—Oh! es un dolor que vd. no vea el puente para que vd. se forme idea
de ese puente: le referiré, poco más ó menos, lo que dice de él un
ilustre viajero frances (Simonin), á quien tal vez habrá vd. leido.
El largo del rio, dice, en aquel punto es de quinientos metros, el
lecho es profundísimo, la corriente cambiante, y movibles los bancos de
arena de las orillas.
Fué necesario para establecer el cimiento del puente descender hasta
la roca sólida que está situada á treinta metros bajo el nivel medio
de las aguas. Cuando se proyectó al principio este trabajo, se juzgó
imposible.
Se llegó á la roca por medio de cestos y cajones en que descendian
los obreros, proveyéndoseles de aire desde sobre las aguas. Así se
quitaron por medio de bombas de vapor las arenas y se evitaron las
infiltraciones que pasaban, á pesar de la presion de muchas atmósferas
mantenidas en el aparato.
De esta manera se empezaron á construir los cimientos, venciendo, con
esfuerzo hercúleo, obstáculos inmensos.
Despues se elevaron los pilares, ó mejor dicho, las torres en que
descansa el puente. Estos pilares, en número de cuatro, son de granito
y parecen construidos para la eternidad: dos á los extremos y dos en el
centro del rio.
Los arcos que se apoyan sobre estas torres están formados de enormes
tubos de acero, abiertos en el interior, y empalmados de dos en dos.
Los dos arcos exteriores tienen de luz 150 metros, el del medio 158,
tanto y medio de la distancia del Sena á Paris.
La altura del arco principal, sobre el nivel de las aguas, y midiendo
desde la clave, es de cerca de cuarenta varas, de tal manera, que los
más grandes buques de vapor pueden pasar por debajo, inclinando sus
chimeneas, lo que ejecutan fácilmente por medio de una palanca.
Así correspondió esta obra grandiosa á la obligacion que se impuso á
los ingenieros de que no estorbasen la navegacion del rio.
El puente tiene dos corredores ó tránsitos, uno superior para la gente,
los caballos y los coches, y uno inferior para el tránsito de los
trenes de los ferrocarriles. Estos entran en la ciudad por un túnel
abierto donde termina el puente. Catorce líneas férreas tocan en el
puente monumental. El corredor ó tránsito superior tiene bastante
espacio para que se haya formado en él un paseo público.
En el pilar central del puente se fabricó una plataforma, en que se
reune por las noches la música militar.
Desde aquel sitio se disfruta la vista de un panorama magnífico: el
rio cuajado de embarcaciones, las fértiles llanuras del Illinois á
corta distancia, y en el fondo, hasta el horizonte, se percibe, se
ve, un bordado de alegres sementeras, cortado de Norte á Sur por una
ancha faja de plata, con ligeras sinuosidades, que parece una mansa
corriente, y que conduce á la mar, como dice Simonin, una de las más
grandes masas líquidas que corren sobre el globo.
Descendimos de la Lonja y nos dirigimos á la oficina de apagar
incendios. Allí nos recibió un caballero chaparro, de una fisonomía
alegre como una sonaja, de dentadura blanquísima y de unas mejillas
escarlatas que reventaban de gordura.
Reia de todo, nos apretaba las manos hasta hacernos desesperar, iba,
venia, y se manifestaba, no con intimidad, sino casi con parentesco,
con sus caballos.
La oficina tiene el mismo ó mayor esplendor que en San Francisco, con
la diferencia de que cada caballo es un prodigio de hermosura, y que
haria una buena compra quien consiguiese cada uno en mil quinientos
pesos.
El _cicerone_ escarlata de que acabo de hacer mencion, afable,
obsequioso, semibrusco, pero atento y franco, es un personaje
popularísimo en la ciudad entera, por su nobleza y generosidad.
No solo enseñó á mis compañeros todas las oficinas, sino que ofreció
hacer, como lo hizo en la tarde, un simulacro de apagar un incendio en
nuestro propio hotel, para que viésemos funcionar las máquinas.
El escarlata y yo fuimos los hombres más amigos del mundo, y apuramos
sendos vasos de cerveza en el breve espacio de nuestro conocimiento.
Miéntras descansaba el Sr. Iglesias y recibia personas de las más
notables de la ciudad que le presentaba el senador y el distinguido
periodista que ya conocemos, yo, sacudiendo la albarda de la etiqueta,
me lancé á recorrer la animadísima ciudad.
Como era mi costumbre, entré en dos ó tres tabaquerias, cierto como
estaba de encontrar en alguna de ellas gente de la tierra de María
Santísima.
En una de ellas, que tenia por muestra la estatua grotesca de un
marino patilludo, de piernas abiertas, puro en boca; volteado cuello
y sombrerillo con sendos listones, percibí un conjunto que me atrajo,
porque trascendia á tierra de cristianos, como manojito de flores.
Un viejecillo de sombrero alto á la Pipelet, chupiturco de lienzo
rayado y con más arrugas el pantalon tirando á blanco, que carrillos
de vieja histérica, estaba repantigado en una butaca, con un párvulo
panzudo en camison entre las rodillas; un gato y un perro dormitaban á
distancia, desmintiendo aquello de “Como perros y gatos.”
Las paredes del estanquillo están tapizadas de anuncios: en el aparador
del mostrador hay sus chácharas: bolsitas para tabaco, pipas, fósforos,
tijeras para cortar las cabezas de los puros, mecheros, bolsas de
budruz y atadillos de papel, para improvisaciones de cigarros.
La dama que despachaba en el interior del mostrador es nariguda,
rígida, biliosa, con el peineton ladeado, un tápalo como colcha cruzado
al pecho, y un purillo entre los labios, que la enseria y masculiniza
lo que no es decible.
