En el qual se escrive çierta notiçia que vna yndia dio a Jorge
Espira de que abia españoles perdidos cerca de donde estaba
alojado, y como de aqui naçio la opinion de la gente perdida de
Ordaz y lo del Dorado.
El cavdillo quel governador Jorge Espira enbiava a buscar comida, tomo
la yndia que para guya[91] le abia dado, y pretendiendo guardalla desde
luego con cuydado, atole vna cabuya o soga al pescueço por prision, que
es vna cosa muy vsada entre gentes de jornadas quando asi van en
descubrimientos. A los yndios que las van sirviendo y les llevan sus
cargas y comidas les ponen esta manera de prision, para que demas del
trabajo que llevan en yr cargados y fuera de sus casas y naturalezas,
vayan sujetos a vna perpetua servidumbre.
Viendose, pues, esta pobre yndia enlazada por el pescueço, començo a
quexarse de la crueldad y tirania que con ella vsaban estos españoles y
a dezir que a ella la abian tenido sujeta otros españoles, pero que no
lo abian hecho tan seberamente con ella ni la abian puesto aquella
manera de prision, antes despues de aberse servido libremente de ella el
tienpo que les pareçio, le abian dexado y enbiado con todo contento a
su casa. Y como el faravte o ynterprete diese notiçia desto que la yndia
abia dicho, cavsoles grande admiraçion y los hizo estar perplexos,
considerando que pudiese ser aquello, pues hasta entonçes nvnca por
aquella via abia pasado ninguna gente de ninguna parte a descubrir,
antes ellos eran los primeros descubridores de aquellas tierras.
Y con esta confusion, el Governador llamo a la yndia y le torno a
rrepreguntar lo que abia dicho, la qual, por el faravte o ynterprete,
rrespondio que çiertos honbres de la suerte y manera de los que alli
estaban, abian subido por el rrio arriba por donde ella los queria
llevar, y llegados aquel pueblo del palenque, que los españoles llamaron
Salsillas, se bolvieron, y que avnque en aquella sazon la prendieron
aquellos españoles, sin hazelle daño ninguno la abian sotado, por temor
de los quales aquellos yndios avian fortificado en aquella forma aquel
su pueblo, y que estaban diez jornadas de alli el rrio abaxo en vna
tierra de muchos pueblos de yndios, donde los cristianos tenian hecho
otro palenque fuerte en que se rrecogian y estaban fortificados contra
las asechanzas y calunias de los yndios naturales de aquelas tierras y
eran ya muy biejos, y que tenian muchos hijos ya grandes e yndias que
les servian, los quales no tenian para defensa de sus personas sino
solas dos espadas, y los demas vsaban las armas de la tierra, que eran
arcos y flechas, y que asi mesmo no tenian caballos, que en su lengua
llaman guabiares, mas que tenian perros, a quien llaman avres.
Esta rrelaçion y notiçia que esta yndia dio destos españoles mobio los
animos de muchos soldados a tener voluntad de yr en demanda de aquella
tierra y gente de quien les abia dado notiçia aquella barbara muger; mas
al gobernador Jorge Espira no le pareçio açertado viaje dexar de seguir
su descubrimiento por tierra e yr a meterse en la fortuna del agua por
dicho de vna ynfiel de menos verdad que fee, y asi con buenas rrazones
dio a entender a los suyos que debian de quitarse de aquel proposito, y
los animos que tan balerosamente querian emplear en seguir aquella
rrustica muger que por ventura pretendia metellos en donde pereçiesen,
los conservasen para la notiçia que casi entre las manos llevaban, por
la mucha çertidumbre que los naturales de atras les abian dado de las
rriquezas de adelante.
De estos propios soldados que aqui se hallaron con Jorge Espira an
querido y avn quieren afirmar que esta notiçia que con astuçia de aber
libertad les dio esta yndia de aber visto y conoçer españoles en aquella
tierra y estan en la parte dicha, es çierta y verdadera, y que es la
gente que Don Diego de Ordax perdio viniendo al Marañon; y lo que açerca
desta gente de Ordaz ay que saber yo lo tengo escrito en esta Istoria,
tratando de aquella propia jornada, y los propios soldados de Ordaz que
oy son bivos afirman que en el Marañon no se perdio ninguna gente de los
de su conpania, sino en vnos baxos. De los que alli se perdieron en el
propio batel de la nao escaparon çiertos soldados que dieron notiçia de
la perdiçion y anegaçion de los demas; y como en la propia parte trate,
esto de dezir que ay españoles en aquellas provinçias del Dorado o
sierras del Sur, es ynbençion sembrada mañosamente, para con esta color
persuadir a los governadores que consientan juntar gente para yr a
buscallos; de la qual fama y dibulgaçion tubo notiçia Su Magestad en
España el año de mil quinientos y çinquenta y nuebe, y embio vna çedula
rreal al Avdiençia del Nuebo Rreyno de Granada para que se ynformasen de
los naturales que gente españoles abia perdidos en aquellas provinçias
del Sur, y avnqne diligentemente lo procuraron, no hallaron ninguna
evidençia ni claridad de ello, y asi se dexo caer.
Porque es çierto que vn solo cristiano que Su Magestad entendiera que
abia en aquellas partes entre yndios, es tanto el entrañable amor que a
sus subditos y vasallos tenia y tiene, que sobre el libertarlo obiera
puesto toda la diligençia posible. Aliende desto, como poco a dixe, el
rrio Marañon esta tan desviado desta provinçia y paraje de donde voy
tratando quanto atras queda declarado. Luego sigese que avnque se obiera
perdido gente en el Marañon, que no podia aberse apartado tanto del, ni
metidose en la tierra, por ser los descubrimientos y conquistas de aquel
tienpo de tal condiçion que consumian en breve tienpo muy grandes
compañias de gentes. Y esto no lo digo porque por ello pretenda deshazer
la grandeza de la tierra que en aquellas del Sur ay, que llaman el
Dorado, porque yo por muy çierto tengo en este caso la comun opinion y
notiçia que siempre an dado los naturales, algun prinçipio de la qual
vio Felipe de Utre el año de quarenta y siete, quando salio herido y
casi huyendo y admirado y espantado de aquel prinçipio que vio el y los
que con el yvan, que los naturales vezinos de aquella tierra y amigos
suyos le vendieron por muy pequeña cosa en conparaçion de lo que
adelante abia, como en su lugar mas largo lo dire, tratando de su
jornada, y lo mesmo confirmo despues Don Pedro de Silba, que yendo con
vnos pocos compañeros enfermos y mal adereçados, vio vn prinçipio de
poblazones y gentes tan rricas y tantas que le fue neçesario sin dalles
ninguna pesadumbre, bolverse por do abia entrado, de lo qual tanbien en
su lugar dire como paso.
Y pues tantos testigos ay y de tanto credito, por muy çierto se puede
tener la feliçidad de aquella tierra; y porque sobre todo lo dicho
tocante al Dorado y a la gente de Ordas, se trata mas largo en la parte
rreferida, podre çesar aqui la platica, y avn rrogar a estos señores
governadores y sus soldados que se entretengan vn poco buscando que
comer en estos arcabucos, en tanto que rrecorremos la salida del
tiniente Fedreman del Cabo de la Vela em prosecucion de su jornada, y
declaramos algo del suçeso della.
Solo me rresta aqui dezir que los soldados y capitanes de Jorge Espira
se conformaron con la voluntad de su governador, y siguiendola no
curaron de tratar mas en lo que la yndia dezia, con proposito de seguir
su descubrimiento, como lo llevaban començado por la halda de la
cordillera del Rreyno.