CAPITULO SIETE

En el qual se escriue como prosiguiendo su uiaje Herrera y los

demas españoles el rrio arriua, con grandes hanbres y trauajos,

entraron por el rrio de Meta, padeciendo dobladas misserias.

Salidos del puerto y barranca do auian estado surtos, nauegaron algunos

dias en demanda del rrio de Meta, a quien yban buscando, los quales

fueron de grande aflicion y calamidad para nuestros españoles, porque

demas del trauajo que de llevar los uergantines a rremo tenian y

padecian, les aflixia mucho la hanbre, porque aunque avian sacado alguna

comida del pueblo del principal que tuuieron preso, no fue tanta

cantidad que les pudiese turar mucho tiempo, y ansi procuraban

aprouecharse de la pesqueria ansi con ancuelos como con otros artificios

que consigo lleuauan.

Entre algunas cosas que azerca de las pesquerias les acahecieron, dire

aqui dos o tres, por parezerme dinas de notar, a causa de la estrañeza y

estremo de los pescados[457] que en este opulento rrio ay.

Vn soldado llamado Nauida, estranjero, buen oficial de martillo de

yerro, deseando sacar algun pescado como los demas, para ayuda a su

sustento, echo vn anzuelo al agua y atose el cauo del cordel al braco,

porque no se le sacasen de las manos que no deuiera: asilo[458] vn

pescado o demonio el anzuelo, y tiro con tanto ynpetu que se lleuo tras

si el pescador y nunca mas lo pudieron ver, y asi fue echo mantenimiento

de peces el que pretendia mantenerse de ellos.

Otro soldado, despues de esto, llamado Joan de Auellaneda, que en el

Nuevo Rreyno poblo el pueblo que se llamo Sant Joan de los Llanos,

pretendiendo tanbien sacar algunos pezes para comer, echo al agua su

anzuelo, y no curandose de[459] fijar el cordel en ninguna parte por no

ymitar al soldado Navida a quien su propio anzuelo lo pesco, fuele

tomado el anzuelo de un pez de tanta furia que aun que el hizo lo que

pudo con sus fuerzas y llamo en su ayuda otros cinco o seis conpañeros,

los quales, todos juntos poniendo todas sus fuerzas de tirar del anzuelo

o cordel, jamas lo pudieron sacar, antes se lo lleuaua al agua tras si,

los quales temiendo el suceso del soldado rreferido, soltaron de todo

punto el cordel con arto daño suyo, porque de la fuerza que en tirar

hellos el pescado pusieron, quedaron tan lastimadas las manos y rasgadas

que por artos dias no se les sanaron las llagas ni aun quitaron las

señales. No se pudo ver ni conocer que jenero de pescado fuese este de

tanta fuerza.

Sacose por otros soldados vna manera de pescado estremado por su

propiedad nunca uisto asta entonzes, pero despues se hallaron de estos

peces en los rrios que por los llanos de Venencuela atrauiesan; y era

que asi como el soldado lo sacaua del agua, asi comenzaua a temblar,

casi a perder la fuerza del brazo y de todo el cuerpo, asta que lo

soltaua. Despues de puesto en tierra se llegaron muchos soldados a uer

aquella estrañeza, y meneandolo en tanto quel pez estaua viuo, ninguno

le tocaua o meneaua con alguna cossa quen la mano tuuiese, que no le

tenblase la mano y todo el braco, de suerte que casi no le quedaua

fuerza para tener nada en la mano, mas luego cesaua todo; y esto, como

he dicho, en tanto como esta uiuo, porque despues de muerto no tenia

ninguna uirtud ni ponzoña, antes lo comieron y lo hallaron de muy buen

comer y gusto.

Hera este peze de cuero y no de escama, de echura de vna anguilla, eceto

que la caueza y cuerpo tenia muy gorda y no tan largo como anguilla,

sino algo menor.

Con estos y otros acaecimientos de pescas y muertes de algunos soldados,

llegaron a do atrauiesa el rrio vna zingla[460] de peñas que esta zerca

del rrio de Meta, donde el Comendador Hordaz se uio en trauajo de suuir

y pasar por alli los uergantines, a causa de la gran corriente que las

peñas causavan; los quales no en menos trauajo pusieron esta flota de

Jeronimo Hortal o de Herrera su capitan, que auian puesto a los de

antes. Finalmente, trauajando todo lo que pudieron, suuieron los

uergantines. La uarca en que lleuauan los cauallos, por ser mayor y mas

pesada, no la podian passar, y estando en esta confusion, que no sauian

que rremedio se tener, rrefresco la brisa con tanto ympetu y tan de

rrepente, que lo que se tenia por ynposible lo uieron en un momento

efetuado.