Entré al estanquillo de _La Perla de las Antillas_ pidiendo cigarros
de Cabañas, y soltando cien palabras más, para dar á conocer que era
de casa, y al punto, de debajo del mostrador y tras de las vidrieras,
asomaron caritas de ángeles de ojazos negros, boquitas de flor de
granado y aquella _endenidá_ de la raza española que me agarabata
materialmente.
—¡Hola! hola! dijo la señora saliendo del mostrador y fijándose en
mí.... Isabela!.... Paquita!.... Tula! (gritando) vengan vdes. acá.
¿Cuál es su gracia de vd.?
—Guillermo Prieto, servidor de vd.
—Oh! si no lo podrá decir.... ¿lo ven? el mismo empaque, la propia
manera de reir.
—Veanle vdes..... (á sus hijas).
—Vamos, despáchate.... dale un abrazo.
—Denos vd. un abrazo.
Yo tenia cara de simple; pero tratándose de bonitas, en abrazar no
hay engaño.... abracé á las muchachas, á la vieja, al viejo.... y me
disponia á seguir con todo el mundo.
—No, vd. por fuerza es pariente muy cercano de D. Felipe de la Cueva:
si tiene vd. toda su cara.... veanle vdes. ahora que se ríe.... y
aquello fué agasajarme y llevarme al interior de la habitacion, en
medio del regocijo mayor.... excepto Tulita, á quien se anublaban los
ojos y soltaba cada suspiro que me erizaba el cabello.
Don Felipe de la Cueva, que debe ser buen chico y á quien en su casa
conocen, habia hecho mil favores á aquella excelente familia y era el
prometido de Tulita. Yo me encontré con los honores de la fotografía, y
no me pesaba.... procuraba adivinar hasta dónde llegaban las confianzas
del venturoso D. Felipe con Tulita, para perfeccionar mi asimilacion....
—Tula.... ¿ven vdes.? decia, y su propio buen humor; ahí se sentaba,
yo aquí....
—Debe haber sido más cerca de mi silla.
En cinco minutos fuí dueño de la casa.
Regalé al viejo D. Pablito un lapicero, á las muchachas unos anillos
y mis mancuernas á Tulita, que me hacia probar los placeres de la
semejanza.... Yo, que en mi país me parezco á todos los decidores,
á todos los padres de hijos de contrabando y á todos los políticos
derrotados, gozaba de deliciosas sorpresas....
En la casa almorcé y pasé parte de la tarde oyendo tocar la guitarra.
De todo me hablaban, todo me consultaban; yo encarecí á Doña Salomé las
inmensas ventajas de que se estableciese en México: allí, le decia,
nos desayunamos con cajetas de la Habana; por poco que una gente se
respete, fuma puro habano; el cigarro habano es de toda gente bien
educada, y desde el salon al templo, una danza habanera disipa los
pesares y refresca y anima los más adoloridos corazones....
Don Pablito me habló de negocios; echó pestes contra los yankees, y
cuando vino su hijo Leopoldo del colegio, porfió porque me enseñase la
traduccion que estaba haciendo del inglés, porque es un muchacho como
el demonio y con un talentazo más lindo que Jesus del Monte.
Leopoldo ya tenia sus toques de yankee; su saco holgado, su sombrero de
fieltro y su zapato bajo con hebilla de acero.
Las muchachas estaban acurrucadas, por mi dicha, al rededor del retrato
de D. Felipe....
—Vea vd. mi traduccion, me dijo, es un simple _Book notes_ sobre
Missouri.
—Lee tú, Leopoldo, para que el señor se haga el cargo de tu sindéresis.
Y leyó Leopoldo:
“El Missouri, desde los tiempos que pueden distinguirse á la luz de la
historia, era del dominio de los hombres de _Piel Roja_, que vivian en
aduares y formaban bandas ó tribus errantes sobre el territorio que hoy
forma el Estado de aquel nombre. Vivian los _pieles rojas_ de la caza
y la pesca. Tenian perros, pero no otros animales domésticos; hablaban
diferentes idiomas incultos, y á veces se hacian cruda guerra los unos
á los otros.
Tal era la condicion de aquellos hombres, cuando el 7 de Julio de 1683,
una pequeña banda de europeos y canadienses, procedentes de Quebec y
conducida por el fraile Marquete y el comerciante Zohet, llegó con
todos á las orillas del Mississippí.
Está comprobado que los _pieles rojas_ no hostilizaron á los
extranjeros y que los dejaron internarse rio abajo hasta la reunion con
el Arkansas, y volver de allí á remontar el rio para ocupar su punto
de partida á publicar ante el mundo la admirable descripcion del rio
más grande é imponente conocido hasta entónces, ya por el caudal de sus
aguas, la extension de su curso, su magnificencia, la majestad de sus
tributarios y la riqueza de sus márgenes.
En 1688, Lasalle navegó por el Mississippí hasta la desembocadura,
sin hallar obstáculo alguno ni resistencia de parte de los indios, y
desde entónces hasta hoy, los aborígenas del Missouri han mostrado gran
confianza en toda clase de extranjeros.
Por la causa enunciada, esta region ha sido siempre de paz, donde no se
han sentado jamás las discordias y las guerras, que en otras comarcas
de los Estados-Unidos han sembrado por todas partes la ruina y la
desolacion.
El Missouri ha sido siempre una tierra de asilo. En 1755 fundaron á
Santa Genoveva los franceses, atraidos allí por las minas de plomo
encontradas en sus inmediaciones. Este fué el primer establecimiento
fundado por europeos en el Estado. No hay memoria de que los
fundadores compraran tierra alguna á los habitantes primitivos, ni que
éstos los viesen como enemigos; aunque es cosa sabida que los indios
del Illinois eran reconocidos como los dueños de aquellas tierras por
los _pieles rojas_. Pero en aquellos dias, ni se conocia el nombre de
indios, ni se les habian dado leyes algunas para protegerlos, de manera
que se les invadian sus tierras impunemente y se les despojaba de ellas
para todos los que las codiciaban.
