De como los Siluas, honbres naturales de la isla de Tenerife,
siguieron al comendador Hordas, y el fin que ouieron por sus malas
obras.
Al tiempo y sazón que el comendador Hordas llego a la isla de Tenerife,
salto en tierra[308] Alonso de Herrera, a quien el traia por su maese de
campo, para que como honbre practico en negoçios de miliçia y de
singular graçia para atraer a si los animos de los soldados por su
hauilidad[309] asi en el hablar como en tratar, juntase alguna jente; el
qual, entre otros vezinos y naturales con quien el alli trato y tubo
amistad, fueron estos Siluas, jente de mediana hazienda y linaje y
juueniles en la hedad y aun en el juizio, a los quales façilmente atrajo
a si Alonso de Herrera, para que deshaziendose del patrimonio y bienes
que alli tenian, los gastasen en armar vn nabio o los que pudiesen, y en
ellos metiesen los soldados y jente que hallasen, para yr con el
comendador Hordas en demanda de aquella rrica por fama e ynçierta
notiçia del Marañon, y con esto no solo adquiririan titulos de capitanes
y personas prinçipales y preheminentes, mas tenian[310] tanta mano en el
negoçio del gouierno de la jente y tierra que se descubriese y poblase,
como el propio gouernador; y poniendoles por delante demas de las
adulaciones dichas, las muchas rriquezas, aunque biolentamente auidas,
que en aquellos tiempos de las Indias se lleuauan a España, que aunque
no eran tantas ni tan licitamente auidas como las de estos tienpos,
parecian ser en tanto numero por ser la tierra nueuamente descubierta.
Determinados los Siluas de hazer lo que Alonso de Herrera les rrogaua,
pareçiendoles venilles muy bien y a pelo el negoçio, con vna ynçierta y
bana esperanza se deshizieron de los bienes y hazienda que en ella
tenian, y conprando vna nao y una carauela o nauio, comencaron a ponerse
a punto de proseguir y salir con su jornada adelante, conuocando y
atrayendo a su conpañia muchos amigos y conocidos de los que en aquella
ysla tenian, los quales con uer a estos bezinos deshazerse de sus
heredades y dejar la zierta y mediana pasedia[311] que tenian, por
meterse deuajo de lo que la fortuna con hellos quisiese guiar,
facilmente se despusieron a seguillos, y asi juntaron mas de doçientos
honbres.
Estando ya a punto estos capitanes con su jente y nauios para se partir
en segimiento de su capitan y gouernador, llego a la misma ysla de
Tenerife, al propio puerto de Santa Cruz, donde estauan surtos los
nauios de los Siluas, vn galeon de vn cauallero portugues cargado de
mercadurias y de otras cosas que para el sustento de aquella ysla se
traian, en el qual ansi mesmo venia vna donzella de poca hedad, hija o
parienta del señor del galeon. El que venia por maestre deste galeon, o
por enojo que de su dueño tuuo o por otra diabolica codizia que a ello
le mouio, trato con Gaspar de Silua, que hera hermano mayor de los tres,
que se apoderase en el galeon y en todo lo que en el estava y lo lleuase
consigo. Gaspar de Silua dexose facilmente venzer de su cudicia, y hizo
lo que el maestre del galeon le dezia, del qual apoderandose contra toda
rrazon y justizia; echo los demas que contra su opinion y boluntad
estauan en el y dioles en renconpensa la nao que tenia para su viaje,
que era ya bieja y maltratada con el mucho trauajo, y de lo que le
parecio paso al otro nauio que el antes tenia, en el qual pensaua
nauegar con la donzella que en el galeon auia benido. Rrepartiendo la
jente que alli tenia hecha en el galeon y nauio, metio a sus dos
hermanos, llamados Juan Gonzalez y Bartolome Gonzalez, en el galeon por
capitanes del y el se metio en la caravela.
Haziendose a la vela tomaron su derrota a las yslas de Cauo Uerde, como
el gouernador Hordas les auia mandado, a donde en pocos dias llegaron; y
saltando en tierra a tomar algun rrefresco para la mar, procuro
aprouecharse mas de lo que hera rrazon a jente de su nacion, rrouando
todos los ganados y otras cosas que pudo auer contra la boluntad de sus
dueños, y aun casi a manera de amotinado, rrouo y despojo algunos
portugueses que en la ysla a manos allo, todo lo que tenian, y
dejandolos despojados de sus haciendas se enuarco y prosigio su viaje,
en el qual porque[312] se efetuasen todos los generos de maldades, forzo
y corronpio a la donzella que en el galeon auia tomado con las otras
cosas.
