GUILLERMO PRIETO.

A medida que yo leia, la persona misteriosa desprendia el rostro

del grosero _cachenéz_ que la cubria y dejaba al descubierto un

cuello de cisne, émulo de la nieve herida por el sol.... ella habia

comprendido.... casi era una revelacion la que me hizo el _cachenéz_.

Habiamos tocado la estacion anterior á Omaha: á los lados del paradero

del tren, que despedia luz vivísima, se distinguia una diligencia

y varios _bogues_; de uno de estos _bogues_ se apeó un arrogante

caballero, moreno, de cabello negro, de maneras desembarazadas y ojos

negros hermosísimos: detúvose el tren, el jóven saltó y se colocó

al pié de la escalerilla del wagon. El viajero _comun de dos_, con

la velocidad del relámpago, recogió su saco de viaje y se precipitó

fuera del coche; apénas salido, se lanzó á los brazos del dueño del

_bogue_.... al hacer este movimiento, se le cayó el sombrero, y una

catarata de rizos de oro inundó los hombros y el cuello del jóven de

los ojos negros......

Yo habia seguido maquinalmente al viajero y estaba estupefacto con

la trasformacion.... quise darme de cachetadas.... cuando estaba

suspendida en los brazos del viajero afortunado, se volvió á mí, y con

una sonrisa angélica, me dijo: “Adios, Sr. Prieto!.... Adios!”

Tan linda!.... y sabe español.... Soy un asno, soy un rinoceronte....

¡pecador de mí!

A poco se detuvo el tren en Omaha, y miéntras mis compañeros comian, yo

apunté en mi cartera:

_Omaha_: Término del ferrocarril de la Union, está á la orilla

occidental del Missouri y al lado del famoso puente que se cita como

un grandioso monumento. Es extraordinario el movimiento que se nota

por todas partes: vienen á agolparse á nuestro alrededor, ómnibus,

coches, quitrines y carros de todos tamaños, para conducir pasajeros,

equipajes y efectos. La poblacion, sin embargo, solo tiene diez y ocho

mil habitantes. El edificio más notable que percibo por aquí cerca es

_Claim House_ (Casa de reclamaciones).

En 1854 este era un punto casi desierto: la oficina de correos era

el sombrero del administrador, porque en él recogia y despachaba la

correspondencia.

La poblacion tiene hoy 18,000 habitantes, y la oficina de correos, así

como las del Estado, se encuentran en edificios magníficos.

Al principio los hoteles de Omaha eran de segundo órden; pero se

organizó una Compañía y se edificó el Gran Hotel Central, que

puede figurar, y es mucho decir, entre los buenos hoteles de los

Estados-Unidos.

Por todas partes se ven hornos de fundicion; por todas partes hay

regada maquinaria; se suceden las fábricas, y la plata y el oro

beneficiados se calculan en más de un millon de pesos anuales.

Los principales periódicos que se publican en la ciudad, son: _El

Heraldo_, _La Tribuna_, _El Republicano_, y _La Abeja_. Además, hay

un periódico Bohemio, otro Escandinavo, otro Aleman y un Semanario de

Agricultura, que goza de merecida nombradía.

Por entre las verdes arboledas que atraviesan en todas direcciones

la ciudad, se ven blanquear fábricas y edificios: hay multitud de

escuelas, dos institutos, diez y nueve iglesias, cuatro bancos,

cuarenta factorías y grandes depósitos de carbon y leña, y almacenes en

que se agencian fletes.

Para asilo y proteccion de los emigrantes, se encuentra en este punto

un inmenso edificio, en que se les procura, por veinticinco centavos al

dia, habitacion y comida.

La Compañía del Ferrocarril de la Union, sostiene en este lugar sus

valiosísimas fábricas y se jactan los carroceros de ser este el punto

del Oeste en que se construyen mejores wagones.

Sin duda la ciudad fué trazada, previendo que un dia ocupara un lugar

eminente entre las mejores ciudades del Oeste.

El trazo la divide en ocho cuarteles, capaces entre todos de contener

un millon de habitantes.

En esa proporcion son las plazas y los paseos, de los que algunos son

muy frecuentados.

Mis compañeros lamentaban que no hubiésemos tenido tiempo de que viese

yo el Puente, que se cita como una verdadera maravilla de la ciencia.

En la historia del Puente hace ostentacion de su tenacidad y ardimiento

el pueblo americano.

