CAPITULO TREZE

En el qual se escrive la pelea que los españoles obieron con los

yndios del pueblo que abian topado, y como rretirandose hazia el

alojamiento, fueron tanbien acometidos y maltratados de otros

yndios que en el camino avia.

Como los yndios del serviçio y carruaje que Estevan Martin llevaba

venian muy derramados, no se llegaron ni juntaron tan façilmente como el

cavdillo pretendia, el qual viendo que la luz del dia se açercaba, y

pareçiendole que era mejor ocasion y mas açertado dar en el pueblo con

el velamen y escuridad de la noche, dexo a Nicolas de Palençia, que

despues fue vezino en Panplona, en el Nuevo Rreino, para que rrecogiese

la gente que faltaba, y el con la mayor parte de los soldados que

llevaba, dio en el pueblo, moviendo algun tumulto y alboroto en las

primeras casas, porque como los moradores dellas sintiesen sobre si

gentes y armas extrangeras y eran heridos y maltratados de los

españoles, alcando sus bozes y griteria dieron á entender a los demas

del pueblo, el afliçion en que se vian y la entrada de los nuestros en

su tierra, y asi toda la otra gente del pueblo, tomando las armas en las

manos, acudieron aquella parte donde mas bulliçio abia, y dando en los

españoles que andaban algo derramados, los costriñeron y forçaron a que

se recogiesen a vn cuerpo y esquadron, con los quales pelearon buen

rrato sin que de ninguna parte se rreconociese ventaja ni el daño que se

hacia por la escuridad de la noche; y como los yndios tenian ventaja a

los nuestros en el conoçimiento del lugar y en el nvmero de gerreadores,

forçaronlos a que, desanparando de todo punto el pueblo en el qual avian

peleado gran rrato, se rretirasen fuera del a çierto sitio donde se

fortificaron y entretuvieron hasta que la demas gente que atras avia

quedado, llego, y en este tienpo ya los yndios avian lastimado y herido

algunos soldados y muerto algunos yndios ladinos de los que al prinçipio

llegaron, que se esparcieron por el pueblo a rranchear y hurtar lo que

abia, como por costumbre lo tenian, mas estos eran facilmente muertos de

los naturales con lanças que los atrabesaban por el cuerpo.

Juntos, pues, todos los españoles, rrecobraron el animo perdido, y dando

con muy buen brio y coraje en los yndios, los hizieron rretirar, avnque

con harto trabaxo y rriesgo, porque como las armas que aquellos barbaros

tenian eran lanças muy largas y rrodelas y peleavan a pie, quedo y con

buen conpas, con dificultad les podian entrar los nuestros, ni hazelles

daño, mas al fin, como he dicho, ellos hizieron rretirar a los yndios y

tornaron á ganar el pueblo y lugar que abian perdido, con lo qual los

yndios perdieron el animo y no apretaban a los nuestros con la furia que

de antes. Rreconocieron façilmente los españoles la floxedad de los

yndios y el poco brio con que peleaban, y aprovechandose de la ocasion

y no perdiendo punto, siguieron su vitoria, y avnque con trabaxo muy

grave los desbarataron y de todo punto los ahuyentaron y echaron del

pueblo.

Los barbaros, no apartandose mucho del lugar, pusieron las rrodelas

sobre las cabeças, porque llovia muy rreçiamente y siempre abia llovido

durante el tienpo de la guaçabara, y estuvieronse alli esperando a que

amaneçiese para rreconoçer y ver que genero de gentes eran las que con

tanto ympetu los abian echado de sus casas y pueblo. Los nuestros, para

poner mayor temor en los animos de los yndios y amedrentallos por todas

vias, y para señorear mejor aquel sitio, pusieron fuego al pueblo y

quemaronlo todo, sin que dexasen en pie mas de solas tres casas que

estaban algo desbiadas de las demas, en que guarecerse del agua y

alojarse el tiempo que alli estuviesen.

Llegado el dia, los yndios se estaban bien cerca de los españoles, como

antes lo abian hecho, con sus armas en las manos, sin moverse,

espantados y admirados de ver quan poca gente les abia hecho tanto daño.

