Como muerto Miçer Ambrosio fue eleto por capitan Juan de San
Martin, y prosiguiendo su jornada fueron a dar donde Francisco
Martin estava preso o cavtivo, y tomandolo consigo salieron a la
civdad de Coro.
Muerto Miçer Ambrosio, no dexo de cavsar su muerte alguna discordia
entre sus soldados, porque como por su avsencia les era forçoso nombrar
capitan o persona que los tubiese y llevase en justiçia, pretendian
algunos este cargo, avnque no lo osaban publicar ni declararse en ello,
mas de estorvar la elacion que los mas querian hazer, y al fin, viendo
que de la tardança desta elacion y nombramiento se podia seguir entre
ellos mesmos perpetuas discordias que fueran cavsa de su final
destruyçion, avinieronse vn dia todos de conformidad, asi los que
pretendian el cargo como los que lo aborreçian, y nombraron por su
capitan, para seguir su[54] jornada, a Juan de San Martin(A), el qual
açeto el cargo y començo a proseguir su viaje por la propia derrota y
via que Miçer Ambrosio lo llevaba encaminado; y saliendo deste valle de
Chinacota o de Miçer Ambrosio, fue a dar consigo a donde agora dizen
los llanos de Cucuta, que son vnas tierras mal pobladas que agora
sirven de criaderos de ganados a los vezinos de Panplona y a los vezinos
de la billa de San Cristoval, por estar en medio de los confines destos
dos pueblos; y de aqui, teniendose a la mano derecha del rrio de
Panplona, que muy cavdaloso entra en la culata de la laguna de
Maracaybo, como antes de agora he dicho, fueron caminando a bista del
propio rrio hacia la laguna, porque siguiendo esta gente esta derrota
fueron a dar sin pensarlo a la provinçia donde estaba Francisco Martin,
soldado que escapo mediante su buena yndustria de los que se perdieron
con Gascuña.
Dire aqui lo que a este Françisco Martin le subçedio desde que entro en
poder de yndios hasta que fueron estos españoles a dar con el.
El caçique o señor de aquella provinçia, abiendo ya açetado en su
serviçio o en su casa a este Françisco Martin, como por cosa de
grandeza, para que fuese visto de todos sus sujetos, segun se a dicho,
tratabale bien y no consentia que se le hiziese mal ninguno, que era
harto buena propiedad para las demas gentes de las Indias, las quales
son en si tan crueles e ympias que avnque no coman carne humana no
pueden acabar consigo de tener bibo ningun prisionero español que a las
manos ayan.
Usando desta clemencia que he dicho, este prinçipal con este Françisco
Martin, los yndios y sujetos deste caçique, quando su señor se yva fuera
del pueblo, tenian por pasatiempo a este español, y vsando con el de
muchas maneras de juegos, le trataban muy mal: entre los quales dire
aqui vna bien mala burla. Atabanle estos barbaros dos cabuyas o cuerdas
a los pies y hazianle que saltase todo lo que pudiese, y en estando el
pobre honbre en el ayre tirabanle de los cordeles atras y hazianle dar
de hoçicos o de colodrillo en el suelo, y de quanto contento rreçebian
los yndios en ver esto entiendo que nuestro español tenia de daño y
tristeza. Y ciertamente el pobre honbre pereçiera en estos pasatiempos
sino fuera faboreçido de vna hija del propio señor ó caçique, que le era
afiçionada mediante aberse rrebuelto con ella carnalmente. Esta le
quitaba destos pasatiempos y otros semejantes con que los yndios se
holgaban; y conservandole la bida hizole que siguiese los trajes y
maneras de bivir de los yndios y que ymitase todo lo que viese, que con
esto contentaria al caçique su padre y a los demas yndios. El Francisco
Martin se dio tan buena maña que ni traya rropa sobre su cuerpo ni daba
lugar a que le naçiese pelo en la barba ni en las otras partes
ynferiores, y vsaba las armas y los otros exerçiçios y avn creo que
ydolatrias de los yndios y el comer hayo y cal, que es vna costunbre muy
general entre yndios y muy vsada; y avn despues de salido de entre estos
yndios lo vsaba muchas vezes, porque se le abian asentado y encaxado tan
bien las cosas de los yndios que el las tenia por naturales y ellas a el
por hijo; y finalmente, el salio tan buen mohan o fisico que dio a
entender a los yndios que sus curas eran sobrenaturales, y asi acudian a
el con los enfermos como si en el hallaran toda la sanidad que buscaban;
y visto esto, el caçique, y entendido el amor que su hija le tenia,
acordo de casallos, y puniendolo en efecto congrego sus gentes conforme
a su costunbre para celebrar bodas, a los quales pesaba de ello, por
pareçelles que abia de pretender el Françisco Martin mandallos, porque
antes deste tiempo abian visto en el señales de muy atrevido. Las bodas
se çelebraron, y dende en adelante començo nuestro desposado a mostrarse
mas grabe y hazerse temer de los yndios, y a seguir sus gerras y
parçialidades, y señalarse y abentajarse en las guerras que los yndios
de su pueblo tenian con otros, en manera que los mesmos naturales, de su
voluntad, le binieron a nonbrar por su capitan, con lo qual començo a
estremarse mas con los yndios y a querellos subjetar y gobernar
diferentemente de como solian en su antiguedad hazello.
