II

En cuanto á mi parecer sobre el porvenir que á Puerto Rico le aguarda,

declaro con entera franqueza que no puede ser más pesimista y quiera

Dios que me equivoque y vayan razones.

No se funda mi pesimismo en mero capricho ni por deducción de los

hechos aislados que han llevado y lleven á cabo los americanos, ni

en lo que ellos puedan conceder ó negar en este estado de cosas, que

como ya he dicho en ocasión no lejana, es puramente transitorio y para

mientras dure el régimen militar, que creo será para mucho tiempo.

Fúndase este pesimismo verdaderamente desconsolador, en lo que los

americanos puedan pensar y en el concepto que formen de nuestro pueblo,

por los actos que desde el primer momento se han llevado á cabo.

Entiendo yo, que si los americanos al posar su planta en esta tierra

que hoy les pertenece, hubieran encontrado un pueblo mesurado y

circunspecto; que hubiera guardado prudente reserva y respetuoso

silencio para juzgar del porvenir con vista de los hechos, otro sería

el concepto que se formaran de nuestra cultura.

Para demostrar el descontento que existía contra la dominación

Española, bastaba con mostrarse indiferente á las desgracias de la

metrópoli y ver pasar en silencio las tropas, que de extranjera

tierra y de distinta raza, venían á posesionarse de la tierra que

descubrieron, poblaron y mandaron los españoles durante cuatrocientos

años seguidos.

Si al verificarse la ocupación por las tropas militares de la gran

República, se hubieran encontrado con un pueblo, que si bien es verdad

que estaba sediento de justicia, no por esto había perdido la altivez

de su raza, y que sabía esperar el desarrollo de los acontecimientos,

prestando á la vez su concurso en todo aquello que representara un

signo de bienestar y de progreso, seguramente que nos prestarían mayor

atención y nos considerarían más acreedores, si no á constituirnos

en Estado, libre, dentro de la Unión Americana, por lo menos á que

disfrutáramos de una autonomía, amplísima que nos fuera educando en el

ejercicio del derecho y preparándonos para entrar de lleno á compartir

con ellos de las libertades que disfrutan los Estados que constituyen

la Unión.

El más horroroso de los castigos es el que han sufrido aquí los hijos

de la nación Española, que en la noche del 27 de Julio último, se

acostaron en su pais y al amanecer del dia 28, tuvieron el horroroso

despertar de encontrarse en tierra extranjera, sin haberse movido de su

propia casa.

Es necesario sentir en el fondo del alma todo el fuego del patriotismo

sagrado, para saber todo lo que esto significa y el alcance que tiene;

hay que haber estudiado y dádose cuenta exacta de las infinitas

tristezas de que son presa los desgraciados polacos; es necesario

penetrarse bien de las torturas que sufre el pobre africano cuando

ve hollado el patrio suelo por extraña planta; hay que haber formado

un juicio claro de las agonías del indio que muere defendiendo sus

vírgenes montañas y sus selvas humbrías; hay que volver la vista al

pasado y recordar los galos, romanos y griegos é identificarse con las

amarguras y sufrimientos que les causaba la pérdida de la patria amada.

Pues, bien, todo esto y mucho más que esto, han sufrido aquí los hijos

de la noble España y digo mucho más, pues que aquellos perdieron la

patria con honor y en lucha abierta, mientras que estos, ni siquiera

ese consuelo tuvieron para que fuera más amarga su pena y más intenso

su dolor.

Los españoles aquí lo han perdido todo y lo han perdido sin gloria,

cosa nunca vista en los anales de su historia patria, y esto no es cosa

fácil de poder apreciar, sino habiendo estudiado mucho en las páginas

de la historia de todos los pueblos.

Si tales y tan grandes han sido y son los sufrimientos y las amarguras

de los españoles en esta tierra, ¿no era más cuerdo, más sensato, más

generoso y más noble, tender la mano al caído que ir á gozarse con las

penas que les torturaban, concitando los ánimos de las turbas á fin de

que tomaran por su mano, la justicia que solo compete á las autoridades

cuando hay delincuencia?

No ha debido olvidarse ni por un solo momento, que á pesar del mal

trato que nos dieran, de las justas é innumerables quejas que contra

ellos tuviéramos, no todos eran iguales ni todos tenían los mismos

procedimientos que salían, especialmente del elemento oficial y muy

principalmente, de aquellos de nuestros paisanos que habían formado

causa común con ellos y querían aparecer más papistas que el papa.

Hemos debido tener muy presente el que en un momento dado habían pasado

á ser extranjeros, de que estaban _vencidos y de que no habíamos sido

nosotros los vencedores_.

La sangre de esos españoles tan odiados, es la misma que corre por

nuestras venas, su idioma, su religión, sus costumbres buenas ó malas,

sus defectos y sus bondades, son las mismas que nosotros tenemos y esto

no se cambia en un solo dia, ni en una centuria, pues cuando esta haya

transcurrido, quedará el recuerdo de la historia que no se puede borrar.

Los españoles llegaban aquí es verdad que con lo puesto, en su

mayoría, lo cual no es un delito, ó con el fondo de masita que les

entregaban al dejar el fusil, pero no es menos cierto, que en vez de

entregarse á la holganza, se dedicaban al trabajo imponiéndose toda

clase de privaciones y por este medio conseguían formar capital y en

breve tiempo compartían su suerte con las criollas, que pasaban á ser

nuestras madres, y de aquí la familia puertorriqueña, que no es ni

puede ser otra cosa que la familia española.

La Anexión de Puerto-Rico a los Estados Unidos de America · 第 6 / 8 题