La paz de Paris fijó, en 1763, el Mississippí como límite de las
posesiones de Francia é Inglaterra. Esto cambió el tráfico y relaciones
de los indios con los franceses, continuando aquellos su comercio
en las poblaciones de Cahokia y Kaskaskia, hasta que Pedro Laclede
trasladó sus almacenes del fuerte Chartres hasta el sitio donde hoy
está la ciudad de San Luis.
El 15 de Febrero de 1764, un lugar-teniente, el coronel Chouteau,
comenzó á trabajar en el lago, cerca del rio, al Sur de donde hoy está
la casa del cambio, y ha sido el único mercado en forma que tuvo la
ciudad durante sesenta años.
Laclede construyó edificios pasajeros para abrigar á sus trabajadores
y herramientas, con las abundantes maderas que habia en las márgenes
del rio y de que estaba cubierta aquella orilla, bastando para
esas construcciones y para el fuego de los vivaques de los nuevos
pobladores, durante la rigurosa estacion del invierno. En Marzo volvió
allí Pedro Laclede, llevando consigo el plan del nuevo pueblo, que
debió llamarse San Luis, en honor de Luis XV, rey de Francia.
Lisquet manifestó en la fundacion de la ciudad un gran respeto por la
religion y las cosas sagradas. Al lado de la calle del Mercado destinó
un lote de más de cien yardas por lado cuadrado, para una iglesia
católica y un cementerio que sirviera para su objeto, durante el cual
fueron sepultados allí cuantos acompañaron á Pedro Laclede Lisquet.
Todos estos restos se conservan en la Catedral y en la Casa del Obispo,
que ocupa la mayor parte de la calle del Nogal.
Lisquet era un hombre activo y perspicaz; se dedicó á varias empresas,
instalado en la que hoy es calle de Main, frente al mercado. Donde
hoy se encuentra el Hotel Barnim y otros magníficos, estaba la casa
habitacion de Lisquet y sus almacenes.”
Miéntras el jóven estudiante nos leia entusiasmado su traduccion, las
chicas, primero tímidas, despues ménos consideradas, cuchicheaban y
me llamaban la atencion, haciéndome la jóven llorosa, confidente de
las penas por la ausencia de mi parecido, á quien en otra edad hubiera
querido semejarme en todo y por todo.
La bulla era tal, que al lector apénas se escuchaba, quedándole por
todo auditorio su amante padre.
Mis amigos fueron á buscarme: unos estaban citados para ver fungir las
bombas en el simulacro de un incendio figurado en el hotel Southern,
y otros debiamos ir al concierto musical cuyos productos deberian ser
para una biblioteca particular.
Despedíme de la tabaquería, no sin dar las gracias por la generosa
acogida á que habia dado lugar mi semejanza con D. Felipe de la Cueva.
Mis compañeros se dispusieron á ver el gran simulacro del incendio, yo
me dirigí al concierto.
Allí ví, como entre nosotros, y no sé con cuántas exageraciones más,
aquellos socios ceremoniosos y encendidos por el afan de figurar, que
apartan curiosos, conceden gracias, suben de brinquito las escaleras y
llevan triunfales de su brazo á las notabilidades artísticas.
No faltaban sus _donas_ acatarradas, siempre envidiosas y poniendo
peros á sus compañeras, que lo hacen divinamente; no escaseaban esos
figurines que ven con el lente, tararean distraidos, y desde la altura
de una _cromática_, apénas nos distinguen á los míseros mortales.
Como tengo indicado, á mí me llevó al concierto una persona amabilísima
que tenia un amigo, mi acompañante, conocedor de todos los artistas,
confidente de todas las poridades de los teatros, _dilletanti_
encarnizado, que sabe todos los motivos, impone silencio en las
reuniones, lleva pastillas de pino marítimo para obsequiar á los
_virtuosi_, y para quien los asuntos de bastidores son como el primero
de todos los deberes y la más séria de todas las ocupaciones.
Algunas frases de buena educacion le hicieron creer, yo no sé con qué
motivo, que yo era (¡bárbaro!) un _amateur_ de primera fuerza.
Aquel era un concierto de mucha importancia.
El elegante teatrito, los pianos, todo me trasportó al Conservatorio
Mexicano.
La tarde era lluviosa: el salon estaba amorosamente calentado por bien
repartidos tubos.... la música era clásica hasta en sus últimas notas;
imperaban Mozart, Hayden, Bethoven; todo era recogimiento y atencion.
Yo comencé á sentir pesada la cabeza, tiesos los párpados, á sufrir
un muelleo desconocido en mis quijadas; cuando quise evitarlo, habia
topado con mi frente á una respetable señora que estaba delante de mí;
quise reponerme, con esa afectada gravedad de los dormilones, pero á
poco me sentí sacudido con cierta brusquedad por un caballero de cuyo
hombro habia hecho mi reclinatorio.
Entre tanto, los sacerdotes de la armonía estaban en el éxtasis.... mi
compañero vino á decirme al oido que roncaba yo de un modo estúpido,
de llamar la atencion, de hacer el descrédito de México.... mi amigo
queria devorarme, y me sacó de aquel lugar, sonrojado y queriéndome
pedir una satisfaccion.
Cuando volvimos al hotel, nuestros compañeros nos describieron el
simulacro del incendio, altamente complacidos de la precision y
celeridad de las maniobras, de la inteligencia de los caballos y de la
bondad y riqueza de máquinas, escalas y útiles de todas clases para la
extincion de los incendios.
