XXXII

El 4 de Marzo.—El muelle.—El ferry.—Amigos cariñosos.—Ibarra y

Alatorre.—Capitan Hagen.—La estacion.—El tren.

AMANECIÓ al fin el 4 de Marzo, reinando aún cruelísimo el invierno.—No

obstante los preparativos de viaje y el buen arreglo de los equipajes,

expeditados desde la víspera, quedaron como adheridos á nosotros,

flotantes y sin colocacion, canastos, abrigos, sombreros, paraguas y

todo aquello á que se le ha dado el significativo nombre de _triquis_,

no obstante proclamar todo viajero, que estorba hasta el rosario á los

que tienen la costumbre de usarlo.

A mí me condujo hasta el muelle el coche de un caballo, mi vehículo

constante, el confidente, por decirlo así, de todas mis impresiones de

San Francisco.

Ya hemos dado idea del muelle de Oakland y ya conocemos esos _ferrys_

ó vapores de rios, encargados en tragin constante del acarreo de

viajeros de uno al otro lado de la bahía.

Las aguas estaban un tanto inquietas, pero como encadenadas y

obedeciendo al timon y viendo subordinadas las maniobras de los buques.

Al entrar en nuestro vapor, á las seis de la mañana, encontramos

arropados á varios de nuestros amigos, y á algunas señoritas vestidas

elegantemente y desafiando el ventisco helado, que azotaba sus hermosos

rostros.

Entre los favorecedores que acabo de mencionar, se contaban los Sres.

Andrade, Ferrer, Ahumada, Gaxiola, Coroella, y las Sritas. Gutierrez,

de lo más inteligente y virtuoso que cuenta la colonia mexicana.

Dos ó tres dias ántes de nuestra partida, un amigo veracruzano, á quien

soy deudor de mil finezas, me invitó á una visita por una de las calles

más accidentadas y embrionarias, por decirlo así, de San Francisco: la

calle de Green.

No hacia mucho, en una de mis descarriladas por falta de direccion,

me encontré en el término de los ferrocarriles urbanos del N. E. de

la ciudad: apéeme resuelto para seguir á pié; interceptó mi vista un

barranco profundo; descendí casi rodando; á poco me salió al paso una

montaña y la escalé decidido: entónces me quisieron envolver marañas

de casas, escaleras escurriéndose y asaltando las rocas, ventanillas

como los ojos de un buho en las eminencias, tendederos de ropa, juegos

de coche botados en el suelo, vacas pastando tranquilas en la llanura

tendida entre dos casas, hondonadas con sus árboles, sus jardines

floridos y sus graciosas fuentes, todo á los lados de una cuesta; yo

descendia entretenido, cuando ví en un farol escrito el nombre de

_Green_. Estaba en la calle de Green, indicando la resurreccion de la

ciudad.

[Illustration: _LIT. H. IRIARTE._

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 72 / 106 题