Preparativos de salida.—Compra.—El Express.—Visitas.—Albums.
SINGULAR condicion de la humanidad y notable desengaño para los
materialistas! Apénas sobre el modo de existir comun cae una idea;
apénas se le adhiere un recuerdo, cuando realmente se trasforma y tiene
significacion distinta para nosotros.
Tenemos en la mano una pluma, estamos prontos á tirarla como una
basura, una voz nos dice al oido: “Con esa pluma escribió Heredia sus
odas inmortales.” Entónces la vemos como una precea y la conservamos
como una reliquia. Como que á la pluma descendió una alma; como que es
un sér con quien nos queremos relacionar.
Así, en la partida de un lugar, las calles como que se embellecen y
como que nos confian secretos que se habian reservado, las fuentes
corren de otro modo, la luz como que se vuelve diferente, aquello que
se va á perder se ama más.
Nunca me pareció San Francisco más seductor que el 3 de Marzo, víspera
de nuestra partida. Iba como daguerreotipando en mi memoria calles y
plazas; queria como calcar en mi cerebro aquella casa, con su enverjado
de hierro, sus macetones y estatuas en el jardin; aquellos niños
corriendo tras de sus aros al rededor de la fuente; aquella pareja
perdiéndose en la distante arboleda en su elegante _vogue_; ella,
indolente, acurrucándose al lado del yankee colorado, frio y preocupado
solo del trotar desembarazado de su caballo.
En el saloncito que ocupaba Iglesias, habia personas de las más
distinguidas, despidiéndose y prodigándole atenciones, más que
relacionadas con su posicion, con su mérito real, con su sabiduría y
virtudes.
En cada uno de los cuartos habia un _totum revolutum_ infernal,
baúles abiertos, sombreros regados aquí y acullá, botas y botines
estorbosos, esperando colocacion, camisas, calcetines, pantalones, y
con predileccion el cajon para los regalos á México, denunciando los
afectos y el estado de los fondos del viajero.
En medio de este baratillo estaban los amigos libando en mi cuarto
sendas copas, haciendo itinerarios, dando recomendaciones y encargos y
comidiéndose á desempeñar comisiones, de la manera más servicial.
Por supuesto que no faltaba, sentada en un baúl con su canasto al
frente y su chico sentado en el suelo, la lavandera, primer doliente en
la partida de un soltero, ni la costurera con su mamá, que por primera
vez se aparece, ni criados y conocidos que van hacinando lo inútil
y dejan traslucir las satisfacciones y las envidias que provoca la
herencia.
Los criados andan más listos que nunca, como que se acerca la hora de
la propina extraordinaria; encuéntrase uno con afectos que le eran
desconocidos, por supuesto de gente menesterosa y con cualidades que
nunca sospechó tener.
Aquello de las peticiones de retratos, ni se cuente, que yo los repartí
por docenas y recogí muchos, siendo para mí reliquias muy queridas
algunos de ellos. A propósito:
Cuando un tonto es de _pur sang_ me deleita, es tonto de ley de oro,
como algunas piedras minerales.
Así habia en la colonia italiana una dama que tenia una hija
hermosísima, de la que varios deseábamos el retrato; requerimos á
la jóven, instamos á la mamá, y por fin, la víspera de mi partida,
corrimos varios en tumulto á que se retratase Adelina.
La mamá fué con nosotros á la casa de Housewort y C.ª, establecimiento
espléndido, N.º 12 Montgomery Street Market, donde se ejecutan con toda
perfeccion las operaciones fotográficas.
Entrar, colocarse Adelina y poner en nuestras manos ejemplares
primorosamente acabados, fué obra de ménos de tres cuartos de hora.
Yo no pude dejar de mostrar mi asombro, no solo por lo acabado del
retrato, sino por la prodigiosa celeridad con que se habia verificado
la operacion.
Recordaba los pasados tiempos de la pintura al óleo, las dificultades
del parecido, etc., y la deuda que teniamos con la ciencia por
descubrimientos tan sorprendentes y fecundos como el daguerreotipo.
—¿Y á vd. qué le parece de ese retrato, señora? dijo á la mamá uno de
los circunstantes.
—A mí, nada, dijo la señora con aplomo, _porque como los señores ya
conocian á mi niña......_
—Vd. tiene mil razones, señora, repuse yo (vd. es una asna, dije
aparte), yo no habia tenido presente esa circunstancia.
