CAPITULO QUATRO

Como dexando Felipe Dutre los enfermos en el pueblo de Nuestra

Señora, se partio con quarenta soldados en demanda del Dorado.

Quentase lo que en el canpo le subçedio hasta llegar a çierta

poblazon que estaba cerca de la tierra de los Omeguas.

Despues de aberse holgado y descansado algunos dias Felipe Dutre en el

pueblo de Nuestra Señora, y aberse bien ynformado de algunos yndios que

por alli se tomaron, si era çierta la notiçia del pueblo que en el

Papamene le abian dado a la[153] qual llamavan los naturales de aquel

pueblo Guagua, y los del Papamene, Omeguas, que casi corresponde con la

que Orsua tubo en el Marañon, llamada Omegua, hallando ser çierta y que

todabia le afirmavan y confirmaban la prosperidad de aquella tierra, dio

la buelta sobre la punta de los Pardos[154], de donde se abia rretirado

a dexar en buena parte sus enfermos y rreformar sus jumentos; y llevando

consigo quarenta hombres, y con ellos a Pedro de Linpias, que demas de

ser honbre venturoso y mañoso y de buen conoçimiento en cosas de yndios,

abiase dado a deprender las diferentes lenguas de aquellos barbaros,

las quales entendia medianamente, comenzo a seguir por la derrota que

los yndios le abian dicho, y avnque pasando por rraras poblazones,

sienpre de los yndios que podia aber se procuraba ynformar donde estaba

el pueblo llamado Macatoa, y si para yr a el llevaba buena derrota por

do yba. Los yndios, no apartandole ni estorvandole punto de su camino,

por pareçelles que yba a tierra donde mas no bolveria, y que con

miserables muertes que los omeguas les darian, se vengarian de los daños

que sus comarcanos y vezinos abian de españoles rreçebido, siempre les

encaminaban la bia derecha al rrio Guavyare, en cuyas rriberas estaba

poblado Macatoa, por quien yva preguntando. Caminando siempre por camino

llano, alto y enxuto que por pocas partes de aquellos llanos se suele

hallar ni se a hallado, sin suçedelles ningun contraste ni ynfortunio,

dieron dende algunos dias que abian caminado, en el rrio llamado

Guavyare, el qual es rrio cavdaloso y muy hondable y algo furioso y que

si no es en canoas o nadando no se puede pasar, lo qual tenian Felipe

Dutre y sus soldados neçesidad de hazer, porque de la otra vanda estaba

el pueblo en cuya demanda yva.

Andubieron algun rrato por las rriberas de Guavyare, buscando si

hallarian vado por do pasallo o yndios que los pasasen, y lo uno ni lo

otro pudieron topar, mas de solamente vn yndio que acaso andaba pescando

o mariscando por aquella rribera, al qual, despues de abelle preso, con

halagos que le hizieron y buenas palabras que le dixeron, le aplacaron

de la yra y coraje que en berse en poder de gentes para el tan

espantables, abia cobrado; y dandole a entender el poco daño que le

abian de hazer, le preguntaron a que parte estaba el pueblo llamado

Macatoa. El yndio, como era natural de por alli y sabia y conoçia bien

aquella tierra, luego les declaro muy por estenso lo que le preguntaban,

señalando la parte y lugar donde aquel pueblo caya y la poca distançia

que de alli estaba agua arriba, eçeto que se abia de pasar el rrio.

Felipe Dutre, confiandose en lo que la fortuna quisiese hazer, dio

algunos rregalos o rrescates a aquel yndio y persuadiole y rrogole que

fuese al pueblo Macatoa y que de su parte saludase al señor del y le

dixese que el, con aquellos soldados que alli tenia, yvan en demanda de

çiertas provinçias de mucha gente que le abian dicho que el sabia, para

yrse a ber con ellos; que tubiese por bien de rreçebir su amistad, que

el le seria perpetuo amigo y no consentiria que en sus tierras ni

basallos se hiziesen ningunos daños ni rrobos, y que no reynase en el ni

en sus yndios ningun temor de que por los suyos se les harian ningunos

malos tratamientos, ni se avsentasen de sus casas, y otras cosas para

atraer los animos de aquel yndio y señor de aquel pueblo y de sus

sujetos a su amistad y comunicaçion; porque como las crueldades de que

los españoles les solian hazer en aquellos tiempos bolavan y penetraban

a partes muy rremotas y apartadas, no dexaban los moradores deste rrio

de tener ya notiçia de la furia e ympetu en animos de los nuestros, y de

como sujetaban y arruynaban las tierras por do pasaban, y por esto le

convino a Felipe Dutre enbiar aquel mensajero con todos estos halagos y

muchos mas.

