XXIX

Cosas que á muchos dan sueño y yo pasaré á carrera.—El amor.

CIERTO es, me decia un amigo sesudo y bien intencionado, que no entra

en tu plan hacer un estudio de las instituciones de estos pueblos, ni

mucho ménos comparar su práctica con la nuestra; pero dí una palabra

siquiera para despertar la curiosidad de la gente.

—Hombre, si de eso se ocupa todo el mundo, con la particularidad,

que nosotros todo nos volvemos teorías sobre la constitucion;

los americanos no la razonan, pero la practican: un yankee nace

constitucional, por la misma razon que nace rubio ó con los piés

grandes.

—Note vd., si hace ese estudio, que aunque en el _comité de

vigilancia_ y en el restablecimiento de la paz hubo hombres de

todas las nacionalidades, los constituyentes de California fueron

en su mayoría americanos, y americanos que comenzaron aboliendo la

esclavitud, cosa que algo escoció á los abuelos de Washington.

—Hay parrafillos en esa constitucion que me saben á merengue, decia mi

amigo. Dice uno:

“El poder militar estará subordinado al poder civil. Ningun ejército

permanente será pagado por el Estado en tiempo de paz. Ningun soldado

será alojado en una casa sin el consentimiento del propietario.”

Zúrrales á esos yankees que se la dan de civilizados, continuaba mi

amigo; ya los ves con cosas de licenciados; quieren que esté sujeto un

general á un alcalde.... y que al primero que se le antoje impida la

entrada en su casa á un servidor de la nacion.... despues que los van á

cuidar.... y no solo á él, sino á su mujer y á sus hijos....

Hay en la constitucion un inspector de instruccion pública nombrado

por el pueblo. La legislatura tiene el deber de proteger todo lo que

concierne á las mejoras materiales y á los descubrimientos, en el órden

moral, científico y agrícola.

Ahí tiene vd. otra série de barbaridades; ¿y entónces el gobierno

general para qué sirve? ¿No es más puesto en razon, que el puente, que

la calzada, que el pozo y hasta los faroles para una plaza, ó el candil

para un teatro, lo apreste el gobierno?

Bueno es que un casado se mantenga; pero es mejor casarse y que nos

siga manteniendo _papá_.

Por otra parte, los muchachos que no necesitan, se vuelven

voluntariosos: bueno es tenerlos sujetos de la soga del favor.

Pero, por último; ¿qué importancia tendrian varios diputados que ni

entienden ni hablan, si no llevasen entre pecho y pulmon un decreto

para un puente, para un camino ó para que se declare ciudad cualquier

cortijo en que tiene sus finquitas el gobernador?....

—Hombre, pero eso será lo que vd. quiera; esa no es federacion....

—Bueno, aquella es de los yankees.... y la otra es la nuestra: cada

pueblo es aparte....

Un artículo expreso de la constitucion prohibe el duelo, y este

artículo es eludido, como en todas partes; dígalo si no, el desafío, de

Broderik y David Terry, ante más de cien espectadores.

—Lee, Guillermo, lee la constitucion, y dínos cuatro palabras.

—Pues, aunque me pierda, y aunque me llamen insustancial y para

nada.... y aunque tengan en cuenta este arrebato los árbitros de todas

las elecciones futuras, no escribo más.

—Dí siquiera, que los ciudadanos son muy celosos de intervenir en las

funciones públicas, porque saben que todos deben entender en lo que á

todos importa.

—No insistas en que diga lo que todo el mundo sabe, y es, que la

organizacion de los Estados es lo mismo que entre nosotros; esto

es, tienen su gobernador, su legislatura, con cámara de diputados y

senadores, sus autoridades judiciales nombradas por el pueblo.

—Los oficiales municipales son nombrados tambien popularmente: el

asesor, el recaudador de contribuciones, el _constable_ ó encargado de

la policía, el _recorder_ ó juez de lo civil, el tesorero y el juez de

paz....

