(A) El P. Aguado no resulta muy bien enterado en lo relativo á la labor
de Ambrosio Alfinger, por lo cual, para completar su relato, se
reproducen los siguientes párrafos de la mencionada _Relación_ del
licenciado Pérez de Tolosa.
«Habiendo reposado el dicho Ambrosio de Alfinguer con la dicha gente, en
la dicha ciudad de Coro, fue en descubrimiento de la laguna de
Maracaybo, con ciento y cincuenta hombres de pie y de caballo; dondes la
laguna se detuvo año y medio, poco más ó menos; poblo junto á la laguna
un lugar que se dixe Maracaybo. Dejole poblado de cinquenta ó sesenta
españoles, y volviose con muy poca gente á la ciudad de Coro, porque
mucha de la que llevó se le murió.
»En este comedio vinieron dos armadas; en la una de las quales vino un
Jorje Ynguer, con poder de Enrique Ynguer y Geronimo Sayler, y sin
provision real; este no fue obedecido ni recibido por Gobernador.
Después llegó otra armada de tres naos, con pasados de trezientos
hombres, y en ella venia un micer Juan Sinser-Jofer, el qual se nombraba
por Gobernador, con los mismos poderes y sin provision real. Fue
recibido este Micer Juan por Gobernador, por la justicia, regimiento y
oficiales, estando ausente el dicho Ambrosio de Alfinguer; el qual,
llegado en Coro dentro de quince dias, fue obedecido por Gobernador como
lo era de antes, y el dicho Juan Sinser-Jofer voluntariosamente quedó
sin la dicha gobernacion, y dende á tiempo quedó en Coro. Estas naos
trajeron muchas provisiones y mercadurias, las quales se vendieron á los
españoles, al fiado, en precios mas baratos que nunca han valido,
obligándose de dos en dos y tres en tres; en esta armada postrera
vinieron, asi mismo, treinta alemanes mineros, de los quales casi
ningunos viven. El dicho Ambrosio de Alfinguer trajo de la dicha entrada
siete mill pesos de oro de _chafalonia_, los quales se dieron al factor
de los Velzares, para en pago de la ropa y mantenimientos que en nombre
de república se tomaron, y fuese á curar de una enfermedad rezia que
traia de la entrada. Dejó por teniente á Niculao Fedreman, que habia
servido en compañia del difunto Jorje Ynguer, con que le mandó que no
saliese de la ciudad de Coro y treinta leguas á la redonda en
descubrimiento alguno. Partido que fue el dicho Ambrosio de Alfinguer á
Santo Domingo, el dicho Fredreman, ecediendo la comision que tenia, con
ciento y quinze hombres de pie y de caballo se metió la tierra adentro y
descubrió el valle de Bariquicimeto y de las Damas, y dió la vuelta para
Coro, donde halló ya de vuelta al dicho Ambrosio de Alfinguer; el qual
le prendió, y hecho proceso le dió un liviano castigo. Este Fedreman
trujo de la dicha entrada siete mill pesos de oro de _chafalonia_, en
nombre de toda la gente, los quales se dieron á los factores de los
Velzares para en quenta y parte de pago de lo que se debe en nombre de
república.
»Antes quel dicho Gobernador partiese para Santo Domingo, envió sesenta
hombres de pie y de caballo, con muchos mantenimientos á costa de los
Velzares, á socorrer el pueblo que dejaba en Maracaybo, porque dejó la
gente muy desnuda y necesitada; y con esta gente envió por teniente á un
Luis Gonçalez de Leyva, el qual, esta ida, hizo algunos esclavos, y
envio dos navios cargados, los quales se perdieron eceto uno que aportó
en la Isla de Cuba, de que se hizo alguno dinero; y con todo ello se
acudió al Factor de los Velzares. Estos esclavos, se dice que hizo el
dicho teniente Luis Gonçalez sobre haber fecho los requerimientos
contenidos en un capitulo de la capitulacion que con Enrique Inguer y
Gerónimo Sailer se hizo.
»Vuelto el dicho Ambrosio de Santo Domingo, partió para el dicho pueblo
de Maracaybo, y dejando aquel pueblo á recaudo, con ciento y sesenta
hombres de pie y de caballo fue en el descubrimiento de los Pacabueyes y
Rio Grande de Santa Marta, que es la mejor tierra que se ha descubierto
en esta gobernacion. Con el primer oro que alli hubo, que fueron, segun
dizen, hasta treinta mill pesos, parte dello fino y parte de
_chafalonia_, con todo ello envió al capitán Basconia, con veinte y
cinco hombres escojidos, de pie, dirigidos al Factor de los Velzares,
para que aquella moneda emplease en vestidos y provisiones. Este
capitán Basconia, con toda la gente se perdió, y el oro con ellos:
escapó solo un cristiano, que acaso se halló á cabo de tiempos entre los
indios haziendo vida de indio, el qual dió relación. Andando mas
adelante, descubriendo la tierra, se hubieron quarenta mill pesos de oro
de _chafalonia_; y de alli empezó á dar la vuelta hacia Coro.
»En este tiempo, subiendo por el dicho Rio Grande de Santa Marta arriba,
le llevó las provisiones de la gobernación, y la cesion y traspaso que
Enrique Inguer y Gerónimo Sayler hizieron á Bartolome y Antonio
Velzares; y prosiguiendo su camino para Coro, en los confines del Nuevo
Reyno, en el valle que se dice de Ambrosio, en una pelea que hubo con
los indios, fué herido en la garganta de una flecha, de que murió como
muy buen cristiano, ordenada su ánima y sus cosas: murió muy pobre y
bien quisto de la gente: era de gentil disposición y rostro, muy
españolado, templado en su comer y beber: á su principio se dize que fue
riguroso con la gente, y algunos ministros de justicia que tuvo causaron
que se afrentaran muchos españoles.»
Segun Oviedo y Baños, Alfinger fue sepultado «á seis ó siete leguas de
distancia de la ciudad de Pamplona, que despues poblo Pedro de Ursua,
cuyo sitio, por haber sido donde la muerte puso término á la bárbara
crueldad de aquel tirano, mantiene todavía el título de su nombre,
siendo comunmente conocido por el Valle de Micer Ambrosio, aunque el
coronista Herrera, contra la evidencia de una verdad tan clara, pone
esta muerte en Coro, por yerro conocido de las relaciones que le dieron
para formar su historia». (_Historia de Venezuela_, t. I, cap. VIII.)
Como se observa fácilmente, contrasta el juicio que Alfinger merece á
Pérez de Tolosa, con el que consignan los demás historiadores, y dada la
respetabilidad de aquél y el crédito que merecen sus informes, cabe
sospechar que los otros exageraron en sus relatos, dejándose llevar de
informes apasionados y parciales, dictados, tal vez, por la odiosidad
que producía su condición de extranjero. Del relato del Padre Aguado
puede deducirse que Micer Ambrosio comenzó portándose bien, pero que
luego dejó hacer á sus tenientes y soldados, naciendo de aquí su fama de
crueldad.