Decretada en 1866, se presentaron obstáculos que parecian insuperables,

y se suspendió en 1868. En 1870 se hicieron esfuerzos que no dieron

resultado satisfactorio; pero en 1871, se autorizó especialmente á la

Compañía para continuar, auxiliándole con dos millones y medio de pesos.

El Condado de Douglass, en Nebraska, se suscribió con 250,000 pesos, y

con más de 200 el Potawatoma.

Tiene el puente, con las obras adyacentes, una milla de largo, y sus

alrededores los forman calzadas y parques que sirven de vistosísimos

paseos.

De Omaha tomamos el tren para San Luis Missouri.

—Hénos aquí, me dijo Lorenzo, atrayéndome al cuarto de fumar, en

terrenos que serán futuras naciones, porque esta region americana

amamanta leones.

Los Estados del Oeste, incluyendo en ellos el Sur, son los

proveedores inmensos de la América: de su conjunto surgen destellos

de emancipacion; su acrecimiento rápido es el anuncio de que está por

nacer una gigantesca nacionalidad en esta parte del Nuevo Mundo.

La tierra, herida por la azada del colono, derrama sus mieses con

prodigalidad, sin más proteccion que la del cielo; los grandes

depósitos del Oeste llaman á sus mercados á los hombres de todo el

globo, y miéntras la Europa, en las aguas del Atlántico, la corteja,

el Japon y la China le tienden los brazos sobre la peana de oro que

erigió California como un tálamo á la confraternidad universal.

He dicho que no son pueblos sino naciones las que se perciben desde

aquí en embrion: el Oregon es más grande que la Inglaterra; Tejas más

que la Francia; California más que España.

En estas inmensas zonas que florecen solas bajo un mismo pabellon, se

reunen y dan cita los productos todos del globo, y hacen imposible

cualquiera exclusion: los artículos favorecidos en un punto dañarian

al opuesto, y esto relajaria todo vínculo, convirtiendo en nominal el

poder del centro.

Los elementos de vida propios de cada pueblo son tales, que Chicago,

propiamente llamada la Reina de los lagos, era apénas en 1830 un punto

militar atascado en un pantano.

Hoy cuenta la ciudad 300,000 habitantes.

Se encadenó la ciénega y se le hizo desaparecer bajo cimientos de

palacios; en la guarida de la putrefaccion y de la fiebre, tendieron

sus doseles de ramas los árboles y brotaron las flores; se dirigió

la corriente de las aguas á los labios de la capital sedienta, por

acueductos que ponen en olvido las inmortales obras de los romanos.

Apénas se anuncia la industria de la _salazon de cerdos_, cuando más de

un millon se trasforman en un año en sabrosos manjares.

El cultivo del maíz hace que por millones se cuenten sus rendimientos,

y que un frances diga que deberia servir de emblema de esa nacionalidad

una mazorca, así como Chicago deberia dejar su nombre para llamarse

Porcopolis, como se denominaba á Cincinatti.

—Sin embargo, dije yo, Chicago aun no se restablece de su último

asolador incendio.

—Creo que padece vd. una equivocacion. Chicago está más floreciente

que nunca.

Chicago fué presa del incendio la noche del 9 de Octubre de 1871:

17,500 edificios se sepultaron en el mar de llamas.

En 1872, la nueva ciudad habia resucitado de entre escombros y cenizas,

y contaba 41 bancos y 201 iglesias, 35 grandes hoteles, entre ellos

_Palmer-house_, que es de primer órden, calles, plazas, edificios y

paseos en mayor número y mejores que ántes del incendio. Chicago, como

vd. ha oido, cuenta apénas 47 años de existencia, y su poblacion es de

500,000 almas. Es sin duda el primer mercado del mundo por los granos,

el ganado y las viandas saladas. Más al interior, su territorio es como

el centro de todos los pueblos bañados por el Atlántico; 17 caminos

de fierro conducen á esta gran metrópoli del Illinois; cada línea se

esfuerza por conducir á Chicago con mayor baratura y en ménos tiempo

que las otras: hoy de New-York á Chicago se hace el camino en ménos de

treinta horas y hay 1,600 kilómetros de distancia, es decir, como de

México á Chihuahua, poco más ó ménos.