Gomez del Palacio, á quien muchas bondades merecí, siempre habia
recogido para mí algunos datos sobre el comercio de Missouri, que yo
me entretuve en ordenar, miéntras llegaba la hora de la marcha, no
obstante el tragin y el aire de fiesta que reinaba en el hotel.
¿Quién me habia de decir que á los diez dias habia de quedar convertido
aquel alcázar del descanso y del lujo, en un monton de cenizas, despues
de los horrores del incendio?...................
Pero no anticipemos los sucesos........
Las apuntaciones anteriores las hice en verdadera tortura, porque
han de estar vdes. que un amigo de San Luis me proporcionó un
chiquitin, como un monito, para que me acompañase. Este diminuto
_cicerone_ á quien llamaban _Petit-Courrier_ era un rehilete, y para
mí, un verdadero tabardillo: no me dejaba quieto un instante, á cada
movimiento me decia: “¿se ofrece algo?” Veia yo para una tabaquería,
él me decia al momento: “¿qué usa vd.? ¿trabucos?”—Hombre, si soy
un pollo.—¿Damas?—No me ve vd. viejo?—¿Coraceros?—Esos los
usan conmigo cuando me ponen preso. Volteaba como examinando una
cantina:—Tomamos _lague_? ¿coptail? ¿unos amargos? ¿menta? Y aquel
demonio no me dejaba un instante, haciendo diez mil caravanas en un
ladrillo.
—Hermosa mujer! clamaba yo.... ¿Eh? je!.... repetia el chiquitin....
ese es el lado flaco de todos.... iremos á una visita.... se habla
español.... buen Champaña; hay una andaluza que canta el torito de
la castainuela....—¡Hombre, si estamos con el pié en el estribo! yo
quisiera.... un libro cualquiera......
—¡Oh, la bella literatura! para eso, la francesa, centro del mundo....
¿Vd. conoce algo de Feuillet? ¿de Droz?.... _Oh, quell filosofie!_....
Y con semejante chicharra pegada á la oreja, he escrito esos números,
que parece que cada uno de ellos me picaba los dedos con un alfiler.
Las diez de la noche fué la hora designada para nuestra marcha á
Orleans.
Soplaba un viento cortante y destemplado; á la estacion marchábamos
hundiéndonos en el lodo y rompiendo fragmentos de hielo: un policía,
alto como torre, fornido como un Sanson, y del que cada bota podria
servir de funda á un pilar de Catedral, arrojaba al vuelo tercios y
baúles al carro de los equipajes; nosotros nos acomodamos lo mejor que
pudimos en el wagon, y partió el tren.
En los momentos en que partiamos para Orleans, estaba la cuestion
política en su mayor efervescencia; demócratas y republicanos se
tiraban con las gamarras á la cara, y no fijaba uno los ojos por parte
alguna, por donde no viera saltar un politicastro vivaz y escurridizo
como una rata.
Los programas que circulaban, corrian parejas con sus avisos para curar
toda clase de enfermedades, con la sola diferencia que la competencia
era en cinismo en cuanto á abalanzarse rabiosos á los destinos públicos.
No puede ser de otra manera: los partidos beligerantes son como
empresas mercantiles, con sus ramificaciones perfectas hasta las
últimas aldeas; ahí está la intriga, la corrupcion; ahí se apuran hasta
los últimos términos la influencia y el soborno; pero esto afecta poco
el modo de ser social, que sigue el rumbo de los grandes intereses de
aquella sociedad.
Hablando de tarifas de aduanas, decia la _plat form_ (programa) de los
demócratas:
“La tarifa actual empobrece multitud de industrias para subvencionar un
pequeño número, prohibe la importacion que podria comprar el trabajo
americano, ha degradado al comercio americano, ha detenido la venta
de los productos del trabajo entorpeciendo los cambios; una industria
que ocupa la mitad de la poblacion y cuesta al pueblo cinco veces más
de lo que produce el Tesoro, impide los progresos de la produccion y
es nociva al trabajo. _Queremos que la aduana se reduzca á su purísimo
carácter fiscal._ Tal como está la tarifa, solo sirve para alentar el
contrabando, enriquecer empleados pícaros y precipitar en la bancarota
á los negociantes honrados.”
No obstante las recriminaciones que se hacian al partido republicano,
éste decia en su favor:
“Durante el último año fiscal que terminó en 30 de Julio de 1876, el
excedente de los ingresos fué 29.249,000 pesos, que fueron aplicados
á la reduccion de la deuda. En los diez últimos años, el reembolso
ha sido 579.423,284 pesos de nuestra deuda. En 30 de Junio de 1866,
la deuda nacional era de 2,640.348,000 pesos. En 1866, el ingreso
producido por las contribuciones interiores era de 309.226,813 pesos.
En 1876, se redujo en 200.000,000 para aliviar al pueblo.”
Veamos ahora la situacion del Sur pintada por un republicano:
“Cinco, diez ó veinte negros han sido muertos, y á veces tambien algun
blanco segun se nos dice diariamente; pero cada anuncio de un hecho de
este género, es seguido de la mentira de estampilla de que los negros
han comenzado el ataque ó los blancos se han limitado á defenderse.
Los negros, pobres ignorantes, casi desarmados ó sabiendo apénas
servirse de sus armas, son representados como precipitándose sobre
sus adversarios, bien armados, ejercitados é intrépidos, haciéndose
matar con el único objeto de preparar un pequeño suplemento de capital
político á sus amigos del Norte.
Los asesinatos cometidos de diez negros en Hamburgo, con las
particularidades de una atrocidad extraordinaria, no son sino el
prólogo de la campaña en favor de Tilden en aquel Estado.
