Delaciones de un perdido.— Exposicion singular.—El cuarto
negro.—Jodlums.— Embaucadores.—Los vidrios azules.
TAN color de rosa ha pintado vd. á California, que de repente la
desconozco en las páginas de vd., me decia un amigo.
—Pero vd. lo que me ha de decir es en dónde están las inexactitudes
para corregirlas.
—Inexactitudes no hay, replicaba; pero á ese cuadro le faltan sombras:
sépase vd., que no faltan en California cosas curiosas en materia de
diabluras.
—Lo supongo, continuaba yo, y aun lo sé; pero, en primer lugar, no
tengo aptitud para hacer rectificaciones por mí mismo, y por otra
parte, yo no pretendo escribir un Manual de gente perdularia, sino
simples impresiones de viaje.
—Vd. diga lo que le parezca; pero con el sistema de vd., solo se
conocerá el anverso de la medalla.
—¿Y quién me garantiza la verdad de cuentos y consejas que unos
afirman y otros desmienten? Ya ha oido vd. lo de la _exposicion_ que
nos contó el españolito: eso no es creible.
—Yo no sé si aquí en San Francisco existirá; pero en Nueva-York, yo he
sido objeto de _exposicion_.
—Véamos cómo.
—Aseguráronme algunos amigos calaveras que varias _damas_, ofendidas
del desden de sus compañeros á quienes absorben totalmente los
negocios, formaron sigilosamente una asociacion para proveerse de
_novios_.
La asociacion costea una casa magnífica, á cuyos corredores, llenos de
flores, estancias deliciosas y retirados gabinetes, se atraen por medio
de agentes, diestros viajeros de la más alta distincion y hermosura;
allí pasean los galanes, miéntras por una entrada subterránea penetran
aisladas, á miradores con espesas celosías, damas opulentas: allí ven
y examinan á los paseantes, haciendo conducir cuando conviene, á la
presencia de la hermosa, al objeto de su eleccion.
—Hombre, calle vd., clamé; calle vd., por el amor de Dios: eso, dado
caso que fuera cierto, no me lo creerian en mi tierra, aunque me
pusiera en cruz.
—Pues ménos habrán de creer lo que se platica, muy en secreto, pero en
todas partes, del _Blak room_.
—¿Qué quiere decir eso?
—Quiere decir el cuarto negro.
—¿Y qué?
—Es una asociacion de mujeres caprichosas. Se invita al caballero
para una visita, absolutamente á oscuras. Se penetra en las tinieblas,
se introduce al galan á una espantosa caverna, y no sabe jamás quiénes
son las personas que le dan hospitalidad.
—Sabe vd. que eso es tremendo. Esa será una asociacion de viejas, ó
por lo ménos de lisiadas.
—Yo no sabré decir á vd.; pero la cosa tiene tanto de romancesco y
de fantástico, que hay viajeros excéntricos que lo primero porque
preguntan es por el _Blak room_, haciendo grandes desembolsos para
encontrar un guía que los lleve al imperio de las tinieblas.
—Vd. lo ve. ¿Cómo habia de poner esas atrocidades en mi viaje?
—Pues ponga vd. siquiera á los _Jodlums_ (Judloms), que están á la
vista de todo el mundo.
—Instrúyame vd. acerca de esos animalejos.
—Los _Jodlums_ son esos muchachos vagabundos que se pudieran llamar
_aerolitos_, porque parecen llover de lo alto, sin padre ni madre.
Estos chicos nacen ébrios al parecer y con el tabaco en la boca: se
ocupan en robos, en seducciones y en cuanto malo puede imaginarse. Los
diablos estos, de 18 á 20 años, son los más perniciosos.
Propiamente hablando, el tipo que me propongo describir, es una especie
de calavera temeron, novel, un calavera en agraz, más atrevido, más
impertinente y más escandaloso que el calavera aguerrido.
Seria el ideal el _Jodlums_ de nuestros advenedizos _desordenados_ de
la escuela materialista, que ni estudian ni comprenden, de _rivolver_
y aventuras soeces: en el periodismo traficantes; en la amistad
rastreros y desleales; en el amor abyectos y asquerosos; vagos de
profesion, llevando sus mercancías de desvergüenzas y calumnias al
primer _receptador_ de infamias que aparece como al frente de un gran
partido político, como él mismo cacarea _modestamente_.
