XXIII

Delaciones de un perdido.— Exposicion singular.—El cuarto

negro.—Jodlums.— Embaucadores.—Los vidrios azules.

TAN color de rosa ha pintado vd. á California, que de repente la

desconozco en las páginas de vd., me decia un amigo.

—Pero vd. lo que me ha de decir es en dónde están las inexactitudes

para corregirlas.

—Inexactitudes no hay, replicaba; pero á ese cuadro le faltan sombras:

sépase vd., que no faltan en California cosas curiosas en materia de

diabluras.

—Lo supongo, continuaba yo, y aun lo sé; pero, en primer lugar, no

tengo aptitud para hacer rectificaciones por mí mismo, y por otra

parte, yo no pretendo escribir un Manual de gente perdularia, sino

simples impresiones de viaje.

—Vd. diga lo que le parezca; pero con el sistema de vd., solo se

conocerá el anverso de la medalla.

—¿Y quién me garantiza la verdad de cuentos y consejas que unos

afirman y otros desmienten? Ya ha oido vd. lo de la _exposicion_ que

nos contó el españolito: eso no es creible.

—Yo no sé si aquí en San Francisco existirá; pero en Nueva-York, yo he

sido objeto de _exposicion_.

—Véamos cómo.

—Aseguráronme algunos amigos calaveras que varias _damas_, ofendidas

del desden de sus compañeros á quienes absorben totalmente los

negocios, formaron sigilosamente una asociacion para proveerse de

_novios_.

La asociacion costea una casa magnífica, á cuyos corredores, llenos de

flores, estancias deliciosas y retirados gabinetes, se atraen por medio

de agentes, diestros viajeros de la más alta distincion y hermosura;

allí pasean los galanes, miéntras por una entrada subterránea penetran

aisladas, á miradores con espesas celosías, damas opulentas: allí ven

y examinan á los paseantes, haciendo conducir cuando conviene, á la

presencia de la hermosa, al objeto de su eleccion.

—Hombre, calle vd., clamé; calle vd., por el amor de Dios: eso, dado

caso que fuera cierto, no me lo creerian en mi tierra, aunque me

pusiera en cruz.

—Pues ménos habrán de creer lo que se platica, muy en secreto, pero en

todas partes, del _Blak room_.

—¿Qué quiere decir eso?

—Quiere decir el cuarto negro.

—¿Y qué?

—Es una asociacion de mujeres caprichosas. Se invita al caballero

para una visita, absolutamente á oscuras. Se penetra en las tinieblas,

se introduce al galan á una espantosa caverna, y no sabe jamás quiénes

son las personas que le dan hospitalidad.

—Sabe vd. que eso es tremendo. Esa será una asociacion de viejas, ó

por lo ménos de lisiadas.

—Yo no sabré decir á vd.; pero la cosa tiene tanto de romancesco y

de fantástico, que hay viajeros excéntricos que lo primero porque

preguntan es por el _Blak room_, haciendo grandes desembolsos para

encontrar un guía que los lleve al imperio de las tinieblas.

—Vd. lo ve. ¿Cómo habia de poner esas atrocidades en mi viaje?

—Pues ponga vd. siquiera á los _Jodlums_ (Judloms), que están á la

vista de todo el mundo.

—Instrúyame vd. acerca de esos animalejos.

—Los _Jodlums_ son esos muchachos vagabundos que se pudieran llamar

_aerolitos_, porque parecen llover de lo alto, sin padre ni madre.

Estos chicos nacen ébrios al parecer y con el tabaco en la boca: se

ocupan en robos, en seducciones y en cuanto malo puede imaginarse. Los

diablos estos, de 18 á 20 años, son los más perniciosos.

Propiamente hablando, el tipo que me propongo describir, es una especie

de calavera temeron, novel, un calavera en agraz, más atrevido, más

impertinente y más escandaloso que el calavera aguerrido.

Seria el ideal el _Jodlums_ de nuestros advenedizos _desordenados_ de

la escuela materialista, que ni estudian ni comprenden, de _rivolver_

y aventuras soeces: en el periodismo traficantes; en la amistad

rastreros y desleales; en el amor abyectos y asquerosos; vagos de

profesion, llevando sus mercancías de desvergüenzas y calumnias al

primer _receptador_ de infamias que aparece como al frente de un gran

partido político, como él mismo cacarea _modestamente_.

