Como el teniente Chaves llego al Cabo de la Vela y hallo alli al
teniente Fedreman, que abia venido de Santo Domingo, y como el
capitán Rribera y los demás soldados de Santa Marta fueron sueltos.
El rrio de Macomite, en cuyas rriberas la gente y capitanes del tiniente
Fedreman ynbernaron, abia ya baxado y el ynbierno çesado quando el
tiniente Chaves y los otros cavdillos determinaron pasar adelante con su
descubrimiento la bia del Cabo de la Bela; y dexando en aquel
aloxamiento o ynbernadero toda la gente enferma, porque no les fuese
estorvo ni ympedimento en su jornada, pasando el rrio Macomite
prosiguieron adelante y començaron a entrar entre algunas gentes
belicosas y desnvdas, salteadoras y vagabundas, las quales no abitaban
en poblazones ni en lugares conoçidos, sino metidos en montañas, ni
menos cultivaban las tierras para sustentarse, ni cojen ningun genero de
fruta de ellas, asi por ser, como he dicho, estas gentes enemigas del
trabajo, como por ser la tierra algo esteril; mas con todo eso no ay
campo que si lo cultiban no lleve fruto. El sustento y mantenimiento
destos yndios es carnes de benados, que ay por alli en abundancia, y
pescados, que en aquella comarca se toma mucho, y por pan comen çiertas
puches o maçamorras hechas de vna semilla muy menuda, como mostaza, que
la tierra por alli produze de suyo.
Estos yndios, avnque estan tan divididos, son en cantidad. Salieron
diversas vezes acometer a los españoles con muy buen brio, y como era
gente muy suelta y diestra en el gerrear, hizieronles poco daño los
nuestros y ganaron con ellos poca honrra, porque en vn rrecuentro o
guaçabara que tuvieron los vnos con los otros, perdieron los españoles
vn capitan llamado Abellaneda de Guzman, con otros seys soldados que, a
manos, bivos[80] les tomaron los yndios y les pusieron en condicion de
perder mas gente: y asi tubieron los nuestros por mas açertado el pasar
adelante que el pretender sujetar estas gentes, pues con ellas no se
podia ganar ninguna honrra ni avn hazienda, porque no tenian oro ni
otras rriquezas de que pudiesen ser aprevechados.
En esta propia jornada y descubrimiento hallaron estos descubridores en
la costa de la mar, quatro nabios de españoles hechos pedaços, y las
gentes de ellos tendidas por la playa y costa y arenales de la mar,
todos muertos, que pareçio aber pereçido de hambre y sed, sin que en
ellos obiese señal de abellos muerto ni llegado a ellos yndios, ni menos
pudieran atinar que gente fuese esta.
Pasados los españoles de las tierras de estos salteadores, y entrando
entre otra gente mas domestica, acordaron embiar por la gente enferma
que abian dexado en el alojamiento del rrio Macomite; y enbiando a la
ligera tres soldados buenos peones y atrevidos, que fueron Alonso de
Olalla y Alonso Martin de Quesada y Diego de Agudo, les mandaron que
fuesen á dar abiso á la gente enferma que se aperçibiesen y estubiesen a
punto para quando los caballos llegasen por ellos que luego se
partiesen. Estos tres soldados españoles[81], con solas sus personas,
espadas y rrodelas, se metieron temerariamente por entre las provinçias
dichas y por otras, aventurandose a ser presos de los yndios; y
queriendolos Dios guardar, pasaron sin rreçebir ningun daño y llegaron
al alojamiento donde abía quedado la gente enferma, de los quales
hallaron muy pocos bivos, que con las enfermedades y hambre y poco
rrefrigerio, todos los más se abian y estaban muertos en sus propios
lechos y hamacas, sin que los bivos, que eran bien pocos, los pudiesen
enterrar ni dar sepoltura, ni avn creo que vsar los vnos con los otros
de ninguna obra de misericordia. Los tres soldados quedaron admirados de
ver la mortandad que en el alojamiento hallaron, y los que estaban bivos
sintieron tanto plazer en bellos, que olvidados de sus enfermedades
saltaban de las camas a congratularse con ellos, dando no solo con
palabras muestras de su alegria, mas con abundançia de lagrimas que de
sus ojos bertian. Entre sanos y enfermos determinaron hazerse vn conbite
ó banquete para mejor celebrar su alegria y contento, y para efetuallo
mataron vn borrico pequeño que rremaneçio[82] en aquella rrancheria, y
con dos pares de bollos de mayz que á los tres soldados les abia sobrado
del matalotaje, a medio asar la carne, se sentaron a comer, por lo qual
entiendo que avn hasta agora no la an digirido algunos.
