FIDEL.

Marzo 5 de 1877.

Las casuquitas que ya de trecho en trecho, ya dispersas, ya

agrupándose, veiamos, todas como que se dirigian á nuestro encuentro,

como que venian á buscar los rieles, como se dirigen los ganados á la

corriente.

Detrás de esas casitas aparecian los sembrados, despues los árboles,

que en hileras como soldados ó como frailes, parecian andar

descaminados ascendiendo á la montaña, donde en filas ó en grupos

les esperaban sus compañeros.... alguna vez se tendia la llanura

amarillenta y salpicada de nieve, ascendia revistiendo la loma,

formaba muro la Sierra, coronada de sus picos desiguales, los brazos

abiertos de los pinos y sus figuras fantásticas, y tras este muro

se aislaba grandiosa y solitaria, una montaña de cristales, que tal

parecia, revestida por el hielo, trasparentando las hondas grietas, los

espantosos derrumbes, las rocas gigantescas.

Esto, visto entre esos calados de las ramas, entre esos pabellones de

las copas sin hojas, es el paisaje que presenta el monte Shasta de

California, donde parece decir en la Sierra Nevada, sus últimos adioses

la vegetacion.

El camino sigue ascendiendo: la serranía forma muros y se abre, se

apiña, se aglomera y trepa tumultuosa; á su pié negrea, culebreando, el

hondo abismo; el tren va como equilibrándose en la cresta que se forma

en el borde de la hondonada.... del lado opuesto; no se percibe un

árbol, ni una choza; el horizonte como que se abate doliente sobre la

nieve.

Las sombras bajaban lentas de lo alto de los montes, y como que se

apiñaban el el fondo de los valles.... en el vacío.... como que se

iniciaba la nada .... ¡qué triste es el alma de la noche cuando pasea

por esos desiertos!!

Los conocedores del terreno nos anunciaban que pasábamos por

precipicios horrorosos, cortábamos aquella Sierra que describe con

tanta valentía Bulnes, que parece despedazada por los huracanes y las

erupciones volcánicas, y es por el cataclismo producido por la pólvora

y el fierro, dirigidos por el hombre.

En medio de las sombras atravesábamos alturas levantadísimas y aisladas

rocas, en cuya cima abrió una como ceja el camino sobre una pared lisa,

y por aquella ceja, balanceándose; sobre el abismo, pasa la locomotora

y el tren poderoso.... las luces de los faroles como que se descuelgan

para alumbrar la inmensidad del abismo, muriendo en sus sombras

pavorosas....

Gemia con prolongados ecos el viento, caia la nieve azotando los

vidrios del _wagon_, los pasajeros guardaban profundo silencio.

Varios amigos nos refugiamos al cuarto de fumar: la conversacion giró

incierta sobre varios asuntos, fijándose al último en la historia del

ferrocarril del Pacífico y en los progresos del vapor.

—Parece increible, dije yo, que un invento planteado apénas en 1831,

haya producido tan estupendos resultados.

—Pero los obstáculos que aquí se amontonaron, dijo M. Gland, exceden

á toda ponderacion; parece que se trataba de un duelo á muerte entre la

audacia del yankee y las dificultades de la naturaleza.

—Si hubiéramos podido disponer en Sacramento, me dijo Lorenzo, de

media hora siquiera, ya habria llevado á vd. y le habria colocado en

frente de la casa núm. 54.

Veria vd. una tienda de aspecto sencillo con un rótulo maltratado

por el tiempo; que dice simplemente: “Hunkington y Hop-Kins.” El

establecimiento es una ferreterría y sus propietarios lograron, á

fuerza de actividad y de honradez, acumular una fortuna regular. En esa

casa se proyectó el ferrocarril del Pacífico.

Aunque simples comerciantes aquellos propietarios, se ocupaban de la

política: fueron primero _Free soilers_ y despues republicanos: la casa

era punto de reunion de sus correligionarios; con ese motivo asistian

frecuentemente _Stanford_, despues popular gobernador de California, y

los dos Crokers, uno de ellos juez y ambos hombres inteligentes y de

empresa.

Vaso de cerveza en mano, y al amor de la chimenea, se discutia sobre

política, recayendo siempre la conversacion sobre las ventajas inmensas

de un ferrocarril que atravesase aquellos desiertos, comunicando el

Atlántico con el Pacífico.

—Ya vd. sabe, interrumpió uno de los circunstantes, cómo comienzan

aquí estos negocios: dos ó tres arbitristas, con un nombre que dé algun

viso á su frente, logran una concesion, forman su fondo (_stock_),

cierto ó imaginario, y quiebran.

Los capitalistas machuchos, que conocen este juego, acechan y esperan,

se muestran los trazos del camino, se ha vulgarizado el negocio. Los

capitalistas hacen propuestas desastradas, que al fin se aceptan,

gritando entusiasmados: “Al vencedor pertenecen los despojos.”

