En el qual se escrive como venida la noche los españoles se
rretiraron, llevando a questas sus enfermos, algunos de los quales
dexaron en el camino, y llegaron al alojamiento donde Jorge Espira
avia quedado.
Estando perplexos los españoles con las consideraciones dichas esperando
la noche para con el amparo de la oscuridad y la guya que tenian, salir
como pudiesen de aquel pueblo, cada qual blasfemaba y maldezia la loca
determinaçion de aquel su Governador extrangero, que con ynconsiderada
obstinaçion los abia puesto en aquellos trabaxos, no dexandose rregir
por los que mas entendian de aquella horden y disciplina de guerra;
porque como se a dicho, Estevan Martin, a quien estos soldados tenian
por cavdillo, herido de crueles lançadas que los yndios le abian dado,
avia rrehusado la salida, y por lo que abia visto hazer a los naturales
y por la dispusiçion de la tierra y el tiempo que les era contrario,
pronostico su perdiçion y daño, y dandoselo a entender al governador
Jorge Espira, los abia hecho salir muy contra su voluntad aquella
jornada, y por eso puesto en la calamidad en que estavan.
Venida la noche la gente determino de con el trabaxo que se les ofreçia
rretirarse, y adereçando quatro hamacas en quatro palos, pusieron en
ellas quatro españoles que abian mal herido, que no podian caminar, y
cargandolos sobre los honbros, guiandolos el yndio ladino, comencaron a
caminar. Estos heridos que en hamacas se cargavan, eran el cavdillo o
capitan Estevan Martin y vn Valdespino[105] y otros dos españoles; y
para que con el silençio de la noche los yndios no entendiesen o
presumiesen que se abian rretirado los españoles, ataron vn perro que
consigo tenian en vno de los buhios donde estavan rrancheados, y como el
perro quedase y se viese solo no ceso de ladrar y avllar muy rreçiamente
toda la noche, con el qual estruendo o rruydo, avnque despues, el
siguiente dia, era ya tarde, siempre creyeron estarse los españoles
dentro, en los buhios.
Los nuestros caminaron toda aquella noche con sus enfermos cargados y
aconpañados de muy rreçios aguaçeros que les hazian sentir el trabajo
doblado. La tierra era aspera y doblada; los arroyos venian muy
creçidos, que casi los pasaban a nado, y con no parar toda la noche,
quando amaneçio se hallaron apartados poco mas espaçio de media legua de
do abian salido, y los soldados tan cansados y afliguidos del trabaxo
pasado de la noche, que con palabras asperas deçian que antes querian
pereçer y morir, y con la muerte dar fin a sus ynfortunios, que tolerar
ni sufrir aquella carga y trabaxos que llevaban, por lo qual entre todos
se tomo vna determinaçion no menos cruel que neçesaria a su salud, y
fue, que llevando consigo cargados al Capitan y al Valdespinosa[106], se
dexasen alli los otros dos soldados heridos, que por estar ya
infiçionados del frio y casi pasmados, no se tenia ninguna esperança de
su salud; y poniendo en execuçion esta su determinaçion, tomaron los dos
soldados y apartandolos buen trecho del camino, porque no fuesen
hallados de los yndios, les dixeron que en pasando los otros dos
enfermos vn rrio que çerca de alli estaba, bolverian por ellos. Los
soldados, sintiendo mas quel propio morir, aquella crueldad que en
dexallos en aquellas montañas con ellos se vsaba, y entendiendo que no
abian de bolver mas por ellos, solamente les dixeron con palabras muy
aconpañadas de lagrimas, que ellos bien entendian quan al cabo y en lo
vltimo de sus vidas estaban y lo poco que podian bivir; que solo les
pesaba de no hallarse al tiempo de su muerte entre cristianos, para con
mas animo pasar aquel transito; y con esto los dexaron con harta pena, y
apartandose dellos vinieron con los otros dos cargados a la orilla de vn
rrio cavdaloso, que pasaron por vnas puentes de bejucos bien peligrosas
y de gran rriesgo.
Pasado este rrio, luego alli, en su rribera, se alojaron los nuestros
para descansar del trabaxo pasado, porque estavan alli ya con alguna
seguridad de que los yndios no les podían hazer mucho daño, a cavsa de
que dexavan atras todas las poblazones de quien se temian. Pusieron sus
çentinelas y guardas de gran rrecado en las puentes, y estuvieronse
quedos hasta que escanpase, para poder hazer lumbre con que callentarse
y alegrarse, que de otra cosa no les podia aprovechar por no traer
consigo ninguna cosa de comer que tuviese necesidad de llegar al fuego.
Luego que pasaron este rrio, vn soldado llamado Pedro de la Torre, que
era muy buen peon, deseando la salud y rremedio de sus conpañeros, les
dixo que avnque desde donde estavan al alojamiento de Jorge Espira abia
çerca de veynte leguas, que le diesen licençia y quel se pondria en
aquel dia donde la demas gente estaba, y daria aviso para que les
enbiasen socorro y comida; y viendo todos lo que les ynportaba venilles
al camino algo que comer y quien les ayudase a llevar la carga de los
enfermos, le dieron liçençia a este Pedro de la Torre, el qual se dio
tanta priesa a caminar que aquel dia llego donde el Governador estaba y
le dio aviso de lo que pasaba: y poniendo en ello luego rremedio el
Governador mando adereçar para que otro dia saliesen soldados con comida
a rreçebir y faboreçer a los que escapando de las manos de los barbaros
por particular graçia que Dios les quiso hazer, yban con el trabaxo que
se a dicho; los quales descansando aquel dia rribera del rrio de las
puentes y tiniendo por particular comida y rrefrigerio vnos cuescos de
çiertas palmas silvestres que asandolos comian vn poco de tuetano que
dentro de si tenian, otro dia marcharon con sus enfermos a cuestas y
caminaron como dos leguas, y al tiempo que se rranchearon se les murio
Valdespina, vno de los dos que llevaban cargados, con que se les alivio
algo el trabaxo; y prosiguiendo su[107] poco a poco su camino,
salieronles al encuentro los soldados que Jorge Espira enbio con alguna
comida, con los quales se holgaron, y juntos todos llegaron en pocos
dias a donde su Governador estaba, que no poco le peso de ver la perdida
de los suyos, espeçialmente de ver quan mal herido venia el capitan
Estevan Martin, en cuya salud procuro el Governador poner todo el
rremedio posible; mas como las heridas eran tan peligrosas aprovecho
todo poco, porque dende a pocos dias murio, cuya muerte dio harta pena a
todos los del canpo generalmente, por ser esto honbre de prinçipal
yngenio y de mucha espiriençia en las cosas de Indias.
Estuvo en esta provinçia de los Choques Jorge Espira mas de vn año, sin
poder salir de ella a cavsa de las muchas aguas que continuamente caen
sin çesar, que casi pareçe que en esta tierra no se conoçe ni saben
quando es verano; en el qual tienpo se le murio y enfermo la mayor parte
de la gente, y cada dia se le morian, y asi mesmo los caballos, que como
no gozavan de ningun buen hervaje criaban dentro, en el buche, gran
cantidad de lonbrices que los matavan; y hazia tanta falta la muerte de
los caballos que despues de la perdida de los españoles no abia cosa que
mas se sintiese.