En el qual se escrive la pelea que los españoles obieron con los
yndios del pueblo que abian topado, y como rretirandose hazia el
alojamiento, fueron tanbien acometidos y maltratados de otros
yndios que en el camino avia.
Como los yndios del serviçio y carruaje que Estevan Martin llevaba
venian muy derramados, no se llegaron ni juntaron tan façilmente como el
cavdillo pretendia, el qual viendo que la luz del dia se açercaba, y
pareçiendole que era mejor ocasion y mas açertado dar en el pueblo con
el velamen y escuridad de la noche, dexo a Nicolas de Palençia, que
despues fue vezino en Panplona, en el Nuevo Rreino, para que rrecogiese
la gente que faltaba, y el con la mayor parte de los soldados que
llevaba, dio en el pueblo, moviendo algun tumulto y alboroto en las
primeras casas, porque como los moradores dellas sintiesen sobre si
gentes y armas extrangeras y eran heridos y maltratados de los
españoles, alcando sus bozes y griteria dieron á entender a los demas
del pueblo, el afliçion en que se vian y la entrada de los nuestros en
su tierra, y asi toda la otra gente del pueblo, tomando las armas en las
manos, acudieron aquella parte donde mas bulliçio abia, y dando en los
españoles que andaban algo derramados, los costriñeron y forçaron a que
se recogiesen a vn cuerpo y esquadron, con los quales pelearon buen
rrato sin que de ninguna parte se rreconociese ventaja ni el daño que se
hacia por la escuridad de la noche; y como los yndios tenian ventaja a
los nuestros en el conoçimiento del lugar y en el nvmero de gerreadores,
forçaronlos a que, desanparando de todo punto el pueblo en el qual avian
peleado gran rrato, se rretirasen fuera del a çierto sitio donde se
fortificaron y entretuvieron hasta que la demas gente que atras avia
quedado, llego, y en este tienpo ya los yndios avian lastimado y herido
algunos soldados y muerto algunos yndios ladinos de los que al prinçipio
llegaron, que se esparcieron por el pueblo a rranchear y hurtar lo que
abia, como por costumbre lo tenian, mas estos eran facilmente muertos de
los naturales con lanças que los atrabesaban por el cuerpo.
Juntos, pues, todos los españoles, rrecobraron el animo perdido, y dando
con muy buen brio y coraje en los yndios, los hizieron rretirar, avnque
con harto trabaxo y rriesgo, porque como las armas que aquellos barbaros
tenian eran lanças muy largas y rrodelas y peleavan a pie, quedo y con
buen conpas, con dificultad les podian entrar los nuestros, ni hazelles
daño, mas al fin, como he dicho, ellos hizieron rretirar a los yndios y
tornaron á ganar el pueblo y lugar que abian perdido, con lo qual los
yndios perdieron el animo y no apretaban a los nuestros con la furia que
de antes. Rreconocieron façilmente los españoles la floxedad de los
yndios y el poco brio con que peleaban, y aprovechandose de la ocasion
y no perdiendo punto, siguieron su vitoria, y avnque con trabaxo muy
grave los desbarataron y de todo punto los ahuyentaron y echaron del
pueblo.
Los barbaros, no apartandose mucho del lugar, pusieron las rrodelas
sobre las cabeças, porque llovia muy rreçiamente y siempre abia llovido
durante el tienpo de la guaçabara, y estuvieronse alli esperando a que
amaneçiese para rreconoçer y ver que genero de gentes eran las que con
tanto ympetu los abian echado de sus casas y pueblo. Los nuestros, para
poner mayor temor en los animos de los yndios y amedrentallos por todas
vias, y para señorear mejor aquel sitio, pusieron fuego al pueblo y
quemaronlo todo, sin que dexasen en pie mas de solas tres casas que
estaban algo desbiadas de las demas, en que guarecerse del agua y
alojarse el tiempo que alli estuviesen.
Llegado el dia, los yndios se estaban bien cerca de los españoles, como
antes lo abian hecho, con sus armas en las manos, sin moverse,
espantados y admirados de ver quan poca gente les abia hecho tanto daño.