A medida que avanzaba el tren, redoblaba la locomotora sus gritos,

prolongándolos más y más, para evitar un choque con los trenes que sin

cesar se cruzan.

Los campos cultivados, los ganados, las casas rústicas, los jardines y

los carros, anunciaban la proximidad de la gran poblacion de San Luis.

—Es de sentirse, me decia Lorenzo, que no pueda vd. hacer un estudio

detenido de esos lugares, en que se verifica la alianza del Mississippí

y el Missouri, que traen como en gérmen en sus aguas las mayores

riquezas de la tierra.

Inmensas llanuras divididas por fértiles sementeras; las corrientes

conduciendo y trasportando pueblos; las trojes henchidas brindando

goces al hombre y creces al comercio, y la preponderancia del trabajo

presentándose, desde la iniciativa de la colonia con el aventurero con

su hacha al hombro, seguido de su familia llena de harapos, hasta el

opulento propietario que trasporta el lujo de las grandes ciudades y

hace que le rinda homenaje en la tierra, que él, el primero, arrancó á

la barbarie, desembarazándola de malezas y ahuyentando con su rifle á

los animales feroces.

Al ruido cercano de la locomotora; al traqueteo de fierro de su galopar

afanoso; á la vista de las embarcaciones del rio; bajo los hermosos

árboles de la quinta opulenta, refieren los ancianos las luchas con

los Pieles Rojas, las torturas á que sujetaban al blanco ántes de

inmolarlo, y esas escenas de horror y de sangre de los primitivos

tiempos del Oeste.

Por lo demás, la historia aun no desplega sus labios de una manera

clara y distinta, sobre esos restos de murallas, esos esqueletos de

ciudades perdidas en los tiempos, esos resíduos de grandes poblaciones

que se encuentran en el Ohio, Illinois, la Indiana, Kentuky, Michigan y

la Luisiana.

Tocábamos, en estas pláticas, en la estacion de San Luis.

Aunque allí habia carruajes, un senador que se hizo muy nuestro amigo

en el viaje, nos dijo que el Hotel del Sur, que era el mejor, estaba

muy cerca y que podriamos ir á pié.

La noche era oscurísima, el alumbrado parecia encomendado á un

ayuntamiento de los de por acá, caminábamos en medio de una oscuridad

completa, rompiendo la nieve con nuestro calzado.

El senador, nuestro guía, es robusto como atleta y ligero como un

venado; tomó del brazo al Sr. Iglesias, y eso fué correr: yo me

resbalaba, me hundia, me tropezaba con mi propio aliento, y hubiera

sucumbido sin el auxilio de Lorenzo, que casi me llevaba en peso.

Por aquí torcemos, por allá nos descrismamos; de repente nos detenemos

porque un amigo se habia dejado un botin en un atascadero y porfiaba

por encender un fósforo para buscarlo.

Así corrimos más de una milla, empapándonos, tropezando á cada paso,

y oyendo, con la bílis derramada, la charla del senador, que estaba,

con nuestras inquietudes, nuestras resbaladas y equilibrios, como una

pascua.

Al fin tocamos en el Hotel del Sur, empujamos la puerta y nos deslumbró

un salon magnífico, de sesenta varas de extension, con altísimas

columnas, pavimento de mármol y una magnificencia superior á todo

encarecimiento.

Miéntras Gomez del Palacio arreglaba lo correspondiente á nuestro

hospedaje, yo me encargué de examinar el salon espléndido que funge

como patio del hotel.

A mi derecha se veian las oficinas de recepcion de los equipajes, el

despacho al pié de la amplísima escalera, correo, telégrafo y expendios

de periódicos.

A la izquierda, gabinete de periódicos, expendios de tabacos y

dilatadas sillerías, cerca de una gran chimenea.

Por todas partes se agolpaba la gente, hablando de negocios, leyendo

periódicos, y en perpétuo movimiento, á todos los departamentos del

hotel.

Sobre la escalera soberbia de mármol, se arrancaba, sobre pilares

colocados circularmente, la cúpula del edificio, alta y grandiosa,

ceñida de trecho en trecho por anchos corredores que conducian á

suntuosos salones, de los que cada uno era lugar de tertulia en que se

tocaba, se cantaba y las hermosas hacian ostentacion de sus gracias.

Las paredes eran espejos, el suelo alfombras, y en los aires, la

claridad del gas no permitia el recuerdo del sol.