Los yndios, por esto y por otros agrabios que este Françisco Martin les
hazia, secretamente se amotinaban contra el, y su muger, como era
enparentada, luego le daba abiso de ello, y el mediante alguna mas
yndustria que tenia de la que los yndios en semejantes hechos suelen
tener, los esperaba a que viniesen, y procurando ganalles por la mano en
el acometer los descomponia, y luego o mataba a los mullidores del motin
o los apaciguaba y contentaba; y con estos ymbustes y otros ardides de
que vsaba ya no abia quien osase tomar armas contra el, y asi bibia y
poseya paçificamente lo que tenia, y vnos por amor y otros por temor no
hazian los yndios mas de lo que el queria.
En efeto, este hombre, en todo y por todo, seguia todas las costumbres,
rritos y çerimonias de los yndios, y tubo dos o tres hijos en su muger,
por quien despues sospiraba. En esta bivienda bivio este hombre casi
tres años que obo desde que Gascuña se perdio con el oro hasta que la
gente que quedo de Miçer Ambrosio aportaron a esta provinçia, que es lo
que agora proseguiremos.
El capitan Juan de San Martin, con los demas soldados, fue caminando
algunos dias por la derrota que he dicho, y como esta era la primera vez
que los naturales que en las comarcas deste rrio de Panplona estaban
poblados, abian bisto gentes españolas y caballos, no osaban vsar de las
armas contra ellos ni resistilles el camino, como despues hizieron al
capitan Alonso Perez de Tolosa, hermano del governador Tolosa, que lo
hizieron bolver atras, segun que adelante contare en su lugar. Metido en
algunas jornadas el rrio abaxo el capitan Juan de San Martin con su
gente, reconocio la laguna de Maracaybo, y biendo quan cerca estaba de
Benençuela animose la gente por dar conclusion a su perigrinaçion, y
pasando adelante, ya que estaban junto a la propia laguna, hazia la
parte do esta poblada Merida, açercaronse a la provinçia y poblaron
donde estaba Françisco Martin convertido en yndio. Los yndios luego
dieron notiçia de como españoles se acercaban a su tierra. El Françisco
Martin, temiendose que por aquellas nvebas, de consentimiento de su
suegro no le hiziesen algun daño, dixoles que el era yndio y que
aquellos españoles lo trayan forçado o cautibo y quel se abia huydo de
ellos, que le diesen la gente de gerra que en el pueblo abia y que el
mataria a los españoles y los desbarataria. El cacique y los demas
sujetos, creyendo ser asi lo que su yerno decia, adereçaron sus armas y
gentes para yr a dar en los españoles, los quales ivan marchando hazia
aquella provinçia donde el Françisco Martin estaba, bien quitados de que
les subçediera tam bien aquella derrota, porque por ser por alli la
tierra de muchas montañas y muy anegadiza con dificultad pudieran atinar
a salir a donde pretendian, sino fuera abiendo muy buenas guias que
supieran la tierra y los llevaran por donde abian de yr, y para este
efeto y avn para traer a su amistad todas aquellas gentes que por alli
abia les aprobecho mucho el hallarse en esta tierra este español que
estaba ya tam bien ynstruto en la lengua de aquellos naturales, que con
façilidad, mediante el hablalla tambien, los atraya á lo que queria.