La poblacion entera del Estado nombra gobernador, vice gobernador y

empleados judiciales, secretario de Estado, el _controller_, especie

de ministro del interior, tesorero ó ministro de Hacienda, porque aquí

no hay la distincion de México, que duplica y embrolla las operaciones

de Hacienda; el _attorney general_ ó procurador general, el _surveyor

general_ ó inspector de trabajos públicos, el superintendente ó

inspector de la instruccion pública y el ayudante general.

—Alto! alto! por Dios; te tengo dicho que no quiero nada sério ni

emperingonotado, ni empedrado de nombres ingleses, en que me turbo y me

descompongo como un animal.

—¿No ves que han empleado tomos enteros, Toqueville, Laboulay,

Chevalier y otros para desembrollar esas cuestiones, guisándolas

siempre á la francesa?

¿No ves que la igualdad, y la igualdad práctica por las relaciones

sociales es lo que mantiene en órden toda aquella máquina, y que esa

igualdad no la conocemos ni la conocen aquellos?

¿No ves que aunque haya intrigas y corrupcion y todo lo que quieras, se

contrabalancea con el conocimiento que el pueblo tiene de sus derechos

y por los medios que posee para hacerlos efectivos?

¿No notas toda la filosofía, toda la conveniencia práctica de que

el extranjero figure en el municipio, si es posible, desde el dia

siguiente de su arribo?

El tiene interes por la paz, porque es un elemento de su fortuna; á él,

puesto que paga su agua, su alumbrado, su piso y sus condiciones de

vida, se le llama para que intervenga, se le asimila y así deja de ser

extranjero.

Y ese extranjero, y esa masa de trabajadores, y ese cúmulo de

propiedades, y esa ley imperando siempre, y ese soldado á quien no se

le ve en las calles sino en formacion, uno que otro dia, porque su

residencia es fuera de las ciudades, hacen dos cosas muy importantes,

vitales, que es necesario no olvidar, porque nosotros no nos fijamos en

ello: que la democracia sea un hecho y que las leyes sean una verdad....

—Hombre, no me busques la boca, porque con el opio derramado en estas

páginas, hay para dormir á una generacion; si me sigues hablando de

esto, grito ¡socorro! por la ventana.....

Ya era tiempo: varios de mis amigos llegaron, como siempre, alegres y

sedientos de diversion.

—_Fidel_, nos están esperando: la Pepita sonorense quiere á toda costa

los versos que le ofreciste, y hemos quedado en llevarte.... dáte por

preso!

—Espérenme un poco.... voy á entregarme á la penosa tarea de buscar mi

corbata, mis botines y mi sombrero....

—Ese es cuento de nunca acabar.

—La corbata parece que me ve chuela; la tengo delante de los ojos y no

la miro, y cuando me fijo en ella, le quisiera decir una mala razon;

de los botines siempre hallo uno: ¿andaré dormido en un pié? jamás veo

los dos juntos, parecen matrimonio mal avenido.... el sombrero está de

gresca siempre, ó se me aparece sobre un ropero ó bajo de una silla....

ó hecho una indignidad debajo de toda la ropa.

—¿Acabas, _Fidel_? me dijo Manuel, que es el jóven más entusiasta por

todo lo americano, y más listo.

—A la órden, mis amigos.

En dos brincos ya estábamos en la tertulia.

Habia en el saloncito de la casa de Pepita, su grupo de políticos,

diciendo por supuesto que los Estados-Unidos tienen en su seno mil

elementos disolventes; que no se hace sensible el influjo del centro de

los Estados lejanos, que el Sur, el Este y California, estaban llamados

á formar una nueva entidad.

Allí exponia sus dudas un aleman frenton, de ojos azules, leviton

hasta los tajones, y de pausado hablar, diciendo que unas veces creia

en que aquel era el pueblo más justificado del mundo, y otras, el más

corrompido de la tierra.

Citaba en apoyo de la severidad que encomiaba, la grave pena que se

impone á los que en la calle dicen insolencias; aludió á la prision de

una sirvienta, porque en un dia de baile se puso un trage de su ama, y

otras anécdotas por el estilo, y traia á cuento asesinatos perdonados

de la manera más cínica, y burlas á la justicia, en que no se respetaba

ni la apariencia del rubor.

En otro grupo se jugaba ajedrez, con aquellos espectadores estáticos,

aquellos contendientes ensimismados y aquella atencion sostenida como

si algo se hiciese de provecho.

Y en un rinconcito con sofaes y poltronas amontonadas, habia chicos y

chicas al amor del piano, alegres, burlones, ungiendo la palabra con el

chiste ó la pasion.

Jóvenes de todas las nacionalidades, muchachos del gran mundo y

cotorronas desengañadas, decidoras y malignas, al dejar como forzadas

el terreno florido de los ensueños y de las gracias.

Ni que preguntar, allí nos instalamos: se hablaba de todo; tenia campo

la charla de Juvenal y las melodías de Peza, los arrebatos de Justo

Sierra y la incisiva malicia del Nigromante.

Algunas parejas como que se andaban en apartes íntimos, sin soltar del

todo el hilo de la conversacion.

La conversacion sobre el amor imperó, con aplauso universal; allí los

epígramas; allí las alusiones picantes; allí la polémica eterna, que

viene sin solucion desde Adan y Eva.

—Esta independencia de la mujer, decia Sussy, repugna á vdes. porque

el español siempre remeda al árabe, y vdes. quieren esclavas, no

mujeres.

—Queremos, señora, decia Ramon, sonorense de buen criterio y querido

de las americanas, porque los morenos de ojos negros tienen gran salida

en aquel mercado; queremos madres para nuestros hijos, no que se vuelva

el juego tablas; la vida del hogar, no la del hotel.

—Pues en los Estados-Unidos se vive esa vida del hogar, y entre las

familias de los antiguos pobladores, sobre todo en el campo.

—Eso seria ántes, decia Ramon: ahora, ya vd. lo ve, M. Stanton acaba

de instituir y se hace propaganda para que las mujeres sean admitidas

al voto y á los cargos públicos; el _free lowe_ (amor libre), da un

tipo masculino á la mujer, y en Filadelfia acaban de verificarse

escenas escandalosas; sobre todo, las leyes del divorcio abren la

puerta de par en par á la disolucion de todo vínculo.

—Vean vdes., decia Manuel, esto es magnífico; aquí en este libro

(tomando un libro de sobre la mesa), tienen vdes. las causas que se

admiten como legítimas para el divorcio.... son nada ménos que diez y

seis.

Oigan vdes.:

1.—Bigamia.

2.—Adulterio de la mujer.

3.—Desercion voluntaria.

4.—Ausencia por cinco años.

5.—Estado de locura ó imbecilidad.

6.—Relaciones del marido con mujer de color.

7.—Vagamundería del marido.

8.—Sevicia ó violencia.

9.—Injurias graves.

10.—Embriaguez.

11.—Prision por determinados delitos.

12.—Incapacidad conyugal.

13.—No proveer el marido á la subsistencia de la mujer.

14.—Que la mujer rehuse seguir al marido.

15.—Desórdenes de la conducta de uno de los esposos.

16.—Adhesion de uno de ellos á la secta de los _Shakers_,

ó sea alejamiento de la mujer....

—Pues lo que son las cosas, dijo un mexicano; creo que no son tan

descabellados como pintan, los motivos que considera la ley; aunque en

nuestra legislacion me parece que hay más moralidad y filosofía. ¿Qué

razon hay para que se abandone al marido porque de resultas de una

enfermedad se enloqueció?