Este juego se ha hecho ó intentado en México; pero la _inocencia_ de

nuestros gobiernos ha hecho de modo que todas las pérdidas hayan sido

para la nacion, siendo los arbitristas dueños y señores del campo....

todavía hoy....

—No fué así el ferrocarril del Pacífico: los cinco comerciantes que

hemos mencionado, apechugaron el negocio y no lo soltaron de la mano, á

pesar de la conjuracion de los hombres y de los elementos.

Es de advertir que los cinco comerciantes de que hablamos eran hombres

desconocidos en todos los mercados monetarios; que el proyecto se

calificó de imposible por ingenieros de renombre; que se apoderó de él

la caricatura y el ridículo sangriento: zaherido por los políticos,

dice la historia; combatido por la prensa; despreciado por los

capitalistas, y por mucho tiempo tan desprestigiado, que un banquero se

desacreditaba por el solo hecho de suscribirse al _stok_.

Ya tenemos presente que se trataba de un camino de cerca de ochocientas

leguas, con trechos ardientes como el Africa, ó helados como la

Siberia, y con desiertos más inclementes que los de Arabia, y por

todas partes salvajes contra quienes se tenian que sostener luchas

encarnizadas y sangrientas.

No solo habia que crear crédito para la empresa contra todas estas

dificultades, sino que cuando se tuvo dinero, el material para el

camino, el fierro, las espigas ó clavos, las herramientas, la pólvora,

las locomotoras, los carros, tenian que embarcarse en New-York y

rodear el Cabo de Hornos en viajes de ocho meses para llevarse á San

Francisco, desde donde atravesando 120 millas llegaba á Sacramento.

Ni un pié de fierro fué puesto en el camino en las 300 millas que hay

á Ogden, ni una espiga clavada que no hubiese atravesado el Cabo de

Hornos.

Los operarios tuvieron que hacerse venir á largas distancias con el

material.

Escasamente poblada California en aquel tiempo, los jornales eran muy

subidos.

Vinieron operarios de New-York, y por último, diez mil chinos fueron

trasportados al través del Océano Pacífico, y su trabajo completó la

obra.

Cuando un tal Judah, ingeniero, comenzó por construir el primer tramo

de ferrocarril del Valle de Sacramento, las gentes dijeron que se habia

vuelto loco.

Este individuo consiguió, no obstante, algun dinero: se internó en la

Sierra, y volvió con la noticia de que habia descubierto puntos por

donde hacer practicable el camino.

Una ley del Estado de California declaró que para que una Compañía

tuviera derecho al permiso, debia pagar mil pesos por cada milla que se

propusiese construir.

Esto desesperó casi á los cinco empresarios; pero léjos de

desalentarse, formaron la Compañía en estos términos:

Stanford,—Presidente.

Hunkington,—Vicepresidente.

Mark,—Secretario.

Hop-Kins,—Tesorero.

Hunkington fué á Washington y logró la concesion, comunicando la fausta

noticia á sus compañeros, en estos términos: “El _bill_ pasó. Nos

sacamos el elefante.”

Con la concesion se solicitaron nuevos accionistas, y el primer momento

de entusiasmo.... produjo.... la suma miserable de 600 pesos.

—No, dijo Mr. Gland á Lorenzo; aunque exacta, está vd. haciendo muy á

la ligera la historia de este ferrocarril. Oigan vdes. lo que yo sé y

recuerdo haber leido en Laboulaye y en Simonin, uno de los viajeros más

ilustres de los Estados-Unidos.

El decreto de concesion fué de 1.º de Julio de 1862, es decir, en plena

guerra de Secesion: á Lincoln cupo la gloria de firmar la union de los

Océanos, con la misma pluma tal vez con que abolió la esclavitud.

Dividió la concesion en dos secciones; una comprendiendo la Sierra

Nevada, y es la Compañía Central Pacifique, y la otra, la de las

Montañas Rocallosas, y es Union Pacifique que llega hasta Omaha.... las

conquistas de la nieve y del fuego, para ponerlos al servicio de la

humanidad.

Esta division produjo la competencia consiguiente, y forma dos séries

de leyendas interesantes, que tienen por móviles la emulacion y la

temeridad.

Cada Compañía queria mayores avances y verificaba más milagrosas

empresas.

La Compañía del Este, tendia sus rieles, disciplinaba á su gente de un

modo estricto, improvisaba ciudades, salvaba abismos, abria pozos para

procurarse agua.

La del Oeste acarreaba gente del Japon, contenia las avalanches de las

nieves con palizadas, con _Snow-Sheeds_ (jacalones), ó mejor dicho,

grandiosos edificios de madera, sostenidos por robustas vigas, galeras

inmensas con sus paredes de tablas puestas en los grandes descensos

para impedir la acumulacion de la nieve.

En el Este, por los grandes desfiladeros, se lanzaba la locomotora, se

ponian los rieles sobre las rocas desiguales, cruzaba el vapor dejando

el peligro, y la temeridad el trazo, despues se avanzaba....

En el Oeste porfiaba la nieve por obstruir el paso y se amontonaban

metros sobre metros. Entónces afrontaba la locomotora la situacion,

agregando á su frente despejadores del terreno, como rejas de arado;

la nieve resistia como un muro de bronce: entónces se ponian dos

locomotoras y tres; crugia el hielo, gemia como herida la locomotora

y muros enteros de nieve se derrumbaban, pasando, sobre sus entrañas

dispersas, triunfante el vapor.

El gobierno, al presenciar la formalidad de las construcciones, acudió

al auxilio de las dos Compañías, y les dió en calidad de subvencion,

cincuenta millones de pesos.

Diré á vd. algo sobre la construccion científica.

—No, por el amor de Dios; así como así, ya está vd. viendo las

distracciones de su auditorio.

—Dicen que el plazo para la construccion de la vía fué el de ocho años.

—Sí, señor, me replicó Mr. Gland; pero ántes de siete años, el 10 de

Mayo de 1869, estaba concluida.

Al principio se marchó con bastante rapidez; pero al fin, una especie

de fiebre, de rabia, se habia apoderado de ambas Compañías.

En Abril de 1869, una de las Compañías construyó diez millas en un dia

(más de tres leguas). Lo más notable es que solo ocho hombres colocaron

y manejaron todos los rieles. Estos ocho gigantes trasportaron cada uno

8,000 arrobas de fierro en el dia!!

En la parte de las Montañas Rocallosas, el general Dodge, que dirigia

los trabajos como ingeniero en jefe, dió á sus obreros organizacion

militar.

Salvajes y animales feroces corrian despavoridos á la proximidad de los

trabajadores.

Los primeros obreros hicieron pié en Julesburgo.

Los irlandeses terraplenaban; gritones, batalladores, afectos al trago,

vivian en casas rodantes de madera. Cada cual tenia su _revolver_ al

cinto para defenderse de los indios y para armar campaña.

Entre estos obreros y sus secuaces, habia la gente más perdida del

mundo: aventureros de todas las naciones, figuras siniestras, fachas

patibularias, arpías desechadas de la cárcel y los hospitales.

Los _salones danzantes_ eran teatro de asaltos cuotidianos y batallas

en forma, que apaciguaba el terrible _juez Linch_, que solia funcionar

activamente. Al general Dodge cupo la honra de domesticar estas fieras.

Avanzó el camino á _Chayene_: desaparecieron las fieras de que hemos

hablado, y una ciudad floreciente, industriosa y feliz, brotó en el

desierto de aquella levadura de veneno, de víboras y de guano de vicios.

En el Oeste, los chinos hacian casi todo el trabajo; sóbrios,

disciplinados, inteligentes, rompieron esa muralla de granito que se

llama la Sierra Nevada, cuya mayor altura es de dos mil metros sobre el

nivel del mar.

En los descensos se hacia y se hace marchar el tren sin locomotora,

por efecto de su propia gravedad, retenido y moderado por los frenos:

en las subidas se ponen dos locomotoras, que se oyen como jadear y

sofocarse, agotando su titánico impulso.

Si hubiera luz, me decia M. Gland, distinguiria vd. desde las alturas

que vamos cruzando, allá muy abajo, llanuras cubiertas de nieve, y en

el confin del horizonte, como serranías de cristales apagados, formando

pliegues sus ondulaciones, alzándose como en olas petrificadas sus

colinas superpuestas: es un mar sorprendido y encadenado en medio de su

hervor, por las nieves eternas.

En algunas eminencias suelen verse en alto los brazos de los árboles,

como luchando por salvarse de un estupendo naufragio.... y grupos de

pinos, como señores consternados que lamentaran con espanto aquel

aniquilamiento silencioso y terrible.

Uno de nuestros compañeros sacó el reloj.... eran las once de la noche.

A dormir....

El interior del _Slepen car_ era un triste dormitorio con sus lámparas

de trecho en trecho.

Mis compañeros, muy habituados á los viajes, tuvieron pronta colocacion.

M. Gland, habia conversado y obsequiado á un sirviente que le tenia

preparado su cómodo lecho.

Yo quedé solitario, sin colocacion alguna, aunque cierto de que me

esperaba allí una cama con los brazos abiertos.

El sueño me vencia; pero los departamentos estaban cubiertos

totalmente, y son tan iguales, tan difíciles de distinguir, que

me temia uno de esos encuentros, que no me fuera en manera alguna

agradable.

Al fin, logré instalarme; pero tan mal y con tales inconvenientes, que

con notoria injusticia, porque en ninguna parte del mundo se camina

con mayores comodidades que en los Estados-Unidos, forjé ántes de que

alumbrase la luz, el siguiente calumnioso romance:

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 75 / 106 题