El _Jodlums_ no es así, se fija especialmente en no respetar lo que se

respeta en público, más religiosamente en los Estados-Unidos: la mujer.

No solo emprende, para jactarse, criminales seducciones, sino que se

congrega en compañías que en el despoblado, en los lotes mal cercados

con latas, se embosca y asalta á la mujer honrada y abusa de ella

algunas veces, arrancándola de los brazos del marido y del amante.

En el año de 74 hubo un lance en una de las calles más conocidas de

estos asaltos: el esposo riñó hasta rendirse; á la esposa la pasaron

al interior de la cerca; pero aquella robusta Lucrecia, repelió á los

unos, perniquebró á los otros, magulló á todos y dió tales gritos y

armó tal escándalo, que la perezosa policía hubo de acudir al fin, y la

cuasi víctima, desmelenada, desgarrada, inmirable, pudo exclamar como

Francisco I y sus atrasados plagiarios: “Todo se ha perdido, ménos el

honor.”

Los calaveras de que me ocupo, suelen organizarse y prestarse

admirablemente al incendio, á los asesinatos contra los chinos y á

romper vidrios ó carruajes, de acuerdo con hojalateros y carroceros,

para proteger la industria del país.

El teatro de las hazañas de estos malvados, son los muelles, y suelen

extender sus correrías hasta lo que se llama la _contracosta_.

Allí suelen verificarse esos asaltos con _chorizos de arena_, cuyo

golpe certero en el cerebro, no deja rastro del crímen que se perpetra.

A veces detienen á un viandante: uno le oprime con los dedos abajo de

las orejas, hasta dejarlo sin respiracion; el otro le quita entre tanto

cuanto lleva, y tal parece el grupo un corrillo de amigos; pero estas

son las hazañas del calavera vulgar.

El _Jodlums pur sang_ percibe un labriego bonachon, un viajero

aturdido; á esto le llama, _un green_, es decir, un verde, y ó bien

le echa los brazos, dizque confundiéndolo con un pariente ó con un

bienhechor, ó bien le propone un negocio pingüe, una posada cómoda, etc.

Domesticado el _Green_, se le lleva á una posada de mala ley, en que

hay generalmente cantadoras y bailarinas; el pobre labriego siente

palpitar su corazon; el cantinero, cómplice casi siempre del calavera,

mezcla un ingrediente adecuado al vino del hombre de los campos, y allí

es Troya: se le desbalija en un abrir y cerrar de ojos, y se tiene por

bien librado en el desenlace del drama, si logra, con los restos de su

fortuna, interesar á la inflexible policía.

El calavera que nos ocupa, aunque tenga domicilio conocido, flota en

las calles y se guarece en los sótanos de las casas arruinadas ó de las

que están por construir. Muchas veces sus guaridas se encuentran en las

cuevas de las colinas que rodean la ciudad; aquellos antros tenebrosos

son verdaderamente infernales; la orgía impera en toda su desnudez, y

lo que hemos leido de peor, respecto de bohemios, de _lazzaronis_ y

gitanos, no es ni sombra comparado con esos sepulcros de la honra, de

la decencia, de la honestidad y de todas las virtudes sociales.

El género femenino de esta especie es verdaderamente espantoso: niñas

en la flor de la vida, deshojando sus encantos en la embriaguez y

la locura; quejas como aullidos; besos como cáusticos; alegrías que

estremecen y horrorizan, y llega á tal extremo la perversidad, que

aun cuando á aquella precoz decrepitud se ofrezca un arrimo; aun

cuando la fortuna le brinde luz y bienestar, él ó ella se apegan á

sus compañeros, contraen sus enlaces y forman su mundo aparte, en el

corazon mismo de la sociedad.

El _Jodlums_ siempre es jóven, siempre temerario y arriesgado; va en

la popa de la vida desafiando las tempestades; el calavera no muere,

se pierde ó se borra de un modo insensible; una misma alma parece

trasmigrar á varias personalidades.