Ese es el principio de la obra de intimidacion. Bajo un pretexto fútil
y escandaloso, como trescientos hombres blancos invaden aquella pequeña
aldea habitada por gente de color, y ejecutan allí sus asesinatos,
lanzan á los bosques á las mujeres y á los niños, y saquean sus
infelices habitaciones.”
—No se apure vd., decia yo al entusiasta mexicano que me hablaba de
estos pormenores: si le cogemos la embocadura al sufragio, como estos
caribes, armaremos cada zambra de perecernos de risa.... No se puede
decir que estemos del todo atrasados...................................
—No, no es para dar idea, á galope, de la situacion de los partidos
en los Estados-Unidos, y mucho ménos despues de la guerra. Cuando vd.
profundice sus estudios, verá que en la vida privada, el americano es
inteligente, racional y modesto; pero en cuanto se trata de la cosa
pública, nada conoce vd. de más fátuo, de más pretensioso é intolerante.
Se elogia su sentido práctico, porque todo lo quiere reducir á la
mecánica y al número; el derecho, la economía política, la diplomacia,
todo se subordina á la conveniencia del momento, aunque esto les
produzca terribles desengaños.
En la guerra pasada se ha perdido un millon de hombres, se han gastado
catorce mil millones de pesos; pero la emision del papel aumentaba el
negocio, y se decia que casi era un bien la guerra.
Pero las quiebras se sucedieron, huyeron los capitales espantados, y en
el fondo de la reorganizacion, quedan vivos los gérmenes de lucha entre
el Este y el Sur.
No puede ser de otra manera: la masa del pueblo trabaja y se entrega á
sus negocios; cosa de trescientos mil _politiqueros_ tienen á su cargo,
ó mejor dicho, profesan como industria la cosa pública: éstos están
divididos en republicanos y demócratas, partidos irreconciliables,
porque no caben en una propia especulacion: la lid se entabla; el
partido vencido sigue explotando en corta escala á sus adeptos; el
vencedor se apodera de los destinos públicos, y anda la anderga.
Vea vd. cómo pinta Molinari á los partidarios de Tilden, con motivo de
la convencion de San Luis. Se habla del partido demócrata:
“Allí se encuentra, dice, el viejo propietario de esclavos, con
el corazon henchido de amargos recuerdos, convencido de que la
emancipacion era el robo, y de quien la única esperanza es la
indemnizacion que puede arrancarse al gobierno.
“Allí se encuentra el viejo agitador _separatista_ que precipitó á
los Estados á la rebelion y redactó las actas de sesecion. Allí están
los oficiales y soldados que hicieron flotar la bandera confederada
sobre campos de batalla teñidos de sangre de sus compatriotas, y que
se vanagloriaban de sus expediciones como títulos legítimos para los
honores y los empleos. Allí están los nombres del congreso rebelde de
Richmond, que debatieron á puerta cerrada la cuestion de la bandera
negra....”
—No, decia mi amigo, la cuestion en muchos puntos está intacta ahora
como ántes; es preciso armonizar por medio de la libertad intereses que
aun están encontrados. Hoy puede decirse á Hayes como se decia á Grant:
“Los productos que alimentan las manufacturas del Norte y sostienen
las relaciones con el extranjero, se recolectan en el Sur; el Oeste
cuenta con los mercados de la Luisiana, de la Florida y de la Carolina,
para la salida de sus cereales, en cambio de lo que recibe azúcar y
tejidos. De esos intereses comerciales depende todavía la conservacion
y tranquilidad de la Union.”
Durante la travesía en que me ocupo, se hablaba de la série de
batallas conocida en la última guerra con el nombre de la “Campaña del
Mississippí,” y se repetian nombres que, aunque nos eran familiares,
oiamos figurar con cierto carácter de novedad.
Lincoln, Farragust, Rosecrans, venian á nuestro encuentro como viejos
conocidos.
Yo aproveché aquella ocasion para hacer algunas apuntaciones acerca de
esos personajes, que tambien cobraron nuestro conocimiento en los dias
de la intervencion francesa.
Hé aquí algunas de mis apuntaciones:
“Lincoln nació en 12 de Febrero de 1809, de unos padres tan oscuros,
que Tomás Lincoln, que le dió el sér, apénas sabia firmar.
A los siete años, y ya frecuentando la escuela Abraham, el padre
abandonó el Kentuky y se trasladó al condado de Spencer, en Indiana,
donde se dedicó al cultivo de la tierra, de suerte que hasta los
veintidos ó veintitres años, no dejó la azada de la mano.
Hasta 1830, Lincoln no era otra cosa que un buen peon de campo.
Honradísimo, robusto, constante en el trabajo Abraham Lincoln, la única
aventura que interrumpió la tranquilidad de su vida, fué un encuentro
con siete negros que quisieron asaltarlo en compañía de un amigo suyo,
yendo á Orleans, y en que el intrépido labriego del Kentuky salió
victorioso.
En 1830, emigró de nuevo Abraham con su padre al Illinois, dirigiendo
él mismo las carretas que conducian á su familia.
En la nueva residencia, se distinguió Lincoln como leñador, manejando
el hacha con más destreza que la hoz y el azadon.
En 1831, un tal Denton Offat, que traficaba con Nueva-Orleans, le
propuso una expedicion, unido á dos de sus amigos; para ello fué
preciso construir una barca: dedicáronse al trabajo Lincoln y sus
amigos con la remuneracion de doce pesos diarios, y se efectuó la
expedicion.
Al volver Lincoln de su viaje, se encontró con que su padre se habia
mudado al condado de Coles, á la orilla del rio Sangamon.
En aquel lugar quiso continuar Abraham su educacion: comenzó por
procurarse una gramática inglesa, y no habiéndola, hizo un viaje de
ocho millas para ir á copiar el libro requerido, que aprendió en un
mes, con sorprendente tenacidad.