El _Jodlums_ no es así, se fija especialmente en no respetar lo que se
respeta en público, más religiosamente en los Estados-Unidos: la mujer.
No solo emprende, para jactarse, criminales seducciones, sino que se
congrega en compañías que en el despoblado, en los lotes mal cercados
con latas, se embosca y asalta á la mujer honrada y abusa de ella
algunas veces, arrancándola de los brazos del marido y del amante.
En el año de 74 hubo un lance en una de las calles más conocidas de
estos asaltos: el esposo riñó hasta rendirse; á la esposa la pasaron
al interior de la cerca; pero aquella robusta Lucrecia, repelió á los
unos, perniquebró á los otros, magulló á todos y dió tales gritos y
armó tal escándalo, que la perezosa policía hubo de acudir al fin, y la
cuasi víctima, desmelenada, desgarrada, inmirable, pudo exclamar como
Francisco I y sus atrasados plagiarios: “Todo se ha perdido, ménos el
honor.”
Los calaveras de que me ocupo, suelen organizarse y prestarse
admirablemente al incendio, á los asesinatos contra los chinos y á
romper vidrios ó carruajes, de acuerdo con hojalateros y carroceros,
para proteger la industria del país.
El teatro de las hazañas de estos malvados, son los muelles, y suelen
extender sus correrías hasta lo que se llama la _contracosta_.
Allí suelen verificarse esos asaltos con _chorizos de arena_, cuyo
golpe certero en el cerebro, no deja rastro del crímen que se perpetra.
A veces detienen á un viandante: uno le oprime con los dedos abajo de
las orejas, hasta dejarlo sin respiracion; el otro le quita entre tanto
cuanto lleva, y tal parece el grupo un corrillo de amigos; pero estas
son las hazañas del calavera vulgar.
El _Jodlums pur sang_ percibe un labriego bonachon, un viajero
aturdido; á esto le llama, _un green_, es decir, un verde, y ó bien
le echa los brazos, dizque confundiéndolo con un pariente ó con un
bienhechor, ó bien le propone un negocio pingüe, una posada cómoda, etc.
Domesticado el _Green_, se le lleva á una posada de mala ley, en que
hay generalmente cantadoras y bailarinas; el pobre labriego siente
palpitar su corazon; el cantinero, cómplice casi siempre del calavera,
mezcla un ingrediente adecuado al vino del hombre de los campos, y allí
es Troya: se le desbalija en un abrir y cerrar de ojos, y se tiene por
bien librado en el desenlace del drama, si logra, con los restos de su
fortuna, interesar á la inflexible policía.
El calavera que nos ocupa, aunque tenga domicilio conocido, flota en
las calles y se guarece en los sótanos de las casas arruinadas ó de las
que están por construir. Muchas veces sus guaridas se encuentran en las
cuevas de las colinas que rodean la ciudad; aquellos antros tenebrosos
son verdaderamente infernales; la orgía impera en toda su desnudez, y
lo que hemos leido de peor, respecto de bohemios, de _lazzaronis_ y
gitanos, no es ni sombra comparado con esos sepulcros de la honra, de
la decencia, de la honestidad y de todas las virtudes sociales.
El género femenino de esta especie es verdaderamente espantoso: niñas
en la flor de la vida, deshojando sus encantos en la embriaguez y
la locura; quejas como aullidos; besos como cáusticos; alegrías que
estremecen y horrorizan, y llega á tal extremo la perversidad, que
aun cuando á aquella precoz decrepitud se ofrezca un arrimo; aun
cuando la fortuna le brinde luz y bienestar, él ó ella se apegan á
sus compañeros, contraen sus enlaces y forman su mundo aparte, en el
corazon mismo de la sociedad.
El _Jodlums_ siempre es jóven, siempre temerario y arriesgado; va en
la popa de la vida desafiando las tempestades; el calavera no muere,
se pierde ó se borra de un modo insensible; una misma alma parece
trasmigrar á varias personalidades.