Con este viento paso la uarca aquel rraudal; que no poco contento y

alegria causo a todos, por que les parecio que en auelles sobreuenido

tan buen suzesso en el subir de la varca, que todas las cosas del

descubrimiento o tierra que yban a buscar les sucederia muy

prosperamente.

Luego, pasados del rraudal[461], rreconocieron estar zerca de las juntas

de los dos rrios, Meta y Uriaparia, que alli se llamaua Urinoco. Este

Urinoco se llama Guavyari, como en la jornada de Hordas se dijo mas

largamente. Por señales muy particulares de algunos soldados de los que

antes auian andado por alli, vieron, que les doblo el contento, con el

qual disimularon harta parte de la hanbre que lleuauan, y ansi llegaron

a las juntas, donde se rregocijaron muy mucho y dijeron missa y dieron

gracias a Dios por auellos puesto en el rrio que deseauan; y porque si

Jeronimo Ortal viniese por alli con alguna jente, como auia prometido,

hallose[462] señal y rastro de su viaje y derrota, escriuieron ciertas

cartas y metieronlas en vn calauazo, y tapandolo con zera, porque no se

mojasen, lo pusieron en el braco de vna Cruz alta que, en vnas grandes

peñas que a las juntas de los dos rrios estauan, hizieron.

Por las cartas dauan auiso a Jeronimo Ortal del suceso de la jornada y

de la derrota que lleuauan, y con esto navegando por el rrio de Meta

arriua, se les yban acrecentando y doblando los trauajos donde mas

descanso pensauan tener.

Hera uerano y el rrio traia poca agua, y el uiento les hera contrario

sienpre; auia falta de comida, y auian de lleuar los uergantines a remo,

y por alli era la tierra de mas mala constelacion que la de auajo, con

lo qual enpezauan a enfermar los soldados y a murirse algunos.

Todas estas circunstancias los trayan tan acosados que deseauan, y aun

con animos flacos y locos auia algunos que le pedian a Dios que los

sacasen de aquellas calamidades y trauajos en questauan y los pusiese en

perpetuo cautiuerio y seruidunbre de moros, que les parecia que

livrarian mejor en la sujecion de los ynfieles que en los presentes

trauajos, que con sus propias manos auian tomado; y por pedir o desear

lo que no entendian, permitio Dios que luego viniesen las aguas y

creziesen los rrios, con que crezieron sus trauajos, porque esas pocas

playas que el rrio hazia, en que hallauan algun marisco y gueuos de

ycoteas, con que se sustentauan, se cubrieron con el agua, y asi les

falto de todo punto el rrecurso que en aquello tenian para ayudar a

pasar las hanbres, y aun para lleuar por ellas los uergantines a la

sirga[463]. Demas de esto, los rrecios aguazeros que les davan les

calavan asta las carnes, y en estando la rropa por enjugarse dos o tres

horas, luego criaua gusanos y se podria sin poder ser de prouecho.

Vltra de estos trauajos[464] aflixia mucho a los soldados la barca

grande, por ser tan pesada y cargada, y aun hera ocasion de que

enfermasen y muriesen, por lo qual rrepartiendo entre los uergantines lo

que la barca lleuaua, la dejaron por mandado de su capitan en vna isla

quel rrio hazia. Los demas vergantines ya no los podian lleuar a remo, y

asi por las uarrancas del rrio, que todas eran manglares y arcabuco, los

lleuavan tirando o a la sirga, y si acaso se soltaua o quebraua la soga

con que tirauan, en vn momento boluian atras lo quen dias auian

trauajado.

Despues de auer nauegado con este ecesiuo trauajo treinta dias por este

rrio de Meta, estando todauia el Capitan ostinado en proseguillo, y

uiendo que de todo punto le auia faltado la comida, paro en vna parte

que le parecio comoda para yr a buscar tierra en donde ynbernar, y

porque con la falta de la comida no desmayasen de todo punto los

soldados, mató vnas puercas que traia para criar y rrepartiolas entre

todos, con lo qual se animaron algo y se determinaron de no pasar de

alli por entonzes, mas uer y hazer lo que les conviniese.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 148 / 305 题