CAPITULO QUINZE

En el qual se escrive como despues de aber Fedreman pasado la

laguna se fue a Coro, y enbio toda la gente por la tierra alta, la

via de las provinçias del Tocuyo, con el capitan Diego Martinez, y

lo que en el camino le subcedio hasta llegar a Carora.

Engolfeme tan de golpe en los tristes espectaculos y subcesos[108] de la

jornada del governador Jorge Espira, que casi me abia olvidado de

proseguir adelante con lo que su teniente y su gente hizo despues de

pasada la laguna. Mas como esto no aya sido en mi mano claramente lo

podra ver el lector, pues no era justo dexar quebrado el hilo de la

Istoria en vn lugar tan calamitoso y donde la fortuna mas cruelmente

quiso mostrar su potencia y furia mutable contra aquella gente y de vna

bana esperança que les abia dado de rriquezas y prosperidades,

convertirsela en hanbres y enfermedades y muertes y otras adversidades e

ynfortunios, y al fin, sin dalles algun contento ni alegria despues en

ningun tiempo, les forço a que se bolviesen a do abian salido, como

adelante se vera.

El tiniente Fedreman, pasada su gente la laguna de Maracaybo, se

determino en que toda ella, con el capitan Diego Martinez, natural de

Valladolid, se fuesen por la tierra alta y serrania, llamadas las

provinçias de Carora, a dar al valle que dizen de Tacarigua, y que alli

lo esperase para juntandose el otra vez con su gente, meterse en los

llanos en demanda de la notizia de Meta; y avnque su governador Jorge

Espira abia llevado la misma derrota, hazia cuenta Fedreman que la

tierra era ancha y larga, y que en tomando çertidumbre del camino o

biaje que el Governador llevaba, apartarse el de sus pisadas y seguir

por otra derrota.

Apartose Fedreman con algunos de aquellos capitanes amigos suyos, y

fuese la bia de Coro, para ver si hallava la que pretendia y aver

algunos soldados y otros pertrechos de guerra, e yr despues por la via

de la mar en alcançe de su gente. El capitan Martinez prosiguio su

viaje, como le abia sido mandado por su General, caminando por lo alto,

con alguna falta de comida, que llevaba algo fatigada la gente.

Al prinçipio de entrar o caminar por esta serrania el capitan Martinez,

suçedio vn caso que por pareçerme de admiraçion lo pongo aqui. Entre los

otros soldados que en esta conpañia yvan abia vno, llamado Martin

Tinajero, natural de Ecija, honbre que al parecer esterior bivia bien y

cristianamente. Fue necesario apartarse vn cavdillo, llamado Hernando

Montero, con hasta veynte conpañeros a buscar comida, y fue vno dellos

este Martin Tinajero, al qual, en esta salida, le aquexo çierta

enfermedad que tenia, de que murio, y fue enterrado por sus conpañeros

en vn hoyo o concabidad que en ynbierno abia hecho el agua y cubierto

el cuerpo con tierra, y dexandolo asi se bolvieron con su provision o

mantenimiento al canpo; y dende a çiertos dias se ofreçio yr gente otra

vez aquella propia parte donde el cuerpo de Martin Tinajero estaba o

abia sido enterrado; y quiriendo ver los españoles si los yndios avian

andado con o lo abian desenterrado, hallaronlo que estava el cuerpo algo

descubierto y le salia vn çierto olor muy suave y agradable y con tanto

ynpetu que mas de çinquenta pasos a la rredonda ocupaba el campo, y

admirados de aquella maravilla se bolvieron sin llegar a el, por

questaba cubierto de vna gran multitud de abejas de las que crian miel,

y muchos, por lo que de aquel honbre conoçieron y por lo que despues en

su cuerpo muerto vieron, juzgaron ser algun bienaventurado; mas como

nuestros españoles y su Capitan y cavdillo llevaban los ojos puestos en

las rriquezas que deseaban aber, no curaron de examinar aquel caso ni

ver si eran dignos de llevar consigo aquel cuerpo o dalle eclesiastica

sepoltura; mas prosiguiendo su camino llegaron a çierta provinçia de

yndios cerca de Carora, carives o canibales, llamados jiraharas, gente

belicosa y gerrera, los quales, viendo que los españoles llevaban su

vanguardia endereçada a su pueblo, tomaron las armas, que eran arcos y

flechas, y saliendo al camino a rrecebir a los nuestros acometieron a

los de la vanguardia, a los quales pusieron en condiçion de

desbaratallos si no fueran con brevedad socoridos de los demas que atras

venian, con que rrebatieron a los yndios y los desbarataron y

ahuyentaron, matando muchos dellos. Los yndios hirieron algunos

españoles con rrecia furia y fuerça, avnque de las heridas no murio

ninguno. Dieron, entre otros flechazos, vno a vn Garcia Calvete, por vn

lagrimal de vn ojo, que le salio la flecha al colodrillo, y con estar en

lugar tan peligroso y pasada la flecha de parte a parte, no murio este

honbre, antes biviendo muchos dias, despues[109] vino a ser vezino en la

çiudad de Velez, del Nuebo Rreyno de Granada.

