempo riegan con

ella los huertos: desde medio día abajo va perdiendo de su frialdad,

tanto, que al ponerse el sol está ya tibia, y desde aquel punto vase

calentando hasta acercarse la media noche, a cuya hora hierve a

borbotones; pero al bajar la media noche gradualmente se enfría hasta

la aurora siguiente. Esta agua lleva el nombre de fuente del Sol.

CLXXXII. Mas allá de los amonios, a diez días de camino siguiendo la

loma de arena, aparece otra colina de sal semejante a la de aquellos,

donde hay la misma agua con habitantes que la rodean. Llámase Augila, y

allí suelen ir los nasamones a hacer su cosecha de dátiles.

CLXXXIII. Desde Augila, después de un viaje de diez jornadas, se

encuentra otra colina de sal con su agua y con muchas palmas frutales

como lo son las otras, y con hombres que viven en aquel cerro que se

llaman los garamantes, nación muy populosa, quienes para sembrar los

campos cubren la sal con una capa de tierra.[450] Cortísima es la

distancia desde ellos a los lotófagos, pero desde allí hay un viaje

de treinta días hasta llegar a aquellos pueblos donde los bueyes van

paciendo hacia atrás, porque teniendo las astas retorcidas hacia

delante, van al parecer retrocediendo paso a paso, pues si fueran

avanzando, no pudieran comer, porque darían primero con las astas en el

suelo; fuera de lo dicho y en tener el cuero más recio y liso, en nada

se diferencian de los demás bueyes. Van dichos garamantes a caza de los

etíopes trogloditas,[451] montados en un carro de cuatro caballos, lo

cual se hace preciso por ser estos etíopes los hombres más ligeros de

pies de cuantos hayamos oído hablar. Comen los trogloditas serpientes,

lagartos y otros reptiles semejantes: tienen un idioma a ningún otro

parecido, aunque puede decirse que en vez de hablar chillan a manera de

murciélagos.

CLXXXIV. Mas allá de los garamantes, a distancia también de diez leguas

de camino, se ve otro cerro de sal, otra agua y otros hombres que viven

en aquellos alrededores, a quienes dan el nombre de atarantes; son

los hombres anónimos que yo conozca, pues si bien a todos en general

se les da el nombre de atarantes, cada uno de por sí no lleva en

particular nombre alguno propio. Cuando va saliendo el sol le cargan de

la más crueles maldiciones e improperios, porque es tan ardiente allí

que abrasa a los hombres y sus campiñas. Tirando adelante otras diez

jornadas, se hallará otra colina de sal y en ella su agua; cerca del

agua, gentes que allí viven. Con esta cordillera de sal está pegado

un monte que tiene por nombre Atlas, monte delgado, por todas partes

redondo, y a lo que se dice tan elevado, que no alcanza la vista a su

cumbre por estar en verano como en invierno siempre cubierta de nubes.

Dicen los naturales, que su monte es la columna del cielo; de él toman

el nombre sus vecinos, llamándose los atlantes, de quienes se cuenta

que ni comen cosa que haya sido animada, ni durmiendo sueñan jamás.[452]

CLXXXV. Hasta dichos atlantes llegan mis noticias para poder dar los

nombres de las naciones que viven en la cordillera de sal; pero de ahí

no pasan, si bien se extiende la loma hasta las columnas de Heracles, y

aun más allá. Hay en esta cordillera cierta mina de sal tan dilatada,

que tiene diez días de camino; y en aquel espacio viven unos hombres

cuyas casas son hechas generalmente de grupos o piedras de sal. Ni hay

que admirarlo, pues por aquella parte de la Libia no llueve jamás; que

si lloviera, no pudieran resistir aquellas paredes salinas.[453] De

aquellas minas sácase sal, así de color blanco como de color encarnado.

Más allá de la referida loma, para quien va hacia el Noto tierra

adentro de la Libia, el país es un desierto, un erial sin agua, un

páramo sin fiera viviente, sin lluvia del cielo, sin árbol ninguno, sin

humedad ni jugo.