A los nuestros no les pareçio bien la osadia destos barbaros, estarse

tan desvergonçadamente alli junto, y hablandoles con vn ynterprete que

trayan, que los entendia torpemente, les dixeron que si alli se detenian

mucho que verian el fin de sus vidas, porque demas de ser ellos gentes

que a otras muchas e ynvmerables naçiones abian sujetado y arruynado,

abian enbiado a llamar vn gran nvmero de compañeros que atras abian

dexado, los quales, llegados que fuesen, pensaban, no solo a ellos, mas

a todos los que en aquella provinçia obiese, destruyllos y asolallos.

Los yndios rrespondieron que a ningun genero ni nvmero de gentes temian,

porque ellos y los demas que en aquella provinçia bivian estaban hechos

a las armas y eran de animos ynbencibles, y que avnque por las continuas

gerras que entre si tenian, bivian discordes, que para aquel efeto se

confederarian, y que si entonces los españoles los vençiesen, creerian

que abian vençido y sujetado otras muchas gentes, como dezian, y que

dignamente mereçerian ser señores de ellos. Platica y rrespuesta fue

esta, por çierto, a mi parecer, bien semejante a la que vn capitan de

los misios, dio, en tiempo de Otaviano, emperador, a Conidio, su

capitan, que siendo enbiado con el exerçito a sujetar estas gentes que

(se) abian rrebelado, ya que los exerçitos de ambas partes estaban para

conbatirse, vn capitan de los misios, haciendo señal, mando callar a los

de su exerçito y preguntando en alta voz a los del exerçito rromano

«quien soys vosotros», le fue rrespondido: somos los rromanos, señores

de todas las gentes; rreplico el capitan de los misios: «asi será si a

nosotros nos sujetaredes y vencieredes».

Los nuestros ynçitaban a los yndios a pelear, mas ellos, no quiriendo

moverse de donde estavan, no hazian caso de lo que se les dezia, lo

qual, visto por los españoles, movieron sus armas contra los barbaros

para echallos de aquel sitio do estaban y hazellos cobrar temor, lo qual

fue de ningun efecto, porque esperando con obstinados animos los yndios

a los nuestros, sin haçer ningun movimiento del lugar donde estaban,

los rrebatieron sin rreçebir ningun daño[1], antes al tiempo del

acometer hirieron con sus largas lanças algunos de los nuestros; y

avnque diversas vezes los españoles yntentaron ahuyentar y echar estos

yndios de su presençia y castigallos de su rrustica desverguença con que

tan llegados á los nuestros estaban, nunca lo pudieron hazer; lo qual

visto por el cavdillo, pareçiendole que si muchos naturales de aquella

naçion se juntaban, façilmente los desbaratarian y matarian toda la

gente, porque aquellos pocos yndios los tenian como çercados, sin

dexallos yr a vna parte ni a otra[104], acordo rretirarse de noche,

porque estando a esta ora algo descuydados los enemigos que sobre si

tenian, pudiesen mas seguramente, bolviendoles las espaldas, caminar; y

aquella propia noche, despues del primer gallo, se retiraron por el

propio camino por do abian entrado, y fueron al tiempo que amaneçia a

dar a otro lugarejo que abia dexado atras, de hasta treynta casas, cuyos

moradores estavan ya abisados y convocados por parte de los del pueblo

de donde los nuestros se abian rretirado, para que tomasen las armas

contra ellos.

Y saliendo estos yndios de mano armada dieron en los españoles que yvan

marchando y cansados de los trabajos pasados, en tres partes, y

haziendoles desconçertar de la hordenança que llevaban, los costriñeron

a que divididos los españoles acometiesen a hazer rresistencia en los

yndios conforme a como les abian acometido, y asi los de la vanguardia,

que yvan subiendo vna questa hazia el pueblo de los yndios, se tuvieron

con los enemigos, hasta que matando algunos dellos los hizieron

desamparar el paso y el pueblo y rretirarse bien a lo largo. Las otras

dos partes de los españoles fueron tan apartadas y maltratadas de los

yndios que si no fueran socorridos de los que abian desbaratado al

primer esquadron de la vanguardia, pereçieran los vnos y los otros.