El presidente Jackson nombró por este tiempo á Lincoln administrador
de correos de la Nueva Salem. Sin duda el nombramiento de Lincoln se
debió á lo muy despoblado de aquellos lugares. Lincoln, sin embargo del
cortísimo sueldo de administrador, recorria aquellos lugares, dando
pábulo á la inclinacion que tenia á los debates políticos.
Ascendió Lincoln á escribiente de los almacenes de Offat, y de ahí
nacieron sus relaciones con Douglas.
En 1834, fué elegido representante de la legislatura, y en 1836, fué
reelecto.
En 1834, le aconsejó Juan D. Stuart que estudiase leyes; le facilitó
libros, otros amigos influyentes le favorecieron y se hizo al fin
abogado.
Acreditado su bufete más de lo que él mismo esperaba, se trasladó á
Sprierfield, se unió primero á Stuart y despues al juez Longan.
En la campaña de 1844, Lincoln fué de los más celosos é infatigables
partidarios de los _whigs_, se opuso enérgicamente á la anexion de
Tejas y compartió la derrota del famoso orador Enrique Clay, derrota
que debia precipitar la guerra con México.
En 1846, se le eligió para tomar asiento en el congreso general, siendo
el único _whig_ que ganó la votacion.
Cuando se verificó la eleccion presidencial en 1848, Lincoln apoyó
la candidatura de Taylor, pronunciando en su favor elocuentísimos
discursos.
En 1849, se retiró Lincoln del congreso para dedicarse á su profesion,
y reapareció en 1852 en la escena política, propalando la presidencia
de Scott.
En la convencion nacional republicana de 1856, Lincoln obtuvo ciento
dos votos para el cargo de vice-presidente, si bien no alcanzó entónces
la victoria, y en 1858 se le proclamó como el primer campeon del
partido.
En 1860, la convencion republicana formada en Chicago dió todos sus
votos á Lincoln para la presidencia, y en 1861, el 13 de Febrero, fué
proclamado presidente de los Estados-Unidos.
Estéban Douglas fué de los más ardientes partidarios de Lincoln. En uno
de sus más notables discursos decia:
“Hace veinticinco años que conozco á Lincoln, nos tratamos los dos,
siendo muy pobres ambos; yo era maestro de escuela, él tenia una
tiendecita cualquiera en Nueva Salem; era él más afortunado que yo,
y tuve lugar de admirar su perseverancia, su honradez sin tacha, su
inteligencia y sus buenos sentimientos.”
Morris, al mismo tiempo, emitia conceptos respecto de Lincoln, en que
se le representaba como una medianía en el foro y en la tribuna. Decia
Morris tambien:
“Cuando se comunicó á Lincoln que la convencion republicana de Chicago
le habia elegido presidente de la Union, estaba jugando un partido
de pelota con los muchachos, y no dejó el juego. Elegidle, anunciad
despues que ha desembarcado algun enemigo en nuestras costas ó que
algunos Estados se niegan á reconocer al gobierno general, y es
muy probable que vaya á terminar alguna partida empezada, ántes de
averiguar si el hecho es cierto.”
Estos eran los juicios sobre Lincoln en los momentos de su eleccion; el
triunfo de Lincoln determinó la separacion de la Carolina, siguiendo
su ejemplo Virginia, Georgia, Carolina del Norte, Luisiana, Alabama,
Florida, Tennessee, Kentucky, Missouri, Tejas, Mississippí y Arkansas.
Al advenimiento de Lincoln al poder, tronaba la guerra civil y estaba
destrozada la Union.
Durante cuatro años, se sucedieron los combates: las masas de hombres
que se chocaron ensangrentando el suelo americano, oscurecen todo lo
conocido en los tiempos antiguos y modernos.
El tercer año de la guerra fué inaugurado por Lincoln con la proclama
de emancipacion, fecha 1.º de Enero de 1863. En 1864, el Norte contaba
con más de un millon de hombres á su servicio.
La Guerra, que hasta entónces le habia sido adversa, comenzó á
sonreirle, y conquistando palmo á palmo un terreno que se podia
calcular en extension como la mitad de la Europa, penetró al interior
del Sur, y encerró, por decirlo así, en la fortificacion de Richmond,
al general Lee, que ántes habia sido el terror de Pensylvania, miéntras
los formidables monitores en el mar, se apoderaban, despues de
sangrientas luchas, de todos los fuertes sublevados.
El Norte entero, como un solo hombre, secundaba las miras de Lincoln;
abrió la mano con liberalidad inaudita para toda clase de recursos,
contándose por millones diarios. Se escucharon rumores de paz, pero las
primeras proposiciones fueron inadmisibles.
Lincoln se habia trasladado á Haptom para facilitar las negociaciones,
y al fin, el 9 de Abril, las fuerzas del general Lee se rindieron
al general Grant en Appomata Court House, despues de una honrosa
capitulacion.
La guerra habia durado cuatro años, dia por dia.
Con el fin de celebrar tan fausto suceso, los habitantes de la capital
se reunieron al frente de la Casa Blanca, y Lincoln les dirigió una
arenga llena de moderacion y compostura, evitando toda alusion que
pudiese herir susceptibilidades.
Tres dias despues, aunque era el aniversario del bombardeo del fuerte
Sumter, se evitó todo recuerdo; pero en la noche asistió Lincoln al
teatro con su familia.
Poco despues, dice uno de sus biógrafos, de terminado el tercer acto
del drama que se representaba, y á eso de las nueve de la noche, la
detonacion de una pistola hacia estremecer al público, y el presidente
Lincoln, que se hallaba apoyado en el antepecho del palco, caia herido
mortalmente por la bala que le disparó el asesino John Wilkes Booth,
jefe de una partida de conspiradores.