Con esta çena o conbite y con el contento dicho, se esforçaron los
enfermos y cobraron animo para mejor sufrir su calamidad, y de alli
adelante lo pasaron mejor, porque con algunos bledos que los soldados
que en socorro abian ydo les cojian y cozian de los que abia por alli
naçidos, se sustentaron hasta que llegaron los caballos, y subiendolos
en ellos caminaron a donde estaba la demas gente; y como estaban tan
debilitados y consumidos y los rregalos que se les hicieron fueron tan
pocos y el caminar a caballo suele matar los sanos quanto mas los
enfermos, se yvan muriendo por el camino hasta que llegaron á juntarse
con los demas españoles, donde esos pocos que bivos quedaron fueron
rreformados y curados, y dende a poco se partieron deste alojamiento
donde abian estado esperando los enfermos, y prosiguiendo su derrota
caminaron algunos dias trabajosamente, al cabo de los quales llegaron al
Cabo de la Bela, donde hallaron al tiniente Nicolas Fedreman, que era ya
llegado de Santo Domingo con ochenta honbres y cantidad de caballos y
comida que abia rrecogido de por alli çerca y el abia traydo de Santo
Domingo.
Alegraronse mucho todos estos capitanes y soldados de hallar alli a su
General, por el buen socorro que les tenia de comida y rropa para
bestirse. Fedreman, asi mesmo, se holgo de ber su gente, avnque no dexo
de sentir la mucha que le faltaba y se abia muerto. Luego, su tiniente o
alcalde mayor, Antoño de Chabes, le dio notiçia de como estaba con ellos
el capitan Rribera, que con çiertos soldados abia salido de Santa Marta
a hazer esclabos, como se a dicho, y que por hallallo en su juridiçion o
governaçion el los abia preso y los tenia alli para que hiziese dellos a
su voluntad. El gobernador Fedreman mando luego pareçer ante si el
capitan Rribera y a los demas soldados que con el salieron de Santa
Marta, y les hablo muy afablemente, ynduziendolos a que lo siguiesen de
su voluntad; en fin de lo qual les dixo que el tenia por señor y padre
al dotor Infante, governador de Santa Marta y Oydor de Santo Domingo,
por cuyo mandado abia venido alli, al qual no queria desgustar ni dar
ninguna pesadumbre; que avnque lo abian hecho mal en entrar a hazer
esclabos en aquella tierra, que era de su distrito, lo de hasta alli
pasase, y dende en adelante no lo hiziesen, sino que se rrecogiesen á su
governaçion, y si entre ellos avia algun soldado que de su voluntad
quisiese quedarse en su compañia que el se lo agradeçeria y tendria muy
particular quenta con su persona, y sino que ninguno quedase y fuesen
con la bendiçion de Dios, ofreçiendoles si abian menester algun abio o
socorro para su camino. El capitan Rribera y sus soldados tubieron en
mucho el parlamento que Fedreman les habia hecho, tan aconpañado de
buenos cunplimientos y amorosas palabras y ofreçimientos, qui si no lo
tubieran en aquel tiempo por cosa fea el no bolver a dar cuenta a sus
governadores, desde luego se quedaran con el; mas forçados desta
costunbre se despidieron y apartaron de Fedreman para yrse la buelta de
Santa Marta, eçeto tres soldados que vsando de su libertad no quisieron
seguir a su capitan Rribera y se quedaron alli con el general o tiniente
Fedreman, el qual se detubo en este alojamiento del Cabo de la Vela
algunos dias, yntentando, con çierto artifiçio de rrastros, si podia
sacar perlas de la mar, lo qual por entonçes fue de ningun efecto y fue
en bano su trabaxo. Mas agora entiendo que gozan de ello los vezinos del
rrio de la Hacha, que çerca deste Cabo de la Vela habitan, los quales an
sacado y sacan muy gran cantidad de perlas, de donde Fedreman no las
pudo sacar, el qual viendo quan mal le yva con la grangeria de las
perlas, determino dexalla y dar horden en la prosecuçion de su
descubrimiento y jornada, en la forma que adelante se dira.