El yndio se fue con su enbaxada la buelta de Macatoa, y llegado alla la

debio de dar muy cumplida, segun pareçio, porque otro dia siguiente

vinieron a donde Felipe Dutre estaba noventa yndios en canoas

aconpañando a vn hijo del señor o principal de Macatoa, al qual su padre

enbiaba con la rrespuesta de la enbaxada que el dia antes abia llevado

el yndio. Los españoles, temiendo no fuese aquella gente de guerra que

benia a pelear con ellos, pusieronse a punto de guerra. Llegaron las

canoas a la parte de la rribera donde estavan alojados los españoles, y

saltando en tierra aquel barbaro que su padre enbiava por enbaxador

aconpañado de otros algunos yndios, pregunto en su lengua desde lexos

por el prinçipal o cabeça de los cristianos, y como fuese entendido lo

que deçia, salio a el Felipe Dutre aconpañado del capitan Linpias, que

entendia aquella lengua, y de otros algunos soldados; y como por lo que

se le dixo y enseño, el yndio conociese que Felipe Dutre era el capitan

de aquella gente, le hablo en su lengua desta manera: Ayer embiastes con

vno de los moradores destas rriberas que por aqui hallas a saludar a mi

padre, haziendole saber vuestra venida, conbidandole con vuestra

amistad, prefiriendoos a no danificar a el ni a sus sujetos, dandole a

entender que no es vuestro yntento mas de ynformaros y saber del que

gentes son las que abitan en las tierras comarcanas a çiertas sierras

que apartadas de aqui estan este rrio abaxo, en cuya demanda vays, y que

porque os encaminase a ellas le seriades muy gratos y le hariades todo

el benefiçio que pudiesedes, por todo lo qual se halla mi padre tan

devdor vuestro quanto yo no se dezir ni significaros, porque halla en

vosotros muy diferentes obras y palabras de las que algunas gentes le

abian dicho, significandole que herades vnos hombres terribles, feroçes,

crueles, enemigos de toda paz, amistad ni concordia, senbradores de

gerras, derramadores de sangre humana, y finalmente que toda vuestra

feliçidad era desasosegar con mil generos de crueldades a las miserables

gentes por do pasabades: enbiame a vosotros para que de su parte os de

la norabuena de vuestra venida y llegada, y que es muy contento de

açetar vuestra amistad, y no solo advertiros de lo que pretenderedes

saber del, mas tambien serviros con todo lo que fuere neçesario para

vuestro viaje, y daros guias que os guien y lleven por buen camino y en

breve tiempo: rruegoos que os paseys a aposentar a su casa y pueblo,

donde mejor os pueda servir y ver, y para este efecto vienen aqui estas

canoas que os pasaran de la otra parte deste rrio.

El general Felipe Dutre le rreplico con el ynterprete que le agradeçia

su enbaxada, y que en todo se rremitia a las obras que veria. Apartose

algo el General a tratar con los suyos lo quel yndio abia tratado y

dicho; y como los españoles sea gente tan rrecatada, no les pareçio que

aquella enbaxada traya la sinçeridad y llaneza que devia traer, sino que

debaxo della abia alguna çelada, y pareçioles que aquel dia no se pasase

el rrio Guavyare, porque era ya tarde y las canoas que trayan no eran

tantas que de vna vez pudiesen pasar todos, porque si divididos pasaban

era dalles materia y ocasion a los yndios para que si tenian pensada v

hordenada alguna traycion, la efetuasen, y yendo o pasando todos juntos

ya que algo obiese podrianse defender mejor. Felipe Dutre le dio por

rrespuesta aquel prinçipal que el ser ya tarde y aber pocas canoas para

el pasaje del rrio les era ynpedimento para que luego no se efetuase lo

que deçia açerca de que luego pasasen a la otra vanda; que se bolviese

en orabuena a donde su padre estaba, y que otro dia pasarian. El yndio

entendido lo que se abia dicho, dixo que por falta de pasaje no lo

dexasen, que el haria alli venir mas canoas, y ansi enbio luego vn yndio

que hizo venir alli otras tantas y mas que las que antes el abia traydo;

y visto los españoles la liberalidad del yndio, porque no pensasen que

de temor lo dexaban de hacer, se enbarcaron, y llevando los caballos a

nado pasaron todos juntos aquella tarde el rrio, y alli luego se

alojaron por pareçelles que no era ya ora de caminar ni llegar al pueblo

de Macatoa.