Despues de instalados varios compañeros, fuimos presentados á M.

Ca-hill, redactor de un periódico en español, titulado: _El Comercio

del Valle_, quien tiene noticias bastante exactas sobre el tráfico

de México, y sostiene con calor y copia de datos, las ventajas de la

estrechez de relaciones mercantiles.

Pequeño de cuerpo, de ojos vivos, de fácil palabra, aunque con dejo

inglés, M. Ca-hill era un precioso _cicerone_.

Nos dijo que tocando San Luis en el golfo de México, nuestra República

está llamada á estrechar sus vínculos con esta parte de la Union,

fundando una ventajosa reciprocidad.

San Luis, decia M. Ca-hill, en rigorosa exactitud geográfica, está

situado casi en el centro del gran valle de Mississippí, y participa

de las ventajas de suelo tan fértil y de punto de comunicacion tan

poderoso.

La ciudad está delineada con toda regularidad, y como vd. sabe,

contiene medio millon de habitantes. Por lo general, las calles,

partiendo de la orilla del rio, corren al Occidente. Los edificios más

notables son de fierro, piedra y ladrillo.

—Es lástima, dijo un compañero de M. Ca-hill que solo permanezcan

vdes. aquí unas cuantas horas, en cuyo tiempo no pueden formarse idea

de nuestra sociedad.

Esta sociedad, que tuvo nacimiento de la Luisiana, mejor dicho, que

en calidad de cesion de ella, se hizo la concesion cuando todavía era

Colonia Francesa, en 1762, á Liguest Laclede y á sus socios, conserva

algunos tintes de su orígen. En el fondo de sus costumbres, hay algo

del pulimento de la raza latina, se tiene en mucho la sociedad culta,

las artes merecen atencion y encuentra analogías la raza de vdes., que

no encontraria en el Norte.

El acrecimiento de la ciudad en poco más de cien años de fundada, ha

sido estupendo. Vea vd. solo en poco más de cincuenta años:

En 1811 tenia 1,400 habitantes.

En 1850 ” 74,439 ”

En 1860 ” 160,773 ”

En 1870 ” 310,864 ”

En 1875 ” 490,000 ”

Los ramos principales de comercio, son: algodon, plomo de las minas del

Missouri, heno, sal, lana, maderas de construccion, tabaco y especias y

granos.

En 1874, la importacion del grano ascendió á 30.674,504 fanegas, y la

exportacion á 24.417,411.

San Luis es la primera ciudad de la Union en la elaboracion de harina.

En 1874 habia 24 molinos en actividad, los cuales producian 1.573,202

barriles.

No obstante desarrollo tan prodigioso en la agricultura, se calculan

40,850 hombres dedicados á las manufacturas, y la riqueza que

representan se valúa en 240.000,000 de pesos.

Miéntras disertaban muy sérios los señores formales en la sobremesa de

la fonda, otros amigos, en un santiamen, habian contraido relaciones

y las calentaban con sabrosos ponches en el _restaurant frances_,

comunicado con el hotel.

Contaba uno lo familiar que es aquí á los americanos el idioma de

Racine, y apoyaba su aserto en varias anécdotas.

En una botica, por cierto muy próxima, cuyo propietario es cubano,

charlaba un compatriota de la brusquedad de los yankees y de la

antipatía de las razas.

Un yankee se presentó pidiendo una bebida: el imprudente cubano seguia

su charla, y por vía de paréntesis, dijo al boticario; “Oh! si estos

son unos béstias.... póngale vd. á ese unas gotitas de estrignina en

ese brebaje, á ver si revienta.” Eso lo decia en broma, por supuesto.

El yankee no se dió por entendido de la conversacion.

Confeccionáronle su bebida, tomóla el yankee, pagó, y al salir, con

mucha amabilidad dijo al cubano en correcto español:

—Dígame vd., caballero: ¿cuál es la causa de que desee vd. que yo

reviente?

El cubano quedó estático, respondiendo confuso y aturdido:

—Yo he dicho al señor “revente,” es decir, que vuelva á venir conmigo,

para que demos un paseo....

El _yankee_ se retiró riendo á carcajadas.

La conversacion continuó animada, hasta que nos retiramos á nuestros

cuartos, deseosos de aprovechar el siguiente dia para dar un paseo por

San Luis.