Volviendo á los preparativos de marcha, Gomez del Palacio, que
siempre se distingue donde quiera que se halla, por lo servicial y lo
caballeroso, se habia encargado de la compra de boletos, ajuste del
carro de dormir y del _Express_.
Pocas instituciones hay más benéficas que el _Express_, para la
comodidad, no solo de los viajeros, sino de todo el mundo.
En la oficina del _Express_, perfectamente dotada, escrupulosamente
servida y que posee con justicia la confianza universal, deposita el
viajero el bulto ó bultos que desea se trasporten á cualquier lugar del
mundo y sean del valor que fueren.
Se depositan los bultos, recibe su constancia el interesado, y el dia
convenido encuentra el depositario en el lugar pactado su caja ó su
fardo, sin la menor lesion, y como si hubiera sido trasportado por
mágia.
En cuanto á los equipajes que van en el mismo tren que el viajero,
llueven comisionados y agentes que se encargan de enfardelar,
trasportar y depositar en manos del empleado del tren, sin más cuidados
de parte del interesado que recoger el _check_ ó boleto con un número
igual al que tiene la petaca ó baúl.
Al acercarse el viajero al punto de su destino, vuelven á presentarse
agentes de casas y hoteles conocidos que se encargan de los equipajes,
los recogen, los colocan en el hotel en el lugar que se les designa, y
el propietario se ve servido como con las manos blancas que se movian
en el aire de sus cuentos de niño.
Y todo esto se hace por tan módica retribucion, que está realmente al
alcance de todas las fortunas y se verifica del modo más natural.
Arreglados, ó mejor dicho, á medio arreglar los equipajes, salí, en
union de varios amigos, á hacer compras para los obsequios de familia.
Conmovedor es realmente ese balance y esos conflictos entre las
inspiraciones de la ternura y la tirantez del presupuesto.
Yo queria abarcarlo todo: gorritas, saquitos, zapatitos chinos,
juguetes milagrosos, de objetos mil, que presumia iban á enloquecer de
contento á mis nietecitos.
Representábame la imaginacion, la llegada del baúl á la casa, prévios
anuncios incitadores y halagos referentes á los juguetes, y amenazas,
segun la buena ó mala conducta de los niños.
Que llegará el baúl como en procesion, que se irán congregando curiosos
los criados y criadas, _pilmemes_ y nodrizas.
Colocaráse el baúl en medio de la pieza: el papá y la mamá de la
casa llevarán la batuta; agruparánse los chicos; subiránse en los
hombros de los autores de sus dias, armando algazara, apartándolos
y revolviéndose, miéntras el cargador y los criados forcejean por
desenfardelar.... Atencion general.....
Ya se abrió la tapa.... ya se desembaraza de los papeles un objeto
que se ve en alto.... es un polichinela que mueve los ojos, que anda
solo.... que repica sus cascabeles y que abre y cierra las piernas
intempestivo, miéntras suena los platillos con sus manitas. El asombro,
las risas, las disputas se suceden. Los chicos se desmorecen, todos lo
quieren para sí.
Un cochecito de cuerda, una locomotora, unas cajitas de música, un
ratoncito que corre, prodigios, primores; los chicos bailan, ríen,
hacen caricias á sus padres, queriéndolo todo.... pero han salido á
luz unos saquitos, unos casquetes chinos, unos zapatitos bordados con
lentejuelas de oro.
Aquello es mucho: se visten los chicos, se prueban los zapatos, se
hunden los casquetes á los ojos; los desconoce el perro y ladra, dan su
voto las criadas y llevan á los niños frente al espejo.... y aquello
es una bola de placer.... los papás, con la carta en las manos y los
ojos inundados en lágrimas, hablan del _Papati_ (así me llaman mis
nietecitos), y tiemblan á la idea de no volverle á ver......
Las personas pudientes compraban capotas de pieles, y joyas exquisitas;
los ménos favorecidos de la suerte, juguetes y fruslerías, y álguien,
pundonoroso y maltratado por la fortuna, esperaba á que todos saliesen
para comprar unos aretes humildes, una mascadita china ó una pelota de
hule, para la esposa, para la hija infeliz, ó para el niño amado del
corazon. ¡Oh, cuánto amo yo á esos pobres, me muero por ellos!