Desbaratados los carives, nuestros españoles se alojaron en su pueblo,

donde hallaron alguna provision de comida, porque jamas dexaron de

caminar con falta della. Los yndios, deseando vengarse de la ynjuria

rreçebida y echar de su pueblo y tierras a sus enemigos que en ella se

estavan, convocaron todos los naturales sus vezinos comarcanos, e

ynduçiendoles y rrogandoles que en su fabor quisiesen tomar las armas

contra los nuestros, los atraxeron a ello con algunas dadivas que les

dieron; y para con mas seguridad efetuar lo que pretendian, hordenaron

que los naturales de alli saliesen de paz a los españoles, y los demas

comarcanos estuviesen enboscados a la mira, y que quando oyesen el

rruydo que entre los yndios y los españoles se travaria, acudiesen en su

fabor, y abria lugar de destruyr del todo a los nuestros; y con este

conçierto se vinieron al rreal vna banda de aquellos barbaros, que

serian hasta quatroçientos, con algunas cosas de comer para los

españoles y vnos hazeçillos de paja dentro de los quales trayan

escondidas sus armas y flechas; y siendo esta traycion descubierta por

las lenguas que tenian, fueron los yndios castigados de su loco

atrevimiento, porque luego que los españoles entendieron la celada que

tenian y trayan hordenada, dieron en aquellos que en el pueblo estaban y

matando muchos dellos ahuyentaron a los demas, quedando en su poder

presos hasta ochenta de los mas prinçipales; y como los yndios que

estaban enboscados y a la mira, que serian mas de mil valientes

gandules, viesen y oyesen el tumulto y rruydo que en el alojamiento de

los españoles, adonde sus conpañeros estaban, avia, acudieron

prestamente con sus armas y hallaronlos desbaratados y muertos y presos

los que he dicho, y avnque acometieron con sus armas a los nuestros, fue

de ningun efecto su acometimiento, por estar ya los nuestros puestos en

horden de guerra y sin ningun temor, antes amenazaban a los yndios con

que darian en su presençia crueles muertes a los que tenian presos si

suspendiendo sus armas no se rretiravan con presteza.

Los yndios lo hizieron asi, que bolviendose a sus casas y pueblo

trataron luego del rrescate y libertad de sus prinçipales y compañeros,

lo qual concluso paso el capitan Martinez adelante con su gente, y

adelantandose el con treynta conpañeros vna jornada de los demas que la

yvan siguiendo, llego á vna provinçia de naturales que confinaban con

los de las provinçias de Carora, cuya gente era belicosisima y gerrrera,

los quales, luego que sintieron la poca gente que consigo llevaba el

capitan Martinez, se juntaron, y tomando las armas, que eran flecheria,

arcos y macanas, se vinieron para el en un pueblezuelo ó lugarejo do

estava alojado, lo qual, visto por el capitan Martinez y sus conpañeros,

armandose con las armas que acostumbraban pelear, salieron al encuentro

á los yndios, que serian mas de quatrocientos; y avnque a los prinçipios

se tuvieron con los enemigos, despues fueron constreñidos a rretirarse y

rrecojerse junto á vn gran buhio, donde se fortificaron y defendieron

valerosamente de aquellos barbaros que, con pretension de tomallos bibos

y a manos a todos, no se abian aprovechado de la ocasion que su fortuna

les puso en las manos. Rrecogidos los nuestros aquel lugar, trataron de

pazes con los yndios, para debaxo de ellas hazer algun exenplo de

crueldad con que atemorizar y estantar[110] a los demas y echallos de

sobre si. Fue, pues, el suceso que los yndios mas prinçipales, debaxo de

trato doble de amistad que los españoles les hizieron, llegaron a ellos

quietamente, avnque con las armas en las manos. El capitan Martinez se

metio con seys soldados armados en vn buhio grande que alli tenian por

rreparo, y dixo que los yndios que le quisiesen ver entrasen dentro para

hablalles, dexando los demas soldados en su guardia a la puerta.

Entraron de aquella canalla y rrustica gente como duzientos gandules con

todas sus armas. Martinez, y los que con el estaban, dando en estos

yndios que en el buhio abian entrado, los mataron a todos, sin que

ninguno escapase, lo qual, visto por los demas yndios que fuera abian

quedado, no osando detenerse mas alli, se rretiraron y fueron a sus

casas y dexaron libres á los españoles del cerco y tribulaçion en que

los tenian puestos, avnque algunos mal heridos.

Llegada toda la demas gente que atras venia, el capitan Martinez marcho

con todos juntos y entro en las provinçias de Carora, donde hallaron

muchos naturales ricos y de buena y afable condiçion para con los

nuestros, donde determino descansar y holgarse algunos dias, para que

así los españoles como los caballos se rreformasen de las hanbres y

trabajos que desde que se apartaron de la laguna hasta que llegaron a

estas provinçias de Carora, abian pasado.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 62 / 305 题