El galeon hera mas ligero en el nauegar, y asi en el camino se adelanto,
y dejando atras a la carauela, en que yba Gaspar de Silua, se fue dando
vista al rrio Marañon y a los demas puertos que por alli auia, y biendo
quen todos hellos no auia rastro ni señal de los nauios del comendador
Hordas, enboco por las bocas del Drago, y fue derecho a dar al puerto de
Paria[313], donde hallo que estava surta la nao capitana. El Comendador
sintio muy gran alegria y contento de uer uenir la jente que atras auia
dejado, y haziendose su salua e manera de rreciuimiento los vnos a los
otros, surgio el galeon de los Siluas, y saltando en tierra fueron muy
bien rreceuidos de su Gouernador, y uiendo que tan bien proueidos
venian, aunque no sauia a cuya costa, y que no solo traian lo que auian
menester, mas otras muchas cosas para uender a los que en la tierra
estauan, se alegro muy mucho mas y les rrindio mas particularmente las
gracias, dandoles lizençia que[314] pudiesen bender lo que traian
sobrado como quisiesen.
Mas Dios nuestro señor, que no consiente que semejantes maldades pasen
ni queden sin castigo, permitio que dos soldados que en el galeon auian
venido, llamados Hernan Sanchez Morillo y Briorres, que no deuian de
auer sido consentidores en las maldades de los demas, dieron noticia al
gouernador Ordas de lo que los Siluas tan maluadamente auian hecho, ansi
en auerse alcado con el galeon y todo lo que en el venia, como el
corronpimiento y[315] fuerza de la donzella y rrouos echos en Cauo
Uerde, lo qual no curando disimular el Gouernador, antes procurando y
deseando que se les diese el castigo que semejantes negocios merezen,
mando luego a Gil Gonzalez de Auila, a quien el tenia por su alcalde
mayor, que prendiese a los dos hermanos que venian en el galeon y que
haziendo ynformacion sobre los crimenes de que le auian dado noticia,
hiziese justicia dellos y castigase a todos los mas culpados. El Alcalde
mayor puso luego por hobra lo que su Gouernador le mandaua, y auida
ynformacion bastante sobre hello, corto las cauezas a los dos hermanos
Juan y Bartolome Gonzalez, y afrento y acoto a otros participantes de
dichos delitos, a cada uno segun tenia la culpa[316]. Donde a pocos dias
llego a esta fortaleza Gaspar de Silua, el hermano mayor que auia
quedado atras, y allo que se auia ya partido el Comendador en demanda y
seguimiento de su jornada al rrio de Uriaparia, en cuya busca y alcanze
se fue luego, a los quales alcanco luego a la entrada del propio rrio
Uriaparia, mostrando mucha alegria con bozes y altilleria que solto de
su carauela, y se metio luego en vn esquiffe y se fue a la nao capitana
a uesar las manos al gouernador Ordas, el qual luego lo mando prender y
se hiziese justicia del como de sus hermanos, y lo lleuaron a enterrar a
una isleta pequeña que alli zerca hazia el rrio, llamada Peratabre, la
qual desde en adelante[317] se llamo la isla de Gaspar de Silua; y desta
suerte estos tres hermanos ouieron y rresciuieron la pena que su loco
atreuimiento e ynfames echos merescieron, participando del castigo y
pena todos los demas soldados y otras personas que auian sido
participantes de los delitos, cada qual segun tenia la culpa como arriua
rreferi[318].
Todos los vienes y mercadurias que estos Siluas rouaron, asi en el
galeon como en Cauo Verde, y los demas que ellos traian por suyos,
fueron secrestados[319] y bendidos y encargados a los que alli venian
por ofyciales del Rrey para quellos pusiesen en cobro.
De esto se puede conjeturar quan mas y mejor ouiera sido a estos Siluas
contentarse con su mediana pasedia[320] y no procurar o pretender por
ynciertas vias y medios adquerir vana honrra, especialmente siendo tan
ynciertos los vienes y prometimientos de la fortuna, pues como es
notorio, por vno que en las Indias suue y alcanza mayor dinidad y estado
y mas prosperidad de rriquezas, dezienden y se pierden diez de mayores
quilates que aquel que subio, como nos lo muestra la espirienzia de
muchos mayorazgos, que con bana esperanza de ser mas rricos, se an
desecho en España de sus patrimonios con que honrrosamente sustentauan
la memoria de sus mayores, y pasando a las Indias y perdiendo y gastando
el aparato que despaña sacaron, an uenido a morir miserable y
pauperrissimamente, y aun a muchos dellos en poder de yndios cariues y
de tigres y otros animales en cuyos bientres an sido sepultados,
caresciendo de la materna sepultura, y lo que mas es de sentir, de los
benefficios y sufraxios que en sus tierras se les hizieran, de que
pudieran gozar no siguiendo la banidad ni dejando lo cierto por lo
dudoso, como el bulgar rreflan dize.