Apénas nos desembarazamos de las compras, cuando tomé un carruajito de
dos asientos y un caballo, que cuestan la mitad ménos que los comunes;
me puse en contacto con mi cochero favorito, Dionis, que no sabia
palabra de español y á quien con mi diabólico inglés le pegaba mil
chascos, y me eché á volar por aquellos mundos de Dios.
Como he dicho ántes de las calles, las visitas cobraron para mí
desusado atractivo; como que me veian con mayor interes; como que,
aunque aparentemente festiva la conversacion, guardaba algo de
lágrimas; como que entre los rayos de la fugaz alegría, pasaba gimiendo
la ave negra de la ausencia. Y sin duda, cosa análoga debe pasar
entre los que quedan contemplando el vacío que va á dejar nuestra
desaparicion.
Una de mis primeras visitas de despedida, fué una casa que podremos
llamar incrustacion mexicana.
Allí todo respira México: las muchachas, que son lindísimas, tienen en
la sala cuadros con el paseo de la Viga, el de Bucareli, la calle de
Roldan y el Santuario de Guadalupe.
Detestan á americanos y americanas, haciendo de ellos injustas, pero
graciosísimas caricaturas: se cantan canciones sentimentales de las
que forman el repertorio de la clase media en mi tierra; se brinda á
las visitas chocolate; se las obsequia con atole de leche y tamales
cernidos; se juegan juegos de prendas, y se disponen dias de campo á
nuestra usanza.
—Ni se vuelve vd. á acordar de nosotros, Sr. _Fidel_. El que se va se
divierte con lo verde del camino.
Y cosas por ese estilo se decian....
Una Pepita, burlona, chancera, chancera con talento y finura, con
unos ojazos negros que levantan en peso al que los mira, y con una
sensibilidad que se exalta fácilmente hasta las lágrimas, me presentó
su Album....
Es el caso que Pepita es novia de un jóven, muy jóven, á quien yo
amo mucho, por pertenecer á mi familia, y que el jóven aludido habia
escrito en su Album unos versos para que yo los glosara, que dicen:
_ Pepa, tú lo sabes bien.
Escribir aquí es error;
Aunque me dé gran contento,
Pepa, lo que por ti siento,
No es amor y es más que amor._
—¡Hola! Como en mis tiempos, dije al frente del Album; como cuando se
glosaba aquello de _Aprended flores de mí_.
Tomé la pluma, las señoras siguieron hablando en voz baja, y yo
escribí, sin abandonar la conversacion:
Ni su arco-íris la esperanza,
Ni, negras sombras el celo,
Me muestran, al ver tu cielo,
Que es de grata bienandanza.
Los dos esta adivinanza,
Acogemos sin desden;
Yo me doy el parabien;
Díme lo que pasa en tí,
Que lo que me pasa á mí,
_Pepa, tú lo sabes bien_.
* * * * *
Es, niña, poco discreto
Que mi confidencia escriba,
Cuando es forzoso que viva
En la cárcel del secreto.
Es como raro amuleto
Que encierra gozo y temor;
No lo muestres, por favor,
Que acaso te pondrá triste;
Y si ya en tu pecho existe,
_Escribir aquí, es error_.
* * * * *
De tu mirar de gacela,
De tus dientes de marfil,
De tu frescura de Abril,
Que á más de un galan desvela,
Ser el poseedor no anhela
Mi paternal sentimiento,
Y cuando tu blando acento
Me diriges con ternura,
No codicio tu hermosura
_Aunque me dé gran contento_.
* * * * *
Miro tu rostro halagüeño
Y te contemplo en mi hogar,
Como sobre de un altar,
Como realizando un sueño.
Miro nacer con empeño
Entre flores de contento,
La linfa de un pensamiento,
Que guardas en tu alma oculto,
Y entónces es casi un culto,
_Pepa, lo que por tí siento_.
* * * * *
A tus ojos celestiales,
Tesoros de amor envío,
Si dicen: “amigo mio”
Esos labios de corales.
Si acaso entre negros males,
Se desvanece el albor
De tu ensueño encantador,
No me castigue tu olvido,
Pues lo que por tí he sentido,
_No es amor, y es más que amor...._
Las palmadas, las lágrimas, los encargos á México de las muchachas, las
recomendaciones de misas á la Virgen de Guadalupe, á la de la Soledad
de Santa Cruz y á la Divina Infantita de las ancianas, y los pedidos de
juguetes de los niños, terminaron la escena.
