POR LA ANEXION

I

Un ilustrado y muy querido amigo mio, que ha vivido siempre alejado

de las cuestiones políticas, pero que no por esto deja de estudiarlas

en sus más mínimos detalles, para formar juicio, escríbeme una íntima

carta, y entre otras cosas que se refieren, únicamente á la situación

actual del pais, me dirije las preguntas que siguen:

¿"Te gustaría volver á los tiempos y á la forma de cosas que hace

poco pasaron?

¿Piensas en la independencia?

¿Te decides por la anexión?

Contéstame á estas preguntas con la franqueza que á ti te ha

distinguido siempre y que tantos disgustos y perjuicios te han

proporcionado en tu vida pasada, y que no te auguro mejores en el

porvenir, pues la ruda franqueza, ha sido y será siempre víctima de

la solapada hipocresía.

Comunícame á la vez tus impresiones sobre el porvenir que á

tu juicio le espera á nuestro infortunado pais, pues deseo

conocerlas."

Hasta aquí el amigo, y voy á contestarle por el mismo órden que

interroga.

En cuanto á lo que se refiere la primera pregunta, no he de perder el

tiempo hablando de cosas que ya pasaron para no volver, pues la eterna

ley de la evolución se cumple fatalmente, y _time is money_ dicen los

que hoy nos mandan.

¿La independencia?

Preso de fatal quebranto cerebral, es que únicamente se me ocurriría

pensar en semejante dislate. Nunca, ni aún en tiempo de los españoles,

se me ocurrió pensar en que este pais pudiera ser independiente, por

más que la intransigencia y la suspicacia, pusieran en duda mi buena

fé y me colgaran éste sambenito, que no pocos disgustos y muchos

perjuicios me proporcionaron.

Es no pensar cuerdamente, ni hacer un minucioso y detenido estudio de

las condiciones especiales de este pais, para abrigar la idea de que

llegue á ser nación independiente, mientras no bajen á la tierra y se

queden por el mundo, los ángeles y serafines que habitan en la Mansión

Celestial.

Ni aún en los pueblos verdaderamente cultos, que por desgracia el

nuestro no es todo lo que debiera, pueden sostenerse más que en el

nombre las pequeñas nacionalidades, tales como las Repúblicas de

Andorra y San Marino, el Principado de Mónaco y los pequeños Estados

de Oriente, objeto de tantos trastornos por causa de la codicia y

ambición de los pueblos de Europa, que se los quisieron repartir, y ya

lo hubieran hecho, si no fueran tantos los interesados.

Tenemos el ejemplo reciente de Italia y Alemania, que para asegurar su

independencia, tuvieron que apresurarse á constituir su unidad que las

ha hecho fuertes y respetables.

Si esto le ocurre á los pueblos que están enclavados en el corazón de

Europa, y que por esta razón tienen todos los elementos inmediatos y

necesarios para la vida ¿qué vendría á sucederle á este grano de arena,

lanzado por Dios en medio de las hondas del mar Caribe?

Ahora, como antes, la vida de nuestro pueblo se recibe del exterior, y

si bien es verdad que es á cambio de nuestros imperfectos productos,

no es menos cierto que cualquier perturbación atmosférica ó social,

nos pone en crisis, y si esta se prolonga, llegamos enseguida á las

puertas del hambre, y buena prueba de ello es la que acabamos de pasar,

cuyos efectos estamos sintiendo todavía, por consecuencia de la guerra

hispano-americana, que ha terminado con nuestra separación de la

antigua metrópoli.

Suponiendo que en nuestro pais se abriera paso, sin obstáculo alguno

el carro del progreso, como se lo abrirá indudablemente al amparo

de la bandera americana, y que ésta marcha fuera tan vertiginosa,

como es de desear y lo será, al extremo de que en breve tiempo, la

agricultura, la industria, el comercio, las ciencias y las artes

lleguen á su mayor apojeo, produciéndolo todo bueno y en condiciones

de hacer la competencia, nos encontraríamos con que los yacimientos de

riqueza son pequeños y no dan lo suficiente para sostener con el brillo

necesario, los enormes gastos que trae consigo la categoría de nación

independiente.

Nadie tiene la culpa de haber venido al mundo pequeño de cuerpo y débil

de constitución, pues como no nos pusieron á escoger, cada cual es como

Dios lo ha hecho, y la infeliz Borinquen, es pequeña de cuerpo y débil

de constitución, y antes como ahora, y como después, siempre que aspire

á vivir la vida de la civilización, tiene absoluta necesidad de un

guía y sostén fuerte, á fin de no ser juguete de los ambiciosos que la

lleven y la traigan como cuadre á sus deseos.

No tenemos más que fijarnos en la pequeña isla de Córcega, que mientras

no la tomó de la mano una potencia fuerte como Francia, estuvo siendo

víctima de los que la ambicionaban, y que ella, á pesar de sus

instintos y de sus hábitos guerreros, que nosotros no tenemos, no podía

rechazar por causa de su debilidad. Los corsos, en mejores condiciones

que nosotros, por su proximidad al continente, no pudieron sostener

su independencia y vamos á sostenerla nosotros que somos un náufrago

infeliz, que el azar arrojó en la inmensa soledad de los mares.

Nunca, ni aún en tiempo de los españoles, repito, se forjó en mi

imaginación la idea de la independencia y si los que antes la

alimentaron, no pudieron conseguir su objeto entonces, que les hubiera

sido más fácil, lo que es hoy, tienen que despedirse de éste quimérico

y absurdo ideal, que en mi concepto, no lo alienta mas, que una ínfima

minoría de imaginaciones volcánicas, que por ser minoría, hace poco

pero en la balanza del destino que le espera á Puerto-Rico.

El bello ideal de toda mi vida, fué siempre el de una autonomía,

tan amplia, que la metrópoli no tuviera más ingerencia en ella que

la de enviar aquí su bandera y su representante, para el percibo de

los gastos de soberanía. Luego en la práctica, y con aquel asomo de

autonomía que se vislumbró, me convencí de que nuestra educación

político-social era muy deficiente, y que en modo alguno podíamos

prescindir de los restos atávicos.

Si bien es verdad que yo nunca pensé en que éste pais se anexionara á

la Unión Americana, y hasta en alguna ocasión combatí la idea, hoy que

por las fuerzas de la circunstancia se ha impuesto, bien está y que sea

por siempre, con lo cual dejo contestada la tercera y última pregunta,

declarándome decidido partidario de la anexión, porque así conviene á

nuestros intereses en el órden moral y material de nuestro porvenir.

Puerto-Rico anexo, y viviendo al amparo de la República modelo, será

un pueblo próspero, feliz y respetado, mientras que independiente,

será siempre un semillero de discordias intestinas, y en el porvenir,

víctima de Santo Domingo ó de Cuba, pues ya los cubanos hace tiempo que

lanzaron la especie, de que cuando ellos fueran independientes, harían

de Puerto-Rico su presidio.

La Anexión de Puerto-Rico a los Estados Unidos de America · 第 5 / 8 题