Como Jeronimo Ortal, despidiendo al capitan Bautista y a los que
heran de su opinion, se metio con los que le quisieron seguir la
tierra adentro, en demanda de Meta, y como fue muerto Agustin
Delgado de un flechazo.
Avida esta uitoria, Geronimo Ortal se rrecoxio con todos los prisioneros
y despojo al pueblo del principal Diego, y poniendo la guarda quera
razon en los uencidos, descanso aquella noche con demasiado contento,
por estar bastantemente satisfecho de su ynjuria.
Algunos soldados de los de Bautista, que en el conflito de la batalla se
auian escondido en arroyos y arcabucos zercanos, por gozar de la
clemencia y misericordia, se uinieron de su voluntad a presentar ante
Jeronimo Ortal. De toda la gente de Bautista solamente escaparon asta
veinte honbres que en cauallos, vyendo, se fueron a la costa, donde
estaua la gente del capitan Vega; y aunque Gironimo Hortal ynbio tras
ellos para los prender y auer cunplida uitoria, porque no ouiese quien
contra el se rrehiziese, pero no pudieron ser auidos ni alcancados.
Otro dia siguiente el Gouernador junto toda la gente del capitan
Bautista, y dandoles noticia de la jornada y derrota que pensaua seguir
la tierra adentro, les dijo que a todos los que con el quisiesen yr les
volveria todas sus armas y cauallos y lo demas que se les ouiese tomado,
y que serian galardonados tan por entero en la tierra que descubriesen y
poblasen como los demas que sienpre le auian seguido, y que los que se
quisiesen voluer a la costa, que les daria licencia para hello, pero que
no les pensaua voluer cosa alguna de lo que se les auia tomado. Todos
los mas de los soldados de Bautista se declararon y ofrecieron de yr con
Jeronimo Ortal, y los demas con su capitan Bautista fueron despedidos y
enviados desnudos y despojados y con sendas uaras en las manos a guisa
de rrendidos.
Hallose Jeronimo Ortal con mas de ciento y cinquenta honbres, a los
quales declaro particularmente su yntencion, y les dijo como queria yr
por tierra y proseguir su jornada e yr en demanda de Meta, pues Dios
auia sido seruido de dalle tan buen aparejo de gente y armas. Los
capitanes y soldados todos vinieron hen ello y desde luego se pusieron a
punto de caminar y comenzaron a entrar la tierra adentro, marchando
siempre casi al Poniente.
Pasados algunos dias de camino sin sucedelles cosa notable, llegaron a
una poblazon rrala y algo llana, donde los moradores de temor nunca
esperaron. Entraron los soldados hen ella y buscaron si auia que pillar
y no hallaron mas de comida enterrada en algunas vasijas deuajo de la
tierra, y alojose el Gouernador en la mejor parte que les parecio.
Pasados pocos dias que en esta poblazon estauan descansando, vajo vn
yndio por vna loma o cuchilla auajo hazia el rreal con vn arco y
flechas en la mano. Hallose mas a punto de salir a tomar aquel yndio el
capitan Agustin Delgado, por tener su cauallo ensillado, lo qual sienpre
el tenia de costunbre andando en tierra de guerra, y caualgando salio a
tomar el yndio, el qual sin hazer ninguna manera de defensa ni
rresistencia se uino con el capitan Delgado, que delante de si lo traia
sin auelle quitado las armas por ver su mansedunbre. Viniendo marchando
el capitan Delgado con su yndio delante de si, asomo otro yndio de la
propia prouincia por la loma por donde yndio ya dicho auia uajado, y
caminando anzia el rreal de los cristianos venia dando muy grandes vozes
en su lengua, hablando con el yndio que Delgado traya delante de si, y
diciendole que donde se sufria que un honbre se dejase prender de otro
honbre y lleuar cautivo a miserable seruidumbre; que arto mejor le fuera
defendiendose morir, que como couarde dejarse prender del que lo
lleuava; que estuuiese cierto que si de la prision en que yva escapaua y
uenia entre sus deudos y naturales, que todos le auian de consumir la
uida con la mas cruel muerte que pudiesen ynuentar.
Indinado con estas uozes el yndio preso, puso vna de las flechas que
lleuaua en el arco y en alcando y apuntando se uoluio para Agustin
Delgado a disparar en el la flecha. El Delgado puso las piernas al
cauallo, que estaua amaestrado en aquello, porque hera usanza de los que
hazian esclauos en yendo en alcanze de algun yndio y llegando zerca
rrepararse el cauallo para tomallo de los cauellos sin hazelle mal
ninguno. Esta maestria rredundo en daño del Agustin Delgado, porque como
el cauallo se rreparo, el yndio enbevio la flecha en el arco y apunto al
rrostro del jinete, el qual se adargo con la rrodela, y biendolo el
yndio adargado, acometio a tirar la flecha al pecho del cauallo: acudio
alli el capitan Delgado a cubrir con la adarga; el yndio, uiendo el
rrostro descuuierto, torno a suuir el arco y disparando con toda
presteza e ynpetu, dio con la flecha al capitan Delgado entre los ojos o
entre las cejas, que le llego a la tela de los sesos. La herida fue
mortal, y asi la sintio como tal, y despues de auerse confesado murio
aquel propio dia. En la noche, el yndio que lo hirio y el que se lo
aconsejo pagaron el daño con las uidas, que con muchas heridas que les
dieron les fueron alli quitadas.
Sintio Jeronimo Ortal mucho la muerte deste Capitan, porque demas de ser
tan buen Capitan y soldado como se ha dicho, hera gran parte para que al
Gouernador se le tuviese el rrespeto y acatamiento que hera rrazon y que
todos lo ouedeciesen, y tanbien para que Jeronimo Ortal tratase con los
soldados y capitanes afable y generosamente; todo lo qual se perdio con
su muerte, y comenzaron los soldados y capitanes a menospreciar a su
Gouernador y tenello en poco, que fue causa de grandes tumultus, como
adelante se uera.