CLXXXVI. Así que, desde el Egipto hasta la laguna Tritónida, los

libios que allí viven son nómadas o pastores, que comen carne y beben

leche, si bien se abstienen de comer vaca, siguiendo en esto a los

egipcios; lechones, ni los crían ni los comen. Aun las mujeres de

Cirene tienen también escrúpulo de comer carne de vaca por respeto a la

diosa Isis de Egipto, en cuyo honor hacen ayunos y fiestas, pero aun

hacen más las mujeres de Barca, que ni vaca ni tocino comen.

CLXXXVII. Más allá de la laguna Tritónida, hacia poniente, ni son ya

pastores los libios, ni siguen los mismos usos, ni practican con los

niños lo que suelen los nómadas; pues que estos, ya que no todos,

que no me atrevo a decirlo absolutamente, por lo menos muchísimos de

ellos, cuando sus niños llegan a la edad de cuatro años, toman un copo

de lana sucia y con ella les van quemando y secando las venas en la

coronilla, y algunos asimismo las de las sienes: el fin que en esto

tienen es impedir que en toda la vida no les molesten las fluxiones

que suelen bajar de la cabeza, y a esto atribuyen la completa salud de

que gozan. Y a decir verdad, son los libios los hombres más sanos que

yo sepa;[454] esto afirmo, pero sin atribuirlo a la causa referida.

Si acontece que al tiempo de hacer la operación del fuego les den

convulsiones a los niños, tienen a mano un remedio eficaz, a saber,

echan sobre ellos la orina de un macho de cabrío y vedlos ahí sanos; de

lo cual tampoco salgo fiador, sino que cuento simplemente lo que dicen.

CLXXXVIII. Los nómadas en la Libia hacen del siguiente modo sus

sacrificios: ante todo cortan como primicias del sacrificio la oreja

de la víctima y la arrojan sobre su casa; después de esta ceremonia

hácenle volver hacia atrás la cerviz. El sol y la luna son las únicas

deidades a quienes ofrecen sacrificio todos los libios, aunque los

que viven en los contornos de la laguna Tritónida sacrifican también

a Atenea con mucha particularidad, y en segundo lugar a Tritón y a

Poseidón.

CLXXXIX. Parece sin duda que los griegos tomaron de las mujeres libias

así el traje y vestido en las estatuas de Atenea, como también las

égidas, pues el traje de aquellas es enteramente el mismo que el de

Atenea, solo que su vestido es de badana, y las franjas que llevan en

sus égidas no son unas figuras de sierpes, sino unas correas a modo de

borlas. Aun más, el nombre mismo de égida dice que de la Libia vino

el traje de nuestros _Paladios_ (estatuas de Atenea), pues las libias

acostumbran meterse encima de su vestido en vez de mantilla unas egeas

o marroquías adobadas,[455] teñidas de colorado con franjas, de suerte

que los griegos del nombre de estas egeas formaron el de égidas. Soy

asimismo de opinión de que la algazara usada en los sacrificios griegos

tuvo su origen en la Libia, donde es muy frecuente entre las libias,

que son excelentes plañideras. Del mismo modo los griegos aprendieron

de los libios el tiro de cuatro caballos en la carroza.

CXC. En los entierros siguen los nómadas las mismas ceremonias que los

griegos, aunque deben exceptuarse los nasamones, pues estos entierran

sentado el cadáver, y a este fin observan al enfermo cuando va a morir,

y lo sientan entonces en la cama, para que no expire boca arriba. Son

las casas de los nómadas unas cabañas hechas de varillas de gamón

entretejidas con juncos, casas portátiles de un lugar a otro.[456]

Tales son sus usos en resumen.