El presidente recibió la herida en la parte inferior de la cabeza,
yendo la bala á sepultarse en el cerebro, y quedando el herido
insensible hasta su muerte, que fué á las siete y veinte minutos del 18
de Abril.”
Al amanecer del siguiente dia, esto es, del 12 de Marzo, con un
cielo espléndido como si se hubiera corrido una cortina, como si se
presentase á nuestros ojos deslumbrados el cambio de una decoracion
teatral, gozábamos las delicias de un clima templado, y como que nos
sorprendia la vegetacion de nuestro país.
Corria el tren entre quiebras y cañadas á los dos lados del camino;
dilatadísimos bosques ofrecian á los ojos sus sombras, sus hilos de
agua pura cayendo de las rocas, y sus claros en que ya distinguiamos
habitaciones risueñas rodeadas de ganados, ya chozas medio destruidas
con los rastros del incendio, la tablazon floja y como flotante, y
cenizas y desolacion por todas partes.
A veces de entre esas chozas arruinadas salian, colocadas en fila para
ver pasar el tren, familias de negros; los niños casi desnudos; las
mujeres como arpías, con el seno desnudo y los lanudos montones de
cabellos en desórden, y negros con _sorbetes_ desgobernados y rotos,
restos de harapos de paño y unas botas incomprensibles, indescribibles,
que eran el cataclismo del calzado sobre el pié desnudo.
No es posible describir el efecto que me producian aquellos lugares,
algunos de ellos semejantes á nuestras Huastecas. ¡Cómo revivian en
mi mente mis impresiones de niño, cuando leyendo á Chateaubriand, me
encantaba con aquellos cuadros en donde parece que vibra su voz y se
desliza su poderoso espíritu!
Atravesando esos pintorescos rios nos detuvimos algunas horas en Mobila.
Mobila, como dice Molinari, es el gran puerto de embarque del algodon
del Alabama y de una parte de la Georgia. En ninguna parte se han hecho
más sensibles los estragos que agobiaron á aquella rica y fecunda
region del Sur.
Las más hermosas habitaciones se destruyeron ó vendieron á vil precio.
Mobila exportaba ántes de la guerra 900,000 balas de algodon por año:
la exportacion, hoy, ha disminuido en más de una mitad.
Al ver las calles de Mobila, involuntariamente se exclama:
“¿Por qué se ha convertido en desierto la ciudad llena de gente?”
Mis compañeros se quedaron descansando en uno de los hoteles; yo
me salí á la ventura á recorrer aquella ciudad, que hace esfuerzos
titánicos por reconquistar su antiguo esplendor.
En un _bar-room_, de la manera más inesperada, me hallé un mexicano
jóven, aventajadísimo estudiante de medicina, que, como por
adivinacion, se dirigió á mí, me tendió la mano del modo más oportuno,
y á las cuatro palabras éramos amigos.
El jóven Z*** es natural del Saltillo; su vestir es elegante y su
educacion me pareció sobresaliente.
Hacia alarde del habla, de las maneras y de las costumbres de la gente
bien educada de la frontera. Apénas hablamos, cuando le invité á que
diéramos una vuelta, porque solo cinco horas teniamos disponibles.
Tomó á pechos el chico su mision, y echamos á andar.
A nuestro regreso al hotel, me ayudó á compaginar las siguientes
apuntaciones.
Mobila está situado en la parte occidental del rio de su nombre, casi á
la entrada de la bahía y á treinta millas del Golfo de México.
La ciudad está como guarecida entre frondosos árboles, como si temiera
el arenal que la rodea, y la limitan colinas de poca elevacion.
Tiene grande regularidad la ciudad, por supuesto forjada con el molde
americano; el piso es excelente y llaman sobre todo la atencion en
el centro las sombrías arboledas y el profuso follaje de los robles,
entre cuyas ramas medio aparecen, medio se ocultan los edificios, dando
aspecto muy agradable al conjunto.
Dominan la reducida, pero risueña bahía, el fuerte Morgan, antiguamente
Bowyer, Mobila, Point y el fuerte Gaine: en la extremidad de la isla
del Delfin, descuella sobre todas esas eminencias un faro cuya linterna
está elevada á cincuenta y cinco piés sobre el nivel del mar.
En la direccion de la bahía se distinguen restos de las baterías
construidas durante la guerra, que destruyeron los vencedores.
Gran número de buques de vela navegan entre Mobila y Nueva-Orleans, y
cruzan en el interior el Alabama, el Tombigbe y otros rios, lo que da á
la bahía y á las orillas de los rios grande animacion.
Mobila fué el sitio original de la colonizacion francesa, y los
que conocen las costumbres de sus habitantes, hacen grandes elogios
de su cultura, costumbres y maneras simpáticas con nuestra raza. La
fundacion, en el comun sentir, se verificó en 1703.
En 1723, la residencia del gobierno colonial se trasportó á
Nueva-Orleans. En 1763, Mobila, con toda la parte de la Luisiana,
al Este del Mississippí y al Norte de Bayon, Iberville y los lagos
Maurepas y Pontchartrain, pasaron á la posesion de la Gran Bretaña.
En 1780, la Inglaterra devolvió á España este territorio, y aquel
gobierno, en 1813, entregó la ciudad, que no contenia ni mil personas,
á los Estados-Unidos, por el tratado de 1819.
Mobila en la última guerra, se hizo notable por su poderosa resistencia
al Norte, tanto que no se rindió sino tres dias despues de la rendicion
de Lee (12 de Abril de 1865).
Cuando en 1864, las tropas del general Farragust destrozaron los
fuertes y cerraron el puerto, no lograron apoderarse de la ciudad.
Además del comercio del algodon, de cuya extension hemos dado idea,
tiene importancia la manufactura de muebles, carruajes, papel,
fundiciones, maquinaria, etc.