El aumento del cuerpo de policía, los ejemplares castigos aplicados
á personajes que se habian burlado de la justicia, y otras causas,
han disminuido la importancia del _Jodlums_; pero cuando se le cree
perdido, reaparece tremendo, y un grande escándalo sirve como de aviso
de su existencia turbulenta.
El salon subterráneo, la casa de juego, son como las oficinas de este
dañino personaje; la noticia de un envenenamiento, la suministracion
de bebidas con brebajes que ponen á las víctimas á discrecion de los
malvados; la extincion de la luz en los juegos; los enmascarados y
otras fechorías, son los solaces de estos verdaderos demonios.
—Realmente espantado me ha dejado vd. con su relacion, dije á mi
amigo; yo ni sospechaba siquiera en la existencia de esa aberracion
social, en vista del órden, del bienestar y de la superficie tranquila
de esta poblacion afortunada.
—Para completar el cuadro de estas curiosidades, deberia yo hablar á
vd. de gitanos decidores de la buena ventura, de espiritistas, sobre
todo, que hacen su agosto, avasallan voluntades y gozan en aquel país
de números, de inmensa popularidad.
Entre los adivinadores no olvide vd. mencionar al Dr. Koern.
—Pues bien, dícteme vd.
—El Dr. Koern, vive en ese callejon sucio y oscuro que corre entre las
calles de Bush y de Sutter.
Su tipo es el tipo neto del judío: gran melena, narigudo, ojo pequeño
y cuerpo corcovado. El retrete en que despacha tiene el aspecto
de aquellas oficinas de alquimistas que ha inmortalizado la pluma
de Walter Scot, y no precisamente por hornos y retortas, lagartos
disecados, y cráneos humanos, sino por el aspecto del mago ó nigromante
y por el carácter de misterio que sabe comunicar á cuanto le rodea.
Tiene muy numerosa clientela, recibe como un potentado, y se cree que
ha reunido un inmenso caudal.
De King ya ha hablado vd. extensamente, pero no de Foster.
Del primero se dice que con perseverancia inaudita, y hace muchos años,
lleva libros en que están inscritas mil particularidades, sucesos
notables y nombres de personas que se hacen un tanto visibles. Para
resolver una consulta se da dos ó tres dias, y en ese tiempo hace sus
indagaciones, valiéndose de agentes diestrísimos.
La especialidad de Foster es la adivinacion: se cuentan de él cosas
que rayan en prodigios. Se le escribia un nombre y se le decia que
adivinase; para esto el doctor suministraba el lápiz ó tenia en el
círculo un corresponsal, que por medio de signos imperceptibles le
ponia al tanto de lo escrito. Sus manejos fueron denunciados.
Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano.
Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales....
despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster
era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de
San Francisco.
Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á
conocer como en el uso de los vidrios azules.
Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México:
“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la
preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á
la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no
puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para
el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un
vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de
colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto
que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal
negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él,
miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de
que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad
contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se
puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve
al ménos para aquietar á las personas aprensivas.
“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender sus
_medidas_, su _tierra de Chalma_ y sus _aguas milagrosas_, hombres,
mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en
cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas
materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera
ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro,
sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda
sabiduría; con esto, y el sello de la oficina de _patentes_, tienen
pasaporte las mayores barbaridades.
“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas
se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun
suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia de
_Ministrils_, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de
sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este
le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant
contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es
sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre de _El
Sol_, que hacia la oposicion á Grant.
“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman
los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la
vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes
funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra
ocurrencia de _Ministrils_.
“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que
figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente
habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de
sus raptos de entusiasmo, exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo
quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”
—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.
—“Washington, Washington, dijo el payaso.
—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo
á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....
—“¿Le pondremos Aníbal?
“El empresario hacia que nó con la cabeza.
—“¿Carlo Magno?
—“No.
—“¿Napoleon?
—“No, tampoco.... ¡Ah! ya caigo, le pondremos.... Jhonson.
—“Eso no puede ser; yo tengo en mucho la importancia y habilidad de mi
perro, para consentir en ponerle el nombre de Jhonson....
“A estas palabras, el público estalló en ruidosos aplausos, y Jhonson
aplaudia tambien, celebrando el llamado chiste.”