A los nuestros no les pareçio bien la osadia destos barbaros, estarse
tan desvergonçadamente alli junto, y hablandoles con vn ynterprete que
trayan, que los entendia torpemente, les dixeron que si alli se detenian
mucho que verian el fin de sus vidas, porque demas de ser ellos gentes
que a otras muchas e ynvmerables naçiones abian sujetado y arruynado,
abian enbiado a llamar vn gran nvmero de compañeros que atras abian
dexado, los quales, llegados que fuesen, pensaban, no solo a ellos, mas
a todos los que en aquella provinçia obiese, destruyllos y asolallos.
Los yndios rrespondieron que a ningun genero ni nvmero de gentes temian,
porque ellos y los demas que en aquella provinçia bivian estaban hechos
a las armas y eran de animos ynbencibles, y que avnque por las continuas
gerras que entre si tenian, bivian discordes, que para aquel efeto se
confederarian, y que si entonces los españoles los vençiesen, creerian
que abian vençido y sujetado otras muchas gentes, como dezian, y que
dignamente mereçerian ser señores de ellos. Platica y rrespuesta fue
esta, por çierto, a mi parecer, bien semejante a la que vn capitan de
los misios, dio, en tiempo de Otaviano, emperador, a Conidio, su
capitan, que siendo enbiado con el exerçito a sujetar estas gentes que
(se) abian rrebelado, ya que los exerçitos de ambas partes estaban para
conbatirse, vn capitan de los misios, haciendo señal, mando callar a los
de su exerçito y preguntando en alta voz a los del exerçito rromano
«quien soys vosotros», le fue rrespondido: somos los rromanos, señores
de todas las gentes; rreplico el capitan de los misios: «asi será si a
nosotros nos sujetaredes y vencieredes».
Los nuestros ynçitaban a los yndios a pelear, mas ellos, no quiriendo
moverse de donde estavan, no hazian caso de lo que se les dezia, lo
qual, visto por los españoles, movieron sus armas contra los barbaros
para echallos de aquel sitio do estaban y hazellos cobrar temor, lo qual
fue de ningun efecto, porque esperando con obstinados animos los yndios
a los nuestros, sin haçer ningun movimiento del lugar donde estaban,
los rrebatieron sin rreçebir ningun daño[1], antes al tiempo del
acometer hirieron con sus largas lanças algunos de los nuestros; y
avnque diversas vezes los españoles yntentaron ahuyentar y echar estos
yndios de su presençia y castigallos de su rrustica desverguença con que
tan llegados á los nuestros estaban, nunca lo pudieron hazer; lo qual
visto por el cavdillo, pareçiendole que si muchos naturales de aquella
naçion se juntaban, façilmente los desbaratarian y matarian toda la
gente, porque aquellos pocos yndios los tenian como çercados, sin
dexallos yr a vna parte ni a otra[104], acordo rretirarse de noche,
porque estando a esta ora algo descuydados los enemigos que sobre si
tenian, pudiesen mas seguramente, bolviendoles las espaldas, caminar; y
aquella propia noche, despues del primer gallo, se retiraron por el
propio camino por do abian entrado, y fueron al tiempo que amaneçia a
dar a otro lugarejo que abia dexado atras, de hasta treynta casas, cuyos
moradores estavan ya abisados y convocados por parte de los del pueblo
de donde los nuestros se abian rretirado, para que tomasen las armas
contra ellos.
Y saliendo estos yndios de mano armada dieron en los españoles que yvan
marchando y cansados de los trabajos pasados, en tres partes, y
haziendoles desconçertar de la hordenança que llevaban, los costriñeron
a que divididos los españoles acometiesen a hazer rresistencia en los
yndios conforme a como les abian acometido, y asi los de la vanguardia,
que yvan subiendo vna questa hazia el pueblo de los yndios, se tuvieron
con los enemigos, hasta que matando algunos dellos los hizieron
desamparar el paso y el pueblo y rretirarse bien a lo largo. Las otras
dos partes de los españoles fueron tan apartadas y maltratadas de los
yndios que si no fueran socorridos de los que abian desbaratado al
primer esquadron de la vanguardia, pereçieran los vnos y los otros.