El aumento del cuerpo de policía, los ejemplares castigos aplicados

á personajes que se habian burlado de la justicia, y otras causas,

han disminuido la importancia del _Jodlums_; pero cuando se le cree

perdido, reaparece tremendo, y un grande escándalo sirve como de aviso

de su existencia turbulenta.

El salon subterráneo, la casa de juego, son como las oficinas de este

dañino personaje; la noticia de un envenenamiento, la suministracion

de bebidas con brebajes que ponen á las víctimas á discrecion de los

malvados; la extincion de la luz en los juegos; los enmascarados y

otras fechorías, son los solaces de estos verdaderos demonios.

—Realmente espantado me ha dejado vd. con su relacion, dije á mi

amigo; yo ni sospechaba siquiera en la existencia de esa aberracion

social, en vista del órden, del bienestar y de la superficie tranquila

de esta poblacion afortunada.

—Para completar el cuadro de estas curiosidades, deberia yo hablar á

vd. de gitanos decidores de la buena ventura, de espiritistas, sobre

todo, que hacen su agosto, avasallan voluntades y gozan en aquel país

de números, de inmensa popularidad.

Entre los adivinadores no olvide vd. mencionar al Dr. Koern.

—Pues bien, dícteme vd.

—El Dr. Koern, vive en ese callejon sucio y oscuro que corre entre las

calles de Bush y de Sutter.

Su tipo es el tipo neto del judío: gran melena, narigudo, ojo pequeño

y cuerpo corcovado. El retrete en que despacha tiene el aspecto

de aquellas oficinas de alquimistas que ha inmortalizado la pluma

de Walter Scot, y no precisamente por hornos y retortas, lagartos

disecados, y cráneos humanos, sino por el aspecto del mago ó nigromante

y por el carácter de misterio que sabe comunicar á cuanto le rodea.

Tiene muy numerosa clientela, recibe como un potentado, y se cree que

ha reunido un inmenso caudal.

De King ya ha hablado vd. extensamente, pero no de Foster.

Del primero se dice que con perseverancia inaudita, y hace muchos años,

lleva libros en que están inscritas mil particularidades, sucesos

notables y nombres de personas que se hacen un tanto visibles. Para

resolver una consulta se da dos ó tres dias, y en ese tiempo hace sus

indagaciones, valiéndose de agentes diestrísimos.

La especialidad de Foster es la adivinacion: se cuentan de él cosas

que rayan en prodigios. Se le escribia un nombre y se le decia que

adivinase; para esto el doctor suministraba el lápiz ó tenia en el

círculo un corresponsal, que por medio de signos imperceptibles le

ponia al tanto de lo escrito. Sus manejos fueron denunciados.

Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano.

Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales....

despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster

era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de

San Francisco.

Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á

conocer como en el uso de los vidrios azules.

Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México:

“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la

preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á

la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no

puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para

el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un

vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de

colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto

que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal

negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él,

miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de

que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad

contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se

puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve

al ménos para aquietar á las personas aprensivas.

“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender sus

_medidas_, su _tierra de Chalma_ y sus _aguas milagrosas_, hombres,

mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en

cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas

materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera

ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro,

sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda

sabiduría; con esto, y el sello de la oficina de _patentes_, tienen

pasaporte las mayores barbaridades.

“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas

se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun

suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia de

_Ministrils_, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de

sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este

le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant

contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es

sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre de _El

Sol_, que hacia la oposicion á Grant.

“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman

los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la

vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes

funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra

ocurrencia de _Ministrils_.

“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que

figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente

habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de

sus raptos de entusiasmo, exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo

quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”

—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.

—“Washington, Washington, dijo el payaso.

—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo

á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....

—“¿Le pondremos Aníbal?

“El empresario hacia que nó con la cabeza.

—“¿Carlo Magno?

—“No.

—“¿Napoleon?

—“No, tampoco.... ¡Ah! ya caigo, le pondremos.... Jhonson.

—“Eso no puede ser; yo tengo en mucho la importancia y habilidad de mi

perro, para consentir en ponerle el nombre de Jhonson....

“A estas palabras, el público estalló en ruidosos aplausos, y Jhonson

aplaudia tambien, celebrando el llamado chiste.”

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 47 / 106 题