La calle del Gobierno es de las más hermosas, los jardines de las casas
que se perciben bajo los robles pomposos que sombrean la calle, hacen
hermosísima la vista.
_Bienville park_, entre las calles del Delfin y San Francisco, es
tambien muy hermoso, y ya se notarán en los nombres las invasiones de
la raza americana entre franceses y españoles, y ya se deja entender
cuáles serán los matices que tal mezcla produzca en lo más íntimo de
las costumbres.
La aduana, en que se encuentra la oficina de correos, es de los más
hermosos edificios; está hecha toda de granito y tuvo de costo 250,000
pesos.
El Teatro y la Casa del Mercado, están en la Calle Real.
Dos edificios llamaron, en mi rápido tránsito por Mobila, singularmente
mi atencion: el edificio de las Compañías impares, _Old fellows Hall_,
que está al frente de la aduana y es de fierro y ladrillo, y el Banco
de Mobila, que tienen columnata y pórtico magníficos.
Las iglesias más notables son la Catedral de la Inmaculada Concepcion
(católica romana); la Iglesia de Cristo y la Trinidad (episcopales).
Hay en Mobila suntuosos hospitales, cuatro asilos para huérfanos, un
colegio de Medicina á que pertenecia mi simpático fronterizo, muy bien
atendido, y multitud de escuelas y academias, entre ellas una escuela
hebrea, de mucha fama.
_Spring Hill_ es un agradable suburbio situado al Oeste de la ciudad,
al cual se va por los wagones de la calle de San Francisco.
En la ciudad hay seis líneas de wagones.
En _Spring Hill_ está situado el colegio de San José, institucion
jesuítica: fué fundada en 1832 por el obispo Portier, y tiene un
hermoso edificio de 375 piés de largo, coronado por una torre desde la
cual se disfrutan vistas deliciosas.
El colegio contiene una librería de 8,000 volúmenes, y una muy valiosa
coleccion de aparatos científicos. En la espalda del edificio hay una
magnífica estatua de la Vírgen, llevada de Francia.
A lo largo de la bahía, en una extension de más de dos leguas, se
prolonga una magnífica calzada, que puede considerarse como el mejor
paseo de la ciudad.
Acababa mis apuntaciones con mi jóven amigo el Sr. Zartuche, le
abrazaba, me escribia en un papel algunas palabras afectuosas para su
hermano Andrés, que reside en México, cuando tocó la puerta Francisco,
que venia á decirme que iba á sonar la hora de partir.
Estábamos á 144 millas de Orleans, é íbamos á ver el Golfo de México,
algo de México, por Dios, que yo estaba sudando _wiskey_ hacia tres
dias, y á recorrer el camino de fierro más sorprendente de los
Estados-Unidos.
Como suena la palabra, es un camino construido sobre un pantano lleno
de resumideros y hundiciones; vamos, era como un esfuerzo de patinar
sobre una tortilla de huevos.
Lo diré francamente: yo no estoy organizado para ninguna clase de
maromas; pero mucho ménos para estas; no las soporto, no hay una cosa
que más me encocore, que esos fanfarrones del mar, que dicen que á
ellos se les marean los dientes cuando se anuncia una tormenta, ó esos
soldaditos de tres al cuarto que se jactan de dormir en el suelo y
beberse una botella de aguarrás, porque son hombres.
El camino es un equilibrio perpétuo; se ven los delgados troncos de
los pinos como balaustradas y crujías en que salta y se juega la luz,
se extienden en soberbios cortinajes enredaderas que flotan rotas por
los vientos; y por los claros de aquella crujía de los árboles tupidos,
se ven casitas blancas, vegas risueñas en que juegan los niños, ó que
atraviesan los carros tirados por caballos, y grupos de hombres blancos
y negros, dedicados á unas mismas labores.
Hay en el trayecto muchas estaciones de nombres franceses: Rigollets,
Cheft, Menteur, Michaud, Gentilly, y nombres indios como Pascagoula y
Biloxi: esta última estacion está habitada por gascones á quienes se
conoce al vuelo.
Vayan vdes. á ver una puerilidad singular: aquel coqueteo de las selvas
con el Golfo de México, visto por interrupciones como envuelto en un
manto de púrpura y oro, me tenia realmente regocijado; pero con un
verdadero fandango en las entrañas, me saludaban los árboles, me decian
chicoleos las aves, me parecia que tenia el cielo sombrero ancho y que
la estrella de la tarde se habia terciado un rebozo para hacerme una
muequilla, como cualquiera maldita de estas de los barrios de México.
La tarde caia como para restituirme á la realidad: la sombra descendia
lentamente como un párpado que priva al ojo eternamente de la luz.
No cantaban las aves, el viento parece que llegaba fatigado y recogia
sus alas sobre las ramas de los árboles.
Hondo silencio reinaba en el interior de nuestro coche; yo, en la
plataforma, veia sin ver, me mantenia sin conciencia de la vida, en esa
disposicion del espíritu, entre el ensueño y el éxtasis: mi alma no
estaba en mí, se paseaba libre en esos espacios que nos deja el olvido.
Repentinamente me pareció que atravesábamos por dentro un mar de
llamas; era, en efecto, el resplandor vivísimo de un incendio
reverberando en las aguas.
Incendiaban aquellos, como nuestros labradores, el pasto seco; pero la
llama caprichosa, ya se recogia como encharcándose entre los árboles,
ya se extendia en agitados lagos en los claros sin árboles, ya trepaba
á lo más alto de una colina, convirtiéndola en edificio maravilloso y
fantástico, y ya, descendiendo en corrientes, perfilaba los bordes de
las aguas y culebreaba en direcciones distintas.
[Illustration: _LIT. H. IRIARTE MEXICO._
Calle del Canal.