Visto por los yndios donde el Françisco Martin estaba que se acercaban a
su pueblo los españoles, determinaron salilles al encuentro, y llevando
por su capitan al tornadizo, le començaron a seguir con sus armas y
horden de pelear, el qual les iva dando la horden que abian de tener en
el acometer, y poniendolos en celada o enboscada, dandoles a entender
que aquel era el mejor modo de guerrear, se aparto de ellos con titulo
de que yva a espiar a los españoles, los quales venian bien çerca de
donde los yndios se abian puesto por consejo de Françisco Martin en
emboscada. Este español, segun la vsanza que de bibir entre los yndios
tenia, como ya he dicho, yva desnudo en carnes y enplumajado y
embixado, que es çierta manera de barniz con que se vntan quando an de
yr a semejantes lides y a otros pasatiempos, y con su arco y flechas en
las manos, el cabello largo, la barba pelada, y en el mienbro genital
puesto vn calabacillo pequeño, segun lo tenian de costumbre aquellos
yndios y todas las demas naciones que traya. Venia tan al natural yndio,
quanto se puede creer que lo estaba en ato[55] y costumbre; y
açercandose a los españoles y dandoles vista, ellos tuvieron por
temeridad y grande atrevimiento la de aquel honbre que siendo vno solo y
tiniendo ya noticia de como trataban los españoles a los yndios, se
viniese de mano armada a ellos; y porque semejante manera de
desverguença no quedase sin castigo determinaron de alançeallo[56] los
que delanteros venian; y viendo el Françisco Martin que los españoles
llevaban hazia el semblante de maltratallo, anticipose a hablalles,
diziendoles que no tenian para que aperçebirse contra el, porque era su
compañero y soldado de su compañia.
El capitan Juan de San Martin y los que alli junto con el venian,
admirados de oyr hablar aquel yndio en lengua española, casi se
turbaron, y rreparándose para entender mejor lo que les abia hablado, y
açercandose mas a ellos el Francisco Martin les declaro su caso por
estenso, quien era y el modo de su perdiçion, y la bivienda que tenia.
Los españoles luego rreconoçieron a este soldado, y admirados de la
forma que traya, se apearon y le cubrieron con algunos bestidos y con el
lloraron la perdida de sus compañeros con estremos de entrañable
sentimiento, y todos juntos se fueron a donde estaba la enboscada de los
yndios, a los quales hablo Françisco Martin dandoles a entender,
diferentemente de lo que antes les abia dicho, como aquellos españoles
eran sus hermanos, y que no les harian ningun daño ni mal tratamiento; y
confederados desta manera, se fueron al pueblo donde el prinçipal
estaba, el qual dio muestras de holgarse de la confederaçion y amistad
de los españoles, y hospedandolos amigablemente les proveyo de lo que
obieron menester para su sustento; los quales descansaron alli algunos
dias, donde fueron bien servidos asi destos yndios como de todos los
demas comarcanos, a quien el Françisco Martin traxo a la amistad y
gracia de los españoles, los quales, despues de estar algo rreformados
de los trabajos pasados, prosiguieron su viaje y derrota para Coro,
llevando consigo a Françisco Martin y buenas guias que les encaminaban
por caminos muy esconbrados de çienegas y anegadizos, que es lo que mas
pesadumbre les daba: y por do quiera que pasaban, mediante el faravte
que llevaban, les salian los yndios de paz y les hazian todo buen
ospedaje. Y despues de aber peregrinado por las partes dichas y pasado
los trabajos rreferidos y otros muchos que aqui no se cuentan, llegaron
estos españoles a Coro sin su governador y con perdida de la mayor parte
de sus conpañeros que abian salido con ellos, que quedaron muertos en
el discurso desta larga jornada; que desde la salida hasta la entrada en
Coro tardaron cinco años, sin hazerse mas fruto spiritual ni corporal
del que de todo lo dicho se puede presumir.
Avnque Miçer Ambrosio sienpre procuro que se hiziese buenos tratamientos
a los yndios, y no consintio que ningun soldado llevase yndio cargado ni
avn yndia que le moliese, a los prinçipios de su jornada, pero despues
todo el daño que podian hazian. Mando por edito público que todo el oro
que hallasen los soldados en poder de los yndios o en sus casas se lo
tomasen y quitasen so grabes penas[57] que para ello les ympuso; y por
otra parte mando tanbien por edicto publico que los soldados no
rrescatasen ninguna comida con los yndios a fin de que no fuesen
molestados de los soldados; hordenanzas, por cierto, muy de rreyr, que
por vna parte mandaba que les tomasen todo el oro que los yndios tenian,
y por otra que no les comprasen lo que abian menester y ellos quisiesen
de su boluntad vender. Yo entiendo que desta suerte devieron de ser
todas las demas constituciones y hordenamientos que en govierno y
jornada y gente este governador hizo, y asi obo el suçeso y fin de su
jornada que abemos contado.