Salio herido desta rrefriega el cavdillo Estevan Martin, de siete
lançadas bien peligrosas, con las quales disimulo sin ser sentido de los
suyos porque no desmayasen, hasta que del todo fueran desbaratados los
yndios, y los españoles, avnque maltratados y muchos dellos muy mal
heridos, rrecogidos al pueblezuelo, donde cada vno mostraba los despojos
que de la guaçabara en el cuerpo abia sacado.
Los yndios de la tierra, al tiempo que acometieron a los españoles, les
abian tomado todo el carruaje y servicio y rropa que llevaban, y despues
de pasada la guaçabara y aber perdido la vitoria por no conocer la
ocasion y tiempo que para ello tuvieron, se venian çerca de donde los
españoles estaban rrecogidos, y haziendo muy menvdos pedaços toda la
rropa que abian tomado, lo ponian en las puntas de las lanças, y dando
muy grandes bozes, la arrojaban, hasta que desta suerte lo despendieron
todo, sin quedarse con cosa ninguna. Los nuestros curaron sus enfermos
o heridos lo mejor que pudieron, y deseando conservar sus vidas,
procuraban modo como rretirarse hazia donde el governador Jorge Espira
estaba, escapado de aquel rriesgo y notable peligro en que se veian;
porque ni eran parte para caminar seguramente ni para sustentarse alli
algun tiempo, ni entre ellos abia español que de noche se atreviese a
guiar por el camino por donde abian entrado. En esta rrefriega se dize
que abiendo llegado vn español, llamado Valdespina, mal herido, al
pueblo donde estaban rrecogidos los de la vanguardia, los dixo que su
capitan quedaba ya em poder de los yndios muy mal herido, e que en
aquella sazon seria ya muerto. Algunos de los que alli estaban se
afligieron demasiadamente, dando muestras de aber perdido el animo con
palabras flacas, diziendo que pues el capitan abian muerto, que tambien
a ellos matarian los yndios, a lo qual rreplico Nicolas de Palencia
rreprehendiendo su pusilanimidad con palabras asperas y eficaçes,
diziendo que el capitan no era mas que vno ni peleaba mas de por vno, e
ya que lo obiesen muerto ellos eran honbres para defenderse y ofender a
los enemigos, y que a esta sazon llego el cavdillo Estevan Martin
disimulando con las heridas que traya y rreprehendio a los que con la
nueba de su muerte abian desmayado, y enbio a socorrer la demas gente
como muy buen capitan; y fue çierto que los yndios lo tubieron en su
poder, y que mediante ser faboreçido de otro soldado escapo de sus
manos.
Estando, pues, en esta afliçion estos atribulados soldados, sin
esperança de ningun rremedio, fue abierta divinalmente la boca de vn
yndio ladino de los que alli abian escapado, el se prefirio de llevar de
noche a los españoles por el propio camino que abian traydo, al
alojamiento do estaba Jorge Espira. Fue esta voz del yndio ocasion de
mucho plazer a aquella atribulada gente, avnqne se hallaban apartados
del Governador mas de veynte leguas de muy mal camino, aspero y
çenagoso, y el tiempo muy metido en aguas, que casi no cesaba de llover
de noche ni de dia, y avnque los españoles que estaban sanos tenian,
como he dicho, grande voluntad de conservar sus vidas, desanimabalos muy
mucho aquel triste espetaculo que de muertos y heridos delante de si
tenian; porque algunos que por sus mortales y peligrosas heridas no
podian caminar, los abian de llevar en hamacas, cargados sobre sus
propios honbros, por aquella asperisima tierra, de noche y lloviendo,
con lo qual se les hazia mas dificultosa y dura la esperança de verse
fuera de aquel peligro en que estaban entre aquellos barbaros que no
çesaban de tenellos çercados y ponellos continuas açechanças. Estos
yndios eran tan bien de la propia naçion y generaçion de los choques,
donde Jorge Espira estaba alojado.