Yo dormí mal, porqué me tocó un alojamiento en el quinto cielo, y la

preocupacion de los incendios se apodera de tal modo de la imaginacion,

que constituye un verdadero tormento: presentir convertido el local que

nos abriga en inmensa hoguera; verse rodeado de abismos; escuchar el

desplome de los techos; oir los alaridos de las víctimas.... todo eso

me espantaba, considerándome como condenado á muerte.

Un francecillo muy simpático, llamado Arture, que me habia conocido en

México, estaba en mi cuarto á las auroras de Dios, invitándome á pasear.

Arture es el hombre de sociedad por excelencia; sabe un poco de todo

y se amolda á todas las situaciones y á todos los caractéres; tira

la pistola, canta, diserta sobre ciencias y artes con buen sentido,

conoce á las notabilidades de Europa y América; galante con las damas,

audaz con aventureros, marinos y soldados, circunspecto con hombres de

respeto, y alegre, servicial y campechano con todo el mundo. Era otro

Mr. Gland en tafilete frances.

—Ha venido vd. al mejor hotel, me decia, y esto que en la ciudad los

hay magníficos.

_Lindell-Hotel_, sin ir más léjos, compite con este; tiene seis pisos,

es de piedra arenisco, costó 800,000 pesos. Está aquí cerca, en la

avenida de Washington.

_Plander’s-Hotel_, _Hotel-Barnim-Lacled_, y hasta el _Gran-Central_,

que cuesta un peso diario, son establecimientos que no desdeñarian las

mejores capitales de Europa.

—_Plan_ americano por supuesto, observé yo aludiendo á las comidas.

—Hay de todo: ya ha visto vd. anoche una excelente fonda francesa.

—Excelente, Arture: yo sentí no cenar, porque todo me pareció muy bien.

—Por ese estilo es la fonda Sincler y C.ª, de Olive-Street, Garner,

Cafferitta, Garmi-Restaurant, _Nicholas-Cantine_, y otras muchas, la

mayor parte al estilo frances.

Miéntras hablaba Arture, yo me vestia á toda prisa y hablaba á

Lancaster, que estaba en un cuarto contiguo, para que hiciese lo mismo.

Alfonso, como lo tenia de costumbre, en cuanto llegó, y en el propio

hotel, se habia provisto de guías, de mapas y de lo necesario para sus

sesudos estudios, dedicándose á ellos en las noches y al levantarse.

—Vamos A***, aprovechemos la bondad de nuestro _cicerone_: quiere que

primero recorramos algunas calles, visitemos algunos edificios, y desea

que concurramos en la tarde á un concierto que dan unas señoritas, para

el fomento de una Biblioteca.

—¿De qué te ocupabas tú? dije á Alfonso.

—Me ocupaba, me dijo, del estudio de este comercio en sus relaciones

con el nuestro. Estos Estados brindan mil facilidades, así como

Orleans, por muchos motivos que explaya perfectamente el periódico en

español que nos facilitaron anoche.

—Pero en estas relaciones mercantiles, en su modo espontáneo, y con

total independencia de los gobiernos, es en donde yo creo ver, dije, el

_quid_ de nuestras difíciles cuestiones de los Estados-Unidos, y á ello

dirijo yo mi mira: el acrecimiento prodigioso de la Union Americana

presenta estos sorprendentes resultados. La creciente preponderancia

del Oeste que es entidad autonómica, tan independiente del Norte como

del Sur, formando espontáneos vínculos, convierte en privativos sus

intereses y debilita la influencia del gobierno central.

Este acrecimiento tendrá por fuerza su representacion en el congreso, y

al punto que esa representacion se aumente, la lucha tiene de iniciarse

y poner en peligro las conveniencias del Norte.

La adquisicion de tierra, el fomento de las ideas de conquista, la

intervencion por la fuerza, en mi juicio no las intentará el Norte;

pero no puede ser indiferente á la marcha de México ni á sus tendencias

á la libertad mercantil; así, no le queda más recurso que influir en

sus negocios, sea por medio de tratados, sea considerando á México

como colonia ó brindándole con un protectorado; pero esto mismo ofrece

graves dificultades. El ideal de la gente ambiciosa del Norte, es hacer

de México la India de los Estados-Unidos.

—Señores.... el tiempo vuela, dijo nuestro _cicerone_. Veamos aunque

sea algunas calles y volvamos por los compañeros. Si pudieran vdes.

detenerse siquiera un dia, tendria el gusto de presentarlos al Club

Germania ó al de la Universidad, centros en que se reune lo más selecto

de la sociedad de San Luis.