Al enbaxador o hijo del cacique le peso de que los españoles no

quisiesen pasar de alli, mas abisandoles que no fuesen el rrio abaxo,

donde podrian ser danificados de çiertas gentes que por alli habitaban,

se fueron a su pueblo a dar cuenta de lo subçedido a su cacique o

prinçipal.

Otro dia de mañana embio el señor de Macatoa çinquenta yndios cargados

de mayz y pescado y carnes de venado y caçabe a los españoles y a su

general, y les enbio a rrogar que se fuesen a descansar a su pueblo,

que se holgaria mucho de bellos alla; y como el General y los demas

tubiesen deseo de ver aquel prinçipal, luego se partieron todos juntos

para el pueblo de Macatoa, el qual hallaron desocupado de sus moradores

porque en el se alojasen los españoles, y toda la gente del pueblo, que

serian quatroçientos vezinos, se abian alojado vn tiro de arcabuz de

allí, rribera del rrio Guavyare, y admirados desta hazaña y liberalidad

le preguntaron al caçique o señor que como o porque abia desenbaraçado

su pueblo e ydose de sus casas a alojarse junto al rrio, el qual

rrespondio que conoçiendo la gran ventaja que los españoles les tenian

en personas y en balentias y en su manera de bivir y tratar y en todo lo

demas que hazian, hallavan no solo merecer y ser dignos de que ellos los

diesen sus propias casas en que se aposentasen, sino de que

perpetuamente les sirviesen.

Era este prinçipal vn yndio bien apersonado, de mediano cuerpo, y alegre

y liso de rrostro, de muy amigable y noble aspecto, no viejo, sino que

al pareçer tendria de treynta y seys o quarenta años. Sus yndios era

gente creçida y luçida, avnque desnuda, de naçion guaypes, que por otro

nonbre son dichos guayupes. Tenian estos yndios el pueblo linpio y bien

adereçado y muy proveydo de comidas de todas suertes, de las que ellos

vsaban, y muchas hamacas, en que los españoles durmiesen.

Felipe Dutre, con sus ynterpretes, luego tomo la mano en ynformarse

deste prinçipal y señor de Macatoa de la tierra del Dorado, en cuya

demanda yva, y en quatro dias que alli estuvo descansando, su prinçipal

exerçiçio era este, variando en sus preguntas, por ver si el yndio

variaba en sus rrespuestas; el qual deçia que junto a çierta cordillera

que en dias claros de alli se devisaba, abia grandisimas poblazones de

gentes muy rricas y que poseyan ynumerables rriquezas; que le pareçia

que no debia yr a ellas con tan poca gente como llevaba, porque por muy

balientes que fuesen, la muchedumbre de las gentes donde yvan los

consumirian y acabarian muy presto. El General, como yba determinado a

no dar la buelta sin ver el prinçipio de la tierra, pidio guias al

caçique para proseguir su viaje, el qual se las dio; porque para llegar

a otra poblazon de yndios amigos suyos abia çiertas jornadas de

despoblado, le dio otros muchos yndios cargados de comida para el

camino, con los quales se partieron los españoles, y siendo guiados por

vnas çabanas o campiñas rrasas y sin camino, porque de yndustria eran

llevados por alli, a fin de apartallos de çiertas poblazones que rribera

del rrio Guavyare abia, donde podian rreçebir daño. Y despues de aber

caminado nuebe dias de despoblados, llegaron çerca del pueblo amigo del

señor de Macatoa, a quien los nuestros yvan rrecomendados para que les

hiziesen buen ospedaje y los guiasen adelante. Las guias que los

españoles llevaban, ya que estubieron obra de dos tiros de arcabuz del

pueblo, de suerte que los moradores del se enpeçaban a alborotar para

tomar las armas, dexaron a los nuestros a que se alojasen alli donde

estaban, y ellos fueronse al pueblo a dar notiçia de la gente que era y

la derrota y demanda que llevaban, y a sosegar los alborotados animos de

aquellos barbaros que con la bista de los nuestros estaban ya con las

armas en las manos para salles[155] al encuentro.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 79 / 305 题