CAPITULO CATORZE

En el qual se escrive como venida la noche los españoles se

rretiraron, llevando a questas sus enfermos, algunos de los quales

dexaron en el camino, y llegaron al alojamiento donde Jorge Espira

avia quedado.

Estando perplexos los españoles con las consideraciones dichas esperando

la noche para con el amparo de la oscuridad y la guya que tenian, salir

como pudiesen de aquel pueblo, cada qual blasfemaba y maldezia la loca

determinaçion de aquel su Governador extrangero, que con ynconsiderada

obstinaçion los abia puesto en aquellos trabaxos, no dexandose rregir

por los que mas entendian de aquella horden y disciplina de guerra;

porque como se a dicho, Estevan Martin, a quien estos soldados tenian

por cavdillo, herido de crueles lançadas que los yndios le abian dado,

avia rrehusado la salida, y por lo que abia visto hazer a los naturales

y por la dispusiçion de la tierra y el tiempo que les era contrario,

pronostico su perdiçion y daño, y dandoselo a entender al governador

Jorge Espira, los abia hecho salir muy contra su voluntad aquella

jornada, y por eso puesto en la calamidad en que estavan.

Venida la noche la gente determino de con el trabaxo que se les ofreçia

rretirarse, y adereçando quatro hamacas en quatro palos, pusieron en

ellas quatro españoles que abian mal herido, que no podian caminar, y

cargandolos sobre los honbros, guiandolos el yndio ladino, comencaron a

caminar. Estos heridos que en hamacas se cargavan, eran el cavdillo o

capitan Estevan Martin y vn Valdespino[105] y otros dos españoles; y

para que con el silençio de la noche los yndios no entendiesen o

presumiesen que se abian rretirado los españoles, ataron vn perro que

consigo tenian en vno de los buhios donde estavan rrancheados, y como el

perro quedase y se viese solo no ceso de ladrar y avllar muy rreçiamente

toda la noche, con el qual estruendo o rruydo, avnque despues, el

siguiente dia, era ya tarde, siempre creyeron estarse los españoles

dentro, en los buhios.

Los nuestros caminaron toda aquella noche con sus enfermos cargados y

aconpañados de muy rreçios aguaçeros que les hazian sentir el trabajo

doblado. La tierra era aspera y doblada; los arroyos venian muy

creçidos, que casi los pasaban a nado, y con no parar toda la noche,

quando amaneçio se hallaron apartados poco mas espaçio de media legua de

do abian salido, y los soldados tan cansados y afliguidos del trabaxo

pasado de la noche, que con palabras asperas deçian que antes querian

pereçer y morir, y con la muerte dar fin a sus ynfortunios, que tolerar

ni sufrir aquella carga y trabaxos que llevaban, por lo qual entre todos

se tomo vna determinaçion no menos cruel que neçesaria a su salud, y

fue, que llevando consigo cargados al Capitan y al Valdespinosa[106], se

dexasen alli los otros dos soldados heridos, que por estar ya

infiçionados del frio y casi pasmados, no se tenia ninguna esperança de

su salud; y poniendo en execuçion esta su determinaçion, tomaron los dos

soldados y apartandolos buen trecho del camino, porque no fuesen

hallados de los yndios, les dixeron que en pasando los otros dos

enfermos vn rrio que çerca de alli estaba, bolverian por ellos. Los

soldados, sintiendo mas quel propio morir, aquella crueldad que en

dexallos en aquellas montañas con ellos se vsaba, y entendiendo que no

abian de bolver mas por ellos, solamente les dixeron con palabras muy

aconpañadas de lagrimas, que ellos bien entendian quan al cabo y en lo

vltimo de sus vidas estaban y lo poco que podian bivir; que solo les

pesaba de no hallarse al tiempo de su muerte entre cristianos, para con

mas animo pasar aquel transito; y con esto los dexaron con harta pena, y

apartandose dellos vinieron con los otros dos cargados a la orilla de vn

rrio cavdaloso, que pasaron por vnas puentes de bejucos bien peligrosas

y de gran rriesgo.

Pasado este rrio, luego alli, en su rribera, se alojaron los nuestros

para descansar del trabaxo pasado, porque estavan alli ya con alguna

seguridad de que los yndios no les podían hazer mucho daño, a cavsa de

que dexavan atras todas las poblazones de quien se temian. Pusieron sus

çentinelas y guardas de gran rrecado en las puentes, y estuvieronse

quedos hasta que escanpase, para poder hazer lumbre con que callentarse

y alegrarse, que de otra cosa no les podia aprovechar por no traer

consigo ninguna cosa de comer que tuviese necesidad de llegar al fuego.

Luego que pasaron este rrio, vn soldado llamado Pedro de la Torre, que

era muy buen peon, deseando la salud y rremedio de sus conpañeros, les

dixo que avnque desde donde estavan al alojamiento de Jorge Espira abia

çerca de veynte leguas, que le diesen licençia y quel se pondria en

aquel dia donde la demas gente estaba, y daria aviso para que les

enbiasen socorro y comida; y viendo todos lo que les ynportaba venilles

al camino algo que comer y quien les ayudase a llevar la carga de los

enfermos, le dieron liçençia a este Pedro de la Torre, el qual se dio

tanta priesa a caminar que aquel dia llego donde el Governador estaba y

le dio aviso de lo que pasaba: y poniendo en ello luego rremedio el

Governador mando adereçar para que otro dia saliesen soldados con comida

a rreçebir y faboreçer a los que escapando de las manos de los barbaros

por particular graçia que Dios les quiso hazer, yban con el trabaxo que

se a dicho; los quales descansando aquel dia rribera del rrio de las

puentes y tiniendo por particular comida y rrefrigerio vnos cuescos de

çiertas palmas silvestres que asandolos comian vn poco de tuetano que

dentro de si tenian, otro dia marcharon con sus enfermos a cuestas y

caminaron como dos leguas, y al tiempo que se rranchearon se les murio

Valdespina, vno de los dos que llevaban cargados, con que se les alivio

algo el trabaxo; y prosiguiendo su[107] poco a poco su camino,

salieronles al encuentro los soldados que Jorge Espira enbio con alguna

comida, con los quales se holgaron, y juntos todos llegaron en pocos

dias a donde su Governador estaba, que no poco le peso de ver la perdida

de los suyos, espeçialmente de ver quan mal herido venia el capitan

Estevan Martin, en cuya salud procuro el Governador poner todo el

rremedio posible; mas como las heridas eran tan peligrosas aprovecho

todo poco, porque dende a pocos dias murio, cuya muerte dio harta pena a

todos los del canpo generalmente, por ser esto honbre de prinçipal

yngenio y de mucha espiriençia en las cosas de Indias.

Estuvo en esta provinçia de los Choques Jorge Espira mas de vn año, sin

poder salir de ella a cavsa de las muchas aguas que continuamente caen

sin çesar, que casi pareçe que en esta tierra no se conoçe ni saben

quando es verano; en el qual tienpo se le murio y enfermo la mayor parte

de la gente, y cada dia se le morian, y asi mesmo los caballos, que como

no gozavan de ningun buen hervaje criaban dentro, en el buche, gran

cantidad de lonbrices que los matavan; y hazia tanta falta la muerte de

los caballos que despues de la perdida de los españoles no abia cosa que

mas se sintiese.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 61 / 305 题