Díjele al cochero que me llevase á la calle de Franklin, casa opulenta
de distinguida educacion.
En medio del jardin está la casa blanqueando, con su pórtico de ligeras
columnas. Cerca el jardin un pulido barandal de fierro. Grandes y
frondosos árboles se agrupan á la entrada y al rededor de la casa.
Hay su fuente con pescados de colores y su _kiosko_ para las lecturas
solitarias.
La casa es, con poca diferencia, como las ya descritas; con la
circunstancia que de un lado del pasadizo hay un extenso y elegante
salon, y del otro, la asistencia y el comedor, divididos por el tabique
corredizo que ya conocemos.
La familia es mexicana, la señora de la casa conserva culto profundo
por México y acoge y mima con su amistad á personas mexicanas.
La niña, que es un encanto de virtud y hermosura, conserva el tipo de
México, pero como desvaneciéndose entre nieblas alemanas y perdiéndose
en la bruma del Niágara.
Lo más seductor en T*** es su inocencia, inocencia alegre, franca,
ingénua: la gentil doncella, juega con las niñas, monta á caballo y
maneja las riendas de su carretela, y no va á más; ni tira la pistola,
ni tiene aspiraciones á invadir la educacion masculina.
La señora, repetimos, es mexicana; la niña rinde culto á los recuerdos
de la mamá; pero nacida en California y educada en Alemania, sus
relaciones son en mucha parte de americanos, ingleses, alemanes,
siempre, por supuesto, imperando nuestra tierra en la casa.
Las tendencias y tradiciones que hemos apuntado, producen encuentros
deliciosos: yo he visto en una rinconera el busto de Escobedo, mano á
mano con Bismark; casi del brazo á Zaragoza con el baron de Humboldt, y
departiendo en una consola á Juarez, nada ménos que con San Patricio,
como si fueran los mejores amigos del mundo.
A mi llegada, un jóven Arrillaga, eminente artista, tocaba el piano;
varias jóvenes, con sus delantales albeando, fabricaban bizcochos, y la
señora iba y venia, teniendo sobre la mesa canastos, botiquines y un
precioso neceser de viaje.
Un polaco amabilísimo y de vasta instruccion, era el ayudante de campo,
en union de Ferrer, el artista celebrado del Club Hispano-Americano.
A mi llegada, tocó diana el piano y la señora se adelantó á recibirnos.
—Vea vd. en lo que nos han metido vdes.: todas trabajamos.
—Pero, señora, por nosotros!
—¿Cómo es eso? ir á pasar esos desiertos, sin un trago que beber,
cuando muchas veces no se puede uno apear en la estacion, eso no era
posible.... vea vd., estas son carnitas frias, este garrafon contiene
Jerez; vea vd., aquí pan, mantequilla....
—Pero....
Y sin dejarme concluir, me dijo:
—Esta botellita es árnica, aquí tiene vd. su letrero; esta es álcali;
vea vd., aquí, carbonato, polvos de Sedlitz: vea vd., con este
aparatito se calienta agua, este es el alcohol para la lamparilla. En
todo esto deben ir los bizcochos que están haciendo las niñas; pero
economicen vdes.: cuando haya qué comer, no apelen al repuesto.
Y todo estaba previsto, todo era tan oportuno, tan cuidadoso, tan
tiernamente delicado, que parece que nuestra misma madre se habia
encargado de aquellos cuidados.
Era forzoso volverse todo corazon y amar, amar mucho á quienes así nos
amaban, porque la gratitud, la simple gratitud, es la contribucion
oficial de los tontos y el hilo sin anzuelo que queda en las manos de
los ingratos.
Amar es otra cosa.
Incorporéme á los trabajadores: Tulita mandó el coche por sus amigas, y
se instaló, sin quererlo, una tertulia, sin pretensiones de tal, de las
más agradables, miento, de las más deliciosas que se puede imaginar.
Alternaban Arrillaga y Ferrer tocando divinidades; el polaco y un
hermano de la señora distribuian obsequios, respetando el haber de
los viajeros, y las chicas, realmente con la masa en las manos, se
acercaban al piano á interpretar á Verdi, á Mozart y á Wagner.
Por supuesto, frente á mí llovieron los Albums, y aunque supliqué á las
señoritas me diesen copia de mis versos, solo dos de ellas lo hicieron,
y allá van: