Despedidas.—Charla.—El ahorro.—Las Matinés.
DESDE los primeros dias de nuestra permanencia en San Francisco
partieron por los desiertos, rumbo al puerto Yuma, los Sres. Emilio
Velasco y Estéban Benitez, á quienes estimaba mucho la colonia
mexicana, por su alto mérito, y el grupo de sus compañeros, por todas
las cualidades que les adornan.
Como el pensamiento del Sr. Iglesias era partir directamente para
Orleans, y eso importaba para algunos el sacrificio de no visitar el
Niágara, los que tuvieron medios de hacerlo, emprendieron su marcha por
ese camino; y estos amigos fueron Joaquin Alcalde, Francisco G. Prieto,
Iglesias, Calderon, Alvarez Rul, y no recuerdo si algun otro.
Estas despedidas mucho nos entristecieron; por otra parte, los dias
eran sombríos y lluviosos, los paseos cesaron y no dominaba otro
pensamiento que el de la marcha.
Para ser franco y no aparecer con mi corona de víctima, porque es papel
que lo resisten mi cara redonda y mis siete arrobas de peso, yo no
cesaba en mis correrías; seguia trasconejando wagones, frecuentando mis
visitas, concurriendo á teatros y cumpliendo la única mision dulce y
envidiable en la tierra: hacer cada quisque su soberana voluntad.
A mi regreso al hotel, en el cuartito de Iglesias, solia encontrar
excelente sociedad.
Hombres sesudos y estudiosos, personas instruidas á quienes promovia
conversacion sobre los asuntos que yo ignoraba, que eran muchos, y las
que me sacaban de dudas ó me metian en otras nuevas, porque todo solia
suceder.
Hablando de _Bancos_, por ejemplo, yo estaba palpando su influencia
benéfica, el vuelo inmenso que ellos comunican á todos los negocios;
pero me parecia resbaladizo su terreno, porque es infalible la regla
de que el crédito sigue la posibilidad del pago: esto es, el fondo
del Banco debe ser contante y sonante, y para esto no se presta la
incertidumbre de la explotacion de minas.
—No, amigo, me decia uno, no se responde con lo que está debajo de la
tierra. Rolston estableció el _Banco de California_ con seis millones
de pesos sonantes.
—_El Nevada_, dijo otro, hace grandes especulaciones; pero Flot y
O’Briend, que son los banqueros, pusieron en caja diez millones, como
capital del Banco.
De suerte que hay Bancos por compañías, Bancos de cierto carácter
privado, y Bancos con carácter nacional, y de éste es el _Ferit
National Gold Bank_.
Los propietarios depositaron en poder del gobierno un millon de pesos
que ganan interes; el gobierno expide su garantía por tal suma, y con
esa garantía, que es muy sólida, se hacen todas las operaciones.
El _London San Francisco_, que tiene ocho millones de pesos, tambien es
un Banco de capital limitado.
Del modo explicado, las operaciones de crédito son por cantidades
inmensas.
Además, los comerciantes tienen abiertas sus cuentas con el Banco, dan
y reciben valores, liquidando cada dos ó tres meses que refrendan su
crédito.
Además, en cada calle tiene vd. lo que se llaman _Monay Broker_, es
decir, cambistas de monedas de todo el mundo; y no vaya vd. á pensar,
esto constituye un comercio muy lucrativo. Los pobres depositan en los
_Bancos de depósito_ con toda seguridad sus ahorros.
Porque no hay que andarse por las ramas; la movilizacion de la riqueza,
los cambios, la formacion y difusion de capitales, hé ahí el secreto de
ese movimiento sorprendente.
—Se persuade vd., continuó el caballero que me instruia, de lo que es
esta sociedad, el dia que quiera, yendo á la oficina de contribuciones.
Verá vd. llegar á pagar sus cuotas, como propietarios, á las
verduleras, al carnicero, al curtidor, al limpiabotas, á la criada,
al policía, al peon del campo, á todo el mundo, y estos propietarios
son la conciencia de la paz, la dignidad nacional, la independencia
del pueblo y el bienestar y prosperidad de la nacion. El ahorro es
lo característico del hombre civilizado: entre los salvajes, los más
dañinos é indomables son los que viven con el dia.
Y lo notable es que el limpiabotas sigue en su oficio, y el zapatero
en el suyo, y la verdulera con sus lechugas y sus coles, sin abandonar
sus talleres para hacerse grandes próceres y criar hijos libertinos,
holgazanes y colgados á la teta del erario....
Todo esto me decia.... el amigo: un mexicano que esto oia decia quedo:
—Patanes! estos yankees se pierden, mejor lo hacemos nosotros.... pan
para hoy y hambre para mañana.... y Dios proveerá....
Increibles son los milagros del ahorro, y en San Francisco, como en
todos los Estados-Unidos, se citan con orgullo ejemplos de esa faz
preciosa de la prevision y de la probidad.
Como para recomendarse un individuo, como su hoja de servicios social
está lo humilde de la fortuna con que comenzaron Flood y O’Briend,
banqueros que acabamos de mencionar.
Comenzaron estos caballeros su fortuna en una humilde cantina, con las
mangas de la camisa remangadas y limpiando vasos; despues se hicieron
accionistas de la mina _Virginia_, y ambos cuentan hoy con un capital
de sesenta millones.
Muller y Luchs, ambos carniceros, cuentan una fortuna de cincuenta
millones de pesos.
Muller deja por temporadas su rica estancia, para ir entre sus ganados,
dormir en el suelo y comer su carne asada como en sus dias juveniles.
Es muy frecuente ver á Luchs en una casa de matanza, que se quita su
levita, esgrime su cuchillo, destaza una res, para dar pruebas de que
está listo y conoce bien su ejercicio.
Por supuesto que todo esto escarapela el cuerpo de un fidalgo español,
de un caballero frances, de un niño fino de México.
Es cierto que la buena sociedad americana pule sus maneras, les
comunica barniz europeo é imita y adopta ciertas costumbres; pero no
desprecia ni le causa extrañeza el hombre del trabajo, ni le repugna
que se ingiera en los negocios, ni le lastima que concurra con él á la
eleccion, ni que se le sobreponga en la guardia nacional, ni atenerse á
una misma ley, porque la democracia es práctica y tiene sus raíces en
el valor intrínseco del pueblo.... en su trabajo. Pero entendámonos, en
su trabajo.... no en pretexto de trabajo para farsas.
En estas conversaciones solia asomarme á la ventana: ¡qué desgracia!
precisamente cuando en raudales, las mujeres divinas, los grandes
trenes, los caballos arrogantísimos pasaban por la calle de Kearny.
Era la _matiné_, es decir, las diversiones teatrales desde las dos de
la tarde del sábado, y el pretexto para las salidas de toda clase de
personas, en todo el esplendor del lujo.
El amor sagaz aprovecha todas estas coyunturas para las entrevistas,
para los obsequios, para las citas; y como la simple aglomeracion de
gente ya es un festin, cualquiera incidente da movimiento al tráfico y
los especuladores aprovechan las ocasiones.
La _matiné_ es, como si dijéramos, una fiesta dominguera, y se codicia
y solicita en casi todas las ciudades americanas.
Señores.... para servir á vdes., esas _matinés_ están lindísimas, y yo
de puro sabio me estoy sintiendo con sueño. Hasta la vista.