Para que vdes. se formen muy somera idea del movimiento de San Luis,

iriamos á los depósitos de los ferrocarriles: el de San Luis y Kansas;

el del Atlántico, Pacífico, Kansas, Tejas y el Gran Depósito de la

Union, en que parece que el mundo entero se da cita para activar el

tráfico.

Por lo demás, las ciudades de los Estados-Unidos se parecen como gotas

de agua: dilatadas arboledas, anchas plazas, generalidad de edificios

hechos como con panes de jabon, techos de caballete, largas chimeneas,

coches, carretones, carros y carritos por todas partes.

Vacilábamos sobre el rumbo que tomariamos á la puerta del hotel, cuando

burla, burlando, no obstante el pésimo dia, salian nuestros compañeros

á ver la Lonja del Comercio, y nos antellevaron, como se dice por

nuestra tierra.

Yo me dejé conducir por M. G. A. Hayward, cumplido caballero á quien

merecí especiales atenciones, y quien me encantó por la mezcla de

sabiduría y buen humor de su conversacion: á mí los sabios adustos....

me cargan, no los puedo tolerar.

Fuimos á la Lonja de Comercio, que es un edificio como una catedral:

soberbio pórtico con robustas columnas, amplios corredores con ventanas

rasgadas y lujosos departamentos, y en el templo, un salon como una

iglesia, de forma elíptica, lo ménos de ochenta varas de extension.

El centro del salon está despejado para el tráfico, y hay gente que va

y viene como en una gran plaza.

En una de las cabeceras y en los costados, hay extensas mesas que

corresponden á los diferentes bancos; al pié del salon se ven como

aparadores con toda clase de semillas y artículos de comercio, como

un depósito inmenso de muestras, al cuidado de corredores y agentes

mercantiles.

La techumbre es una alta y extensa cúpula con una cornisa saliente en

su arranque, que le forma cintura, y la guarnece una amplia balconería,

desde donde asiste el público á aquel espectáculo lleno de ruido, de

movimiento febril y de cierta alegría, de que no es fácil dar idea.

No es fácil describir, en efecto, aquellas caras rubicundas, con sus

dentaduras blancas y su piel restirada; aquellas inmensas botas

de suelas de á dos dedos de grueso; aquellos hombres intrusos, de

camisetas encarnadas, y aquellos flacos escurridizos que parece que

llevan una locomotora en cada corva.

Este gentío, que es inmenso, se agrupa en el centro del salon, corre,

alterca, disputa, improvisa remates, transa, y sale y entra, como si se

tratase de apagar un incendio.

Adviértase que este tragin se verificaba estando las calles inandables

de lodo y de nieve, entrando algunos empapados con la lluvia, con sus

pantalones remangados hasta la mitad de las botas, ó hundidos en la

parte superior de ellas.

A medio dia el salon se despeja, se establece silencio profundo y se

hacen las operaciones de _Clearing-House_, ó sea casa de liquidaciones,

ó como si dijéramos, traduciendo la palabrita en _lépero_, (aclarar

paradas).

Como se sabe, cada banco emite sus billetes que fungen como dinero: de

esos papelitos hemos visto en México y sabemos cómo se manejan.

Pues bien, con los tales papelitos, éstos y aquellos han hecho sus

compras. A tal hora, cada banquero recoge sus billetes y da en cambio

los de los otros bancos, quedando cada quien con lo suyo. Así se hacen

cambios y negocios por millones, sin necesidad de que ande el dinero de

aquí para allá, y en un abrir y cerrar de ojos. Toma tus billetes, dáme

los mios, y tan amigos como siempre....

El crédito, el crédito es una gran cosa; pero no estamos para sermones.

Nosotros habiamos asistido al espectáculo descrito al principio, desde

la balconería superior.

Salimos de allí y nos condujeron á la parte superior del edificio,

desde donde se distinguia la opulentísima ciudad, las llanuras que la

circundan cuajadas de vistosas sementeras, y ese mar subordinado y

grandioso que tiene por nombre “El Padre de las Aguas,” y que lleva

en su seno ciudades de embarcaciones, que hacen marchar sobre la

corriente, sementeras, ganados, bosques y montañas.

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 87 / 106 题