CXCI. Por la parte de poniente del río Tritón confinan con los auseos

otros pueblos de la Libia, de profesión labradores, que llevan el

nombre de maxies, y usan levantar sus casas con regularidad. Críanse el

pelo en la parte derecha de la cabeza, y se lo cortan en la siniestra;

píntanse el cuerpo de bermellón y pretenden ser descendientes de los

troyanos.[457] Esta región de la Libia, como también lo restante de

ella hacia poniente, es mucho más abundante en fieras y bosques que

la de los nómadas, pues que la parte oriental de la Libia, que estos

habitan, es una tierra baja y arenosa hasta llegar al río Tritón; pero

la que desde este río se dilataba hacia poniente, que es la parte que

habitan los libios labradores, es ya un país en extremo montuoso, y muy

poblado de árboles y de fieras. Hay allí serpientes de enorme grandeza;

hay leones, elefantes, osos y áspides. Vense allí asnos con astas; se

ven hombres _cinéfalos_, y otros, si creemos a lo que nos cuentan,

_acéfalos_, de quienes se dice que tienen los ojos en el pecho, y otros

hombres salvajes, así machos como hembras; vense, en fin, muchas otras

fieras reales y no fingidas.[458]

CXCII. Pero ninguna de las que acabo de decir se cría entre los

nómadas, aunque se hallan entre ellos otras castas de animales, los

_pigargos_,[459] las cabras monteses, los búfalos, los asnos que

no beben jamás, pero no los asnos cornudos, los ories o unicornios,

de cuyas astas hacen los fenicios sus varas de medir, siendo estos

animales del tamaño de un buey; las basarias, especie de vulpeja,

las hienas, los puercoespines, los carneros salvajes, los dicties,

los lobos silvestres, las panteras, los bories,[460] los cocodrilos

terrestres de tres codos de largo muy parecidos a los lagartos,

los avestruces de tierra, y unas sierpes pequeñas cada una con su

cuernecillo. Estos son los animales propios de dicho país, donde

hay asimismo los que producen los otros, a excepción del ciervo y

del jabalí,[461] pues ni de uno ni de otro se halla raza en Libia.

Vense allí tres castas de ratones; unos se llaman _dípodes_, de dos

pies; otros _zegeries_, palabra líbica que equivale a _collados_; los

terceros erizos: críanse también unas comadrejas muy semejantes a las

de Tarteso. Esta es, según he podido alcanzar con mis informaciones las

más diligentes y prolijas, la suma de los animales que cría la región

de los nómadas en la Libia.

CXCIII. Con los maxies están confinantes los zaveces, cuyas mujeres

sirven de cocheras a sus maridos en los carros de guerra.

CXCIV. Con estos confinan los gizantes, en cuyo país, además de la

mucha miel que hacen las abejas, es fama que los hombres la labran

aún en mayor copia con ciertos ingenios o artificios.[462] Todos los

gizantes se pulen tiñéndose de bermellón. Comen la carne de los monos,

de los cuales hay en aquellos montes grandísimos rebaños.

CXCV. Cerca del país de dichos gizantes, según cuentan los

cartagineses, está la isla Ciravis,[463] de 206 estadios de largo,

pero muy angosta, a la cual se puede pasar desde el continente. Muchos

olivos hay en ella y muchas vides, y se halla en la misma una laguna

tal, que de su fondo sacan granitos de oro las doncellas del país,

pescándolos y recogiéndolos con plumas de ave untadas con pez. No salgo

fiador de la verdad de lo que se dice, solamente lo refiero; aunque

puede muy bien suceder, pues yo mismo he visto cómo en Zacinto se saca

del agua la pez en cierta laguna. Hay, pues, una laguna entre otras

muchas de Zacinto, y la mayor de todas, que cuenta por todas partes 60

pies de extensión, y tiene de hondo hasta dos orgias: dentro de ella

meten un chuzo, a cuya punta va atado un ramo de arrayán; apégase al

ramo la pez, la cual sacada así huele a betún, y en todo lo demás hace

ventaja a la pez de Pieria. Al lado de la laguna abren un hoyo, donde

van derramando la pez que, recogida ya en gran cantidad, sacan del

hoyo y la ponen en unos cántaros. Todo lo que cayere en esta laguna va

al cabo pasando por debajo de tierra a salir al mar, distante de ella

cosa de cuatro estadios. Esto digo para que se vea que no carece de

probabilidad lo que se cuenta de la isla que hay en Libia.