—Aquí, decia Ramon, se debe ver la situacion de la mujer, no en las

atenciones del _wagon_ ni en los rendimientos de la calle.

—La situacion de la americana, con todo y esa libertad, es infeliz,

decia una Sra. Doña Sofía, española muy afecta á las mexicanas: como

vdes. solo tratan con americanas jóvenes, hablan de otro modo.

Esa mujer aventurera y errante, ese mueble que ha pasado de mano en

mano, sin asiento, sin hijos, con una vejez en que deja sus heces, todo

lo que más repugna á la naturaleza, con razon suele tener por desenlace

la embriaguez y el suicidio.

—Bien! Bien, Doña Sofía! dijimos á una voz los mexicanos.

Entónces una americana que ha vivido mucho tiempo en México, herida sin

duda por la pintura de Doña Sofía, nos dijo:

—Todos los pueblos tienen sus manchas. ¿Les parece á vdes. bien que

la mujer de su país, se crea oprimida siempre y sacrificada porque un

hombre identificó con ella su suerte y la hizo madre de sus hijos? La

mujer es la que pierde casándose, dicen en general las mexicanas: el

marido es un mingo, ó un papanatas, ó se le acusa de tirano y opresor:

¿cuándo se vanagloría una mexicana de trabajar á la par del esposo para

hacer la felicidad del hijo? ¿Y qué me dicen vdes. de esos indisolubles

matrimonios, siempre en riña, en que forman partidos los hijos, en

que es un infierno el hogar, y en que por lo indisoluble, contraen

los consortes vínculos bastardos que manchan y envilecen generaciones

enteras?

—Señores, no hay que acalorarse, dijo el viejo, se trata de dos razas,

de dos puntos de partida: el americano ama á su modo; nosotros al

nuestro; no hay más ni ménos; son distintos los modos.

—La paloma arrulla, el perro retoza; el yankee calcula, nosotros nos

vamos de bruces.

—Que hable _Fidel_!

Entónces yo, tomando la entonacion de Pedraza, que es la figura que más

me gusta de cuantas recuerdo en materias oratorias, entre pretensioso y

amable, dije:

—No nos cansemos: el americano, en general, se surte de novia; se

procura una mujer, como un paraguas para la lluvia ó un capote para el

frio: deja de llover y deja de nevar, y el chico no haya qué hacer del

estorbo.

El mexicano solicita novia; ama el prólogo; los trámites le encantan.

El americano se ajusta, el mexicano ama.

Sale un caballerete de su almacen ó su taller, y en el Tívoli, en

el teatro, en el baile público ó en la calle, hace su provision de

muchacha; es por una hora, ó por un dia; beben alegres, bailan sin

chistar y se agasajan mútuamente. El amor platónico les preocupa poco:

hay incidentes.

En nosotros todo es drama.

El muchacho ve y se enloquece; suelta una primera carta, por negado que

sea, que escarapela el cuerpo.

La niña desde ese momento perdió el sosiego, llora y busca cómplice,

esto es, una amiga que arde de compasion; suele ser presa de un amor

desdichado.

Si le sacuden los nervios, es de desesperarse.... El padre recela,

una anciana entrometida, para descargo de la conciencia, atiza la

discordia.... el tendero de la esquina, y la anciana del estanquillo,

dan hospitalidad al novio.... allí es ello.... otra carta como lumbre,

y una declaracion de balcon.

—Yo no puedo responder.... se lo diré á papá.

—Mi bien, alma mia, es que vd. no me quiere.

—Fije vd. sus ojos en otra persona.

—Vd. va á hacer que me vuele la tapa de los sesos....

—No hable vd. así!

—Me ama vd.?

—¿Qué? (poniendo el oido).

—¿Me ama vd.?

Ella, (colgándose fuera del balcon)—Sí.

—No, no así: “sí te amo, mi Arturo.”

—Qué cosas tiene vd.!.... Mi mamá!....

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 59 / 106 题