Salio herido desta rrefriega el cavdillo Estevan Martin, de siete

lançadas bien peligrosas, con las quales disimulo sin ser sentido de los

suyos porque no desmayasen, hasta que del todo fueran desbaratados los

yndios, y los españoles, avnque maltratados y muchos dellos muy mal

heridos, rrecogidos al pueblezuelo, donde cada vno mostraba los despojos

que de la guaçabara en el cuerpo abia sacado.

Los yndios de la tierra, al tiempo que acometieron a los españoles, les

abian tomado todo el carruaje y servicio y rropa que llevaban, y despues

de pasada la guaçabara y aber perdido la vitoria por no conocer la

ocasion y tiempo que para ello tuvieron, se venian çerca de donde los

españoles estaban rrecogidos, y haziendo muy menvdos pedaços toda la

rropa que abian tomado, lo ponian en las puntas de las lanças, y dando

muy grandes bozes, la arrojaban, hasta que desta suerte lo despendieron

todo, sin quedarse con cosa ninguna. Los nuestros curaron sus enfermos

o heridos lo mejor que pudieron, y deseando conservar sus vidas,

procuraban modo como rretirarse hazia donde el governador Jorge Espira

estaba, escapado de aquel rriesgo y notable peligro en que se veian;

porque ni eran parte para caminar seguramente ni para sustentarse alli

algun tiempo, ni entre ellos abia español que de noche se atreviese a

guiar por el camino por donde abian entrado. En esta rrefriega se dize

que abiendo llegado vn español, llamado Valdespina, mal herido, al

pueblo donde estaban rrecogidos los de la vanguardia, los dixo que su

capitan quedaba ya em poder de los yndios muy mal herido, e que en

aquella sazon seria ya muerto. Algunos de los que alli estaban se

afligieron demasiadamente, dando muestras de aber perdido el animo con

palabras flacas, diziendo que pues el capitan abian muerto, que tambien

a ellos matarian los yndios, a lo qual rreplico Nicolas de Palencia

rreprehendiendo su pusilanimidad con palabras asperas y eficaçes,

diziendo que el capitan no era mas que vno ni peleaba mas de por vno, e

ya que lo obiesen muerto ellos eran honbres para defenderse y ofender a

los enemigos, y que a esta sazon llego el cavdillo Estevan Martin

disimulando con las heridas que traya y rreprehendio a los que con la

nueba de su muerte abian desmayado, y enbio a socorrer la demas gente

como muy buen capitan; y fue çierto que los yndios lo tubieron en su

poder, y que mediante ser faboreçido de otro soldado escapo de sus

manos.

Estando, pues, en esta afliçion estos atribulados soldados, sin

esperança de ningun rremedio, fue abierta divinalmente la boca de vn

yndio ladino de los que alli abian escapado, el se prefirio de llevar de

noche a los españoles por el propio camino que abian traydo, al

alojamiento do estaba Jorge Espira. Fue esta voz del yndio ocasion de

mucho plazer a aquella atribulada gente, avnqne se hallaban apartados

del Governador mas de veynte leguas de muy mal camino, aspero y

çenagoso, y el tiempo muy metido en aguas, que casi no cesaba de llover

de noche ni de dia, y avnque los españoles que estaban sanos tenian,

como he dicho, grande voluntad de conservar sus vidas, desanimabalos muy

mucho aquel triste espetaculo que de muertos y heridos delante de si

tenian; porque algunos que por sus mortales y peligrosas heridas no

podian caminar, los abian de llevar en hamacas, cargados sobre sus

propios honbros, por aquella asperisima tierra, de noche y lloviendo,

con lo qual se les hazia mas dificultosa y dura la esperança de verse

fuera de aquel peligro en que estaban entre aquellos barbaros que no

çesaban de tenellos çercados y ponellos continuas açechanças. Estos

yndios eran tan bien de la propia naçion y generaçion de los choques,

donde Jorge Espira estaba alojado.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 60 / 305 题