CXCVI. Otra historia nos refieren los cartagineses, que en la Libia,

más allá de las columnas de Heracles, hay cierto paraje poblado de

gente donde suelen ellos aportar y sacar a tierra sus géneros, y luego

dejarlos en el mismo borde del mar, embarcarse de nuevo, y desde sus

barcos dar con humo la señal de su arribo. Apenas lo ve la gente del

país, cuando llegados a la ribera dejan al lado de los géneros el oro,

apartándose otra vez tierra adentro.[464] Luego, saltando a tierra los

cartagineses hacia el oro, si les parece que el expuesto es el precio

justo de sus mercaderías, alzándose con él se retiran y marchan; pero

si no les parece bastante, embarcados otra vez se sientan en sus naves,

lo cual visto por los naturales vuelven a añadir oro hasta tanto que

con sus aumentos les llegan a contentar, pues sabido es que ni los unos

tocan al oro hasta llegar al precio justo de sus cargas, ni los otros

las tocan hasta que se les tome su oro.

CXCVII. Estas son, pues, las naciones de la Libia que puedo nombrar,

muchas de las cuales ni se cuidaban entonces ni se cuidan ahora del

gran rey de los medos. Algo más me atrevo a decir de aquel país: que

las naciones que lo habitan son cuatro y no más, según alcanzo; dos

originarias del país, y dos que no lo son; originarios son los libios

y los etíopes, situados aquellos en la parte de la Libia que mira al

Bóreas, estos en la que mira al Noto; advenedizas son las otras dos

naciones, la de los fenicios y la de los griegos.

CXCVIII. Por lo que toca a la calidad del terreno, no me parece que

pueda compararse la Libia ni con el Asia ni con la Europa,[465] salva,

empero, una región que lleva el mismo nombre que su río Cínipe, pues

esta ni cede a ninguna de las mejores tierras de pan llevar, ni es en

nada parecida a lo restante de la Libia; es de un terruño negro y de

regadío por medio de sus fuentes, ni está expuesta a sequías, ni por

sobrada agua suele padecer, si bien en aquel paraje de la Libia llueve

a menudo, y en cuanto al producto, da por cada uno, tanto como la

campiña de Babilonia. Y por más que sea feraz la tierra que cultivan

allí los evesperitas, la cual cuando acierta la cosecha llega a rendir

ciento por uno, no iguala con todo a la comarca de Cínipe, que puede

dar trescientos por uno.

CXCIX. La región Cirenaica, que es la tierra más elevada que hay en la

parte de la Libia poseída por los nómadas, logra todos los años tres

estaciones muy dignas de admiración, pues viene primero la cosecha

de los frutos vecinos a la marina, que piden ser antes que los demás

segados y vendimiados: acabados de recoger estos tempranos frutos,

están ya sazonados y a punto de ser cogidos los de las campiñas o

colinas, como dicen, que caen en medio del país; y al concluir esta

segunda cosecha, los frutos de la tierra más alta han madurado ya y

piden ser cogidos: de suerte que al acabarse de comer o de beber la

primera cosecha del año, entonces cabalmente es cuando se recoge la

última; con lo cual se ve que los cireneos siegan durante ocho meses.

CC. Bastará ya lo dicho en este punto; y volviendo por fin a los

persas, los vengadores de Feretima partidos de Egipto por orden de

Ariandes, pusieron sitio a Barca, pidiendo luego que llegaron se les

entregasen los autores de la muerte de Arcesilao, demanda a que los

sitiados, que habían sido comúnmente cómplices en aquel homicidio,

no querían consentir. Nueve meses duraba ya el asedio de la plaza,

en cuyo espacio hicieron los persas minas ocultas hasta las mismas

murallas, y dieron asimismo varios asaltos a la plaza, todos muy vivos

y obstinados. Iba descubriendo las minas un herrero que se valía para

dar con ellas de un escudo de bronce, el cual iba pasando y aplicando

por la parte interior del muro: si escudo aplicado donde el suelo

no se minaba, no solía resonar; pero cuando daba sobre un lugar que

minasen los enemigos, correspondía el bronce con su sonido a los golpes

internos de los minadores; y entonces eran perdidos los persas, a

quienes con una contramina mataban los barceos en las entrañas de la

tierra. Hallado este remedio contra las minas, se valían los barceos

del de su valor para rebatir sus asaltos.

Los nueve libros de la Historia (1 de 2) · 第 33 / 38 段